Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia
‘Él era un profeta de Dios’: Contemporáneos de José Smith testifican de su misión profética
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Capítulo 43

“Él era un profeta de Dios”: Contemporáneos de José Smith testifican de su misión profética

“Siento como si siempre quisiera exclamar, ‘¡Aleluya!’, al pensar en que llegué a conocer a José Smith, el Profeta” (Brigham Young).

De la vida de José Smith

En Nauvoo, los santos se reunían muy seguido para escuchar al profeta José Smith. Debido a que no había en la ciudad un edificio lo suficientemente grande para contenerlos, el Profeta hablaba muchas veces afuera, con frecuencia en un bosque que estaba al oeste del templo, donde había lugar para miles de personas. Se había construido una plataforma portátil para los líderes y discursantes de la Iglesia, y la congregación se sentaba en el césped o en troncos o ladrillos. El Profeta hablaba también en otros lugares de Nauvoo, incluso en el templo sin terminar y en casas particulares. Una persona que visitó la ciudad a principios de 1843 comentó que había visto que se llevaban a cabo reuniones “en el áspero piso del subsuelo del templo, y en dichas ocasiones con frecuencia predica el Profeta”1.

Cuando hablaba en el exterior, muchas veces el Profeta comenzaba sus discursos pidiendo a los santos que oraran para que se calmara el viento o la lluvia hasta que él terminara de hablar. En una conferencia que tuvo lugar en Nauvoo el 8 de abril de 1843, empezó su discurso diciendo: “Tengo tres cosas que pedir a la congregación: Primero, que los que tengan fe la ejerzan y oren al Señor para que calme el viento, porque así como está soplando no podré hablar mucho tiempo sin dañarme la salud; la otra es que pueda contar con sus oraciones para que el Señor me fortalezca los pulmones, a fin de que pueda hacerme oír por todos; y la tercera es que oren para que el Espíritu Santo descanse sobre mí y me capacite para decirles las cosas que son verdaderas”2.

Las oportunidades en que el Profeta hablaba eran muy importantes para los miembros de la Iglesia, y muchas veces dirigía la palabra a congregaciones de miles de personas. “Ninguna persona que lo escuchara se cansaba jamás con sus discursos”, comentó Parley P. Pratt. “He sido testigo de ocasiones en las que mantuvo durante varias horas a una congregación de oyentes bien dispuestos e interesados, en medio del frío o del sol, en la lluvia o el viento, en un momento riendo y en el siguiente derramando lágrimas”3. Alvah J. Alexander, que era niño en la época de Nauvoo, recordaba que “no había diversiones ni juegos que fueran tan interesantes para mí como oírlo a él hablar”4.

Amasa Potter recordaba haber estado presente durante un extraordinario sermón que predicó el profeta José Smith a un grupo numeroso de santos:

“Después de que [el Profeta] hubo hablado unos treinta minutos vino un fuerte viento y se desató una tormenta. El polvo era tan denso que no podíamos vernos unos a otros, y algunas personas se disponían a partir cuando José les dijo que se quedaran e hicieran que sus oraciones subieran hasta el Dios Todopoderoso para que el viento dejara de soplar y parara la lluvia, y que así se haría. A los pocos minutos el viento y la lluvia cesaron y los elementos se calmaron como en una mañana de verano; la tormenta se dividió y fue hacia el norte y hacia el sur de la ciudad, y podíamos ver en la distancia los árboles y arbustos movidos por el viento, mientras que donde estábamos nosotros hubo calma durante una hora, y durante ese momento el Profeta predicó uno de los sermones más grandiosos que hayan salido de su boca y fue sobre el grandioso tema de los muertos”5.

Los santos que oyeron al profeta José Smith hablar expresaron testimonios fuertes y fervientes de su misión profética. Muchos de ellos llevaron un registro de lo que recordaban de sus discursos y de las experiencias que tuvieron con él, porque querían que las generaciones siguientes supieran, como ellos sabían, que José Smith era verdaderamente un profeta de Dios.

Los testimonios sobre José Smith

Igual que los primeros santos, nosotros también podemos saber que José Smith es el Profeta por medio del cual el Señor restauró la plenitud del Evangelio.

Brigham Young, segundo Presidente de la Iglesia: “Siento como si siempre quisiera exclamar, ‘¡Aleluya!’, al pensar en que llegué a conocer a José Smith, el Profeta a quien el Señor levantó y ordenó, y a quien entregó las llaves y el poder para edificar el reino de Dios sobre la tierra y sostenerlo. Esas llaves se han dado a este pueblo y poseemos el poder para continuar la obra iniciada por José”6.

