2010–2019
El Padre
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El Padre

Todos tenemos el potencial de llegar a ser como el Padre. Para ello, debemos adorar al Padre en el nombre del Hijo.

Mi esposa Melinda, durante toda su vida y con todo su corazón, ha tratado de ser una discípula fiel de Jesucristo. Desde su juventud, no se sentía digna del amor ni de las bendiciones del Padre Celestial, debido a que no había comprendido Su naturaleza. Afortunadamente, Melinda continuó guardando los mandamientos a pesar de la tristeza que sentía. Hace unos pocos años, ella tuvo una serie de experiencias que le ayudaron a comprender mejor la naturaleza de Dios, incluso Su amor por Sus hijos y Su gratitud aun por nuestros esfuerzos imperfectos para hacer Su obra.

Ella explica cómo esto la ha influido: “Ahora me siento segura de que el plan del Padre funciona, que Él está personalmente dedicado a nuestro éxito, y que Él nos proporciona las lecciones y experiencias que necesitamos para regresar a Su presencia. Me veo a mí misma y a los demás más como Dios nos ve. Puedo ser madre, enseñar y servir con más amor y menos temor. Siento paz y confianza en lugar de ansiedad e inseguridad. En vez de sentirme juzgada, me siento apoyada. Mi fe es más segura. Siento el amor de mi Padre más a menudo y más profundamente”1.

Tener “una idea correcta del carácter, de la perfección y los atributos del [Padre Celestial]” es esencial para ejercitar la fe suficiente para obtener la exaltación2. Un entendimiento correcto del carácter del Padre Celestial puede cambiar cómo nos vemos a nosotros mismos y a nuestros semejantes, y nos ayuda a comprender el extraordinario amor de Dios por Sus hijos y su gran deseo de ayudarnos a llegar a ser como Él. Una visión incorrecta de Su naturaleza puede dejarnos sintiendo como si fuéramos incapaces de volver a Su presencia algún día.

Mi objetivo en este día es enseñar puntos doctrinales clave sobre el Padre que nos permitan a cada uno de nosotros, pero en especial a aquellos que se preguntan si Dios les ama, comprender mejor Su verdadero carácter y ejercer una mayor fe en Él, en Su Hijo y en Su plan para nosotros.

La vida preterrenal

En el mundo preterrenal nacimos como espíritus de Padres Celestiales y vivimos con Ellos como familia3. Ellos nos conocían, nos enseñaron y nos amaron4. Queríamos mucho ser como nuestro Padre Celestial. Sin embargo, para hacerlo, nos dimos cuenta de que debíamos:

  1. Obtener cuerpos de carne y huesos, glorificados e inmortales5.

  2. Casarnos y formar familias mediante el poder sellador del sacerdocio6.

  3. Adquirir conocimiento, poder y atributos divinos7.

En consecuencia, el Padre creó un plan que nos permitiría, bajo ciertas condiciones8, obtener cuerpos físicos que se volverían inmortales y glorificados en la Resurrección; casarnos y formar familias en la vida terrenal o, para aquellos fieles que no tuvieron esa oportunidad, después de esta vida9; progresar hacia la perfección; y finalmente regresar a nuestros Padres Celestiales, vivir con Ellos y nuestra familia en un estado de exaltación y felicidad eternas10.

Las Escrituras llaman a esto el Plan de Salvación11. Estábamos tan agradecidos por este plan que, cuando nos lo presentaron, gritamos de alegría12. Todos aceptamos las condiciones del plan, incluso las experiencias y los desafíos de la vida terrenal que nos ayudarían a desarrollar los atributos divinos13.

La vida terrenal

Durante la vida terrenal, nuestro Padre Celestial nos proporciona las condiciones que necesitamos para progresar dentro de Su plan. El Padre engendró a Jesucristo en la carne14 y le proporcionó ayuda divina para que cumpliera Su misión terrenal. Nuestro Padre Celestial también nos ayudará a cada uno de nosotros si nos esforzamos por guardar Sus mandamientos15. El Padre nos brinda el albedrío16. Nuestra vida está en Sus manos, y nuestros “días son conocidos” y “no serán acortados”17; y Él se asegura de que, finalmente, todas las cosas obren para el bien de quienes lo aman18.

Nuestro Padre Celestial es quien nos da nuestro pan de cada día19, el cual incluye tanto los alimentos que comemos como la fortaleza que necesitamos para guardar Sus mandamientos20. El Padre nos da buenas dádivas21. Él escucha y contesta nuestras oraciones22. El Padre Celestial nos libra del mal cuando se lo permitimos23. Él llora por nosotros cuando sufrimos24. En última instancia, todas nuestras bendiciones vienen del Padre25.

El Padre Celestial nos guía y nos da la experiencia que necesitamos según nuestra fortaleza, nuestras debilidades y elecciones para que podamos dar buenos frutos26. El Padre nos disciplina cuando es necesario, porque Él nos ama27. Él es “Varón de consejo”28, quien nos aconsejará si se lo pedimos29.

