Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia
La vida y el ministerio de José Smith
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La vida y el ministerio de José Smith

“José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él, exceptuando sólo a Jesús” (D. y C. 135:3). Esta asombrosa declaración describe a un hombre que fue llamado por Dios a la edad de catorce años y que vivió sólo hasta los treinta y ocho. Hubo sucesos maravillosos que ocurrieron entre el nacimiento de José Smith en Vermont, en diciembre de 1805, y su trágica muerte en Illinois, en junio de 1844. Dios el Padre y Su Hijo, Jesucristo, se aparecieron ante él, enseñándole sobre la naturaleza de Dios mucho más de lo que se había sabido durante siglos. Profetas y apóstoles de la antigüedad le confirieron el sagrado poder del sacerdocio, convirtiéndolo en un nuevo testigo autorizado de Dios en esta última dispensación. Por medio del Profeta, se reveló un incomparable torrente de conocimiento y de doctrina, incluso el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio. Mediante él, se organizó una vez más en la tierra la verdadera Iglesia del Señor.

Actualmente, la obra que comenzó con José Smith sigue adelante por todo el mundo. El presidente Wilford Woodruff testificó lo siguiente del profeta José Smith: “…era un profeta de Dios y… puso los cimientos de la obra y dispensación más grandes de todas las que han sido establecidas en la tierra”1.

Sus antepasados y su infancia

José Smith era estadounidense de la sexta generación; sus antepasados emigraron de Inglaterra a América del Norte en el siglo diecisiete. Los antecesores del Profeta ejemplificaban las características de las primeras generaciones de estadounidenses: creían que Dios los cuidaba y los dirigía, tenían una fuerte ética de trabajo y se dedicaban diligentemente al servicio de su familia y de su país.

Los padres de José Smith, Joseph Smith y Lucy Mack, se casaron en 1796, en Tunbridge, Vermont. Era una pareja industriosa y devota que comenzó su vida matrimonial en circunstancias económicas favorables. Lamentablemente, Joseph Smith perdió la primera granja que el gobierno le había cedido para fines agrícolas y ganaderos y sufrió un número de reveses económicos en los años subsiguientes. La familia Smith se vio forzada a mudarse varias veces mientras el padre trataba de ganarse la vida cultivando las colinas boscosas de Nueva Inglaterra, trabajando como empleado en otras granjas, operando un negocio mercantil o enseñando en una escuela.

José Smith nació el 23 de diciembre de 1805 en Sharon, Vermont; era el quinto de once hijos. Se le puso el mismo nombre de su padre. Los hijos de la familia Smith eran, por orden de nacimiento: un niño que murió poco después del nacimiento y al cual no le pusieron nombre, Alvin, Hyrum, Sophronia, José, Samuel, Ephraim (que vivió menos de dos semanas), William, Katharine, Don Carlos y Lucy2.

En los primeros años de vida del Profeta surgieron evidencias de su carácter extraordinario. En la época en que la familia Smith vivía en West Lebanon, New Hampshire, surgió una terrible epidemia de fiebre tifoidea que atacó a muchos habitantes del lugar, incluso a todos sus hijos; aunque los otros se recuperaron sin complicaciones, el pequeño José, que tenía unos siete años, sufrió una grave infección en la pierna izquierda. El Dr. Nathan Smith, de la Facultad de Medicina de Dartmouth, en la ciudad cercana de Hanover, New Hampshire, accedió a llevar a cabo una nueva intervención quirúrgica para tratar de salvarle la pierna. Cuando el Dr. Smith y sus colegas se preparaban para la operación, José le pidió a su madre que saliera de allí para evitar que tuviera que presenciar su sufrimiento. Después de rehusar el licor que quisieron darle para mitigar el dolor y de confiar sólo en los brazos tranquilizadores de su padre para sostenerlo, José soportó con valor mientras el cirujano le abría la pierna y le cortaba parte del hueso. La operación tuvo éxito, aunque José tuvo que usar muletas durante varios años y por el resto de su vida caminó con una leve cojera.

En 1816, después de sufrir el fracaso de varias cosechas, Joseph Smith se mudó con su familia desde Norwich, Vermont, hasta Palmyra, Nueva York, con la esperanza de lograr una situación más próspera. “Por encontrarnos en condiciones indigentes”, contaba el Profeta años después, “nos veíamos obligados a trabajar arduamente para mantener a la familia que era grande… y, puesto que se exigía el esfuerzo de todos los que estábamos capacitados para ayudar en el mantenimiento de la familia, por lo tanto, nos vimos privados del beneficio de una instrucción escolar. Baste decir que yo apenas había aprendido a leer y a escribir, y sabía algunas reglas básicas de la aritmética”3.

La Primera Visión

En cuanto a su temprana capacitación, José Smith escribió: “Nací… de buenos padres que no escatimaron esfuerzos para instruirme en la religión cristiana”4. Pero, como muchos otros cristianos, sus padres reconocían que en las religiones contemporáneas faltaban algunos de los principios del Evangelio que Jesús y Sus Apóstoles enseñaron. En 1820, había en la región de Palmyra varias denominaciones cristianas que intentaban conseguir conversos. La madre de José Smith, dos de los hermanos y la hermana mayor se afiliaron a la Iglesia Presbiteriana del lugar, pero él, su padre y su hermano Alvin no lo hicieron. Aunque era apenas un muchacho, a José le preocupaban profundamente su propia condición ante Dios y la confusión que existía entre los diferentes grupos religiosos.