Eliza R. Snow, Presidenta general de la Sociedad de Socorro desde 1866 hasta 1887: “En la causa de la verdad y la rectitud, en todo lo que podía beneficiar a sus semejantes, su integridad era tan firme como los pilares del cielo. Él sabía que Dios lo había llamado a la obra, y todos los poderes de la tierra y del infierno combinados no podían disuadirlo ni apartarlo de su propósito. Con la ayuda de Dios y de sus hermanos, colocó el cimiento de la obra más grandiosa que haya podido establecer el hombre, una obra que se extiende no sólo a todos los vivos y a todas las generaciones por venir, sino también a los muertos.

“Denodada y valerosamente enfrentó las tradiciones falsas, las supersticiones, las religiones, el fanatismo y la intolerancia del mundo, probando ser fiel a todo principio revelado por el cielo, fiel a sus hermanos y fiel a Dios; y luego selló su testimonio con su sangre”7.

Bathsheba W. Smith, Presidenta general de la Sociedad de Socorro desde 1901 hasta 1910: “Sé que él era lo que profesaba ser: un verdadero profeta de Dios; y por su intermedio, el Señor restauró el Evangelio sempiterno y toda ordenanza e investidura que nos conducirán al reino celestial”8.

Wilford Woodruff, cuarto Presidente de la Iglesia: “He sentido enorme regocijo por lo que vi del hermano José, porque en público y en privado tenía consigo el Espíritu del Todopoderoso y manifestaba una grandeza de alma que jamás he visto en ningún otro hombre”9.

Daniel D. McArthur, uno de los primeros miembros de la Iglesia que después dirigió la primera compañía de carros de mano hasta el Valle de Salt Lake: “Mi testimonio es que él era un verdadero profeta del Dios viviente; y cuanto más oía lo que decía y veía sus acciones, más convencido estaba de que en verdad había visto a Dios el Padre y a Su Hijo Jesucristo, así como también a los ángeles santos de Dios… Siempre pensé que si de algo estaba seguro en esta tierra, era que sabía sin duda que él era un Profeta”10.

Alexander McRae, uno de los que estuvieron prisioneros con José Smith en la cárcel de Liberty: “Era tal la confianza que teníamos en [José Smith] como Profeta, que cuando decía: ‘Así dice el Señor’, sabíamos que iba a ser tal como él lo había dicho; y cuanto más lo probábamos, más confianza teníamos, pues nunca, ni una sola vez, vimos que su palabra no se cumpliera”11.

Lyman O. Littlefield, uno de los integrantes del Campo de Sión: “Todas las energías de su alma estaban concentradas en la gloriosa obra de los postreros días a la cual había sido llamado por su Divino Maestro”12.

Mary Alice Cannon Lambert, conversa inglesa que emigró a Nauvoo en 1843: “Vi por primera vez a José Smith en la primavera de 1843. Cuando la embarcación en la cual navegamos por el río Misisipí llegó al desembarcadero de Nauvoo, había allí varios de los hermanos líderes para recibir al grupo de santos que llegaba; entre ellos estaba el profeta José Smith. En el momento en que mis ojos lo vieron, supe que era él, y en ese instante recibí el testimonio de que era el Profeta de Dios… Nadie me lo señaló; lo distinguí de entre todos los demás hombres y, aunque era una niña (tenía sólo catorce años), supe que había visto a un profeta de Dios”13.

Angus M. Cannon, miembro de la Iglesia que vivió en Nauvoo de joven y más adelante fue presidente de una estaca en Salt Lake City: “Recuerdo especialmente una ocasión en la que el hermano José dirigió la palabra a una congregación de santos, en la primavera de 1844. Estaba debajo de unos robles grandes que había en una hondonada al sur del templo, cerca de la calle Parley. Habló del hecho de que al establecer Su Iglesia, Dios había determinado que solamente hubiera un hombre autorizado por Él para recibir revelaciones que fueran válidas para la Iglesia… Fue en esa misma oportunidad que oí decir al Profeta que había recibido el Sacerdocio de Melquisedec administrado por Pedro, Santiago y Juan.

“La impresión que grabaron en mi joven mente las palabras inspiradas de José Smith ha permanecido conmigo todo el resto de mi vida; y cuando la oscuridad hubiera podido empañarme la mente, su testimonio ha aparecido vívidamente ante mí, dándome evidencia de que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha sido establecida y está gobernada por el poder y la autoridad de Dios que se han hecho manifiestos”14.

Hyrum Smith, hermano del Profeta y Patriarca de la Iglesia: “Hubo profetas antes que él, pero José tiene el espíritu y la potestad de todos los profetas”15.

José Smith dejó un ejemplo que podemos seguir para desarrollar un carácter semejante al de Cristo.

