Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia
Cuidémonos de los amargos frutos de la apostasía
siguiente

Capítulo 27

Cuidémonos de los amargos frutos de la apostasía

“En todas sus pruebas, tribulaciones y enfermedades, en todos sus sufrimientos, aun en la muerte, tengan cuidado de no traicionar a Dios… tengan cuidado de no apostatar”.

De la vida de José Smith

En las semanas anteriores y posteriores a la terminación del Templo de Kirtland, en la primavera de 1836, los santos tuvieron un período de armonía y de abundante manifestación de los dones del Espíritu; pero el profeta José Smith les advirtió que si no continuaban viviendo con rectitud, su gozo y unidad no durarían. Daniel Tyler comentó lo siguiente sobre ese tiempo: “Todos sentíamos como si nos hubieran dado a probar un pedacito de cielo. De hecho, hubo varias semanas en las cuales no fuimos tentados por el diablo, y hasta llegamos a preguntarnos si no habría comenzado el milenio. El profeta José nos habló [en una reunión de hermanos del sacerdocio]. Entre otras cosas nos dijo: ‘Hermanos, durante un tiempo Satanás no ha tenido poder de tentarlos y algunos han pensado que no habrá más tentaciones. Pero sucederá lo contrario; y a menos que se acerquen al Señor, serán vencidos y apostatarán’ ”1.

Con el correr de aquel año, empezó a surgir y aumentar un espíritu de apostasía entre algunos de los santos de Kirtland. Unos llegaron a ser orgullosos, codiciosos y desobedientes a los mandamientos, otros culpaban a los líderes de la Iglesia de los problemas económicos que había causado el fracaso de la institución financiera establecida por los miembros de la Iglesia en aquella ciudad. Ese fracaso ocurrió en 1837, el mismo año en que un pánico bancario cundió por los Estados Unidos, agravando los problemas económicos de los santos. Hubo doscientos o trescientos miembros que se apartaron de la Iglesia en Kirtland, y a veces se unían a los enemigos de la Iglesia para atormentar e incluso amenazar físicamente a los santos. Algunos apóstatas declararon abiertamente que el Profeta había caído y trataron de poner a otros hombres en su lugar. La hermana Eliza R. Snow recordaba: “Muchos de los que habían sido humildes y fieles en la ejecución de todo deber, prontos para actuar ante cualquier llamamiento del sacerdocio, empezaron a volverse de espíritu soberbio y a elevarse con el orgullo de su corazón. A medida que los santos bebían del amor y del espíritu del mundo, el Espíritu del Señor se fue alejando de su corazón”2.

En mayo de 1837, el Profeta dijo lo siguiente, lamentándose por la situación de la Iglesia: “Parecía como si todos los poderes de la tierra y del infierno combinaran su influencia de una manera particular para derribar la Iglesia de una vez por todas… El enemigo en el exterior y los apóstatas que había entre nosotros se unieron en sus tramas… y muchos se enemistaron conmigo, como si yo fuera la única causa precisamente de los mismos males contra los cuales luchaba tan arduamente”3.

A pesar de esos problemas, la gran mayoría de los líderes y los miembros de la Iglesia permanecieron fieles. Brigham Young, que integraba el Quórum de los Doce Apóstoles durante aquel período incierto, recordó una reunión en la cual algunos miembros de la Iglesia consideraron la posibilidad de destituir al profeta José: “Me levanté y de manera clara y potente les dije que José era un profeta y que yo lo sabía, que ellos podían hablar mal de él y calumniarlo todo lo que quisieran, [pero] no destruirían el nombramiento del Profeta de Dios; podían sólo destruir su propia autoridad, cortar el lazo que los unía al Profeta y a Dios y hundirse en el infierno. Muchos se enfurecieron ante la determinada oposición que presenté a sus medidas…

“Esa reunión se disolvió sin que los apóstatas llegaran a ponerse de acuerdo en ninguna de sus medidas específicas de oposición. Esa fue una crisis en la cual la tierra y el infierno parecían haberse unido para derrocar al Profeta y a la Iglesia de Dios, y se debilitó la determinación de muchos de los hombres más fuertes de la Iglesia. En medio de esa lucha con las tinieblas, permanecí cerca de José y, con toda la prudencia y la potestad que Dios me concedía, dediqué mis mayores energías a sostener al siervo de Dios y a unir a los quórumes de la Iglesia”4.