Es el Padre Celestial quien envía tanto la influencia como el don del Espíritu Santo a nuestra vida30. Mediante el don del Espíritu Santo, la gloria —o inteligencia, luz y poder— del Padre puede morar en nosotros31. Si nos esforzamos por aumentar en luz y verdad hasta que nuestros ojos se vuelvan solo para la gloria de Dios, nuestro Padre Celestial enviará el Santo Espíritu de la promesa para sellarnos para vida eterna y revelar Su rostro a nosotros, ya sea en esta vida o en la próxima32.

La vida posterrenal

En el mundo de los espíritus posterrenal, nuestro Padre Celestial continúa derramando el Espíritu Santo y enviando misioneros a aquellos que necesiten el Evangelio. Él contesta oraciones y ayuda a aquellos que carecen de ellas para que reciban las ordenanzas de salvación de forma vicaria33.

El Padre levantó a Jesucristo y le dio poder para llevar a cabo la Resurrección34, por medio de la cual obtenemos cuerpos inmortales. La redención y resurrección del Salvador nos permite regresar a la presencia del Padre, donde seremos juzgados por Jesucristo35.

Aquellos que confían en “los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías”36 recibirán cuerpos glorificados como el del Padre37 y morarán con Él “en un estado de interminable felicidad”38. Allí, el Padre enjugará todas nuestras lágrimas39 y nos ayudará a continuar en nuestra trayectoria para llegar a ser como Él.

Como pueden ver, el Padre Celestial está siempre ahí para nosotros40.

El carácter del Padre

Para llegar a ser como el Padre, debemos desarrollar Sus rasgos de carácter. Las perfecciones y los atributos del Padre Celestial incluyen lo siguiente:

  • El Padre es “Sin Fin y Eterno”41.

  • Él es perfectamente justo, misericordioso, bondadoso, sufrido y solo quiere lo mejor para nosotros42.

  • El Padre Celestial es amor43.

  • Él guarda Sus convenios44.

  • Él no cambia45.

  • Él no miente46.

  • El Padre no hace acepción de personas47.

  • Él sabe todas las cosas —pasadas, presentes y futuras— desde el principio48.

  • El Padre Celestial es más inteligente 49 que todos nosotros50.

  • El Padre tiene todo el poder51, y no hay nada que Él disponga hacer en Su corazón que no lo haga52.

Hermanos y hermanas, podemos confiar en el Padre y depender de Él. Debido a que Él tiene una perspectiva eterna, nuestro Padre Celestial puede ver cosas que nosotros no podemos ver. Su gozo, obra y gloria es para llevar a cabo nuestra inmortalidad y exaltación53. Todo lo que Él hace es para nuestro beneficio. Él “desea [nuestra] felicidad eterna aún más que [nosotros]”54; y Él no nos exigirá “pasar un solo momento más de dificultad que los indispensables para [nuestro] beneficio o el de [nuestros] seres queridos”55. Como resultado, Él se centra en ayudarnos a progresar, no en juzgarnos ni condenarnos56.

Llegar a ser más como nuestro Padre

Como hijos e hijas de Dios en espíritu, todos tenemos el potencial de llegar a ser como el Padre. Para ello, debemos adorar al Padre en el nombre del Hijo57. Lo hacemos esforzándonos por ser obedientes a la voluntad del Padre, como lo era el Salvador58, y arrepintiéndonos continuamente59. Al hacer estas cosas, “recibi[remos] gracia sobre gracia” hasta que recibamos la plenitud del Padre60 y estemos dotados de “Su carácter, perfecciones y atributos”61.

Dada la distancia que hay entre los mortales y lo que nuestro Padre Celestial ha llegado a ser, no es sorprendente que algunos sientan que llegar a ser como el Padre es inalcanzable. Sin embargo, las Escrituras son claras. Si nos aferramos con fe en Cristo, nos arrepentimos y buscamos la gracia de Dios por medio de la obediencia, finalmente llegaremos a ser como el Padre. Me consuela mucho el hecho de que aquellos que se esfuerzan por ser obedientes “recibirán gracia por gracia”, y finalmente “recibirán de su plenitud”62. En otras palabras, no llegaremos a ser como el Padre por nuestros propios esfuerzos63. Más bien, eso llegará mediante los dones de la gracia, algunos grandes, pero en su mayoría pequeños, que se desarrollarán unos sobre otros hasta que tengamos la plenitud; pero, hermanos y hermanas, ¡llegará!

Les invito a confiar en que nuestro Padre Celestial sabe cómo exaltarlos; busquen Su ayuda sustentadora diariamente; y sigan adelante con fe en Cristo, incluso cuando no puedan sentir el amor de Dios.

Hay mucho que no entendemos sobre cómo llegar a ser como el Padre64, pero puedo testificar con certeza que el esfuerzo por llegar a ser como el Padre vale todo sacrificio65. Los sacrificios que hacemos aquí en la vida terrenal, sin importar cuán grandes sean, son simplemente incomparables con el gozo, la felicidad y el amor inconmensurables que sentiremos en la presencia de Dios66. Si están luchando para creer que vale la pena los sacrificios que se les pide que hagan, el Salvador les llama y les dice: “… todavía no habéis entendido cuán grande bendiciones el Padre tiene… y ha preparado para vosotros; … no podéis sobrellevar todas las cosas; no obstante, sed de buen ánimo, porque yo os guiaré”67.

Testifico que el Padre Celestial los ama y desea que ustedes vuelvan a vivir con Él. En el nombre de Jesucristo. Amén.