Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia
Los dones espirituales de sanidad, lenguas, profecía y discernimiento de espíritus
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Capítulo 33

Los dones espirituales de sanidad, lenguas, profecía y discernimiento de espíritus

“Nadie puede ser ministro de Jesucristo si no tiene el testimonio de Jesús; y el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

De la vida de José Smith

Después de un corto período de refugio en Quincy, Illinois, en los primeros meses de 1839, los santos empezaron a trasladarse a Commerce, a unos 80 kilómetros hacia el norte, en el mismo estado. Luego de haber escapado de su encarcelamiento en Misuri, el Profeta había comenzado a comprar terrenos en Commerce y sus alrededores como lugares de recogimiento para los miles de santos que habían huido de Misuri y que ahora necesitaban un lugar donde rehacer su vida. En julio de 1839 ya había allí cientos de santos acampando en tiendas y carromatos sobre la orilla este del río Misisipí, mientras que otros habían encontrado refugio en barracas militares abandonadas, que estaban al otro lado del río, en Montrose, estado de Iowa. En su nuevo lugar, trabajaron para limpiar y drenar los terrenos pantanosos cercanos al río. Muchos recibieron picaduras de mosquitos y cayeron gravemente enfermos de malaria y otras dolencias. Algunos murieron y hubo muchos que estuvieron al borde de la muerte. José y Emma Smith acogieron a tantas personas en su cabaña de troncos que el Profeta renunció a su cama para dormir en una tienda de campaña.

El 22 de julio, en medio de la enfermedad que afligía a tantas personas, los santos fueron testigos de lo que el presidente Wilford Woodruff llamó después “un día del poder de Dios”1. Esa mañana, después de levantarse, el Profeta invocó al Señor en oración y, lleno del Espíritu del Señor, bendijo a los enfermos que estaban en su casa, en el patio alrededor de ésta y a lo largo del río. Cruzó el río y visitó a Brigham Young en su casa de Montrose para darle una bendición de salud. A continuación, en compañía de Sidney Rigdon, Brigham Young y otros integrantes de los Doce, continuó su misión misericordiosa entre otros santos de Iowa. El entonces élder Woodruff escribió sus recuerdos de las bendiciones de salud más memorables de aquel día:

“Cruzamos la plaza pública y entramos en casa del hermano [Elijah] Fordham. Hacía una hora que el hermano Fordham estaba agonizante y esperábamos que en cualquier momento exhalara su último suspiro. Sentí que el Profeta estaba lleno del poder de Dios. Cuando entramos en la casa, el hermano José se acercó al moribundo y lo tomó de la mano derecha… Vio que los ojos del hermano Fordham estaban vidriosos; no hablaba y estaba inconsciente.

“Después de tomarle la mano, [el Profeta] lo miró fijamente y le dijo: ‘Hermano Fordham, me reconoce, ¿no es así?’ Al principio, no hubo respuesta, pero todos pudimos ver el efecto del Espíritu de Dios sobre él.

“[José] volvió a decirle: ‘Elijah, ¿me reconoce?’. Con un murmullo casi imperceptible, el hermano Fordham contestó: ‘¡Sí!’. Entonces el Profeta le dijo: ‘¿Tiene fe en que puede ser sanado?’.

“La respuesta, más clara que la anterior, fue: ‘Me temo que sea demasiado tarde. Si hubiera venido antes, creo que habría podido ser’. Tenía el aspecto de un hombre que despierta de un sueño; era el sueño de la muerte. José le dijo entonces: ‘¿Cree usted que Jesús es el Cristo?’. ‘Sí, creo, hermano José’, contestó él.

“Entonces, el Profeta de Dios habló con voz potente, como con la majestad de la Trinidad: ‘Elijah, ¡en el nombre de Jesús de Nazaret te mando que te levantes y sanes!’.