Las enseñanzas de José Smith

El perder la confianza en los líderes de la Iglesia, criticarlos y descuidar cualquiera de los deberes que Dios nos requiera conduce a la apostasía.

“Les daré una de las claves de los misterios del reino. Es un principio eterno, que ha existido con Dios por todas las eternidades, que el hombre que se levante para condenar a los demás, criticando a la Iglesia, diciendo que se han desviado, mientras que él es justo, sepan sin duda alguna que ese hombre va por el camino que conduce a la apostasía; y si no se arrepiente, así como Dios vive, apostatará”5.

Mientras era consejero del presidente Brigham Young, Heber C. Kimball dijo: “Les daré una clave que el hermano José Smith solía dar en Nauvoo. Él decía que el paso mismo de la apostasía comienza con la pérdida de confianza en los líderes de esta Iglesia y en el reino, y cuando percibieran ese espíritu, sabrían que quién lo posea sería guiado hacia el camino de la apostasía”6.

Wilford Woodruff dijo, cuando prestaba servicio en el Quórum de los Doce: “El hermano José nos aconsejaba de la siguiente manera: ‘En el momento en que se tomen la libertad de dejar de lado cualquier deber al que Dios los haya llamado, para satisfacer sus propios deseos; en el momento en que permitan ser descuidados, estarán colocando el cimiento para la apostasía. Cuídense; comprendan que han sido llamados a una obra y cuando Dios les requiera llevarla a cabo, deben hacerlo’. Otra cosa que decía era: ‘En todas sus pruebas, tribulaciones y enfermedades, en todos sus sufrimientos, aun en la muerte, tengan cuidado de no traicionar a Dios, tengan cuidado de no traicionar el sacerdocio, tengan cuidado de no apostatar’ ”7.

Wilford Woodruff también dijo: “Recuerdo que el hermano José Smith nos visitó a mí, al hermano [John] Taylor, al hermano Brigham Young y a varios otros misioneros cuando estábamos por comenzar nuestra misión en Inglaterra. Muchos estábamos enfermos y afligidos, pero al mismo tiempo sentíamos que debíamos partir. El Profeta nos bendijo y bendijo a la esposa y a la familia de los presentes… Nos enseñó varios principios muy importantes, algunos de los cuales mencionaré. El hermano Taylor, yo, George A. Smith, John E. Page y otros habíamos sido llamados para ocupar el lugar de los [apóstoles] que habían caído. El hermano José nos presentó la causa por la que aquellos hombres se habían apartado de los mandamientos de Dios, diciendo que esperaba que hubiéramos aprendido a ser prudentes por lo que habíamos visto y oído, y que fuéramos capaces de discernir el espíritu de otros hombres sin vernos obligados a aprender por tristes experiencias.

“Después explicó que cualquier hombre, cualquier élder de esta Iglesia y de este reino que siguiera un camino por el cual pasara por alto, o, en otras palabras, rehusara obedecer cualquier ley establecida, o mandamiento o deber, que cuando un hombre hiciera eso descuidando cualquier deber que Dios le requiriera de asistir a reuniones, cumplir misiones u obedecer consejos, éste establecía el cimiento que lo llevaría a la apostasía; y ésta era la razón por la que aquellos hombres habían caído. Habían empleado mal el sacerdocio sellado sobre ellos; habían descuidado el deber de magnificar su llamamiento de apóstoles, de élderes; habían usado el sacerdocio para tratar de enaltecerse y para desempeñar otras obras que no eran la de edificar el reino de Dios”8.

