Proteger a los niños
    Notas al pie de página

    Proteger a los niños

    ¿Qué podemos hacer para proteger y capacitar mejor a los niños que son parte de nuestra vida?

    mother with baby and crying child

    Ilustración fotográfica por Linda Lee.

    De todos los grupos de personas a quienes Jesús enseñó, sabemos que Él amó particularmente a los niños. Les prestó atención, incluso cuando no era conveniente; los invitó a recibir una bendición individual de parte de Él; condenó a quienes les hacen daño y enseñó que debemos ser más semejantes a los niños para entrar en el reino de los cielos1.

    “Mirad a vuestros pequeñitos”, dijo a los que se encontraban en el continente americano después de Su resurrección. Los cielos se abrieron y descendieron ángeles amorosos y protectores que formaron un círculo alrededor de los niños, rodeándolos con fuego (véase 3 Nefi 17:23–24).

    Con todos los peligros del mundo actual, tal vez desearíamos que nuestros hijos pudiesen estar constantemente rodeados por el fuego celestial. Se calcula que una de cada cuatro personas en todo el mundo ha sufrido abusos o maltrato en la niñez, y ese promedio aumenta cuando se estudian grupos específicos vulnerables, como las personas con discapacidades2. La buena noticia es que podemos hacer mucho para ser proactivos en la protección de los niños.

    “Piensen en un niño (o una niña) al que amen”, afirma la hermana Joy D. Jones, Presidenta General de la Primaria. “Cuando le dicen ‘te amo’, ¿qué quieren decir?… [Eso] significa ofrecer protección para ayudar a nuestros seres queridos a llegar a ser la mejor versión de sí mismos y a hacer frente a los desafíos de la vida”3.

    Quizás al observar más de cerca el ejemplo del Salvador, se generarán ideas sobre cómo podemos proteger mejor a los niños que son parte de nuestra vida.

    Jesús les dedicó tiempo

    Jesus with children

    Mirad a vuestros pequeñitos, por David Lindsley © 1983

    Jesús reservó tiempo para prestar atención a los pequeños e indefensos (véase Mateo 19:14). Nosotros también podemos reservar tiempo para escuchar a nuestros hijos y tratar de entender sus desafíos.

    “Cuanto más amado se sienta el hijo o la hija, más fácil le resultará sincerarse”, afirma la hermana Jones, “nosotros debemos comenzar la conversación y no esperar a que los hijos acudan a nosotros”4.

    A una madre le resultó útil preguntarles a sus hijos todas las noches: “¿Escuchaste alguna palabra hoy que no entendiste?”.

    El primer instinto de nuestros hijos puede ser buscar respuestas en línea porque internet proporciona ayuda inmediata y no juzga, pero debemos convencerlos de que nosotros somos una fuente de información más confiable; y eso abarca el no reaccionar exageradamente cuando nuestros hijos nos digan algo incómodo. Por ejemplo, si tenemos un arrebato emocional cuando nuestro hijo confiesa que buscó pornografía, es posible que no nos vuelva a pedir ayuda; pero si respondemos con amor, tenemos la oportunidad de enviar un mensaje claro: que queremos que nos hablen sobre cualquier cosa.

    La hermana Jones observa: “Los pequeños problemas que se abordan con amor establecen el fundamento de una reacción saludable; de esa manera, cuando surgen problemas mayores, la comunicación sigue abierta”5.

    Algunas de las conversaciones más importantes y de mayor protección que los padres pueden tener con los hijos tienen que ver con el cuerpo. Esas conversaciones deben incluir palabras exactas para referirse a las partes del cuerpo, información sobre higiene y los cambios que habrán de esperar en los próximos años. Debemos hablar sobre la sexualidad y sobre cómo la intimidad física y emocional es una parte maravillosa del plan que nuestro Padre Celestial tiene para nosotros. También podríamos hablar de temas como el abuso, el maltrato y la pornografía. Esas conversaciones deben ser apropiadas según la edad y usar como guía las preguntas que tengan nuestros hijos. Lo ideal sería que mantuviéramos varias conversaciones a lo largo del tiempo, agregando información a medida que nuestros hijos van creciendo y su comprensión aumenta. (Al final de este artículo pueden encontrar recursos útiles).