“Las palabras del Profeta no fueron como las de un hombre, sino como la voz de Dios; me pareció que la casa se sacudía desde sus cimientos. Elijah Fordham se levantó de la cama de un brinco como un hombre se levanta de los muertos. Su rostro cobró un color saludable y toda su persona emanaba vida. Tenía los pies cubiertos de cataplasmas… cuyo contenido se desparramó al sacudírselas de encima; después pidió que le llevaran la ropa y se vistió; pidió un tazón de pan y leche, y comió; luego se puso el sombrero y salió con nosotros a la calle, a visitar a otros enfermos”2.

En días de gran necesidad, los santos experimentaron una manifestación del don de sanidad de manos del Profeta.

Las enseñanzas de José Smith

Los enfermos pueden ser sanados por medio de la fe y el ejercicio del poder del sacerdocio, según la voluntad del Señor.

“¿Cuál es la señal para sanar a los enfermos? La imposición de manos es la señal o camino que indicó Santiago, y era la costumbre que seguían los antiguos santos según lo mandó el Señor; y no podemos recibir la bendición si lo hacemos de otra manera que no sea la que el Señor ha señalado [véase Santiago 5:14–15]”3.

En julio de 1839, cuando los santos acababan de mudarse a Commerce, Illinois, y había entre ellos mucha enfermedad, José Smith escribió lo siguiente: “Había comenzado a aparecer mucha enfermedad entre los hermanos y entre los otros habitantes de la localidad, hasta el punto de que aquella semana y la siguiente las pasamos generalmente visitando a los enfermos y bendiciéndolos; algunos tenían mucha fe y fueron sanados; otros no…

“Domingo 28. La reunión se llevó a cabo como de costumbre… Hablé y amonesté a los miembros de la Iglesia individualmente para que pongan sus casas en orden, para que limpien el vaso por dentro y que se reúnan el próximo día de reposo para tomar la Santa Cena, a fin de que, por obedecer las ordenanzas, podamos prevalecer con Dios en contra del destructor, y que los que están enfermos puedan sanar. Toda esta semana la pasé principalmente entre los enfermos, que en general están cobrando fuerzas y recuperando la salud”4.

“Muchos de los justos caerán presa de enfermedades, pestilencias, etc., por motivo de la debilidad de la carne, y aun así se salvarán en el reino de Dios. De modo que el decir que tales y cuales personas han transgredido porque han sido víctimas de las enfermedades o la muerte es un principio impío, pues toda carne está sujeta a la muerte; y el Salvador ha dicho: ‘No juzguéis, para que no seáis juzgados’ [Mateo 7:1]”5.

El propósito del don de lenguas es enseñar el Evangelio a los demás.

En 1834 el Profeta habló en una conferencia de élderes: “José Smith dio entonces una explicación diciendo que el don de lenguas fue instituido particularmente para la predicación del Evangelio a otras naciones y en otros idiomas, y que no fue dado para el gobierno de la Iglesia”6.

“En lo que respecta al don de lenguas, todo lo que podemos decir es que en este lugar lo hemos recibido como lo recibieron los antiguos; sin embargo, deseamos que tengan cuidado, no sea que en esto se les engañe… A menos que tengan cuidado, Satanás indudablemente los inquietará en lo que atañe al don de lenguas; nunca será demasiado cuidarse de Satanás, ni orar mucho está de más. Que el Señor les dé prudencia en todas las cosas”7.

“[En una reunión que se realizó el 26 de diciembre de 1841] leí el capítulo 13 de la Primera Epístola a los Corintios, y también parte del capítulo 14, y dije que el don de lenguas era necesario en la Iglesia… Mas en la Iglesia, el don de lenguas por el poder del Espíritu Santo es en beneficio de los siervos de Dios, para que prediquen a los incrédulos como en el día de Pentecostés”8.