En 1840 en Kirtland, Ohio, todavía seguía establecido un pequeño grupo organizado de miembros de la Iglesia, aun cuando la mayoría de los santos se habían reunido en Nauvoo, Illinois. En respuesta a una noticia de que había un miembro en Kirtland que intentaba destruir la confianza de los santos en la Primera Presidencia y en otras autoridades de la Iglesia, el Profeta escribió a un líder de la Iglesia en Kirtland: “A fin de dirigir con rectitud los asuntos del reino, es muy importante que haya una armonía perfecta, buenos sentimientos, comprensión mutua y debe haber confianza en el corazón de todos los hermanos; y la caridad y el amor verdaderos de unos por los otros debe caracterizar todas sus acciones. Si hay cualquier clase de sentimientos que no sean caritativos o de falta de confianza, entonces se manifestarán pronto el orgullo, la arrogancia y la envidia; la confusión prevalecerá inevitablemente, y estimarán como nada a las autoridades de la Iglesia…

“Si los santos de Kirtland me consideran indigno de sus oraciones cuando se reúnen y se niegan a sostenerme en el trono de la gracia celestial, eso es para mí una prueba fuerte y convincente de que no tienen el Espíritu de Dios. Si las revelaciones que hemos recibido son verdaderas, ¿quién debe dirigir al pueblo? Si las llaves del reino se han entregado en mis manos, ¿quién debe descubrir los misterios que éste contiene?

“Mientras los hermanos me sostengan y alienten, puedo combatir los prejuicios del mundo y soportar con gozo la contumelia [maltrato] y los abusos; pero cuando mis hermanos se alejan, cuando empiezan a debilitarse y se empeñan en retrasar mi progreso y mis esfuerzos, entonces siento deseos de lamentarme pero no menos determinado a proseguir en mis deberes, con la confianza de que aunque mis amigos terrenales puedan fallarme e incluso volverse contra mí, mi Padre Celestial me hará salir triunfante.

“Sin embargo, espero que hasta en Kirtland haya algunos que no hagan pecar a un hombre en palabra [véase Isaías 29:21], sino que estén dispuestos a ir adelante en defensa de la rectitud y la verdad, atendiendo a todo deber que se les encomiende; y que posean sabiduría que los impulse contra cualquier movimiento o influencia que tenga por objeto llevar confusión y discordia al campo de Israel y les dé la facultad de discernir entre el espíritu de la verdad y el del error.

“Sería muy grato para mí ver prosperar a los santos de Kirtland, pero creo que no ha llegado aún el momento; y puedo asegurarles que nunca llegará a menos que se establezca un orden diferente de las cosas y se manifieste un espíritu diferente. Cuando se restaure la confianza, cuando caiga el orgullo y toda mente ambiciosa se cubra de humildad como con una vestidura, cuando el egoísmo dé paso a la benevolencia y a la caridad y se observe una determinación unida de vivir de acuerdo con cada palabra que proceda de la boca del Señor, entonces, y no antes, podrán prevalecer la paz, el orden y el amor.

“Ha sido como resultado de hombres codiciosos que Kirtland ha quedado abandonada. ¿Con cuánta frecuencia han envidiado esas personas a este humilde siervo en su oficio? A costa suya, se han empeñado en elevarse a sí mismos al poder, y, viendo que eso era imposible, se han valido de la calumnia y del abuso y de otros medios para conseguir su destitución. Esos personajes han sido siempre los primeros en criticar a la Presidencia y en publicar a los cuatro vientos sus faltas y debilidades”9.

Los que apostatan pierden el Espíritu de Dios, rompen sus convenios y a menudo persiguen a los miembros de la Iglesia.

“Por extraño que parezca a primera vista, aunque tan verdadero es como extraño, los apóstatas, no obstante toda su profesada determinación de vivir piadosamente, luego que se apartan de la fe de Cristo, a menos que se arrepientan inmediatamente, llegan a caer tarde o temprano en las trampas del maligno y quedan destituidos del Espíritu de Dios para manifestar su iniquidad a los ojos de muchos. De los apóstatas, los fieles han recibido las persecuciones más severas. Judas fue reprendido, e inmediatamente traicionó al Señor en manos de Sus enemigos, porque Satanás entró en él.

“Se concede una inteligencia superior a aquel que obedece el Evangelio con íntegro propósito de corazón, y si se peca contra ésta, el apóstata queda desnudo y destituido del Espíritu de Dios, y ciertamente se halla muy cerca de la maldición, y su destino es ser quemado. Una vez que a éstos les es quitada la luz que había en ellos, quedan tan llenos de tinieblas como antes lo habían estado de luz, y entonces no causa asombro si emplean todas sus fuerzas contra la verdad e, igual que Judas, procuran la destrucción de aquellos que fueron sus mayores benefactores.

