2010–2019
Tesoros espirituales

Tesoros espirituales

Conforme ejerzan fe en el Señor y en el poder de Su sacerdocio, aumentará su capacidad para recurrir a este tesoro espiritual que el Señor ha puesto a su alcance.

Gracias por esa hermosa música. Al ponernos todos de pie para cantar el himno intermedio “Te damos, Señor, nuestras gracias”, me vinieron a la mente dos pensamientos maravillosos. Uno sobre el profeta José Smith, el Profeta de esta dispensación. Mi amor y admiración por él aumenta con el paso de cada día. Al mirar a mi esposa, mis hijas, nietas y bisnietas, me vino a la mente el segundo pensamiento. Sentí que debía considerar a cada una de ustedes como parte de mi familia.

Hace varios meses, al final de una sesión de investidura en el templo, le dije a mi esposa, Wendy: “Espero que las hermanas comprendan los tesoros espirituales que les pertenecen en el templo”. Hermanas, a menudo me encuentro pensando en ustedes, incluso hace dos meses cuando Wendy y yo visitamos Harmony, Pensilvania.

Ese fue nuestro segundo viaje a ese lugar. En ambas ocasiones nos conmovió profundamente el recorrer ese terreno sagrado. Allí cerca de Harmony fue donde Juan el Bautista se apareció a José Smith y restauró el Sacerdocio Aarónico.

Fue allí donde los apóstoles Pedro, Santiago y Juan se aparecieron para restaurar el Sacerdocio de Melquisedec.

Fue en Harmony donde Emma Hale Smith actuó como la primera escribiente de su esposo mientras él, el Profeta, traducía el Libro de Mormón.

Fue también en Harmony donde José recibió una revelación en la que el Señor manifestaba Su voluntad respecto a Emma. El Señor le mandó a Emma que explicara las Escrituras, exhortara a la Iglesia para recibir el Espíritu Santo y dedicara tiempo a “aprender mucho”. A Emma también se le aconsejó “[desechar] las cosas de este mundo y [buscar] las de uno mejor”, y adherirse a los convenios que había hecho con Dios. El Señor concluyó Su instrucción con estas poderosas palabras: “… esta es mi voz a todos”1.

Todo lo que sucedió en esa zona tiene implicaciones profundas para la vida de ustedes. La restauración del sacerdocio, junto con el consejo que el Señor le dio a Emma, pueden ser una guía y una bendición para cada una de ustedes. Cómo anhelo que comprendan que la restauración del sacerdocio es tan relevante para ustedes como mujeres como lo es para cualquier hombre. Debido a que el Sacerdocio de Melquisedec ha sido restaurado, tanto las mujeres como los hombres que guardan sus convenios tienen acceso a “todas las bendiciones espirituales de la iglesia”2, o bien, podríamos decir, a todos los tesoros espirituales que el Señor tiene para Sus hijos.

Toda mujer y todo hombre que hace convenios con Dios y los guarda, y que participa dignamente en las ordenanzas del sacerdocio, tiene acceso directo al poder de Dios. Quienes han sido investidos en la Casa del Señor reciben un don de poder del sacerdocio de Dios en virtud de ese convenio, junto con un don de conocimiento para saber cómo recurrir a ese poder.

Los cielos están abiertos de igual manera para las mujeres que han sido investidas con el poder de Dios que procede de sus convenios del sacerdocio como para los hombres que son poseedores de dicho sacerdocio. Ruego que esa verdad se grabe en el corazón de cada una de ustedes, porque creo que les cambiará la vida. Hermanas, ustedes tienen el derecho a recurrir libremente al poder del Salvador para ayudar a su familia y a otros seres queridos.

Ahora bien, podrían decirse a ustedes mismas: “Esto me parece maravilloso, pero ¿cómo lo hago? ¿Cómo puedo atraer el poder del Salvador a mi vida?”.

Ese proceso no lo encontrarán detallado en ningún manual. El Espíritu Santo será su tutor personal a medida que procuren comprender lo que el Señor quiere que sepan y hagan. Ese proceso no es rápido ni fácil, pero sí es espiritualmente fortalecedor. ¿Qué podría ser más emocionante que trabajar con el Espíritu para comprender el poder de Dios, o sea, el poder del sacerdocio?