“Se han dado las lenguas con objeto de predicar entre aquellos cuyo idioma no se entiende, como en el día de Pentecostés, etc.; y no es necesario que se enseñen los idiomas a la Iglesia en general, porque el hombre que tiene el Espíritu Santo puede hablar de los asuntos de Dios en su propia lengua así como en otra; pues la fe no viene por las señales sino por oír la palabra de Dios”9.

“No tengan tanta curiosidad con respecto al don de lenguas, ni hablen en lenguas a menos que esté presente alguien que interprete. El objeto principal del don de lenguas es hablar a los extranjeros, y si una persona está sumamente deseosa de lucir su inteligencia, que converse con ellos en su propio idioma. Todos los dones de Dios son útiles en su debido lugar, pero cuando se aplican a lo que Dios no ha dispuesto, resultan ser un perjuicio, una trampa y una maldición en lugar de bendición”10.

“También ha habido entre nosotros hermanos y hermanas que tuvieron el falso don de lenguas, que hablaban entre dientes en una voz contranatural y se les retorcía el cuerpo… pero en el Espíritu de Dios no hay nada que no sea natural”11.

“No hablen por el don de lenguas sin entenderlo o sin interpretación. El diablo puede hablar en lenguas; el adversario vendrá con su obra; él puede tentar a todos; puede hablar en holandés o en inglés. Nadie hable en lenguas si no interpreta, a menos que sea por consentimiento del que es llamado a presidir; entonces éste o algún otro podrá discernir o interpretar”12.

“Si tienen un asunto que revelar, que sea en su propia lengua; no se entreguen demasiado al ejercicio del don de lenguas, o el diablo se aprovechará del inocente y del incauto. Pueden hablar en lenguas para su propia conveniencia, pero les doy esto por ley: que si se enseña algo por medio del don de lenguas, no se debe recibir como doctrina”13.

Aunque sólo hay un hombre que habla como el profeta de la Iglesia, el espíritu de profecía capacita a toda persona para testificar de Jesucristo.

“Ningún hombre puede ser ministro de Jesucristo sin ser profeta. Nadie puede ser ministro de Jesucristo si no tiene el testimonio de Jesús; y el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía [véase Apocalipsis 19:10]”14.

“Juan el Revelador dice que el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía [véase Apocalipsis 19:10]. Entonces, si un hombre tiene el testimonio de Jesús, ¿no tiene el espíritu de profecía? Y pregunto, si tiene el espíritu de profecía, ¿no es profeta? Y si es profeta, ¿no recibirá revelación? Y cualquier [persona] que no reciba revelación para sí debe ser condenada, porque el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía. Porque Cristo dice, ‘pedid y recibiréis’; y si sucede que recibe algo, ¿no será revelación? Y si [una persona] no tiene el testimonio de Jesús ni el Espíritu de Dios, no es Suya, o sea, no es de Cristo. Y si no es de Él, debe ser condenada”15.

Una persona que visitó Nauvoo escribió que José Smith enseñó lo siguiente durante una conversación: “El profeta José [dijo que]… para ser ministro de Jesús, un hombre debe testificar de Él; y para testificar de Jesús, un hombre debe tener el espíritu de profecía; porque, según lo que afirma Juan, el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.

“Si un hombre profesa ser ministro de Jesús y no tiene el espíritu de profecía, debe ser un testigo falso puesto que no está en posesión de ese don que lo califica para tal oficio; y la diferencia entre [José Smith] y el clero de esta época es que él afirma estar en posesión de ese espíritu de profecía que lo califica para testificar de Jesús y del Evangelio de salvación; los del clero niegan ese espíritu de profecía, que es lo único que puede convertirlos en verdaderos testigos del Señor Jesús, y aun así proclaman ser verdaderos ministros de salvación”16.

“La fe viene por oír la palabra de Dios, mediante el testimonio de los siervos de Dios; ese testimonio siempre viene acompañado del espíritu de profecía y revelación”17.

El don de discernir espíritus permite a los fieles distinguir entre la influencia de los buenos y de los malos espíritus.