“¿Qué amigo más íntimo tenía Judas en la tierra o en el cielo que el Salvador? Y su primer objeto fue destruirlo. ¿Quién, entre todos los santos en estos últimos días, puede considerarse tan bueno como nuestro Señor? ¿Quién tan perfecto?, ¿tan puro?, ¿tan santo como Él? ¿Se podrá hallar alguno? Él nunca transgredió ni violó un mandamiento ni una ley celestial; no hubo engaño en Su boca, ni falsedad en Su corazón. Sin embargo, uno que comió con Él, que a menudo había bebido de la misma copa, fue el primero que alzó el calcañar contra Él. ¿Dónde hay alguien semejante a Cristo? No se le puede hallar sobre la tierra. Entonces, ¿por qué han de quejarse Sus discípulos si sufren persecución de aquellos que en un tiempo llamaron hermanos, con quienes consideraron que tenían una estrecha relación en el convenio sempiterno?

“¿De qué fuente emanó el principio que siempre han manifestado los apóstatas de la Iglesia verdadera de perseguir con redoblado esfuerzo y procurar con redoblada perseverancia destruir a aquellos que en un tiempo profesaban amar, con quienes una vez estuvieron en comunión y en una ocasión hicieron convenio de luchar en justicia con todas sus fuerzas para obtener el reposo de Dios? Tal vez nuestros hermanos dirán que de la misma fuente que indujo a Satanás a querer derribar el reino de Dios, porque él era malo y el reino de Dios es santo”10.

“Siempre ha habido, en toda época de la Iglesia, quienes se han opuesto a los principios de virtud, quienes han amado la ganancia de este mundo actual, quienes han seguido los principios de la maldad y quienes han sido enemigos de la verdad… Los que se han relacionado con nosotros y han profesado ser los mejores amigos han llegado con frecuencia a ser nuestros peores y más encarnizados enemigos; si dejan de ser populares, si sus intereses o su dignidad se vieron ofendidos o si se les descubrió en su iniquidad, siempre fueron los primeros en levantar la mano de persecución, en calumniar [levantar falsas acusaciones] e injuriar a sus hermanos, y en procurar la caída y la destrucción de sus amigos”11.

“Los disidentes ‘mormones’ renegados recorren el mundo esparciendo diversos rumores insensatos y difamadores acerca de nosotros, pensando que con eso se ganarían la buena voluntad de la gente, porque saben que nosotros no somos del mundo y que éste nos aborrece; por ese motivo, ellos [los del mundo] hacen de esas personas [los disidentes] su instrumento y por medio de éstas tratan de infligir todo el mal que puedan, después de lo cual las odian más que a nosotros porque se dan cuenta de que son viles traidores y aduladores”12.

Wilford Woodruff relató: Asistí a [una] reunión en el Templo [de Kirtland el 19 de febrero de 1837]. El presidente José Smith había estado ausente por asuntos de la Iglesia, pero ni siquiera la mitad del tiempo que Moisés estuvo en el monte, lejos de Israel [véase Éxodo 32:1–8] y, sin embargo, mucha gente de Kirtland, aunque no hizo un becerro para adorar como los israelitas, alejó su corazón del Señor y de Su siervo José, y se entregó a las suposiciones cediendo a espíritus falsos hasta que las tinieblas le cubrieron la mente; y muchos se oponían a José Smith y algunos querían nombrar a David Whitmer para dirigir la Iglesia en lugar de él. En medio de esa nube de espíritus tenebrosos, José había regresado a Kirtland y esa mañana se puso de pie en el estrado. Tenía un aspecto muy deprimido, pero en seguida el Espíritu de Dios reposó en él y por el término de unas tres horas se dirigió a la congregación con gran claridad, acallando a sus enemigos.

“Cuando se levantó, dijo: ‘Todavía soy el Presidente, Profeta, Vidente y Revelador y el líder de la Iglesia de Jesucristo. Dios, y no el hombre, me ha nombrado y colocado en esta posición, y ningún hombre ni grupo de hombres tienen la potestad de destituirme ni de nombrar a otro en mi lugar; y quienes procuren hacerlo, si no se arrepienten pronto, se quemarán los dedos e irán al infierno’. Reprendió duramente a la gente por sus pecados, tinieblas e incredulidad, y el poder de Dios reposó sobre él y dio testimonio de que sus palabras eran verdaderas”13.

