El fruto
    Notas al pie de página

    El fruto

    Mantengan los ojos y el corazón centrados en el Salvador Jesucristo y en el eterno gozo que proviene solo mediante Él.

    ¡Sé lo que están pensando! Solo un discursante más y escucharemos al presidente Nelson. Con la esperanza de mantenerlos alerta durante unos minutos mientras esperamos a nuestro amado profeta, he seleccionado un tema muy interesante: hablaré del fruto.

    Fruto

    Con el color, la textura y la dulzura de las moras, las bananas, las sandías y los mangos, o de frutas más exóticas como el melón kiwano o la granada, durante mucho tiempo la fruta ha sido un manjar muy preciado.

    Durante Su ministerio terrenal, el Salvador comparó el buen fruto con cosas de valor eterno. Él dijo: “Por sus frutos los conoceréis1 […], todo buen árbol da buenos frutos”2. Nos alentó a recoger “fruto para vida eterna”3.

    En un conocido y vívido sueño del Libro de Mormón, que todos conocemos, el profeta Lehi se halla en “un desierto oscuro y lúgubre”. Hay aguas sucias, un vapor de tinieblas, senderos extraños y senderos prohibidos, así como una barra de hierro4 a lo largo de un camino angosto y estrecho que conduce a un hermoso árbol con “fruto [que hace] a uno feliz”. Al relatar el sueño, Lehi dice: “… comí de su fruto […]; era de lo más dulce, superior a todo cuanto yo había probado antes […]. [Y] mi alma se llenó de un gozo inmenso”.Ese fruto era “[más] preferible [que] todos los demás”5.

    El árbol de la vida con su fruto delicioso

    El significado del árbol y del fruto

    ¿Qué simboliza ese árbol con su fruto de tanto valor? Representa “el amor de Dios”6 y proclama el maravilloso plan de redención de nuestro Padre Celestial. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”7.

    Ese fruto valioso simboliza las bendiciones maravillosas de la expiación incomparable del Salvador. No solo viviremos nuevamente después de nuestra vida en la tierra, sino que, mediante nuestra fe en Jesucristo, nuestro arrepentimiento y el cumplimiento de los mandamientos, podemos ser perdonados de nuestros pecados y un día comparecer limpios y puros ante nuestro Padre y Su Hijo.

    El participar del fruto del árbol también simboliza que aceptamos las ordenanzas y los convenios del Evangelio restaurado: ser bautizados, recibir el don del Espíritu Santo y entrar en la Casa del Señor para ser investidos con poder de lo alto. Mediante la gracia de Jesucristo y al honrar nuestros convenios, recibimos la promesa inconmensurable de vivir con nuestra familia justa por la eternidad8.

    No es de extrañar que el ángel describiera el fruto como “el de mayor gozo para el alma”9. ¡De verdad lo es!

    El desafío de permanecer firmes

    Como todos hemos aprendido, incluso después de saborear el fruto valioso del Evangelio restaurado, el permanecer firmes y fieles al Señor Jesucristo no es fácil. Como se ha dicho muchas veces en esta conferencia, continuamos haciendo frente a distracciones y engaños, confusión y conmoción, seducciones y tentaciones que intentan alejar nuestros corazones del Salvador y de los gozos y las bellezas que hemos experimentado al seguirlo.

    Debido a esta adversidad, ¡el sueño de Lehi también incluye una advertencia! Al otro lado del río hay un edificio espacioso con personas de todas las edades que señalan con el dedo y ridiculizan y se burlan de los seguidores justos de Jesucristo.

    Las personas del edificio ridiculizan y se ríen de aquellos que guardan los mandamientos, con la esperanza de desacreditar y criticar su fe en Jesucristo y en Su evangelio. Y debido a los ataques verbales de duda y desdén que lanzan contra los creyentes, algunos de los que han probado el fruto comienzan a sentirse avergonzados del Evangelio que una vez aceptaron. Los falsos encantos del mundo los seducen; ellos se apartan del árbol y del fruto y, en las palabras de las Escrituras, “[caen] en senderos prohibidos y se [pierden]”10.

