Observaciones iniciales
    Notas al pie de página

    Observaciones iniciales

    Ha llegado la hora de una Iglesia centrada en el hogar, respaldada por lo que se lleva a cabo dentro de los edificios de nuestros barrios, ramas y estacas.

    Mis queridos hermanos y hermanas, hemos esperado anhelosamente volver a reunirnos con ustedes en esta conferencia general de octubre de la Iglesia. Les extendemos nuestra más sentida bienvenida a cada uno de ustedes. ¡Estamos profundamente agradecidos por sus oraciones de apoyo! Podemos sentir su efecto. ¡Gracias!

    Estamos agradecidos por los tremendos esfuerzos que han hecho ustedes por seguir los consejos que se dieron en la conferencia general hace seis meses. Las presidencias de estaca en todo el mundo han procurado la revelación necesaria para reorganizar los cuórums de élderes. Los hombres de esos cuórums, junto con nuestras dedicadas hermanas de las Sociedad de Socorro, están trabajando diligentemente para ministrar a nuestros hermanos y hermanas de manera más elevada y santa. Nos inspira su bondad y sus extraordinarios esfuerzos por llevar el amor del Salvador a sus familias, vecinos y amigos, y por ministrarlos como Él mismo lo haría.

    Desde la conferencia de abril, la hermana Nelson y yo nos hemos reunido con miembros en cuatro continentes y en islas del mar. De Jerusalén a Harare, de Winnipeg a Bangkok, hemos sentido en ustedes su gran fe y la fuerza de sus testimonios.

    Estamos encantados con el número de nuestros jóvenes que se han unido al batallón de jóvenes del Señor1 para ayudar a recoger al Israel disperso. ¡Les damos gracias! Y a medida que continúan siguiendo las invitaciones que ofrecí en nuestro devocional mundial para los jóvenes, están estableciendo la norma a seguir para que la sigamos el resto de nosotros. ¡Qué diferencia están marcando ustedes los jóvenes!

    En los últimos años, nosotros, en los consejos que presiden la Iglesia, hemos lidiado con una pregunta fundamental: ¿cómo podemos llevar el Evangelio en su pureza básica, y las ordenanzas con su eficacia eterna a todos los hijos de Dios?

    Como Santos de los Últimos Días, nos hemos acostumbrado a pensar en “iglesia” como algo que ocurre en nuestros centros de reuniones, respaldado por lo que ocurre en el hogar. Necesitamos un ajuste a este modelo. Ha llegado la hora de una Iglesia centrada en el hogar, respaldada por lo que se lleva a cabo dentro de los edificios de nuestros barrios, ramas y estacas.

    La Iglesia sigue creciendo en todo el mundo, y muchos miembros viven donde no tenemos capillas, y posiblemente no las tengamos en un futuro cercano. Recuerdo a una familia que, debido a esta circunstancia, tuvo que tener las reuniones en su casa. Le pregunté a la madre si le gustaba ir a la capilla en su propia casa, y ella contestó: “¡Me gusta! Ahora mi marido utiliza un mejor lenguaje en casa, sabiendo que aquí tiene que bendecir la Santa Cena cada domingo”.

    El objetivo de siempre de la Iglesia es ayudar a todos los miembros a que aumenten su fe en nuestro Señor Jesucristo y en Su expiación, ayudarles a hacer y guardar sus convenios con Dios, y a fortalecer y sellar a sus familias. En este complejo mundo de hoy, esto no es fácil. El adversario está aumentando su ataque sobre la fe y sobre nosotros y nuestras familias a una velocidad exponencial. Para sobrevivir espiritualmente, necesitamos estrategias para contrarrestarlo y planes proactivos. En consecuencia, ahora queremos establecer unos ajustes organizativos que fortalecerán más a nuestros miembros y a sus familias.

    Desde hace muchos años, los líderes de la Iglesia llevan trabajando en un programa de estudios integrado, para fortalecer a las familias y las personas, por medio de un plan centrado en el hogar y apoyado por la Iglesia para aprender la doctrina, fortalecer la fe y fomentar una mayor adoración personal. Nuestros esfuerzos a lo largo de estos últimos años de santificar el día de reposo —de hacer de él una delicia y una muestra personal a Dios de nuestro amor por Él— se incrementarán por medio de los ajustes que presentaremos a continuación.

    Esta mañana anunciaremos un nuevo equilibrio y conexión entre la enseñanza del Evangelio en el hogar y en la Iglesia. Todos somos individualmente responsables de nuestro propio crecimiento espiritual; y las Escrituras dejan claro que los padres tienen la responsabilidad primordial de enseñar la doctrina a sus hijos2. Es la responsabilidad de la Iglesia ayudar a cada miembro con la meta, definida por la divinidad, de aumentar su conocimiento del Evangelio.

    El élder Quentin L. Cook ahora nos explicará estos importantes ajustes. Todos los miembros del Consejo de la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles están unidos en respaldar este mensaje. Con gratitud reconocemos la inspiración del Señor que ha influido en el desarrollo de los planes y procedimientos que va a presentar el élder Cook.

    Mis queridos hermanos y hermanas, ¡yo sé que Dios vive! ¡Jesús es el Cristo! Esta es Su Iglesia, la cual Él dirige por profecía y revelación a Sus humildes siervos. De ello testifico, en el nombre de Jesucristo. Amén.