2025
Mi misión de servicio: Convertirme en la manos del Señor
Febrero de 2025


Solo para la versión digital: Misiones de servicio

Mi misión de servicio: Convertirme en la manos del Señor

Mi presidente de misión me ofreció una oportunidad que no podía rechazar: la opción de servir en una misión de servicio.

Toda mi vida me dijeron que los jóvenes capaces debían servir en una misión. Sin embargo, con el paso del tiempo supe que hablar con otras personas todo el día, todos los días durante dos años, iba a ser muy difícil para mí.

Servir con una sonrisa

Cuando cumplí dieciocho años, mi obispo me dijo que servir en una misión sería una de las cosas más difíciles que podría hacer, pero también una de las mejores cosas que podría experimentar. Después de pensarlo y orar mucho, decidí hacerlo.

Se me asignó prestar servicio en California, EE. UU. Una vez allí, y a pesar de todos mis esfuerzos, apenas podía decir una palabra en alguna lección. Mi presidente de misión me dijo que empezara por sonreír a los demás. Parecía tan simple, pero era algo que aún no estaba haciendo. Cuando comencé a intentarlo, me sentí bien al sonreír e invitar al Espíritu por el hecho de sentirme feliz.

Una oportunidad que no podía rechazar

Después de seis meses seguía teniendo dificultades. Tenía el deseo de hacer la obra del Señor, pero hablar con otras personas todo el día me parecía imposible.

Después de hablar con mis líderes, decidimos que no estaba en el mejor lugar para mí. Entonces, mi presidente de misión me ofreció una oportunidad que no pude rechazar: la opción de servir en una misión de servicio. Sin pensarlo dos veces, dije inmediatamente que sí.

A pesar de no saber todo lo que me esperaba, sabía que aún podría servir a mi Dios.

Servir como lo haría el Salvador

Ahora, como misionero de servicio, todavía ayudo a los demás a venir a Cristo al servirles con amorosa bondad como lo haría el Salvador. Presto servicio en un centro de ayuda humanitaria, en el almacén del obispo, en el templo e incluso ayudo a enseñar a una banda de música en una escuela de secundaria.

Cuando enseñas el Evangelio, compartes las palabras del Señor, y cuando prestas servicio a los demás, eres las manos del Señor. Como fuere, sigues invitando a otras personas a venir a Cristo y ministrando por medio del poder del Espíritu Santo.