    En nuestro mundo actual, los equipos de construcción del adversario trabajan horas extras ampliando a toda prisa el edificio grande y espacioso. La expansión se ha extendido al otro lado del río, con la esperanza de rodear nuestros hogares, mientras que quienes señalan gimen día y noche en sus megáfonos de Internet11.

    El presidente Nelson explicó: “… El adversario está cuadruplicando sus esfuerzos por desestabilizar testimonios e impedir la obra del Señor”12. Recordemos las palabras de Lehi: “… no les hicimos caso”13.

    Aunque no debemos temer, debemos estar en guardia. A veces, las cosas pequeñas pueden destruir nuestro equilibrio espiritual. No permitan que sus dudas, los insultos de los demás, los amigos sin fe, o los errores y las decepciones desafortunadas los alejen de las bendiciones tiernas, puras que elevan el alma y que provienen del preciado fruto del árbol. Mantengan los ojos y el corazón centrados en el Salvador Jesucristo y en el eterno gozo que proviene solo mediante Él.

    La fe de Jason Hall

    En junio, mi esposa, Kathy y yo asistimos al funeral de Jason Hall. Cuando falleció, tenía 48 años y servía como presidente del cuórum de élderes.

    Estas son las palabras de Jason sobre un evento que le cambió la vida:

    [A los 15 años], tuve un accidente al hacer un clavado […]. [Me quebré] el cuello y quedé paralizado del pecho para abajo. Perdí completamente el control de las piernas y parcialmente el de los brazos. Ya no podía caminar, ponerme de pie […] o alimentarme. Apenas podía respirar o hablar”14.

    “‘Querido Padre [Celestial]’, supliqué, ‘si tan solo pudiera usar las manos, sé que podría salir adelante. Por favor, Padre, por favor […].

    “‘Quédate con mis piernas, Padre; solo [te suplico] el uso de mis manos’”15.

    Jason nunca recuperó el uso de las manos. ¿Pueden oír las voces provenientes del edificio espacioso?: “Jason Hall, ¡Dios no escucha tus oraciones! Si Dios es un Dios amoroso, ¿cómo podría dejarte así? ¿Por qué tener fe en Cristo?”. Jason Hall oyó sus voces, pero no les hizo caso. Mas bien se deleitó en el fruto del árbol. Su fe en Jesucristo se volvió inamovible. Se graduó de la universidad y se casó en el templo con Kolette Coleman, a quien describió como el amor de su vida16. Después de 16 años de matrimonio, ocurrió otro milagro: nació su adorado hijo, Coleman.

    Jason y Kolette Hall
    La familia Hall

    ¿Cómo hicieron ellos para aumentar su fe? Kolette explicó: “Confiamos en el plan de Dios y eso nos dio esperanza. Sabíamos que Jason [en un día futuro] sería sanado […]. Sabíamos que Dios nos proporcionó un Salvador, cuyo sacrificio expiatorio nos permite seguir viendo hacia el futuro cuando queremos darnos por vencidos”17.

    Coleman Hall

    Al hablar en el funeral de Jason, Coleman, de 10 años, dijo que su padre le enseñó “que nuestro Padre Celestial [tiene] un plan para nosotros, que la vida en la tierra sería increíble y que podríamos vivir en familias […] pero […] tendríamos que pasar por cosas difíciles y cometeríamos errores”.

    Coleman continuó: “El Padre Celestial envió a Su Hijo Jesús, a la tierra. Su tarea era ser perfecto; sanar a las personas; amarlas. Y luego sufrir por todos nuestros dolores, penas y pecados. Después murió por nosotros”. Entonces Coleman agregó: “Debido a que lo hizo, Jesús sabe cómo me siento en este momento.