Lo que sí puedo decirles es que tener acceso al poder de Dios en su vida requiere las mismas cosas que el Señor les indicó a Emma y a cada una de ustedes que hicieran.

Así que las invito a estudiar con espíritu de oración la sección 25 de Doctrina y Convenios y descubrir lo que el Espíritu Santo les enseñará a ustedes. Su esfuerzo espiritual y personal les brindará alegría a medida que obtengan, entiendan y utilicen el poder con el que han sido investidas.

Parte de ese esfuerzo requerirá que dejen de lado muchas de las cosas de este mundo. A veces hablamos casi a la ligera de alejarnos del mundo con su contención, tentaciones generalizadas y filosofías falsas. Pero el hacerlo realmente requiere que analicen su vida de manera minuciosa y regular. Al hacerlo, el Espíritu Santo las guiará en cuanto a lo que ya no se necesita, lo que ya no es digno de su tiempo y energía.

Conforme alejen su atención de las distracciones mundanas, algunas cosas que les parecen importantes ahora dejarán de ser una prioridad. Tendrán que decir que no a algunas cosas, aunque parezcan inofensivas. Al embarcarse en este proceso permanente de consagrar su vida al Señor durante toda la vida, ¡los cambios en su perspectiva, sentimientos y fortaleza espiritual las sorprenderán!

Y ahora, unas breves palabras de advertencia. Hay quienes desean socavar su capacidad de invocar el poder de Dios; hay quienes quieren que duden de ustedes mismas y disminuyan su gran capacidad espiritual como mujeres rectas.

Ciertamente, el adversario no quiere que comprendan el convenio que hicieron al bautizarse, o la profunda investidura de conocimiento y poder que han recibido o recibirán en el templo: la Casa del Señor. Y Satanás ciertamente no quiere que comprendan que cada vez que sirven y adoran dignamente en el templo, salen armadas con el poder de Dios y con Sus ángeles que “[las] guardan”3.

Satanás y sus secuaces constantemente crearán obstáculos para evitar que comprendan los dones espirituales con los que han sido y pueden ser bendecidas. Desafortunadamente, algunos obstáculos pueden ser el resultado del mal comportamiento de otra persona. Me entristece pensar que alguna de ustedes se haya sentido excluida o que un líder del sacerdocio no le haya creído, o que haya sido víctima de abuso o traición por parte de su esposo, su padre o un supuesto amigo. Siento profundo dolor por el hecho de que alguna de ustedes se haya sentido marginada, insultada o juzgada erróneamente. Tales ofensas no tienen lugar en el Reino de Dios.

Por el contrario, me emociono cuando me entero de que hay líderes del sacerdocio que sinceramente procuran la participación de mujeres en los consejos de barrio y estaca. Me inspira cada esposo que demuestra que su responsabilidad más importante del sacerdocio es cuidar a su esposa4. Elogio al hombre que respeta profundamente la capacidad de su esposa para recibir revelación y la atesora como compañera, en igualdad de condiciones, en su matrimonio.

Cuando un hombre comprende la majestad y el poder de una mujer Santo de los Últimos Días que es recta, que procura lo bueno y ha sido investida, ¿es de extrañar que él desee ponerse de pie en el momento en que ella entra en la habitación?

Desde el principio de los tiempos, las mujeres han sido bendecidas con una brújula moral singular: la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Ese don se realza en aquellas que hacen y guardan convenios, y se aminora en aquellas que obstinadamente ignoran los mandamientos de Dios.

Me apresuro a agregar que no absuelvo a los hombres de ninguna manera del requisito de Dios de que ellos también distingan entre el bien y el mal. Pero, mis queridas hermanas, su habilidad para discernir la verdad del error, para ser las guardianas de la moral en la sociedad, es crucial en estos últimos días. Y dependemos de ustedes para enseñar a los demás a hacer lo mismo. Permítanme ser muy claro al respecto: si el mundo pierde la rectitud moral de sus mujeres, el mundo nunca se recuperará.

Nosotros, los Santos de los Últimos Días, no somos del mundo; somos del Israel del convenio. Se nos ha llamado para preparar a un pueblo para la segunda venida del Señor.

Ahora quisiera aclarar varios puntos adicionales con respecto a las mujeres y el sacerdocio. Cuando se las aparta para servir en un llamamiento bajo la dirección de alguien que posee las llaves del sacerdocio, como su obispo o presidente de estaca, a ustedes se les otorga la autoridad del sacerdocio para desempeñar ese llamamiento.