    Jesús fue un ejemplo para ellos

    Jesús fue un ejemplo perfecto para todos (véase Juan 8:12). Como adultos, también tenemos la oportunidad y la responsabilidad de ser ejemplos. Una de las mejores maneras de ayudar a proteger a nuestros hijos es que nosotros mismos seamos un modelo de buenas decisiones. Los niños se fijan en cómo sus padres tratan a los demás y permiten que los demás los traten a ellos. Por favor, si se encuentran en una relación o tienen una adicción que los ponen a ustedes o a su familia en peligro, pidan ayuda. Comuníquense con las autoridades civiles y con terapeutas profesionales, así como con su obispo o presidenta de la Sociedad de Socorro, quienes pueden ayudarlos a ponerse en contacto con los debidos recursos eclesiásticos y de la comunidad. Ustedes merecen seguridad y respeto.

    También deberíamos ser un ejemplo en cuanto a cuidar de nuestra fortaleza espiritual. ¿Nos ven nuestros hijos orar? ¿Saben que leemos las Escrituras? ¿Han escuchado nuestros testimonios? Como familia, ¿nos ponemos por la mañana “toda la armadura de Dios” antes de aventurarnos a salir al mundo? (véanse Efesios 6:11–18; Doctrina y Convenios 27:15–18).

    Jesús habló en defensa de los niños

    El Salvador habló en contra de los que hacen daño a los niños (véase Mateo 18:6). Nosotros también podemos ser defensores de los niños que son parte de nuestra vida.

    “Los niños necesitan que otros hablen por ellos”, enseñó el presidente Dallin H. Oaks, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “y necesitan personas que tomen decisiones poniendo el bienestar de ellos por delante de los intereses egoístas de los adultos”6.

    Si bien no tenemos que ser demasiado temerosos o desconfiados de los demás, debemos ser conscientes de las posibles amenazas y tomar decisiones prudentes en cuanto a la seguridad. Las líderes de la Primaria deben seguir las pautas de prevención del abuso y el maltrato de la Iglesia7; el hecho de tener dos maestros en cada aula y alguien de la presidencia que supervise las clases aporta protección.

    Los padres y las líderes deben deliberar en consejo y decidir si hay otras medidas de precaución que puedan tomar para minimizar amenazas específicas. Por ejemplo, muchos edificios de la Iglesia tienen ventanas en las puertas de las aulas. Si en el edificio de ustedes no las hay, podrían dejar las puertas un poco abiertas durante las clases y hablar con su representante local de administración de propiedades para ver si es posible instalar ventanas en las puertas. Independientemente de sus llamamientos, todos los adultos pueden estar atentos en la Iglesia y ayudar cuando sea necesario, como dar la bienvenida a los visitantes que se encuentren por los pasillos o instar a regresar a clase a un niño que ande deambulando.

    Lamentablemente, a veces los niños hacen daño a otros niños. Si notamos algún tipo de acoso o contacto físico inapropiado en la Iglesia, o en cualquier lugar, debemos intervenir de inmediato. Si somos líderes, debemos estar dispuestos a hablar con las familias en cuestión, aunque las conversaciones resulten incómodas, para asegurarnos de que todos los niños estén a salvo. Expliquen la situación con compasión y claridad para ayudar a establecer una cultura de bondad.

    Si creemos que un niño es víctima de abuso o maltrato, debemos comunicar de inmediato esas inquietudes a las autoridades civiles. En muchos países hay líneas directas que ofrecen servicios de intervención, información y apoyo para ese tipo de crisis. También debemos informar al obispo si se sospecha que hay un caso de abuso o maltrato, especialmente si tiene que ver con alguien que tenga acceso a los niños por medio de la Iglesia. Además de tomar medidas para impedir el acceso futuro de un agresor a los niños, el obispo puede brindar consuelo y apoyo a las víctimas y ayudarlas a ponerse en contacto con otros recursos de Servicios para la Familia.

    Jesús los bendijo uno por uno

    Primary teacher hugging child with Down syndrome

    Ilustración fotográfica por Shanea Janese Acebal.

    Jesús conoció y bendijo a los niños uno por uno (véase 3 Nefi 17:21). Del mismo modo, debemos llegar a conocer a cada niño e intentar ayudarlo en forma particular.

    ¿Qué podemos hacer a fin de que la Iglesia sea más segura para los niños con problemas de salud? ¿Tenemos un plan para ayudar a los niños de la Primaria que tengan discapacidades? ¿Las lecciones de la Primaria que enseñamos toman en cuenta las diferentes situaciones en el hogar? ¿Qué más podemos hacer para incluir más a todos?

    Los comentarios racistas, las palabras condescendientes sobre otras culturas y las actitudes de desaprobación hacia los miembros de otras religiones no deben tener lugar en los mensajes que compartimos. En una clase de la Primaria, un niño no hablaba muy bien el idioma de los demás niños. Para ayudarlo a sentirse bienvenido, los maestros se aseguraron de imprimir volantes en ambos idiomas. Los simples actos de consideración muestran a los niños que los conocemos y nos preocupamos por ellos individualmente, y esos actos pueden servir de ejemplo para que los niños los sigan.

