Liahona
    Volver a la Iglesia y encontrar los brazos abiertos para recibirnos
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    Volver a la Iglesia y encontrar los brazos abiertos para recibirnos

    Había dejado de asistir a la Iglesia, pero nunca perdí la fe en mis creencias. Cuando regresé, mi barrio me brindó apoyo.

    Mientras tenía los dedos manchados de grasa por un suculento pollo frito y unas papas fritas un poco saladas, pero hechas a la perfección, los que iban acompañados de helados tragos de una leche malteada, en lo que se suponía que era una clase de matemáticas, una amigo cercano me dio a conocer una nueva religión de la que nunca había oído hablar: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. No me había percatado de que estaba recibiendo guía divina, conociendo a personas y teniendo experiencias que el Padre Celestial había planeado perfectamente para mí.

    Comencé a creer en Dios desde pequeña pues había sido criada en la religión católica. Sin embargo, al comenzar la universidad, recuerdo claramente haber pensado que deseaba saber más. Quería tener una relación más estrecha con Dios. Ese pensamiento y esa actitud receptiva hacia el Señor permitieron que mi amiga me diera a conocer el Evangelio y me invitara a la Iglesia.

    Cuando asistí a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días por primera vez sentí un poco de timidez, pero me sentí bien recibida debido a que todos se mostraron muy amables, acogedores y genuinos. A pesar de que no conocía a las personas, estas me trataron como si fuera de su familia. Comencé a asistir con regularidad y después de un largo tiempo de investigar y de recibir una bendición del sacerdocio que me cambió la vida, me uní a la Iglesia. No obstante, después de cinco meses seguidos de ser activa y de participar en actividades de la Iglesia, mi fe iba a ser puesta a prueba, ya que sentí que tenía que volver a casa.

    De regreso en mi ciudad natal, asistí a mi nuevo barrio y hasta recibí llamamientos. Traté de mantenerme activa, pero parecía que todo estaba en mi contra, lo cual resultó en que mi asistencia fuera disminuyendo.

    Seguí llevando una vida llena de altibajos, aunque nunca perdí la fe en mis creencias. Sabía que la Iglesia tenía la plenitud del evangelio de Jesucristo y todo lo que necesitaba en la vida.

    En ocasiones asistí a diferentes barrios durante esos años en los que estuve menos activa y observé la diferencia que había entre ser bien recibida y pasar desapercibida. Afortunadamente, los misioneros me ayudaron con la transición y con mis necesidades hasta que finalmente volví a la Iglesia. Mi barrio realmente me dio la bienvenida a casa. Sentí que pertenecía desde el momento en que entré por la puerta. Gracias a aquellos amables miembros, seguí asistiendo y disfrutando de todas las bendiciones del Evangelio.

    Creo que uno debe asistir a la Iglesia por uno mismo y no por las personas; sin embargo, ayuda inmensamente cuando se nos recibe con amor. Por suerte, hay cosas que se pueden hacer para sentirse bien recibido y que otras personas se sientan bien recibidas en la Iglesia.

    A fin de sentirte bien recibido:

    1. Asiste a Instituto y participa en proyectos de servicio y en actividades de la Iglesia. Si bien al principio es intimidante, en particular si no conoces a nadie, el hecho de estar entre la gente te abre las puertas para que conozcas a nuevas personas y cultives amistades de por vida.

    2. Rodéate de personas que tengan tus mismos principios. Esto es particularmente importante si eres converso o un miembro que se ha vuelto a activar. El hecho de rodearte de personas que compartan tus principios implica que no solo evitas ponerte en riesgo, sino que también puedes aprender de ellas y contar con una buena red de apoyo.

    3. Asiste al templo. Esforzarte por asistir al templo significa que estás tomando decisiones que están en armonía con la voluntad del Señor. Te darás cuenta de que la obediencia te fortalece.

    4. Recuerda el quién y el porqué. ¿Por quién estás haciendo esto? ¿Hacia quién es importante dirigir la mirada, y por qué estás aquí? Eso puede ayudarte a poner en perspectiva lo que es de beneficio para tu progreso.

    Para que otras personas se sientan bien recibidas:

    1. Muestra amor. Brinda amistad genuina. Todos estamos en un trayecto diferente. Llegar a conocer a otras personas te ayudará a encontrar la mejor manera de apoyarlas. Si las invitas a actividades, las mantienes al tanto de lo que sucede y les presentas a nuevas personas en la Iglesia, les ayudarás a relacionarse y a cultivar nuevas amistades.

    2. Escucha los susurros del Espíritu y confía en el tiempo del Señor. Creo firmemente que el Padre Celestial nos guía y pone a personas en nuestra senda de forma intencional. Si das tu mejor esfuerzo cada día, recibirás bendiciones y podrás bendecir a los demás.

    El Padre Celestial verdaderamente nos conoce y nos ama de manera individual. Espero que puedas sentir Su amor, que te veas a ti mismo y a los demás como Él los ve; que compartas el amor que Él siente por ti con otras personas, en particular con los visitantes, los nuevos conversos y aquellos que vuelvan a la actividad en la Iglesia. Siento agradecimiento por cada persona que me tendió la mano y ahora busco oportunidades de hacer lo mismo.