2016
Creemos en seguir al profeta
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Lo que creemos

Creemos en seguir al profeta

Al igual que la Iglesia primitiva que Jesucristo estableció durante Su ministerio terrenal, la Iglesia hoy en día está “[edificada] sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20). Tenemos doce apóstoles, así como el Presidente de la Iglesia y sus consejeros, que son profetas, videntes y reveladores. A ellos se los llama a testificar de Jesucristo y a predicar Su evangelio por todo el mundo.

El Salvador escoge a Sus profetas y, mediante muchas experiencias, los prepara para dirigir la Iglesia. Cuando los miembros de la Iglesia hablan del profeta, se refieren al Presidente de la Iglesia, la única persona sobre la tierra que recibe revelación para toda la Iglesia.

Dado que el Presidente de la Iglesia habla en nombre del Señor (véase D. y C. 1:38), no es prudente escoger solo las partes de su consejo que queramos seguir. Más bien, consideramos su consejo y exhortación como si los recibiéramos directamente de Jesucristo, “con toda fe y paciencia” (D. y C. 21:5).

Al elegir escuchar y seguir al profeta y a los demás apóstoles, se nos bendice en nuestro esfuerzo por llegar a ser como Jesucristo y somos protegidos de la inseguridad y de los engaños del mundo (véase Efesios 4:11–14).

Por ejemplo, cuando vivimos las normas invariables que enseñan el profeta y los apóstoles, hallamos seguridad espiritual en un mundo de valores y principios morales cambiantes. También encontramos seguridad temporal al seguir el consejo profético de evitar las deudas, ahorrar y almacenar alimentos.

Mientras el Presidente de la Iglesia y los apóstoles dedican su vida a la obra del Señor —viajando por el mundo y dando testimonio de Cristo, enseñando a los santos y supervisando la administración de una Iglesia mundial—, Él los sostiene y los bendice a ellos y a su familia. Nosotros también los sostenemos cuando oramos por ellos, obedecemos su consejo y procuramos que el Espíritu Santo nos confirme las verdades que ellos enseñan.

A medida que apoyamos al profeta y a los apóstoles, obtenemos un testimonio de que son siervos de Dios. Aun cuando no son perfectos, el Padre Celestial no permitirá que nos lleven por mal camino (véase Deuteronomio 18:18–20).

Liahona Magazine, 2016/06 Jun

Ilustraciones por J. Beth Jepson.

Estas son algunas de las bendiciones que recibimos por medio de los profetas vivientes:

El profeta José Smith (1805–1844) tradujo el Libro de Mormón “por el don y el poder de Dios” (véase la Introducción del Libro de Mormón). Desde su publicación en 1830, este libro ha bendecido la vida de millones de personas.

En 1915, el presidente Joseph F. Smith (1838–1918) y sus consejeros invitaron a los miembros de la Iglesia a comenzar a llevar a cabo la noche de hogar, y las familias siguen cosechando las grandes bendiciones que ellos prometieron como resultado.

En 1936, durante la Gran Depresión, el presidente Heber J. Grant (1856–1945) anunció lo que llegaría a ser el programa de bienestar de la Iglesia. Hoy día, este programa ayuda a personas de todas las religiones alrededor del mundo.

En abril de 1998, cuando la Iglesia tenía 51 templos en funcionamiento, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) anunció un programa para construir muchos templos pequeños. Esos templos bendicen ahora a más y más miembros de la Iglesia en todo el mundo.

En 2012, el presidente Thomas S. Monson anunció que la edad a la que los varones y las mujeres podían prestar servicio misional se reducía a 18 y 19 años respectivamente. Miles de familias y misioneros han sido bendecidos gracias al consiguiente aumento de la fuerza misional.