De manera similar, cada vez que asisten al santo templo, ustedes están autorizadas para realizar ordenanzas del sacerdocio y oficiar en ellas. Su investidura del templo las prepara para hacerlo.

Si han sido investidas, pero actualmente no están casadas con un hombre que posea el sacerdocio y alguien les dice: “Lamento que no tenga el sacerdocio en su hogar”, por favor, comprendan que esa declaración es incorrecta. Es posible que en su hogar no haya un poseedor del sacerdocio, pero ustedes han recibido y han hecho convenios sagrados con Dios en Su templo. De esos convenios fluye sobre ustedes una investidura del poder del sacerdocio de Él. Y recuerden: si su esposo muriera, ustedes presidirían en su hogar.

Como mujeres Santos de los Últimos Días rectas e investidas, ustedes hablan y enseñan con el poder y la autoridad de Dios. Ya sea por exhortación o conversación, necesitamos su voz para enseñar la doctrina de Cristo. Necesitamos su opinión en los consejos familiares, de barrio y de estaca. ¡Su participación es esencial y nunca está de adorno!

Mis queridas hermanas, su poder aumentará a medida que presten servicio a los demás. Sus oraciones, ayuno, tiempo dedicado a las Escrituras, servicio en el templo y la obra de historia familiar les abrirán los cielos.

Les ruego que estudien con espíritu de oración todas las verdades que puedan encontrar sobre el poder del sacerdocio. Podrían comenzar con las secciones 84 y 107 de Doctrina y Convenios. Esas secciones las llevarán a otros pasajes. Las Escrituras y las enseñanzas de los profetas, videntes y reveladores modernos están repletas de esas verdades. Conforme aumente su comprensión y ejerzan fe en el Señor y en el poder de Su sacerdocio, aumentará su capacidad para recurrir a ese tesoro espiritual que el Señor ha puesto a su alcance. Al hacerlo, se encontrarán en mejores condiciones para ayudar a crear familias eternas que estén unidas, selladas en el templo del Señor y llenas de amor por nuestro Padre Celestial y Jesucristo.

Todos nuestros esfuerzos para ministrarnos unos a otros, proclamar el Evangelio, perfeccionar a los santos y redimir a los muertos convergen en el santo templo. Actualmente tenemos 166 templos en todo el mundo, y habrá más.

Como saben, el Templo de Salt Lake, la Manzana del Templo y la plaza adyacente al edificio de las Oficinas Generales de la Iglesia se renovarán en un proyecto que comenzará a finales de este año. Este santo templo se debe preservar y preparar para inspirar a generaciones futuras, tal como ha influido en nosotros en esta generación.

A medida que la Iglesia crezca, se edificarán más templos para que más familias puedan tener acceso a la bendición más grande de todas: la de la vida eterna5. Consideramos que un templo es la estructura más sagrada de la Iglesia. Siempre que se anuncian planes para construir un templo nuevo, se convierte en una parte importante de nuestra historia. Como hemos hablado aquí esta noche, ustedes, hermanas, son vitales para la obra del templo, y en el templo es donde recibirán sus tesoros espirituales más sublimes.

Escuchen con atención y reverencia a medida que ahora anuncie los planes para construir ocho templos nuevos. Si anuncio un templo en un lugar que sea significativo para ustedes, les sugiero que, simplemente, inclinen la cabeza con gratitud y oración en el corazón. Nos complace anunciar planes para construir templos en los siguientes lugares: Freetown, Sierra Leona; Orem, Utah; Port Moresby, Papúa Nueva Guinea; Bentonville, Arkansas; Bacolod, Filipinas; McAllen, Texas; Cobán, Guatemala; y Taylorsville, Utah. Gracias, queridas hermanas. Agradecemos sinceramente su recepción a esos planes y su respuesta reverente.

Ahora, para terminar, me gustaría dejarles una bendición, de que puedan comprender el poder del sacerdocio con el que han sido investidas y que aumenten ese poder ejercitando su fe en el Señor y en Su poder.

Estimadas hermanas, con profundo respeto y gratitud, expreso mi amor por ustedes. ¡Declaro humildemente que Dios vive! Jesús es el Cristo; esta es Su Iglesia. Testifico de ello, en el nombre sagrado de Jesucristo. Amén.