2016
Nuestro Padre, nuestro Mentor
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Mensaje de la Primera Presidencia

Nuestro Padre, nuestro Mentor

Ilustración por Augusto Zambonato.

¿Alguna vez han abierto una caja que contenía piezas para armar, han sacado las instrucciones de montaje y han pensado: “Esto no tiene ningún sentido”?

En ocasiones, a pesar de nuestras mejores intenciones y de la confianza que tengamos en nosotros mismos, sacamos una pieza y nos preguntamos: “¿Para qué sirve esto?” o “¿Dónde va?”.

Nuestra frustración aumenta cuando miramos la caja y vemos una nota que dice: “Requiere montaje — para niños mayores de 8 años”. Dado que seguimos sin tener ni idea de cómo armarlo, eso no incentiva nuestra confianza ni nuestra autoestima.

A veces, tenemos una experiencia similar con el Evangelio. Al observar alguna de sus partes, puede que nos rasquemos la cabeza y nos preguntemos para qué sirve; o, al examinar otro fragmento, tal vez nos demos cuenta de que, aun después de esforzarnos por entenderlo por completo, simplemente no llegamos a comprender por qué se incluyó esa pieza.

Nuestro Padre Celestial es nuestro Mentor

Afortunadamente, nuestro Padre Celestial nos ha dado instrucciones maravillosas para estructurar nuestra vida y armar la mejor versión de nosotros mismos. Esas instrucciones sirven independientemente de nuestra edad o de nuestras circunstancias. Él nos ha dado el Evangelio y la Iglesia de Jesucristo. Nos ha dado el plan de redención, el Plan de Salvación, a saber, el plan de felicidad. No nos ha dejado solos con todas las incertidumbres y los desafíos de la vida, diciendo: “Aquí están; buena suerte. Arréglenselas”.

Si tan solo fuéramos pacientes y mirásemos con un corazón humilde y una mente abierta, veríamos que Dios nos ha dado muchas herramientas a fin de que entendamos mejor Sus exhaustivas instrucciones para ser felices en la vida:

  • Nos ha dado el inestimable don del Espíritu Santo, el cual tiene el potencial de ser nuestro tutor celestial personal a medida que estudiamos la palabra de Dios y tratamos de alinear nuestros pensamientos y acciones con Su palabra.

  • Nos ha dado acceso constante a Él mediante las oraciones de fe y las súplicas con verdadera intención.

  • Nos ha dado apóstoles y profetas modernos que revelan la palabra de Dios en nuestros días y tienen la autoridad para atar o sellar en la tierra y en el cielo.

  • Ha restaurado Su Iglesia: una organización de creyentes que trabajan juntos para ayudarse los unos a los otros en tanto que trabajan por su salvación con temor, temblor y gozo inigualable1.

  • Nos ha dado las Sagradas Escrituras, Su palabra escrita para nosotros.

  • Nos ha dado un sinnúmero de herramientas de tecnología moderna para ayudarnos en nuestro camino del discipulado. Muchos de estos maravillosos recursos se encuentran en LDS.org.

¿Por qué nos ha dado tanta ayuda el Padre Celestial? Porque nos ama, y porque, tal como Él ha dicho de Sí mismo: “… esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”2.

En otras palabras, el Padre Celestial es nuestro Dios, y Dios es nuestro Mentor.

Nuestro Padre Celestial conoce las necesidades de Sus hijos mejor que nadie; Su obra y Su gloria es ayudarnos en cada paso, dándonos maravillosos recursos temporales y espirituales para ayudarnos en nuestra senda de regreso a Él.

Cada padre es un mentor

En algunas partes del mundo, las familias y la sociedad honran a los padres en el mes de junio. Siempre es bueno honrar y respetar a nuestros padres. Los padres hacen muchas cosas buenas por su familia y tienen muchos atributos admirables. Ser un buen ejemplo y un mentor son dos de las funciones más importantes que los padres desempeñan en la vida de sus hijos. Los padres hacen más que decir a sus hijos lo que está bien o mal; ellos hacen mucho más que darles un manual y esperar que descubran cómo funcionan las cosas en la vida por sí mismos.

Mediante su buen ejemplo, los padres guían a sus preciados hijos y les enseñan el modo en que se vive una vida honrada. Los padres no dejan solos a sus hijos, sino que corren a auxiliarlos, ayudándolos a levantarse cada vez que tropiezan; y, en ocasiones, cuando la prudencia así lo indica, los padres permiten que sus hijos afronten dificultades, sabiendo que quizás esa sea la mejor manera de que ellos aprendan.

Todos somos mentores

Mientras que los padres terrenales hacen eso por sus propios hijos, esa ayuda es algo que debemos ofrecer a todos los hijos de Dios, sin importar su edad, el lugar donde vivan ni sus circunstancias. Recuerden: los hijos de Dios son nuestros hermanos y hermanas; todos pertenecemos a la misma familia eterna.

En ese sentido, todos debemos ser mentores, dispuestos a tender la mano y ayudarnos unos a otros para llegar a ser lo mejor que podamos. Dado que somos progenie de Dios, tenemos el potencial de llegar a ser como Él. Amar a Dios y a nuestro prójimo, guardar los mandamientos de Dios y seguir el ejemplo de Cristo, son el sendero recto, estrecho y gozoso de regreso a la presencia de nuestros Padres Celestiales.

Si el Dios del universo se preocupa tanto por nosotros que Él mismo es nuestro Mentor, tal vez nosotros también podamos tender una mano de ayuda a nuestros semejantes, sin importar su color, su raza, sus circunstancias socioeconómicas, su idioma ni su religión. Procuremos ser mentores inspirados y bendigamos la vida de los demás, no solo la de nuestros hijos, sino también la de todos los hijos de Dios alrededor del mundo.

Ilustraciones por Laura Zarrin.