    Es posible que descubramos que algunos niños necesitan ayuda de manera urgente. Por ejemplo, aunque algunos altibajos emocionales son parte normal del crecimiento, si un niño está enojado, retraído o triste durante varias semanas, quizás haya un problema más grave que requiera ayuda profesional. Si bien los hábitos rectos, como la oración y el estudio de las Escrituras, son importantes, a menudo se necesita más apoyo para aquellos que se enfrentan a una enfermedad mental incipiente o sobrellevan un trauma secreto. El ignorar la situación no mejorará las cosas. En muchos lugares, los obispos pueden brindar ayuda económica a personas y familias para que reciban asesoramiento a través de Servicios para la Familia u otras agencias.

    Jesús les dio poder

    father helping son ride bicycle

    Ilustración fotográfica por Angalee Jackson.

    Mientras protegía a los niños, Jesús también les dio poder y señaló a los niños como ejemplos (véase Mateo 18:3). Después de su visita a las Américas, los niños pequeños pudieron enseñar a los adultos “cosas maravillosas” (3 Nefi 26:16).

    Nosotros podemos dar poder a los niños que conocemos enseñándoles a reconocer la forma en la que el Espíritu les habla y que luego sigan al Espíritu al tomar decisiones, ayudándolos así a crear un filtro interno que guíe sus acciones. Tal como enseña la hermana Jones: “Es esencial que ayudemos a los niños a desarrollar su propio razonamiento interno para que deseen [tomar decisiones seguras]”8. A continuación figuran algunas ideas que dieron poder a otras familias:

    • Una madre enseñó a sus hijos a prestar atención a los sentimientos de temor o preocupación que tuviesen, y a tener cuidado al estar cerca de personas que les parecieran “sospechosas”. Eso dio resultados positivos cuando unas personas intentaron convencer a su hijo para que las siguiera a un baño; él prestó atención a sus sentimientos de advertencia y se negó a hacerlo.

    • Algunas familias crean de antemano un plan de escape para usarlo cuando se encuentren con algo perjudicial. Por ejemplo, una familia llamó a su plan de escape “bloquear y contar”, que consistía en apagar el monitor de la computadora e informar de inmediato a uno de los padres si aparecía una imagen mala. Esos hijos nunca tuvieron que preguntarse cómo lidiar con los malos medios de comunicación: ¡sabían qué hacer!

    • Otra familia creó una palabra clave que sus hijos podían enviar por mensaje de texto a sus padres o decirles por teléfono si necesitaban que los fuesen a recoger de inmediato.

    • Ustedes podrían ayudar a sus hijos a practicar decir “¡No!” cuando alguien trate de convencerlos de hacer algo que los haga sentirse incómodos. Todos los niños deben saber que pueden pedir ayuda y deben seguir pidiéndola hasta que estén a salvo.

    Nuestra función como adultos

    Recordemos de nuevo la escena de 3 Nefi 17, cuando Jesús “tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y rogó al Padre por ellos… y fueron rodeados de fuego; y los ángeles les ministraron” (versículos 21, 24). Quizás un aspecto clave de esta historia no solo sea enseñarnos cuán importantes son los niños, sino también ilustrar cuál debe ser nuestra función como adultos. Somos quienes cuidaremos de la próxima generación. Debemos ser los ángeles que rodeen y ministren a los niños. Continuemos acudiendo a Jesús como nuestro ejemplo perfecto y luego esforcémonos por rodear a nuestros pequeños con amor y protección.

    Notas

    1. Consulte las referencias de las Escrituras que aparecen debajo del título de cada sección de este artículo para encontrar esos relatos en las Escrituras.

    2. Véase “Child Maltreatment (Child Abuse)”, Organización Mundial de la Salud, who.int/violence_injury_prevention/violence/child/en.

    3. Joy D. Jones, “Cómo abordar la pornografía: proteger, reaccionar y sanar”, Liahona, octubre de 2019, pág. 38.

    4. Joy D. Jones, “Cómo abordar la pornografía”, págs. 39, 40.

    5. Joy D. Jones, “Cómo abordar la pornografía”, pág. 39.

    6. Dallin H. Oaks, “Proteger a los niños”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 43.

    7. Véase “Cómo prevenir y responder ante el abuso o el maltrato”, newsroom.ChurchofJesusChrist.org.

    8. Joy D. Jones, “Cómo abordar la pornografía”, pág. 40.