En los primeros tiempos de la Iglesia restaurada, los miembros de la Iglesia, así como los de otros grupos religiosos, actuaban a veces bajo la influencia de espíritus malos o falsos, creyendo que tenían la influencia del Espíritu Santo. El profeta José Smith enseñó: “Los acontecimientos que recientemente han ocurrido entre nosotros me imponen el deber imperativo de decir algo tocante a los espíritus que actúan sobre los hombres.

“Es evidente, según los escritos de los apóstoles [del Nuevo Testamento], que en su época existían muchos falsos espíritus que habían ‘salido por el mundo’, y que se precisaba el discernimiento que sólo Dios podía impartir para discernir los espíritus falsos y comprobar cuáles eran de Dios [véase 1 Juan 4:1–4]. El mundo en general ha estado en completa ignorancia con relación a este asunto, y no tendría por qué ser de otra manera puesto que ‘nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios’ [véase 1 Corintios 2:11]…

“En todas las épocas siempre ha habido falta de conocimiento en cuanto a este asunto. En todas, y entre casi todos los pueblos, se han manifestado diversos géneros de espíritus… Todos tienen sus espíritus, todos tienen un poder sobrenatural y todos insisten en que sus espíritus son de Dios. ¿Quién resolverá el misterio? ‘Probad los espíritus’, dice Juan [1 Juan 4:1]; pero ¿quién va a hacerlo? El instruido, el elocuente, el filósofo, el sabio, el teólogo, todos ellos lo desconocen… ¿Quién puede sacar a la luz del día y descubrir los misterios ocultos de los espíritus falsos que tan frecuentemente se manifiestan entre los Santos de los Últimos Días? Respondemos que ningún hombre puede hacerlo sin el sacerdocio y sin tener conocimiento de las leyes por las cuales los espíritus son gobernados; porque así como ningún hombre conoce las cosas de Dios, sino por el Espíritu de Dios, de igual manera ninguno conoce el espíritu del diablo, ni su poder e influencia si no posee inteligencia superior a la humana y le son reveladas, por medio del sacerdocio, las misteriosas operaciones de sus artimañas…

“El hombre debe tener el discernimiento de espíritus antes de poder sacar a la luz del día esta influencia infernal y descubrirla al mundo en todo su aspecto diabólico, horrible y destructor del alma; porque nada perjudica más a los hijos de los hombres que estar bajo la influencia de un espíritu falso creyendo que se tiene el Espíritu de Dios. Miles de personas han sentido la influencia de su terrible poder y perniciosos efectos…

“Como hemos observado antes, la gran dificultad estriba en que se desconocen la naturaleza de los espíritus, las leyes mediante las que son gobernados y las señales por las cuales se pueden reconocer. Si se precisa el Espíritu de Dios para conocer las cosas de Dios, y si el espíritu del diablo puede ser desenmascarado tan solamente por ese medio, entonces se debe concluir, como consecuencia natural, que a menos que una persona o varias reciban una comunicación o revelación de Dios que les aclare la forma de proceder del espíritu, las personas deben permanecer para siempre en la ignorancia con respecto a estos principios; pues sostengo que si un hombre no puede entender estas cosas sino por el Espíritu de Dios, tampoco pueden entenderlas diez mil hombres; e igualmente se halla fuera del alcance de la ciencia del sabio, de la lengua del elocuente, de la fuerza del poderoso. Y por último, sea cual fuere el concepto que tengamos de la revelación, tendremos que llegar a esta conclusión: que sin ella no podemos saber ni entender cosa alguna concerniente a Dios o al diablo; y por más que se niegue el mundo a reconocer este principio, es evidente, a juzgar por la multitud de credos y opiniones relacionados con ese asunto, que no entiende nada acerca de este principio; y es igualmente claro que sin una comunicación divina, debe permanecer en la ignorancia…

