Sean fieles, no faltos de fe
    Notas al pie de página

    Sean fieles, no faltos de fe

    Cada día, debemos apartar tiempo deliberadamente para desconectarnos del mundo y conectarnos con el cielo.

    No hace mucho, al despertar, me preparé para estudiar las Escrituras. Tomé mi teléfono inteligente y me senté en una silla junto a la cama con la intención de abrir la aplicación Biblioteca del Evangelio. Desbloqueé el teléfono y estaba a punto de comenzar a estudiar cuando vi media docena de notificaciones de mensajes de texto y correos electrónicos que habían llegado durante la noche. Pensé: “Revisaré rápido estos mensajes y luego comenzaré con las Escrituras”. Bueno, dos horas después, aún seguía leyendo mensajes de texto, correos electrónicos, avances informativos y publicaciones en redes sociales. Cuando me di cuenta de la hora que era, corrí frenéticamente a prepararme para el día. Esa mañana no estudié las Escrituras y, como consecuencia, no recibí el sustento espiritual que deseaba.

    Sustento espiritual

    Estoy seguro de que muchos se sienten identificados conmigo. La tecnología moderna nos bendice de muchas maneras. Puede conectarnos a amigos y familiares, a la información y a las noticias de actualidad de todo el mundo. Sin embargo, también puede distraernos de la conexión más importante: nuestra conexión con el cielo.

    Repito lo que nuestro profeta, el presidente Russell M. Nelson, ha dicho: “Vivimos en un mundo complejo y cada vez más contencioso. El constante acceso a las redes sociales y un ciclo de noticias de 24 horas nos bombardean con incesantes mensajes. Si hemos de tener alguna esperanza de examinar la infinidad de voces y las filosofías de los hombres que atacan la verdad, debemos aprender a recibir revelación”.

    El presidente Nelson continuó advirtiéndonos que “en los días futuros, no será posible sobrevivir espiritualmente sin la influencia guiadora, orientadora, consoladora y constante del Espíritu Santo”1.

    Hace años, el presidente Boyd K. Packer habló de una manada de venados que, a causa de una fuerte tormenta de nieve, quedó atrapada fuera de su hábitat natural y corría peligro de morir de hambre. Algunas personas bienintencionadas, en un intento por salvar a los venados, esparcieron por toda la zona camiones cargados de heno; no era lo que los venados solían comer, pero esperaban que al menos les sirviera para pasar el invierno. Lamentablemente, hallaron luego que casi todos los venados habían muerto. Habían comido el heno, pero este no les había proporcionado nutrientes y murieron de hambre con el estómago lleno2.

    Muchos de los mensajes con los que nos bombardean en la era de la información son el equivalente espiritual a alimentar a los venados con heno. Podemos consumirlos todo el día, pero no nos aportarán sustento.

    ¿Dónde encontramos el verdadero sustento espiritual? La mayoría de las veces, no es en las redes sociales de moda. Lo encontramos cuando “s[eguimos] hacia adelante” por la senda de los convenios, “asidos constantemente a la barra de hierro” y participamos del fruto del árbol de la vida3. Eso significa que cada día debemos apartar tiempo deliberadamente para desconectarnos del mundo y conectarnos con el cielo.

    En su sueño, Lehi vio a personas que participaban del fruto, pero luego lo dejaron a causa de la influencia del grande y espacioso edificio, el orgullo del mundo4. Es posible que haya jóvenes que se críen en hogares Santos de los Últimos Días, asistan a todas las reuniones y clases correspondientes en la Iglesia e incluso participen de las ordenanzas del templo, y luego se vayan por “senderos prohibidos y se p[ierdan]”5. ¿Por qué sucede esto? En muchos casos se debe a que, aunque parecía que hacían cosas espirituales, no estaban realmente convertidos. Recibieron alimento, pero no se nutrieron.

    Actividad de los jóvenes

    En contraste, he conocido a muchos de ustedes, jóvenes Santos de los Últimos Días, que son brillantes, fuertes y fieles. Ustedes saben que son hijos e hijas de Dios, y que Él tiene una obra para que ustedes la lleven a cabo. Aman a Dios con todo su “corazón, alma, mente y fuerza”6; guardan sus convenios y dan servicio a otras personas, comenzando por el hogar. Cada día, ustedes ejercen la fe, se arrepienten y progresan, y eso les produce un gozo perdurable; se preparan para recibir las bendiciones del templo y para otras oportunidades que tendrán como verdaderos seguidores del Salvador; están ayudando a preparar el mundo para la Segunda Venida, invitando a todos a venir a Cristo y recibir las bendiciones de Su expiación. Ustedes están conectados con el cielo.

    Viaje de los jóvenes al templo

    Sí, ustedes afrontan desafíos, pero es así en cada generación. Este es nuestro tiempo y debemos ser fieles, no faltos de fe. Testifico que el Señor conoce nuestros desafíos y que, por medio del liderazgo del presidente Nelson, Él nos está preparando para que les podamos hacer frente. Creo que el reciente llamado del profeta para que seamos una Iglesia centrada en el hogar y apoyada por lo que se lleva a cabo en nuestros edificios7 se ha diseñado para ayudarnos a sobrevivir, y aun prosperar, en estos días de malnutrición espiritual.