Wilford Woodruff dio el siguiente informe: “El presidente Smith habló esa tarde [el 9 de abril de 1837] y dijo en el nombre del Señor que los juicios de Dios caerían sobre los hombres que habían profesado ser sus amigos, y amigos de la humanidad, y edificar Kirtland como estaca de Sión, pero que se habían vuelto traidores de él y de los intereses del reino de Dios, y le habían dado poder a nuestros enemigos en contra de nosotros; habían oprimido a los santos pobres, causándoles dificultades, y se habían convertido en quebrantadores del convenio por lo cual sentirán la ira de Dios”14.

Daniel Tyler contó: “Poco después de que el Profeta llegó de una cárcel de Misuri a Commerce (que más adelante fue Nauvoo), el hermano Isaac Behunin y yo lo visitamos en su casa. El tema de conversación recayó en sus persecuciones; él repitió muchas de las declaraciones falsas, variables y contradictorias hechas por apóstatas, miembros de la Iglesia temerosos y por gente de afuera. También nos dijo que la mayoría de los oficiales que de buena gana le hubieran quitado la vida, cuando lo arrestaron, se volvieron en su favor una vez que lo conocieron. Y el peso de la culpa lo cedió a los hermanos falsos…

“Cuando el Profeta terminó de contarnos cómo lo habían tratado, el hermano Behunin dijo: ‘Si yo me apartara de esta Iglesia, no haría lo mismo que esos hombres han hecho, sino que me iría a un lugar remoto donde nadie hubiera oído hablar del mormonismo, me establecería allí y nadie llegaría a saber que yo sabía algo al respecto’.

“El gran Vidente le respondió de inmediato: ‘Hermano Behunin, usted no sabe lo que haría; sin duda esos hombres en algún momento pensaron lo mismo que usted. Antes de convertirse a esta Iglesia, usted estaba en terreno neutral. Cuando le fue predicado el Evangelio, se le presentaron el bien y el mal y podía elegir cualquiera de los dos, o ninguno; había dos amos contrarios que lo invitaban a prestarles servicio. Al unirse a la Iglesia, se alistó para servir a Dios; y al hacerlo, salió del terreno neutral y ya no podría jamás volver a él. Si abandonara al Amo al cual se alistó para servir, sería a instancias del maligno, y entonces seguiría los dictados de éste y sería su siervo’ ”15.

Si seguimos a los profetas y apóstoles y obedecemos las revelaciones de la Iglesia, no seremos desviados.

Orson Hyde, que era miembro del Quórum de los Doce, relató: “José el Profeta… dijo: ‘Hermanos, recuerden que nunca se desviará la mayoría de este pueblo; y mientras ustedes permanezcan con la mayoría, de seguro entrarán en el reino celestial’ ”16.

William G. Nelson dijo: “He oído al Profeta hablar en público muchas veces. En una reunión le oí decir: ‘Les daré una llave que jamás se oxidará: si permanecen con la mayoría de los Doce Apóstoles y con los registros de la Iglesia, nunca serán desviados’. La historia de la Iglesia ha probado que eso es verdad”17.

Ezra T. Clark comentó: “Oí decir al profeta José que daría a los santos una llave por la cual nunca serían desviados ni engañados, y eso era: El Señor nunca permitirá que haya impostores que desvíen o engañen a la mayoría de este pueblo, ni dejará que los registros de esta Iglesia caigan en manos del enemigo”18.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Si necesita más ayuda, consulte las páginas VII–XIII.

  • Repase el relato de las páginas 335–337. En su opinión, ¿por qué cambia la gente de la rectitud a la apostasía en tan poco tiempo? ¿Qué influencias llevan a las personas a apostatar en nuestros días? ¿Qué debemos hacer para protegernos de esas influencias?

  • ¿Qué peligros hay en perder la confianza en nuestros líderes de la Iglesia y en criticarlos? (Véanse las páginas 337–340 donde hay algunos ejemplos.) ¿Qué debemos hacer para mantener el respeto y el aprecio por nuestros líderes? ¿Cómo deben alentar los padres a sus hijos a respetar a los líderes de la Iglesia?

