Ven, sígueme
Tesoros escondidos
Al adentrarte en tu estudio de las Escrituras este mes, puedes extraer una gran cantidad de lecciones y verdades.
Ilustraciones por Emily Jones
Probablemente hayas escuchado que hay una diferencia entre leer y estudiar las Escrituras. Cuando estudias, estás centrado, interesado, sientes curiosidad, estás dispuesto a la oración y abierto al Espíritu. Estableces conexiones y aprendes lecciones personales y verdades eternas.
Estos son unos cuantos ejemplos de algunas lecciones y verdades que descubrimos al estudiar los pasajes de las Escrituras del plan de estudio de Ven, sígueme de este mes. ¿Qué tipo de tesoros puedes encontrar?
Las páginas se perdieron, pero el Señor tenía un plan.
Las planchas de oro comenzaban con el compendio que hizo Mormón del libro de Lehi. José Smith tradujo 116 páginas, pero luego Martin Harris perdió esas páginas.
¿No podía José simplemente volver a traducirlo? Sí, pero los enemigos de José tenían las páginas perdidas y buscarían diferencias entre las dos traducciones (o inventarían algunas) para atacarlo (véase Doctrina y Convenios 10:29–32).
Afortunadamente, el Señor tenía un plan. Siglos antes, Él había mandado a Nefi que hiciera un segundo juego de planchas que cubría gran parte de ese mismo material, pero que se centraba más en las cosas espirituales (véase 2 Nefi 5:29–33). Luego, el Señor inspiró a Mormón a incluir esas planchas menores junto con su compendio de todo lo demás (véase Palabras de Mormón 1:3–7).
El Señor se aseguró de que todavía tuviéramos un registro de cosas como la visión de Lehi del árbol de la vida y el viaje de su familia a la tierra prometida. Algún día se restaurará la parte faltante. Mientras tanto, tenemos aún más motivos para estudiar y amar lo que sí tenemos, considerando todo el esfuerzo que el Señor hizo para asegurarse de que lo tuviéramos.
Oliver Cowdery se unió al equipo y vivió experiencias inolvidables.
Imagina que eres Oliver Cowdery, un maestro de escuela de 22 años que ha conocido a la familia de José Smith, padre, y se ha enterado de las cosas asombrosas que su hijo José está haciendo, ¡y entonces decides participar!
Lo siguiente que sabes es que estás transcribiendo la traducción del Libro de Mormón dictada por José. ¡Qué experiencia! Cuando Oliver dijo: “Estos fueron días inolvidables” (nota al pie de página de José Smith—Historia 1:71), esas palabras deben haberse quedado cortas.
A medida que José y Oliver traducían y transcribían el Libro de Mormón, tuvieron preguntas acerca del bautismo. Puedes conocer lo que sucedió cuando llevaron sus preguntas al Señor, lo que resultó en experiencias más sagradas que ninguno de los dos olvidaría jamás.
El Señor trae personas a nuestra vida para ayudarnos y para que nosotros las ayudemos.
He aquí un dato valioso: Tener éxito suele requerir la ayuda de otras personas.
El Padre Celestial pone a personas en nuestro camino que pueden bendecir nuestra vida (y cuyas vidas nosotros podemos bendecir). Esto es válido tanto para los asuntos espirituales como para los temporales. José Smith conoció a Oliver Cowdery, porque Oliver, un maestro de escuela, había conocido a los padres de José en el transcurso de su trabajo. Oliver ya era amigo de la familia Whitmer, que pronto se convirtió y comenzó a hacer una obra que José no habría podido hacer solo.
Cosas grandiosas se lograron porque estas personas “casualmente” entraron en la vida de los demás. ¿Crees que fue una coincidencia que se conocieran? ¡No!
Cuando le pidas ayuda al Padre Celestial, no te cierres a la posibilidad de que el Espíritu Santo pueda susurrarte el nombre de alguien en tu vida que pueda brindarte la ayuda que necesitas.
Y no olvides el lado opuesto de esa moneda: ¿En el camino de quién te han puesto a ti? ¿Para las oraciones de quién puedes ser tú una respuesta?