Cuando tenía catorce años, mientras estudiaba las Escrituras, le impresionó un pasaje del libro de Santiago: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Inspirado por esa promesa del Señor, un día de la primavera de 1820, José fue a orar en una arboleda cercana a su hogar. Se arrodilló y elevó a Dios el deseo de su corazón. Súbitamente, se apoderaron de él los poderes de las tinieblas y completamente lo dominaron, provocándole el temor de ser destruido. Entonces, en respuesta a su ferviente oración, los cielos se abrieron y se vio libre de aquel enemigo invisible. En una columna de luz más brillante que el sol, vio a dos Personajes de pie que estaban en el aire arriba de él. Uno de ellos le habló, llamándolo por su nombre, y dijo: “Éste es mi Hijo Amado. ¡Escúchalo!” (José Smith—Historia 1:17).

En aquella gloriosa manifestación, Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo se aparecieron en persona ante el joven José; él habló con el Salvador, quien le dijo que no se afiliara a ninguna de las religiones de su época, pues “…todas estaban en error” y “sus credos eran una abominación a su vista… enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella” (José Smith—Historia 1:19). Se le prometió a José también “que la plenitud del Evangelio se [le] daría a conocer en un tiempo futuro”5. Después de siglos de oscuridad, tanto la palabra de Dios como la realidad de Dios el Padre y de Su Hijo Jesucristo, se habían revelado al mundo por medio de ese instrumento joven y puro.

Las visitas de Moroni

Pasaron tres años durante los cuales otras personas de la localidad de José Smith trataron con desprecio y burlas su declaración de que había visto a Dios. El joven Profeta de diecisiete años se preguntaba qué le depararía el futuro. La noche del 21 de septiembre de 1823 oró fervientemente suplicando guía y pidiendo perdón por sus “pecados e imprudencias” juveniles (José Smith—Historia 1:29). En respuesta a su oración, el cuarto se llenó de luz y apareció un mensajero celestial llamado Moroni. “…proclamó ser un ángel de Dios”, recuerda José, “enviado para traer las nuevas de gran gozo, de que el convenio que Dios había hecho con el Israel antiguo estaba por llegar y se cumpliría, de que la obra preparatoria para la segunda venida del Mesías estaba a las puertas y de que había llegado el momento para que el Evangelio en su plenitud se predicara con poder a todas las naciones a fin de que un pueblo fuera preparado para el reino milenario. Se me informó que yo había sido escogido para ser un instrumento en las manos de Dios con el objeto de llevar a cabo algunos de Sus propósitos en esta gloriosa dispensación”6.

Moroni le dijo también que en una colina cercana estaba enterrada una recopilación de escritos antiguos, grabados en planchas de oro por profetas de la antigüedad; era un registro sagrado que se refería a un pueblo al que Dios había guiado desde Jerusalén hasta el hemisferio occidental seiscientos años antes del nacimiento de Jesús. Moroni era el último profeta de ese pueblo y había enterrado los anales, los cuales Dios había prometido sacar a luz en los últimos días. José Smith debía traducir esa obra sagrada al idioma inglés.

Durante los cuatro años siguientes, cada 22 de septiembre, él debía encontrarse con Moroni en la colina para recibir más conocimiento e instrucciones. Necesitaba esos años de preparación y de refinamiento para poder traducir aquel registro antiguo. Debía prepararse a fin de estar a la altura de la tarea de sacar a luz una obra cuyo objeto era “convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, que se manifiesta a sí mismo a todas las naciones” (portada del Libro de Mormón).

El establecimiento del reino de Dios en la tierra

Comienza la traducción del Libro de Mormón

Mientras esperaba recibir las planchas de oro, José Smith contribuía para el sustento de su familia. En 1825 fue a Harmony, Pensilvania, con el fin de trabajar para Josiah Stowell; se alojaba en casa de la familia de Isaac y Elizabeth Hale, donde conoció a la hija de éstos, Emma, una joven alta, de cabello oscuro, que era maestra de escuela. José y Emma se casaron el 18 de enero de 1827, en South Bainbridge, Nueva York. Aun cuando su matrimonio soportó pruebas como la muerte de algunos hijos, las dificultades económicas y las frecuentes ausencias del hogar por motivo del cumplimiento de sus deberes, José y Emma siempre se amaron profundamente.

El 22 de septiembre de 1827, cuatro años después de haber visto las planchas por primera vez, éstas se le confiaron a su cuidado. Pero apenas las tuvo en sus manos, un populacho de la localidad empezó a hacer grandes y repetidos intentos de robárselas. A fin de huir de esa persecución, en diciembre de 1827 José y Emma volvieron a Harmony, donde vivían los padres de ella, y después de establecerse allí, él comenzó la traducción de las planchas.

A principios de 1828, un próspero granjero de Palmyra llamado Martin Harris recibió el testimonio de la obra del Señor en los últimos días y viajó a Harmony para ayudar a José en la traducción. En junio de aquel año, el trabajo de José en la traducción había dado como resultado ciento dieciséis páginas de manuscrito. Martin insistió repetidamente pidiendo permiso al Profeta para llevar el manuscrito a su casa de Palmyra a fin de mostrarlo a algunos miembros de su familia. El Profeta preguntó al Señor y Él le contestó que no; pero después de pedir otras dos veces, al fin se le permitió a Martin llevar el manuscrito. Mientras se encontraba en Palmyra, le robaron el manuscrito, que jamás se recuperó. El Señor, por un tiempo, retiró del Profeta el Urim y Tumim y las planchas, lo cual lo dejó humillado y arrepentido. En una revelación que recibió del Señor, José aprendió que nunca debía temer al hombre más que a Dios (véase D. y C. 3). De allí en adelante, a pesar de que tenía sólo veintidós años, su vida se destacó por su dedicación total a seguir todo mandato del Señor.

El 5 de abril de 1829, un maestro llamado Oliver Cowdery, que era un año menor que José, llegó a la casa de éste en Harmony; en respuesta a sus oraciones había recibido el testimonio de la veracidad de la obra del Profeta; dos días después, mientras éste dictaba y Oliver escribía, se reanudó la obra de traducción.

