2016
Campeonas del día de reposo
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Campeonas del día de reposo

La autora vive en Washington, EE. UU.

Nunca pensé que nuestra decisión de santificar el día de reposo repercutiría en tantas personas.

Champion for the Sabbath

Fotografías cortesía del equipo femenino de rugby (Universidad Brigham Young) y de Paul Meyers.

Cuando nuestro entrenador de rugby le informó al equipo que el encuentro de cuartos de final del torneo del campeonato nacional se había programado para un domingo, todo lo que pude pensar fue: “¿Por qué ahora?”.

Yo pertenecía al equipo femenino de rugby de 2010 de la Universidad Brigham Young y nos habíamos preparado para el campeonato durante toda la temporada. Estábamos ansiosas por jugar en contra del equipo que nos había vencido durante el torneo del año anterior. Yo tenía confianza en que podíamos ganar, ya que contábamos con algunas de las mejores jugadoras del país. Queríamos demostrar al mundo del rugby que éramos capaces de ganar el campeonato nacional, pero sucedió que el Padre Celestial tenía otros planes para nosotras.

Nos apegamos a nuestras normas

Los oficiales del torneo nos habían asegurado que los juegos tendrían lugar un viernes y un sábado. Sin embargo, debido a un error, se programaron los mismos para el sábado y el domingo. No nos enteramos de la equivocación hasta cinco días antes del torneo, el cual tendría lugar en Sanford, Florida, EE. UU. Debido a que el equipo de rugby femenino no era un equipo oficial de BYU en ese tiempo, éramos nosotras las que teníamos que tomar la decisión de si jugaríamos o no. Decidimos no hacerlo. Fue una decisión unánime y no hubo ninguna queja.

Jugar en domingo ni siquiera era una opción; para mí nunca lo había sido. Mis padres me enseñaron a santificar el día de reposo y había cumplido con ese mandamiento toda mi vida. Obedecer los mandamientos del Padre Celestial era más importante que un partido de rugby.

Sin embargo, el saber que estábamos haciendo lo correcto no lo hizo más fácil. Nos sentíamos desanimadas en el vuelo hacia Florida, pues sabíamos que perdiéramos o ganáramos, el encuentro del sábado sería el último para nosotras.

Tras nuestra llegada a Florida, recibimos la llamada de un reportero del periódico New York Times que quería cubrir nuestra historia. Estábamos desconcertadas. No esperábamos que a alguien le importara nuestra decisión de santificar el día de reposo, mucho menos a un periódico de ámbito nacional.

El viernes, a la hora en que habríamos jugado si no se hubiera cometido el error en el calendario, fuimos al Templo de Orlando, Florida, para efectuar bautismos por los muertos. Después de efectuar las ordenanzas, el presidente del templo nos dirigió la palabra. Sacó un artículo que se había redactado respecto a nuestro equipo y leyó algunos de los comentarios que los lectores habían publicado en internet en apoyo a nuestra decisión.

Más tarde, nuestro entrenador nos leyó más comentarios que había recibido. Miembros de la Iglesia SUD y otras personas nos agradecían nuestro ejemplo y nos decían que era reconfortante ver que hubiera personas que se apegaran a sus normas. Sus palabras nos levantaron el ánimo. Fue entonces que empezamos a darnos cuenta del impacto que habíamos tenido sin llegar a ser campeonas nacionales.

Sabía que el Padre Celestial estaba al tanto de nosotras, pero nunca pensé que alguien más estuviera observándonos. La respuesta que recibió la decisión que tomamos le dio un nuevo propósito a nuestra presencia en Florida: no estábamos ahí para ganar, sino para defender nuestras normas.

Una senda mejor

Llegó el sábado y ganamos el partido 46 a 7. Después, nos acercamos a los oficiales y les informamos que no nos presentaríamos al partido del domingo, que sería en contra del equipo que nos había ganado el año anterior. Me sentía triste de que nuestra temporada terminara de ese modo. Deseaba que hubiéramos podido jugar en contra de ese equipo; pero no deseaba jugar contra él, ni contra ningún otro, en el día de reposo.

Se escribieron muchos artículos en cuanto a nosotras y continuamos recibiendo cartas y mensajes de apoyo. Al apegarnos a nuestras normas, habíamos tocado el corazón de más personas que si hubiéramos ganado el campeonato.

He aprendido a confiar en que el Padre Celestial me guiará por una senda que es mejor que la que yo tengo prevista. Nuestro equipo quería demostrar que podía ganar el campeonato; pero ahora comprendo que el Padre Celestial quería que demostráramos algo totalmente distinto. Nos brindó la oportunidad de ser un ejemplo cuando pensábamos que nadie nos observaba, y Él pudo valerse de nosotras para bien porque optamos obedecer.