    “Tres días después de que Jesús murió […], volvió a la vida con Su cuerpo perfecto. Eso es importante para mí porque sé que […] el cuerpo de mi [papá] será perfecto y estaremos juntos como familia […].

    La familia Hall

    Coleman concluyó: “Todas las noches desde que era bebé, mi papá me decía: ‘Tu papá te ama, el Padre Celestial te ama y tú eres un niño bueno’”18.

    El gozo proviene gracias a Jesucristo

    El presidente Russell M. Nelson describió la razón por la que la familia Hall siente gozo y esperanza. Él dijo:

    “… el gozo que sentimos tiene poco que ver con las circunstancias de nuestra vida, y tiene mucho que ver con el enfoque de nuestra vida.

    “Si centramos nuestra vida en el Plan de Salvación de Dios […] y en Jesucristo y Su Evangelio, podemos sentir gozo independientemente de lo que esté sucediendo —o no esté sucediendo— en nuestra vida. El gozo proviene de Él, y gracias a Él. Él es la fuente de todo gozo…

    “Si ponemos la vista en el mundo […], jamás conoceremos el gozo […]. [El gozo] es el don que proviene de tratar de vivir, de forma intencional, una vida de rectitud, como enseñó Jesucristo”19.

    Una promesa al regresar

    Si han estado sin el fruto del árbol durante algún tiempo, sepan que los brazos del Salvador siempre están extendidos hacia ustedes. Él llama con amor: “… arrepi[éntanse] y vengan a mí”20. Su fruto es abundante y está siempre en temporada. No se puede comprar con dinero, y a nadie que sinceramente lo desea se le niega21.

    Si desean regresar al árbol y probar el fruto otra vez, empiecen con una oración a su Padre Celestial. Crean en Jesucristo y en el poder de Su sacrificio expiatorio. Les prometo que al mirar al Salvador “en todo pensamiento”22, el fruto del árbol será suyo otra vez, delicioso a su gusto, gozoso para su alma, “el más grande de todos los dones de Dios”23.

    El élder Andersen con los santos portugueses en la dedicación del Templo de Lisboa

    Hace tres semanas, vi el gozo del fruto del Salvador manifestarse a plena vista, mientras Kathy y yo asistíamos a la dedicación del Templo de Lisboa, Portugal. Las verdades del Evangelio restaurado se pusieron al alcance de Portugal en 1975, cuando se estableció la libertad religiosa. Muchos santos nobles que probaron del fruto por primera vez cuando no había congregaciones, capillas ni ningún templo a menos de 1600 km, se regocijaron con nosotros de tener ahora el preciado fruto del árbol en la Casa del Señor en Lisboa, Portugal. Cuánto honro y venero a esos Santos de los Últimos Días que han mantenido sus corazones afianzados en el Salvador.

    El Salvador dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer”24.

    Esta mañana, el presidente Nelson al hablar a los miembros de la Iglesia de todo el mundo dijo: “Mis queridos hermanos y hermanas, ustedes son modelos vivientes de los frutos que provienen de seguir las enseñanzas de Jesucristo”. Entonces agregó: “¡Gracias! ¡Los amo!”25.

    Lo amamos, presidente Nelson.

    Soy testigo ocular del poder de la revelación que descansa sobre nuestro querido Presidente. Él es el profeta de Dios. Al igual que Lehi de antaño, el presidente Russell M. Nelson nos invita a nosotros y a todos en la familia de Dios, a venir y participar del fruto del árbol. Ruego que tengamos la humildad y la fortaleza para seguir su consejo.

    Testifico humildemente que Jesucristo es el Hijo de Dios. Su amor, Su poder y Su gracia brindan todas las cosas de valor duradero. De ello testifico, en el nombre de Jesucristo. Amén.