    Centrados en el hogar

    ¿Qué significa ser una Iglesia centrada en el hogar? Los hogares de todo el mundo son muy diferentes. Tal vez ustedes pertenezcan a una familia que ha estado en la Iglesia por muchas generaciones o puede que sean el único miembro de la Iglesia en su familia. Tal vez estén casados o sean solteros, con hijos en el hogar o sin ellos.

    Sean cuales sean sus circunstancias, pueden hacer de su hogar el centro donde se aprende y se vive el Evangelio. Eso significa sencillamente asumir la responsabilidad personal de su conversión y su crecimiento espiritual. Significa seguir el consejo del presidente Nelson y “transformar su hogar en un santuario de fe”8.

    El adversario procurará persuadirles de que el sustento espiritual no es necesario o, de manera más astuta, de que puede esperar; él es el maestro de la distracción y el autor de la postergación. Tratará de desviar su atención hacia otras cosas que parecen urgentes, pero que, en realidad, no son tan importantes. Él querrá que ustedes lleguen a estar tan “turbad[os] […] con muchas cosas” de modo que descuiden la única “cosa [que] es necesaria”9.

    Cuán agradecido estoy por mis “buenos padres”10, quienes criaron a su familia en un hogar de constante sustento espiritual, lazos de amor y actividades recreativas edificantes. Las enseñanzas que me impartieron en mi juventud me han ayudado mucho. Padres, por favor, forjen relaciones fuertes con sus hijos. Ellos necesitan más de su tiempo, no menos.

    Apoyados por la Iglesia

    En tanto que lo hacen, la Iglesia estará ahí para apoyarlos. Nuestras experiencias en la Iglesia pueden reforzar el sustento espiritual que se da en el hogar. En lo que va del año, hemos visto esa clase de apoyo por parte de la Iglesia en la Escuela Dominical y en la Primaria. También veremos más en las reuniones del Sacerdocio Aarónico y de las Mujeres Jóvenes. A partir de enero próximo, los cursos de estudio para esas reuniones se adaptarán ligeramente. Seguirán centrándose en temas del Evangelio, pero esos temas se alinearán con Ven, sígueme — Para uso individual y familiar. Es un cambio pequeño, pero puede tener un gran impacto en el sustento espiritual de los jóvenes.

    ¿Qué otra clase de apoyo proporciona la Iglesia? En la Iglesia participamos de la Santa Cena, que cada semana nos ayuda a restablecer nuestro compromiso con el Salvador; y en la Iglesia nos congregamos con otros creyentes que han hecho los mismos compromisos. Los lazos de amor que establecemos con otros discípulos de Jesucristo pueden ser una poderosa ayuda para nuestro discipulado centrado en el hogar.

    Cuando tenía catorce años, mi familia se mudó a un nuevo vecindario. Puede que a ustedes eso no les parezca una terrible tragedia pero para mí, en aquel momento, fue devastador. Significaba estar rodeado de personas que no conocía; significaba que todos los demás jóvenes de mi barrio asistirían a una escuela secundaria diferente a la mía y en mi mente de catorce años, pensé: “¿Cómo pueden mis padres hacerme esto?”. Sentía como si me hubieran arruinado la vida.

    No obstante, gracias a las actividades de los Hombres Jóvenes, pude conocer a otros miembros de mi cuórum y ellos llegaron a ser mis amigos. Además, los miembros del obispado y los asesores del Sacerdocio Aarónico comenzaron a mostrar un interés especial en mi vida. Asistían a mis eventos deportivos; me escribían notas de aliento que aún hoy conservo; siguieron en contacto conmigo cuando me fui a la universidad y cuando salí a la misión. Uno de ellos incluso estuvo en el aeropuerto cuando regresé a casa. Siempre estaré agradecido por esos buenos hermanos y por su combinación de amor y altas expectativas. Ellos me mostraron el camino hacia el cielo y la vida se volvió brillante, feliz y llena de gozo.

    En nuestra función de padres y líderes, ¿cómo ayudamos a los jóvenes a saber que no están solos a medida que avanzan por la senda de los convenios? Además de entablar relaciones personales, los invitamos a participar en encuentros grandes y pequeños: desde conferencias Para la Fortaleza de la Juventud y campamentos para jóvenes hasta actividades semanales de cuórum y clase. Nunca subestimen la fortaleza que proviene de reunirse con otras personas que también están tratando de ser fuertes. Obispos y demás líderes, por favor, céntrense en dar sustento a los niños y a los jóvenes de sus barrios. Ellos necesitan más de su tiempo, no menos.

    Ya sean líderes, vecinos, miembros del cuórum o simplemente santos como ellos, si tienen la oportunidad de influir en la vida de una persona joven, ayúdenle a conectarse con el cielo. Su influencia podría ser exactamente el “apoyo de la Iglesia” que esa persona joven necesita.

    Hermanos y hermanas, testifico que Jesucristo está a la cabeza de esta Iglesia. Él inspira a nuestros líderes y nos guía hacia el sustento espiritual que necesitamos para sobrevivir y prosperar en los últimos días. Ese sustento espiritual nos ayudará a ser fieles y no faltos de fe. En el nombre de Jesucristo. Amén.