La restauración del sacerdocio de Dios

Mientras José y Oliver trabajaban en la traducción del Libro de Mormón, leyeron el relato de la visita del Salvador a los antiguos nefitas; a causa de eso, decidieron buscar la guía del Señor en cuanto al bautismo. El 15 de mayo se dirigieron a la orilla del río Susquehanna en Harmony, cerca de la casa de José, y allí oraron. Para su asombro, los visitó un ser celestial que se presentó como Juan el Bautista; él les confirió el Sacerdocio Aarónico y les dio instrucciones de bautizarse y ordenarse el uno al otro. Más adelante, tal como les había prometido Juan el Bautista, los apóstoles de antaño Pedro, Santiago y Juan también aparecieron ante José y Oliver para conferirles el Sacerdocio de Melquisedec y ordenarlos Apóstoles.

Antes de esas visitas, ambos hombres tenían ya conocimiento y fe; pero después de la aparición de aquellos mensajeros celestiales, también tuvieron la autoridad, o sea, el poder del sacerdocio y la autoridad de Dios que precisaban para establecer Su Iglesia y efectuar las ordenanzas de salvación.

La publicación del Libro de Mormón y la organización de la Iglesia

Durante abril y mayo de 1829, la obra de traducción del Profeta, en su hogar de Harmony, era interrumpida cada vez más a causa de la persecución, de modo que José y Oliver se mudaron temporalmente al distrito municipal de Fayette, Nueva York, para terminar la traducción en el hogar de Peter Whitmer, padre. La traducción se terminó en junio, cuando aún no se habían cumplido tres meses desde que Oliver llegara a ser el escribiente del Profeta. Para el mes de agosto, José ya había hecho un contrato con el editor Egbert G. Grandin, de Palmyra, para imprimir el texto. Entonces, Martin Harris hipotecó su granja al señor Grandin como garantía del pago de los gastos de la imprenta, y más tarde vendió unas 60 hectáreas de su granja con el fin de pagar la hipoteca. El Libro de Mormón se puso a la venta al público en la librería de Grandin el 26 de marzo de 1830.

El 6 de abril de 1830, sólo once días después de que se hizo público que el Libro de Mormón saldría a la venta, un grupo de unas sesenta personas se reunió en la casa de troncos de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Nueva York. Allí José Smith organizó oficialmente la Iglesia, y después se designó por revelación como: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (véase D. y C. 115:4). Fue una ocasión de regocijo, con gran manifestación del Espíritu; se repartió la Santa Cena, se bautizó a los creyentes, se les confirió el don del Espíritu Santo y se ordenó a los hombres al sacerdocio. En una revelación que se recibió en esa reunión, el Señor designó a José Smith como líder de la Iglesia: “vidente, traductor, profeta, apóstol de Jesucristo, élder de la iglesia por la voluntad de Dios el Padre, y la gracia de tu Señor Jesucristo” (D. y C. 21:1). La Iglesia de Jesucristo quedó así una vez más establecida en la tierra.

Kirtland, Ohio: La expansión de la Iglesia

A medida que los miembros daban a conocer con entusiasmo la verdad que habían encontrado, la nueva Iglesia creció rápidamente. Al poco tiempo, se establecieron ramas en los pueblos de Fayette, Manchester y Colesville, en Nueva York. Poco tiempo después de que José y Emma Smith se mudaron de Harmony, Pensilvania a Fayette, en septiembre de 1830, el Señor reveló al Profeta que los misioneros debían “ir a los lamanitas” que vivían en el límite oeste de Misuri (véase D. y C. 28:8). El recorrido que debían hacer los llevó a través de Kirtland, Ohio, donde se reunieron con un grupo religioso que buscaba la verdad y convirtieron a unas ciento treinta personas, entre ellas Sidney Rigdon, que después llegó a ser miembro de la Primera Presidencia. Al compartir los miembros el Evangelio con la gente de los alrededores, el grupo de santos de Kirtland aumentó a varios cientos de fieles.

A medida que crecía la Iglesia en Nueva York, también aumentaba la oposición. En diciembre de 1830, el Profeta recibió una revelación en la que se mandaba a los miembros trasladarse a Ohio (véase D. y C. 37:1), a más de 400 kilómetros de distancia. Durante los meses siguientes, la mayoría de los santos de Nueva York vendieron sus propiedades, muchas veces perdiendo dinero, e hicieron los sacrificios requeridos para congregarse en Kirtland, Ohio. José y Emma Smith fueron de los primeros en iniciar el viaje, y llegaron a Kirtland alrededor del 1º de febrero de 1831.

Dos lugares de congregación para los santos

En junio de 1831, mientras la Iglesia crecía y se fortalecía en Kirtland, el Señor mandó al Profeta y a otros líderes que viajaran a Misuri, donde “se les dar[ía] a conocer la tierra de [su] herencia” (véase D. y C. 52:3–5, 42–43). Durante los meses de junio y julio de ese año, el Profeta y otras personas recorrieron más de 1.440 kilómetros desde Kirtland al Condado de Jackson, Misuri, que se encontraba en la frontera oeste de la parte colonizada de los Estados Unidos. Poco después de llegar allí, recibió una revelación del Señor diciendo que “la tierra de Misuri… he señalado y consagrado para el recogimiento de los santos. Por tanto, ésta es la tierra prometida y el sitio para la ciudad de Sión… el lugar que ahora se llama Independence es el lugar central; y el sitio para el templo se halla hacia el oeste…” (D. y C. 57:1–3).

En cumplimiento de las profecías de los antiguos profetas bíblicos, José Smith, de veinticinco años, comenzó a establecer el cimiento para la ciudad de Sión en el continente americano. En agosto de 1831 presidió la dedicación de la tierra como lugar de recogimiento y dedicó el sitio para el templo. Poco tiempo después, el Profeta regresó a Ohio, donde alentó a algunos de los fieles a congregarse en Misuri. Cientos de santos soportaron los rigores del viaje por las tierras deshabitadas del oeste de los Estados Unidos del siglo diecinueve, y se abrieron camino para establecer su nuevo hogar en Misuri.

De 1831 a 1838, los miembros de la Iglesia vivían tanto en Ohio como en Misuri. El Profeta, los integrantes del Quórum de los Doce y muchos de los miembros vivían en Kirtland, mientras que otros se congregaron en Misuri donde los dirigían líderes del sacerdocio, bajo la dirección del Profeta. Los líderes de la Iglesia se comunicaban por correspondencia y viajaban con frecuencia entre Kirtland y Misuri.

La revelación continúa

Mientras vivía en la zona de Kirtland, el Profeta recibió muchas revelaciones del Señor concernientes a la restauración del Evangelio en los últimos días. En noviembre de 1831, los líderes de la Iglesia decidieron publicar muchas de las revelaciones en una recopilación que se conocería como el Libro de los Mandamientos, que se iba a imprimir en Independence, Misuri; pero en julio de 1833 los populachos destruyeron la imprenta y muchas de las páginas impresas. Con excepción de unos cuantos ejemplares que se rescataron, el Libro de los Mandamientos nunca estuvo disponible para los miembros de la Iglesia. En 1835, las revelaciones que se iban a publicar en él, junto con muchas otras, se publicaron en Kirtland bajo el título de Doctrina y Convenios.

Mientras residía en la región de Kirtland, el Profeta también continuó su obra en la traducción de José Smith de la Biblia [en inglés], una obra que había comenzado en 1830, por mandato del Señor. A través de los siglos, muchos conceptos claros y preciosos habían desaparecido de la Biblia, y el Profeta fue guiado por el Espíritu para hacer correcciones al texto de la Biblia de la versión en inglés del Rey Santiago y para restaurar datos que se habían perdido. Esa obra llevó a la restauración de verdades importantes del Evangelio, incluso muchas de las revelaciones que se encuentran ahora en Doctrina y Convenios. Aunque el Profeta intentaba publicar su revisión de la Biblia, asuntos de fuerza mayor, incluso la persecución, le impidieron hacerlo en su totalidad mientras vivió.

Como parte de su revisión inspirada de la Biblia, José Smith recibió la revelación que se conoce ahora como el Libro de Moisés, y también una traducción inspirada del capítulo 24 de Mateo que ahora lleva el título de José Smith—Mateo. En 1835, el Profeta comenzó a traducir el Libro de Abraham de unos papiros egipcios antiguos que la Iglesia había adquirido. Todas esas traducciones pasaron a formar parte de la Perla de Gran Precio.

Entre las revelaciones que recibió en Kirtland se encuentran las que establecieron el gobierno general de la Iglesia. Bajo la dirección del Señor, José Smith organizó la Primera Presidencia en 18327. Además, en 1835 organizó el Quórum de los Doce Apóstoles y un Quórum de los Setenta. En 1834, se organizó una estaca en Kirtland y, durante ese período, él también estableció quórumes del Sacerdocio Aarónico y de Melquisedec para atender las necesidades de los miembros locales de la Iglesia.

El primer templo de esta dispensación

Entre las partes más importantes de la Restauración, el Señor reveló a José Smith la necesidad de los santos templos. En diciembre de 1832, el Señor mandó a los santos que comenzaran a construir un templo en Kirtland, Ohio, y aun cuando muchos de ellos carecían de una vivienda adecuada, de trabajo y de alimento, respondieron con entusiasmo al mandato del Señor; su Profeta trabajaba junto a ellos.

El 27 de marzo de 1836, José Smith dedicó el templo en medio de una manifestación del Espíritu similar a la del día de Pentecostés. Una semana después, el 3 de abril, ocurrieron algunos de los acontecimientos más grandiosos de la historia de la religión: el Señor Jesucristo apareció en el templo ante José Smith y Oliver Cowdery, y dijo: “…he aceptado esta casa, y mi nombre estará aquí; y me manifestaré a mi pueblo en misericordia en esta casa” (D. y C. 110:7). También aparecieron tres mensajeros de dispensaciones del Antiguo Testamento —Moisés, Elías y Elías el Profeta— quienes restauraron las llaves y la autoridad del sacerdocio que se habían quitado de la tierra hacía ya mucho tiempo. El profeta José Smith ahora tenía la autoridad para congregar a Israel de las cuatro partes de la tierra y para sellar a las familias por el tiempo y por toda la eternidad (véase D. y C. 110:11–16). Esa restauración de las llaves del sacerdocio seguía el modelo del Señor de dar al Profeta “línea sobre línea, precepto tras precepto; un poco aquí, y otro poco allí” (D. y C. 128:21), hasta que se restaurara en la tierra la plenitud del evangelio de Jesucristo.

La predicación del Evangelio sempiterno

A lo largo del ministerio del Profeta, el Señor le mandó enviar misioneros a “predica[r] el evangelio a toda criatura” (D. y C. 68:8). Él mismo sintió la carga de esa responsabilidad y dejó su hogar y su familia muchas veces para proclamar el Evangelio. En los primeros años de la Iglesia, se llamó a misioneros para predicar en varias partes de los Estados Unidos y de Canadá.

Más adelante, en el verano de 1837, el Profeta recibió la inspiración de mandar élderes a Inglaterra, y envió a Heber C. Kimball, un miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, para dirigir a un pequeño grupo de misioneros en aquella gran empresa. Dejando a su familia casi en la miseria, el élder Kimball partió con la fe de que el Señor lo guiaría. En el transcurso de un año, alrededor de dos mil personas se habían unido a la Iglesia en Inglaterra. Más adelante, de 1839 a 1841, José Smith mandó a miembros de los Doce para prestar servicio misional en Gran Bretaña, y esa misión tuvo un éxito extraordinario. Para 1841, más de seis mil personas habían abrazado el Evangelio, y muchas de ellas emigraron a los Estados Unidos, dando vitalidad y fuerza a la Iglesia durante tiempos muy difíciles.

La partida desde Kirtland

Casi desde el momento en que llegaron a Kirtland, los santos habían sufrido persecución allí, pero la oposición se intensificó durante 1837 y 1838. “Respecto del reino de Dios”, dijo el Profeta, “el diablo siempre establece su reino al mismo tiempo para oponerse a Dios”8. El Profeta mismo era el objeto de la mayor hostilidad, tanto de los enemigos que no eran de la Iglesia como de los apóstatas que se habían vuelto en su contra; lo acusaron injustamente de muchos crímenes, lo acosaron en los tribunales con decenas de casos criminales y civiles infundados y lo obligaron a esconderse de los que procuraban quitarle la vida. No obstante, él permaneció fiel y valeroso en medio de la oposición y las dificultades casi continuas.

Finalmente, la persecución en la región de Kirtland se volvió intolerable. En enero de 1838, el Profeta y su familia se vieron forzados a partir de allí y a refugiarse en Far West, Misuri; al terminar el año, la mayoría de los santos de Kirtland lo siguieron, dejando atrás sus viviendas y su amado templo.

Los santos en Misuri

La expulsión del Condado de Jackson y la marcha del Campo de Sión

Mientras los santos de Kirtland se esforzaban por edificar la Iglesia en su área, muchos miembros de la Iglesia hacían lo mismo en el Condado de Jackson, Misuri, quienes desde el verano de 1831, ya habían empezado a establecerse en ese condado; dos años después había allí unos mil doscientos santos, los que formaban un tercio de la población local.

La llegada de tantos santos inquietó a los colonos que habían vivido mucho tiempo en el lugar y temían que los recién llegados, que en su mayoría eran del norte de los Estados Unidos, les hicieran perder el control político, puesto que éstos no apoyaban la esclavitud que se practicaba en el sur. La gente de Misuri también desconfiaba de las doctrinas exclusivas de los Santos de los Últimos Días, como la creencia en el Libro de Mormón, la revelación nueva y el recogimiento de Sión, y les ofendía que éstos comerciaran principalmente entre sí. Poco después, los populachos y la milicia local empezaron a molestarlos y, en noviembre de 1833, terminaron por expulsarlos del Condado de Jackson. La mayoría de los santos cruzaron el río Misuri para escapar hacia el norte y llegar al Condado de Clay de ese mismo estado.

José Smith estaba profundamente preocupado por los apuros por los que pasaban los santos de Misuri. En agosto de 1833 escribió desde Kirtland lo siguiente a los líderes de la Iglesia en Misuri: “Hermanos, si estuviera con ustedes, compartiría todos sus sufrimientos; y aunque la naturaleza humana se acobarda, con la ayuda de Dios, mi espíritu no me permitiría abandonarlos aun cuando tuviera que morir. ¡Oh, tengan ánimo, porque nuestra redención está cerca! ¡Oh, Dios, salva a mis hermanos de Sión!”9.

En febrero de 1834, José Smith recibió una revelación donde se le mandaba dirigir una expedición de Kirtland a Misuri para auxiliar a los santos afligidos y ayudarles a recobrar sus tierras en el Condado de Jackson (véase D. y C. 103). Respondiendo al mandato del Señor, el Profeta organizó un grupo llamado el Campo de Sión para marchar a Misuri. En mayo y junio de 1834 el grupo, que llegó a tener más de doscientos miembros, se abrió camino hacia el oeste a través de Ohio, Indiana, Illinois y Misuri. En ese recorrido sufrieron muchas tribulaciones, entre ellas una epidemia de cólera. El 22 de junio de 1834, cuando la expedición se acercaba ya al Condado de Jackson, el Profeta recibió una revelación de que debía disolver el grupo; pero el Señor prometió que Sión sería redimida en el momento que Él considerara oportuno (véase D. y C. 105:9–14). Después de organizar una estaca en el Condado de Clay, con David Whitmer como presidente, el Profeta regresó a Ohio.

Aun cuando el Campo de Sión no recobró las propiedades de los santos, proporcionó una capacitación inestimable para los futuros líderes de la Iglesia, pues los que tomaron parte en él aprendieron principios de un liderazgo recto debido al ejemplo y a las enseñanzas del Profeta. En una reunión de los miembros del Campo de Sión y de otros miembros de la Iglesia, que tuvo lugar en Kirtland el 14 de febrero de 1835, el Profeta organizó el Quórum de los Doce Apóstoles, y dos semanas después organizó un Quórum de Setentas; nueve de los integrantes del Quórum de los Doce y todos los miembros del Quórum de los Setenta habían sido parte del Campo de Sión.

El establecimiento en el norte de Misuri

Un gran número de miembros de la Iglesia continuó su estancia en el Condado de Clay, Misuri, hasta 1836, época en que los residentes de aquel condado dijeron que ya no podían proporcionar un lugar de refugio. Por lo tanto, los santos empezaron a mudarse a la parte norte del estado y la mayoría se establecieron en el recién formado Condado de Caldwell, que la legislatura del estado había organizado a fin de proveer un lugar para los Santos de los Últimos Días que habían quedado sin hogar. En 1838 se les unió otro grupo grande de miembros, a quienes habían obligado a abandonar Kirtland. El Profeta y su familia llegaron en marzo de ese año a Far West, la floreciente colonia de santos afincados en el Condado de Caldwell, y allí estableció la sede de la Iglesia. En abril, el Señor mandó a José Smith que edificaran un templo en Far West (véase D. y C. 115:7–16).

Lamentablemente, la paz tampoco duró mucho en el norte de Misuri. En el otoño de 1838, los populachos y la milicia volvieron a molestarlos y atacarlos. Cuando los miembros de la Iglesia tomaron represalias para defenderse, arrestaron a José Smith y a otros líderes bajo cargos de traición. En noviembre, los encarcelaron en Independence y después en Richmond, Misuri; y el 1º de diciembre fueron trasladados a la cárcel de Liberty, del mismo estado. Aquel invierno, el Profeta y sus compañeros languidecieron en condiciones inhumanas, confinados a un calabozo oscuro y frío, situado en un sótano insalubre; allí se les daba alimento de tan mala calidad que no podían comerlo sino hasta que el hambre los obligaba. El Profeta describió su condición y la de los santos diciendo que era “una prueba de fe igual a la de Abraham”10.

Durante el invierno y la primavera de 1838 a 1839, estando el Profeta encarcelado, miles de Santos de los Últimos Días, incluso la familia de él, fueron expulsados de sus hogares de Misuri. El 7 de marzo de 1839, Emma escribió una carta a José desde Quincy, Illinois, diciéndole: “Sólo Dios conoce mis pensamientos y los sentimientos de mi corazón al tener que salir de nuestra casa y hogar, abandonando casi todo lo que poseíamos, salvo nuestros pequeñitos, y emprender la jornada para salir del estado de Misuri, y dejarte encerrado en esa solitaria prisión”11. Bajo la dirección de Brigham Young y de otros líderes de la Iglesia, se guió a los santos al Este, a Illinois, en busca de refugio.

Los años de Nauvoo

Un líder amado por su pueblo

En abril de 1839 se cambió la localidad en la que se efectuaría el juicio, por lo que se trasladó al Profeta y a sus compañeros de la cárcel de Liberty a Gallatin, Misuri. Durante otro traslado de este lugar a Columbia, en el mismo estado, los guardias les permitieron escapar de su injusto encarcelamiento; entonces se abrieron camino hasta llegar a Quincy, Illinois, donde se había congregado el grupo principal de la Iglesia después de huir de Misuri. Al poco tiempo, bajo la dirección del Profeta, la mayoría de los santos comenzó a establecerse a unos 80 kilómetros hacia el norte, en Commerce, Illinois, un poblado que se encontraba en un recodo del río Misisipí. José cambió el nombre de esa ciudad a Nauvoo, y en los años subsiguientes, los miembros y los nuevos conversos provenientes de los Estados Unidos, de Canadá y de Gran Bretaña se congregaron allí, convirtiéndola en una de las localidades más pobladas del estado de Illinois.

José y Emma Smith se establecieron cerca del río, en una pequeña cabaña de troncos, que sirvió también de oficina del Profeta en los primeros días de Nauvoo. Para ganarse la vida, él trabajaba la tierra y más adelante tuvo una tienda de artículos generales; pero, debido a que sus deberes religiosos y cívicos le exigían la mayor parte de su tiempo, a menudo le era difícil proveer de lo necesario para el bienestar temporal de su familia. En octubre de 1841, la lista de sus posesiones personales mencionaba “el viejo Charley (un caballo) que le habían regalado en Kirtland, dos ciervos que eran mascotas, dos pavos viejos y cuatro jóvenes, una vaca vieja que le había dado un hermano en Misuri, su viejo Major (el perro) y unos cuantos muebles”12.

A fines de agosto de 1843, el Profeta y su familia se mudaron del otro lado de la calle, a una casa de dos pisos recién construida a la que pusieron de nombre: la Mansión. José y Emma tenían entonces cuatro hijos. A lo largo de los años habían enterrado a seis queridos hijos y uno más nacería después de la muerte de José. Los once hijos de José y Emma Smith fueron: Alvin, que nació en 1828, y murió poco después de nacer; los gemelos Thadeus y Louisa, que nacieron en 1831, y murieron poco después de nacer; Joseph y Julia, gemelos adoptivos, hijos biológicos de John y Julia Murdock, nacieron en 1831; José y Emma acogieron a los gemelos después de que la hermana Murdock falleciera al dar a luz (en 1832, Joseph falleció a los 11 meses)13; Joseph III, nació en 1832; Frederick, nació en 1836; Alexander, nació en 1838; Don Carlos nació en 1840, y murió a los 14 meses; un hijo que nació en 1842 y murió el mismo día de su nacimiento; y en 1844, David nació casi cinco meses después del martirio de su padre.

Durante su ministerio, al Profeta le complacía estar entre los santos y, refiriéndose a la ciudad de Nauvoo y a sus habitantes, dijo: “Éste es el lugar más hermoso y ésta la mejor gente que existe bajo los cielos…”14. Los santos, a su vez, lo amaban y lo consideraban su amigo, y a menudo lo llamaban “hermano José”. Un converso hizo el siguiente comentario: “Toda su persona tenía un magnetismo que atraía hacia él a la gente que lo conocía”15. “No pretende ser un hombre sin faltas ni debilidades”, escribió un residente de Nauvoo. “Es un hombre con el cual es imposible no simpatizar… tampoco está inflado con su grandeza, como muchos suponen, sino que, por el contrario, es amistoso con toda persona decente”16. William Clayton, un converso inglés, escribió a casa desde Nauvoo, diciendo sobre el Profeta: “De verdad, yo quisiera ser un hombre como él”17.

El Profeta dio muchos discursos en Nauvoo y a los miembros de la Iglesia les gustaba escucharlo, porque les enseñaba con poder las verdades reveladas del Evangelio. Angus M. Cannon comentó: “Nunca lo oí hablar sin que impresionara todo mi ser e hiciera que toda mi alma glorificara al Señor”18. Brigham Young dijo: “Nunca dejé pasar una oportunidad de estar con el profeta José y de oírle hablar, tanto en público como en privado, pues deseaba adquirir entendimiento de la fuente misma de la que él hablaba, para así poder yo tenerla y acudir a ella cuando fuera necesario… Tales momentos me eran más preciados que toda la riqueza del mundo”19.

El liderazgo de José Smith iba más allá de sus responsabilidades religiosas. En Nauvoo, el Profeta participaba en asuntos civiles, legales, de negocios, educativos y militares; él quería que la ciudad de Nauvoo ofreciera a sus ciudadanos todas las ventajas y oportunidades de progreso cultural y cívico. En enero de 1844, en gran parte por lo desilusionado que estaba porque los oficiales estatales y federales no habían indemnizado a los santos por las propiedades y los derechos que les habían quitado en Misuri, José Smith anunció su candidatura para la presidencia de los Estados Unidos. Aunque la mayoría de los observadores reconocían que tenía escasas probabilidades de ganar, su candidatura atrajo la atención pública hacia la extensa violación de los derechos de los santos, garantizados por la constitución. El Profeta dijo una vez que todas las personas “tienen el mismo derecho de participar de los frutos del gran árbol de nuestra libertad nacional”20.

Santidad al Señor: La construcción de un templo para Dios en Nauvoo

Cuando se expulsó a los santos de Kirtland, éstos tuvieron que abandonar el templo en cuya construcción habían trabajado arduamente; sin embargo, una vez más iban a tener un santo templo entre ellos, pues el Señor les mandó empezar a edificar uno en Nauvoo. La obra comenzó en el otoño de 1840 y las piedras angulares se colocaron el 6 de abril de 1841, en una ceremonia presidida por el Profeta. La edificación del Templo de Nauvoo fue uno de los proyectos de construcción más importantes en lo que era entonces el oeste de los Estados Unidos. El hecho de edificar un templo exigía que los santos hicieran enormes sacrificios porque, con la constante inmigración que había en la ciudad en desarrollo, los miembros de la Iglesia en general eran pobres.

Ya desde el 15 de agosto de 1840, el Profeta había empezado a enseñar la doctrina del bautismo por los muertos. Como el templo se encontraba en las primeras etapas de construcción, al principio los santos efectuaban bautismos por los muertos en los ríos y arroyos de la localidad. En enero de 1841, el Señor reveló que podían continuar con esa práctica sólo hasta que los bautismos pudieran llevarse a cabo en el templo (véase D. y C. 124:29–31). Durante el verano y el otoño de 1841, los santos construyeron una pila bautismal provisional de madera, en el subsuelo recién excavado del templo. El 21 de noviembre de ese año se llevaron a cabo en esa pila los primeros bautismos por los muertos.

En 1841 se efectuaron los primeros sellamientos de matrimonios, y en 1843 el Profeta dictó la revelación que describe la naturaleza eterna del convenio matrimonial (véase D. y C. 132). El Profeta conocía las doctrinas de esta revelación desde 183121. Tal como se lo había mandado Dios, también enseñó la doctrina del matrimonio plural.

Puesto que el templo no se terminaría por un tiempo, José Smith decidió comenzar con la investidura del templo fuera de sus paredes sagradas. El 4 de mayo de 1842, en el cuarto del piso superior de su Tienda de Ladrillos Rojos de Nauvoo, el Profeta administró las primeras investiduras a un pequeño grupo de hermanos, incluso a Brigham Young. El Profeta no vivió para ver el Templo de Nauvoo terminado; sin embargo, en 1845 y 1846, miles de santos recibieron la investidura del templo de manos de Brigham Young y de otras personas que habían recibido esas bendiciones del Profeta.

El ministerio de José Smith llega a su fin

Aunque al principio los santos disfrutaron de una paz relativa en Nauvoo, las nubes de la persecución continuaron cerniéndose cada vez más sobre el Profeta, quien percibió que su misión terrenal estaba llegando a su fin. En una reunión memorable en marzo de 1844, el Profeta dio el encargo a los Doce de gobernar la Iglesia después de su muerte, explicándoles que ahora ya tenían todas las llaves y la autoridad precisas para hacerlo. Wilford Woodruff, que era entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, comentó más tarde: “Doy mi testimonio de que a principios de la primavera de 1844, en Nauvoo, el profeta José Smith reunió a los apóstoles y nos confirió las ordenanzas de la Iglesia y del reino de Dios. Y selló sobre nuestra cabeza todas las llaves y todo poder que Dios le había conferido y nos dijo que debíamos preparar los hombros para llevar sobre ellos este reino y sacarlo adelante, o seríamos condenados… Su rostro era claro como el ámbar y lo rodeaba un poder como yo no había visto jamás en ningún otro hombre en la vida”22. Después de la muerte del Profeta, la responsabilidad de la Iglesia y del reino de Dios en la tierra recaería sobre el Quórum de los Doce Apóstoles.

En junio de 1844 se acusó al Profeta de rebelión. Aun cuando quedó absuelto de ese cargo en Nauvoo, Thomas Ford, gobernador de Illinois, insistió en que se sometiera a un juicio por el mismo cargo en Carthage, Illinois, que era la sede del Condado de Hancock. Cuando el Profeta y su hermano Hyrum llegaron a Carthage, les dieron libertad bajo fianza de ese cargo pero los acusaron de traición al estado de Illinois y fueron encarcelados en la prisión local.

En la calurosa y húmeda tarde del 27 de junio de 1844, una chusma con las caras pintadas de negro atacó la prisión y asesinó a José y a Hyrum Smith. Unas tres horas más tarde, Willard Richards y John Taylor, que habían estado en la cárcel con los mártires, enviaron un triste mensaje a Nauvoo: “Cárcel de Carthage, 20:05 hrs., 27 de junio de 1844: José y Hyrum han muerto… Todo ocurrió en un instante”23. A la edad de treinta y ocho años, el profeta José Smith había sellado su testimonio con su sangre. Habiendo terminado su obra terrenal, con la Iglesia y el reino de Dios establecidos por última vez en la tierra, cayó bajo las balas de los asesinos. El Señor mismo testificó del profeta José Smith: “…José Smith, a quien llamé por conducto de mis ángeles, mis siervos ministrantes, y por mi propia voz desde los cielos, para hacer surgir mi obra; cuyo fundamento él puso; y fue fiel; y lo tomé para mí. Muchos se han maravillado a causa de su muerte; mas fue menester que él sellara su testimonio con su sangre, a fin de que a él se le honrara, y los inicuos fueran condenados” (D. y C. 136:37–39).

José Smith, el gran profeta, vidente y revelador de los últimos días, fue un siervo valeroso y obediente del Altísimo. El presidente Brigham Young testificó lo siguiente: “No creo que haya otro hombre en la tierra que lo haya conocido mejor que yo; y me atrevo a decir que, exceptuando a Jesucristo, no hay otro hombre mejor que haya vivido o viva en esta tierra. Yo soy su testigo”24.

Notas

  1. Wilford Woodruff, Deseret News: Semi-Weekly, 25 de noviembre de 1873, pág. 1.

  2. Debido a que nueve de los once hijos de Joseph Smith y Lucy Mack vivieron más allá de la infancia, los miembros de la familia generalmente mencionaban nueve hijos. También, Katharine, el nombre de la hermana de José, se escribía de diferentes maneras durante la vida de ella, incluso Catherine.

  3. Joseph Smith, History 1832, pág. 1. Letter Book 1, 1829–1835, Joseph Smith, Collection, Archivos de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Salt Lake City, Utah.

  4. Joseph Smith, History 1832, pág. 1. Letter Book 1, 1829–1835, Joseph Smith, Collection, Archivos de la Iglesia.

  5. History of the Church, 4:536; tomado de una carta de José Smith, escrita a pedido de John Wentworth y George Barstow, en Nauvoo, Illinois; publicada en Times and Seasons, 1º de marzo de 1842, pág. 707.

  6. History of the Church, 4:536–537; tomado de una carta de José Smith, escrita a pedido de John Wentworth y George Barstow, en Nauvoo, Illinois; publicada en Times and Seasons, 1º de marzo de 1842, pág. 707.

  7. La Primera Presidencia original estaba constituida por José Smith como Presidente y Sidney Rigdon y Jesse Gause como consejeros. Unos meses después de ser miembro de la Primera Presidencia, Jesse Gause se separó de la Iglesia. El 18 de marzo de 1833, Frederick G. Williams fue apartado como consejero en la Primera Presidencia.

  8. History of the Church, 6:364; tomado de un discurso pronunciado por José Smith, Nauvoo, Illinois, el 12 de mayo de 1844, informe de Thomas Bullock.

  9. Posdata escrita por José Smith en una carta de Oliver Cowdery a los líderes de la Iglesia en el Condado de Jackson, Misuri, 10 de agosto de 1833, Kirtland, Ohio, Archivos de la Iglesia.

  10. History of the Church, 3:294; de una carta de José Smith y de otros a Edward Partridge y a la Iglesia, 20 de marzo de 1839, cárcel de Liberty, Liberty, Misuri.

  11. Carta de Emma Smith a José Smith, 7 de marzo de 1839, Quincy, Illinois; en Letter Book 2, 1837–1843, pág. 37. Joseph Smith, Collection, Archivos de la Iglesia.

  12. History of the Church, 4:437–438; puntuación actualizada; de una carta de los Doce Apóstoles a los “Hermanos esparcidos por el continente de América”, 12 de octubre de 1841, Nauvoo, Illinois. Publicada en Times and Seasons, 15 de octubre de 1841, pág. 569.

  13. En Mayo de 1831, poco tiempo después de la muerte de sus gemelos recién nacidos, José y Emma adoptaron a los gemelos recién nacidos de John y Julia Murdock, quienes eran miembros de la Iglesia. A los gemelos Murdock se les dio el nombre de Joseph y Julia. La hermana Murdock había fallecido al dar a luz y el hermano Murdock, quien tenía ahora cinco hijos sin madre, pidió a la familia Smith que cuidara a los gemelos.

  14. History of the Church, 6:554; tomado de una declaración de José Smith, 24 de junio, de 1844, Nauvoo, Illinois, informe de Dan Jones.

  15. Mary Isabella Horne, “Testimony of Sister M. Isabella Horne”, Woman’s Exponent, junio de 1910, pág. 6.

  16. Carta de George W. Taggart a sus hermanos de New Hamshire, 10 de septiembre de 1843, Nauvoo, Illinois; citada por Albert Taggart en “Correspondence, 1842–1848 y 1860”, Archivos de la Iglesia.

  17. Carta de William Clayton a los miembros de la Iglesia de Manchester, Inglaterra, 10 de diciembre de 1840, Nauvoo, Illinois, Archivos de la Iglesia.

  18. Angus M. Cannon, en “Joseph, the Prophet”, Salt Lake Herald Church and Farm Supplement, 12 de enero de 1895, pág. 212.

  19. Brigham Young, Deseret News: Semi-Weekly, 15 de septiembre de 1868, pág. 2.

  20. History of the Church, 3:304; tomado de una carta de José Smith y de otros a Edward Partridge y a la Iglesia, 20 de marzo de 1839, cárcel de Liberty, Liberty, Misuri.

  21. Véase el encabezamiento de la sección 132 de Doctrina y Convenios.

  22. Wilford Woodruff, tomado de una declaración el 12 de marzo de 1897, en Salt Lake City, Utah; citado de “Journal History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints”, 12 de marzo de 1897, pág. 2.

  23. History of the Church, 6:621–622; de una instrucción de Willard Richards y John Taylor, 27 de junio de 1844, Carthage, Illinois.

  24. Brigham Young, Deseret News, 27 de agosto de 1862, pág. 65.