  • El Profeta enseñó esto: “En el momento en que se tomen la libertad de dejar de lado cualquier deber al que Dios los haya llamado, para satisfacer sus propios deseos… estarán colocando el cimiento para la apostasía” (pág. 337). ¿Qué importancia tienen para usted esas palabras?

  • Lea el relato de Daniel Tyler (págs. 343–344). ¿Por qué será que aquellos que han apostatado de la Iglesia muchas veces luchan encarnizadamente contra ella? (Véanse las páginas 340–344 donde hay algunos ejemplos.) ¿Cómo debemos responder ante las palabras y acciones de esas personas?

  • Lea los tres últimos párrafos del capítulo (pág. 344). ¿Por qué es importante que comprendamos y usemos esa “llave” que dio José Smith?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema: 1 Nefi 8:10–33; Helamán 3:33–35; D. y C. 82:3, 21; 121:11–22.

Notas

  1. Daniel Tyler, “Incidents of Experience”, en Scraps of Biography, 1883, págs. 32–33.

  2. Eliza R. Snow, Biography and Family Record of Lorenzo Snow, 1884, pág. 20; puntuación actualizada.

  3. History of the Church, 2:487–488; tomado de “History of the Church”, libro B-1, pág. 761, Archivos de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Salt Lake City, Utah.

  4. Brigham Young, en Historian’s Office, Manuscript History of Brigham Young, 1844–1846, tomo 1, pág. 16. Archivos de la Iglesia.

  5. History of the Church, 3:385; tomado de un discurso que dio José Smith el 2 de Julio de 1839, en Montrose, Iowa; informe de Wilford Woodruff y Willard Richards.

  6. Heber C. Kimball, Deseret News, 2 de abril de 1856, pág. 26. Ortografía y uso de mayúsculas actualizados.

  7. Wilford Woodruff, Deseret News, 22 de diciembre de 1880, pág. 738.

  8. Wilford Woodruff, Deseret News: Semi-Weekly, 7 de septiembre de 1880, pág. 1. Puntuación actualizada; alteración en la división de párrafos.

  9. History of the Church, 4:165–166; tomado de una carta de José Smith a Oliver Granger, julio de 1840, en Nauvoo, Illinois.

  10. History of the Church, 2:23; Ortografía, puntuación, y gramática actualizadas; alteración en la división de párrafos; tomado de “The Elders of the Church in Kirtland, to Their Brethren Abroad”, el 22 de enero de 1834, publicado en Evening and Morning Star, abril de 1834, pág. 152.

  11. “John C. Bennett”, un editorial publicado en Times and Seasons, 1º de agosto de 1842, pág. 868; puntuación y gramática actualizadas; José Smith era el editor del periódico.

  12. History of the Church, 3:230; el primero y segundo conjunto de palabras entre corchetes se encuentran en el documento original; tomado de una carta de José Smith a los miembros de la Iglesia en el Condado de Caldwell, Missouri, 16 de diciembre de 1838, cárcel de Liberty, Liberty, Misuri.

  13. Wilford Woodruff, informe de un discurso que dio José Smith el 19 de febrero de 1837, Kirtland, Ohio. “History of Wilford Woodruff”, Deseret News, 14 de julio de 1858, pág. 85. Gramática y uso de mayúsculas actualizados; alteración en la división de párrafos.

  14. Wilford Woodruff, informe de un discurso que dio José Smith el 9 de abril de 1837, Kirtland, Ohio. “History of Wilford Woodruff”, Deseret News, 14 de julio de 1858, pág. 86.

  15. Daniel Tyler, en “Recollections of the Prophet Joseph Smith”, Juvenile Instructor, 15 de agosto de 1892, págs. 491–492; puntuación y gramática actualizadas.

  16. Orson Hyde, Deseret News: Semi-Weekly, 21 de junio de 1870, pág. 3.

  17. William G. Nelson, en “Joseph Smith, the Prophet”, Young Woman’s Journal, diciembre de 1906, pág. 543; alteración en la división de párrafos.

  18. Ezra T. Clark, “The Testimony of Ezra T. Clark”, 24 de julio de 1901, Farmington, Utah, en los documentos de Heber Don Carlos Clark, alrededor de 1901–1970, mecanografiado. Archivos de la Iglesia.