“El hombre debe tener el discernimiento de espíritus, como ya dijimos antes, para entender estas cosas, ¿y cómo puede obtener este don, si no hay dones del espíritu? ¿Y cómo se pueden obtener esos dones sin revelación? Cristo ‘subiendo a lo alto… dio dones a los hombres. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros’ [Efesios 4:8, 11]. ¿Y cómo fueron escogidos los apóstoles, profetas, pastores, maestros y evangelistas? Por profecía (revelación) y por la imposición de manos —o sea por una comunicación divina y una ordenanza divinamente señalada— mediante el sacerdocio, organizado de acuerdo con el orden de Dios por nombramiento divino. Los apóstoles, en los días antiguos, tuvieron las llaves de este sacerdocio, de los misterios del reino de Dios, y por consiguiente pudieron abrir y declarar todas las cosas pertenecientes al gobierno de la Iglesia, al bienestar de la sociedad, al destino futuro del hombre y a la acción, el poder y la influencia de los espíritus; porque podían gobernarlos según su voluntad, echarlos en el nombre de Jesús y discernir sus malévolas y misteriosas operaciones cuando trataban de engañar a la Iglesia con su vestidura religiosa, y oponerse a los intereses de la Iglesia y a la difusión de la verdad…

“…Nuestro Salvador, los apóstoles y aun los miembros de la Iglesia fueron investidos de este don, porque Pablo dice: A éste es dado el don de lenguas, y a otro, interpretación de lenguas, ‘a otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus’ [véase 1 Corintios 12:10]. Todos éstos procedieron del mismo Espíritu de Dios, y eran dones de Dios… Ningún hombre ni grupo de hombres, sin las autoridades debidamente constituidas y sin poseer el sacerdocio ni el discernimiento de espíritus, puede distinguir entre los espíritus verdaderos y los falsos”18.

“Espíritus mentirosos andan recorriendo la tierra… Habrá grandes manifestaciones de espíritus tanto falsos como verdaderos… No todo espíritu o visión o canto religioso proviene de Dios… El don de discernimiento de espíritus se le concederá al Élder Presidente. Oren por él para que tenga ese don”19.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Si necesita más ayuda, consulte las páginas VII–XIII.

  • Repase el relato de las páginas 403–406. ¿Cómo puede ayudar ese relato a los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec a prepararse para bendecir a los enfermos? ¿En qué forma nos ayudará a nosotros si necesitamos una bendición del sacerdocio? ¿Por qué era importante que el hermano Fordham expresara su fe en Jesucristo en aquel momento?

  • Repase las enseñanzas del profeta José que están en las páginas 406–407. ¿Qué experiencias ha tenido usted que le hayan hecho comprender mejor el poder del sacerdocio para sanar a los enfermos? ¿Qué principios debemos seguir cuando deseemos relatar las experiencias que hayamos tenido con la bendición y sanidad de los enfermos? ¿Por qué hay personas que no sanan a pesar de tener fe y de recibir bendiciones del sacerdocio?

  • José Smith dijo que “el don de lenguas fue instituido particularmente para la predicación del Evangelio a otras naciones y en otros idiomas” (véanse las págs. 407–408). ¿De qué modo ha contribuido ese don para diseminar el Evangelio por todo el mundo? ¿Ha recibido usted o alguno de sus conocidos ese don para ayudar a predicar el Evangelio?

  • Repase las enseñanzas del Profeta con respecto al espíritu de profecía (pág. 409). ¿Qué importancia tiene para usted saber que todo miembro de la Iglesia puede tenerlo?

  • Repase las enseñanzas del Profeta con respecto al don de discernir los espíritus (págs. 410–412). ¿En qué consiste ese don? ¿Cómo podemos evitar que nos engañen las malas influencias? Nuestro profeta actual y los demás líderes de la Iglesia, ¿en qué forma nos ayudan a discernir las malas influencias?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema: 1 Corintios 12:1–31; 14:1–6, 22–28; Santiago 5:14–15; Moroni 10:8–17; D. y C. 46:1–33; 50:1–36, 40–44; 52:14–19.

