Liahona
    Las bendiciones de ser miembro de la Iglesia
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    Las bendiciones de ser miembro de la Iglesia

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    Este año celebramos el bicentenario de la visita del Padre y del Hijo a José Smith. Diez años después de la Primera Visión, se organizó La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la cual proporcionó las ordenanzas, las enseñanzas del Evangelio y la autoridad del sacerdocio necesarias para nuestra salvación.

    Sin embargo, conforme el mundo se vuelve cada vez más secular, muchas personas se preguntan por qué es necesario que haya una religión organizada. Consideran que pueden tener una relación estrecha con Dios en entornos fuera de una iglesia. Si bien es cierto que podemos sentir el Espíritu del Señor en muchos lugares, este ejemplar de la revista Liahona explora algunas de las razones por las que el Señor organizó Su Iglesia, así como la forma en la que Su Iglesia restaurada centra nuestro aprendizaje y magnifica nuestra respuesta individual a Su Espíritu para bien en nuestros días.

    Tal como señalo en mi artículo que se encuentra en la página 24, los miembros de la Iglesia están siguiendo las enseñanzas del profeta José Smith de “alimentar al hambriento, vestir al desnudo […] y consolar al afligido […], ya sea en esta Iglesia o en cualquier otra”. En mi labor con Latter-day Saint Charities [la organización humanitaria de la Iglesia], he sido testigo de contribuciones enormes que la Iglesia hace en más de cien países cada año. Gracias a pequeños donativos de los miembros de la Iglesia, nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo han sido bendecidos con las cosas necesarias para la vida y mucho más.

    En la página 12, el presidente Dallin H. Oaks explica por qué el Señor dirige Su Iglesia por medio de profetas y apóstoles; y en la página 18, la hermana Jean B. Bingham, con quien presto servicio en la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, comparte un mensaje sobre la influencia de las mujeres y sobre cómo nos ayudamos mutuamente a alcanzar nuestro potencial divino al trabajar juntas en la Iglesia.

    Ruego que Dios nos bendiga individualmente y como pueblo para que continuemos ministrando de una manera más elevada y más santa hasta que el Salvador venga nuevamente.

    Hermana Sharon Eubank

    Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro