2025
Tesoros ocultos
Marzo de 2025


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Doctrina y Convenios 1828

Tesoros ocultos

Adéntrate en las Escrituras y encontrarás todo tipo de cosas.

José Smith en la Primera Visión.

La revelación moderna aclara las Escrituras.

Doctrina y Convenios 19

En Doctrina y Convenios 19 se explican dos cosas acerca del Salvador.

Lucas dice que el sudor del Señor en el Jardín de Getsemaní “era […] como grandes gotas de sangre” (Lucas 22:44). “Como” sugiere que es solo una figura retórica.

Sin embargo, Jesús lo aclara. Él dice que Su sufrimiento hizo que “sangrara por cada poro” (Doctrina y Convenios 19:18). No es una metáfora. Su angustia fue tan grande que realmente sudó sangre.

En otros lugares, las Escrituras usan frases como “tormento sin fin” y “castigo eterno”. Alma, hijo, dice que lo “martirizaba un tormento eterno” (Alma 36:12). Sin embargo, su experiencia solo duró tres días (véase Alma 36:16). ¿En qué sentido fue “eterno”?

Nuevamente, Jesús lo aclara: dado que el Padre Celestial y Jesús son eternos y no tienen fin, cualquier castigo que Ellos den es, por definición, un castigo “eterno” o “sin fin”, independientemente de su duración (véase Doctrina y Convenios 19:6–12). Solo el sufrimiento de los hijos de perdición durará para siempre (véase Doctrina y Convenios 76:30–38).

Un bautismo es suficiente, pero requiere autoridad.

Doctrina y Convenios 22

Con frecuencia, los posibles conversos preguntan a los misioneros: ¿Y si ya he sido bautizado en otra iglesia? ¿Tengo que ser bautizado de nuevo?

En Doctrina y Convenios se explica que sin el sacerdocio —la autoridad para actuar en el nombre de Dios— “aunque un hombre se bautice cien veces, de nada le aprovecha” (Doctrina y Convenios 22:2).

Así que la respuesta es esencialmente: “Tu bautismo anterior fue un acto justo basado en lo que sabías en ese momento. Ahora sabes más y el Señor quiere que actúes de acuerdo con ese conocimiento”.

Jesucristo bendice y reparte la Santa Cena a los nefitas

Nadie es bueno en todo, y no importa.

Doctrina y Convenios 24

El profeta José Smith no era bueno en los negocios ni con la economía. En lo que al mundo se refiere, no tuvo éxito.

El Señor le había dicho que así sería: “Para los trabajos temporales no tendrás fuerza, porque este no es tu llamamiento” (Doctrina y Convenios 24:9).

Tendrás amigos y compañeros de clase que irán a mejores universidades que tú, conseguirán trabajos más prestigiosos que tú y tendrán más éxito en el mundo que tú.

¿Y qué?

La vida no es una competencia. Debes hacer tu mejor esfuerzo, por supuesto, pero no entres en pánico si ves que otras personas te sobrepasan en el camino de la vida. ¡Tal vez no se dirijan al mismo destino que tú! Sigue haciendo lo que el Señor desea que hagas —tu “llamamiento”— y no te preocupes por Sus planes para los demás.

La casa de Dios es una casa de orden

Doctrina y Convenios 2728

El Salvador solía recordarle al profeta José Smith que todo debía hacerse “en orden” (véanse Doctrina y Convenios 20:68; 28:13; 58:55; 107:84). Las reglas son necesarias; de lo contrario, hay caos.

Eso no significa que nunca haya flexibilidad. Por ejemplo, el Señor le dijo a José Smith que “no importa lo que comáis o bebáis al tomar el sacramento”, siempre y cuando se haga para recordar Su sufrimiento y Expiación (Doctrina y Convenios 27:2).

Sin embargo, cuando se trata de dirigir la Iglesia, no hay flexibilidad. Solo una persona a la vez puede recibir revelación para la Iglesia: primero, José Smith (véase Doctrina y Convenios 28:2); luego, a quien el Señor nombró “en su lugar” (Doctrina y Convenios 28:7): Brigham Young, John Taylor y así sucesivamente hasta llegar al profeta actual.

Otros líderes inspirados de la Iglesia pueden enseñar, instruir y dar consejo (véase Doctrina y Convenios 28:4–5), pero solo el Presidente de la Iglesia puede hablar en el nombre de Dios para asuntos que afecten a toda la Iglesia.