Notas

  1. Wilford Woodruff, Journals, 1833–1898, anotación del 22 de julio de 1839, Archivos de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Salt Lake City, Utah.

  2. Wilford Woodruff, “Leaves from My Journal”, Millennial Star, 17 de octubre de 1881, pág. 670; uso de mayúsculas actualizado; alteración en la división de párrafos.

  3. History of the Church, 4:555; tomado de un discurso pronunciado por José Smith el 20 de marzo de 1942, en Nauvoo, Illinois; informe de Wilford Woodruff.

  4. History of the Church, 4:3–5; alteración en la división de párrafos; cursiva suprimida; tomado de anotaciones del diario de José Smith, 8–10 y 28 de julio de 1839, Commerce, Illinois.

  5. History of the Church, 4:11; tomado de instrucciones que dio José Smith el 29 de septiembre de 1839, Commerce, Illinois; referidas por James Mulholland.

  6. History of the Church, 2:162; tomado de las actas de una conferencia de élderes realizada el 8 de septiembre de 1834, en New Portage, Ohio; informe de Oliver Cowdery.

  7. History of the Church, 1:369; tomado de una carta de José Smith y sus consejeros de la Primera Presidencia a los hermanos de Misuri, 2 de julio de 1833, Kirtland, Ohio.

  8. History of the Church, 4:485; tomado de un discurso pronunciado por José Smith el 26 de diciembre de 1841, en Nauvoo, Illinois; informe de Willard Richards.

  9. History of the Church, 3:379; tomado de un discurso pronunciado por José Smith el 27 de junio de 1839, en Commerce, Illinois; informe de Willard Richards.

  10. History of the Church, 5:31–32; tomado de “Gift of the Holy Ghost”, editorial publicado en Times and Seasons, 15 de junio de 1842, págs. 825–826; José Smith era el editor del periódico.

  11. History of the Church, 4:580; puntuación actualizada; tomado de “Try the Spirits”, editorial publicado en Times and Seasons, 1º de abril de 1842, pág. 747; José Smith era el editor del periódico.

  12. History of the Church, 3:392; tomado de un discurso pronunciado por José Smith, aproximadamente en julio de 1839, en Commerce, Illinois; informe de Willard Richards.

  13. History of the Church, 4:607; tomado de un discurso pronunciado por José Smith el 28 de abril de 1842, en Nauvoo, Illinois; informe de Eliza R. Snow.

  14. History of the Church, 3:389; tomado de un discurso pronunciado por José Smith, aproximadamente en julio de 1839, en Commerce, Illinois; informe de Willard Richards.

  15. Citado por James Burgess en una compilación de porciones de discursos pronunciados por José Smith; James Burgess, Journals, 1841–1848, tomo 2, Archivos de la Iglesia.

  16. History of the Church, 5:407–408; puntuación actualizada; alteración en la división de párrafos; tomado de instrucciones de José Smith, aproximadamente en enero de 1843, en Nauvoo, Illinois; informe de en el contenido de una carta enviada al periódico Boston Bee por parte de un corresponsal no identificado, 24 de marzo de 1843, Nauvoo, Illinois; publicada en Times and Seasons, 15 de mayo de 1843; pág. 200.

  17. History of the Church, 3:379; tomado de un discurso pronunciado por José Smith el 27 de junio de 1839, en Commerce, Illinois; informe de Willard Richards.

  18. History of the Church, 4:571–575, 580; puntuación y gramática actualizadas; alteración en la división de párrafos; tomado de “Try the Spirits”, editorial publicado en Times and Seasons, 1º de abril de 1842, págs. 743–745, 747; José Smith era el editor del periódico.

  19. History of the Church, 3:391–392; alteración en la división de párrafos; tomado de un discurso pronunciado por José Smith, aproximadamente en julio de 1839, en Commerce, Illinois; informe de Willard Richards.