2016
¿Qué era lo más importante para mí?
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Voces de los Santos de los Últimos Días

¿Qué era lo más importante para mí?

Latter-day Saint Voices

Ilustración por Stan Fellows.

Aproximadamente a la mitad de mi tercer año de universidad, me di cuenta de que el dinero que había ahorrado para pagar el alquiler y los servicios públicos no me alcanzaría para todo el verano. Era la época del año en la que podía trabajar y ahorrar a fin de costearme el semestre siguiente. Encontré un empleo de medio tiempo como dependiente en una tienda.

Todo iba bien hasta que me cambiaron el horario de trabajo para incluir el domingo. Durante la entrevista de trabajo, yo no había mencionado nada en cuanto a no trabajar el domingo porque en ese tiempo la tienda cerraba los domingos. A pesar de ello, el empleo era importante para mí y me gustaba lo que hacía. Trabajaba con una amiga y entre las dos nos turnábamos para tener libre dos domingos al mes y trabajar los otros dos. Eso me permitía asistir a algunas reuniones de la Iglesia y servir en mi llamamiento.

No obstante, pronto llegué a la conclusión de que no podía seguir con ese horario. Sentía que no podía cumplir con mis responsabilidades del domingo aun cuando no trabajara todos los domingos. Empecé a preguntarme qué podía hacer para cambiar la situación. Después de orar y pedir que se ablandara el corazón de mis supervisores, leí 1 Nefi 7. Recuerdo que leí el versículo diecinueve, donde, después de que Nefi oró, el corazón de sus hermanos se ablandó. Finalmente, pude hablar con mis jefes en cuanto a dejar de trabajar el domingo.

Les dije que era miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y quisieron saber en qué creíamos los miembros de la Iglesia. Al preguntarles si podía tener los domingos libres, su respuesta fue que no. Me dijeron que durante la primera entrevista que había tenido, yo había dicho que estaba disponible para trabajar cualquier día de la semana y que nunca había mencionado ninguna necesidad religiosa.

Pasaron los meses sin que hubiera ningún cambio, hasta que un domingo salí apresuradamente de las reuniones de la Iglesia para ir al trabajo. Entonces me pregunté: “¿Qué es lo más importante para ti?”. La respuesta fue inmediata y certera: la Iglesia, el Evangelio, el servicio en mi llamamiento, la participación con todo el corazón en las reuniones dominicales y el discipulado, en palabra y en obra.

Tomé la decisión de volver a pedir no tener que trabajar en domingo; pero esta vez lo haría con una carta de renuncia en la mano, en caso de que nuevamente recibiera una respuesta negativa.

Había orado, ayunado y recibido mensajes de texto de apoyo de mis amigos.

Durante la entrevista, a pesar de que el corazón me palpitaba aceleradamente, sentí calma porque sabía que estaba haciendo lo correcto. En esa ocasión, mi supervisor accedió. Se había contestado mi oración. Rompí la carta de renuncia en cuanto llegué a casa.

Recibí muchas bendiciones a causa de esa experiencia, pero la bendición más inmediata y tangible fue que pude conservar mi empleo y aún así santificar el día de reposo. Estoy profundamente agradecida al Señor por ello.