    Notas

    1. Mateo 7:16.

    2. Mateo 7:17.

    3. Juan 4:36.

    4. A principios de enero de 2007, mientras me preparaba para dar un discurso en un Devocional de la Universidad Brigham Young en calidad de miembro de la Presidencia de los Setenta, con fecha 4 de marzo de 2007, le pregunté al élder David A. Bednar qué estaba preparando para su discurso del 4 de febrero de 2007, frente al mismo público. Me sorprendí cuando me respondió que su discurso era acerca de asirse a la barra de hierro. Ese era el título exacto que yo había elegido para mi discurso. Luego de compartir el texto entre nosotros, nos dimos cuenta de que nuestros enfoques eran distintos. Su discurso, que se titulaba “Una reserva de agua viva”, hacía hincapié en la barra de hierro, o la palabra de Dios, como lo que contienen las Escrituras. En su discurso, él preguntó: “¿Estamos leyendo, estudiando y escudriñando diariamente las Escrituras de una manera que nos permita aferrarnos a la barra de hierro…? (speeches.byu.edu).

      Luego, justo una semana después de mi conversación con el élder Bednar, el presidente Boyd K. Packer dio un discurso en un Devocional de BYU titulado “Lehi’s Dream and You”. El presidente Packer hizo hincapié en la barra de hierro como la revelación e inspiración personales que vienen a nosotros por medio del Espíritu Santo. Él dijo: “Si se aferran a la barra de hierro, podrán seguir adelante a tientas con el don del Espíritu Santo […]. Aférrense a la barra de hierro y no se suelten. Por medio del poder del Espíritu Santo pueden sentir su camino en la vida” (16 de enero de 2007, speeches.byu.edu).

      Mi tema: “Asiros con firmeza a las palabras de los profetas”, de marzo de 2007 fue la barra de hierro como lo que representan las palabras de los profetas vivientes (4 de marzo de 2007, speeches.byu.edu).

      La conexión entre estos tres discursos no fue una coincidencia. La mano del Señor intervino cuando en tres discursos, preparados para el mismo público, se determinaron tres aspectos de la barra de hierro o la palabra de Dios: (1) las Escrituras, o las palabras de los profetas antiguos; (2) las palabras de los profetas vivientes; y (3) el poder del Espíritu Santo. Fue una experiencia de aprendizaje importante para mí.

    5. Véase 1 Nefi 8:4–12.

    6. 1 Nefi 11:25.

    7. Juan 3:16.

    8. Véase David A. Bednar, “El sueño de Lehi: Asidos constantemente a la barra”, Liahona, octubre de 2011, págs. 32–37.

    9. 1 Nefi 11:23.

    10. 1 Nefi 8:28.

    11. Véase Boyd K. Packer, “Lehi’s Dream and You” (Devocional en la Universidad Brigham Young, 16 de enero de 2007), speeches.byu.edu.

    12. Russell M. Nelson, “Podemos actuar mejor y ser mejores”, Liahona, mayo de 2019, pág. 68.

    13. 1 Nefi 8:33.

    14. Stephen Jason Hall, “The Gift of Home”, New Era, diciembre de 1994, pág. 12.

    15. Stephen Jason Hall, “Helping Hands”, New Era, octubre de 1995, págs. 46, 47.

    16. Correspondencia personal del élder Andersen, de parte de Kolette Hall.

    17. Correspondencia personal del élder Andersen, de parte de Kolette Hall.

    18. Discurso de Coleman Hall en el funeral, según lo compartió Kolette Hall con el élder Andersen.

    19. Russell M. Nelson, “El gozo y la supervivencia espiritual”, Liahona, noviembre de 2016, pág. 82.

    20. 3 Nefi 21:6.

    21. Véase 2 Nefi 26:25, 33.

    22. Doctrina y Convenios 6:36.

    23. 1 Nefi 15:36.

    24. Juan 15:5.

    25. Russell M. Nelson, “El segundo gran mandamiento”, Liahona, noviembre de 2019, pág. 100.