Parley P. Pratt, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles desde 1835 hasta 1857: “El presidente José Smith era alto y de buena complexión, fuerte y activo; tenía el cutis y el cabello claros, los ojos azules, poca barba y una expresión en los ojos que le era peculiar… Su rostro era siempre bondadoso, afable, irradiando inteligencia y benevolencia mezcladas con una mirada de interés y una sonrisa natural o jovial, y completamente exento de toda circunspección o afectación de gravedad; y había algo en la mirada serena y firmemente penetrante de sus ojos, como si pudiera penetrar en los más profundos abismos del corazón humano, contemplar la eternidad, adentrarse en los cielos y abarcar todos los mundos. Poseía un carácter de noble intrepidez e independencia; su porte era sencillo y familiar; su reprensión terrible, como la de un león; su benevolencia sin límites, como el océano; su inteligencia, universal”16.

John Needham, uno de los primeros conversos de Inglaterra: “José Smith es un gran hombre, un hombre de principios, franco y directo; no tiene el aspecto de un hipócrita de cara larga, sino todo lo contrario. De hecho, algunos dudan porque es un hombre sumamente franco, de expresarse claramente y muy alegre, pero eso me hace amarlo aún más”17.

Emmeline B. Wells, Presidenta general de la Sociedad de Socorro desde 1910 hasta 1921: “Testifico que era el hombre más grande, el profeta más grande y el personaje más grandioso de esta generación, y no creo exagerar al decir que el más grandioso desde los días del Salvador. La majestad de su aspecto era maravillosa. Se podría pensar que era mucho más alto y más esbelto de lo que era en realidad; tal vez muchos se hayan fijado en hombres de ese tipo cuando se levantan y caminan; así era el profeta José. Que yo sepa, no hay fotografías de él que se comparen con la apostura y la majestad de su presencia”18.

Mary Alice Cannon Lambert: “El amor que los santos le tenían era inexpresable; habrían dado su vida con gusto por él. Si iba a hablar, dejaban toda tarea de lado para poder escuchar sus palabras. No era un hombre común. Los santos y los pecadores por igual sentían y reconocían el poder y la influencia que él tenía. Era imposible conocerlo y no quedar impresionado por la fuerza de su personalidad y de su influjo”19.

John M. Bernhisel, un médico que se alojó en casa de José y Emma, en Nauvoo, durante varios meses de 1843 a 1844: “José Smith es por naturaleza un hombre de fuertes poderes mentales, posee mucha energía y un carácter decisivo, una gran perspicacia y un conocimiento profundo de la naturaleza humana. Es un hombre de juicio sereno, de amplios puntos de vista y se distingue por su amor a la justicia. Es bondadoso y bien dispuesto, generoso y benevolente, sociable y jovial, y posee una mente de índole contemplativa y reflexiva. Es honrado, franco, intrépido e independiente y tan exento de disimulo [falsas apariencias] como el mejor… En su calidad de maestro religioso, igual que por su persona, es muy amado por este pueblo”20.

Jesse N. Smith, primo de José Smith: “[El Profeta era] sin paralelo, el hombre con más atributos divinos que he conocido… Sé que por naturaleza era incapaz de mentir o engañar, porque poseía la más grande bondad y nobleza de carácter. Cuando me hallaba en su presencia, sentía que podía leerme el pensamiento completamente. Sé que él era todo lo que proclamaba ser”21.

William Clayton, converso inglés que fue secretario de José Smith: “Cuanto más tiempo estoy con él, más lo quiero; cuanto mejor lo conozco, más confianza le tengo”22.

Joseph F. Smith, sexto Presidente de la Iglesia: “Rebosaba de la mayor nobleza y pureza de la naturaleza humana, lo que muchas veces salía a relucir en entretenimientos inocentes: en jugar a la pelota, en luchar con sus hermanos y en divertirse; no era un hombre austero, con el rostro severo y como moldeado en bronce, que no le permitiera sonreír, como si no tuviera gozo en el corazón. ¡Ah!, estaba lleno de gozo, lleno de alegría, lleno de amor y de todo otro atributo noble de los que hacen a los hombres grandes y buenos, y al mismo tiempo era sencillo e inocente, y podía ponerse a la altura del de condición más baja; y, por la gracia de Dios, tenía también el poder de comprender los propósitos del Todopoderoso. Así era el carácter del profeta José Smith”23.

Por ser el Profeta mediante el cual fue restaurado el Evangelio, José Smith enseñaba el plan de salvación de Dios con claridad y con potestad.

Brigham Young: “La excelencia de la gloria inherente al carácter del hermano José Smith era que podía simplificar las cosas celestiales para que las entendiera la mente finita. Cuando predicaba a la gente, revelando asuntos de Dios, la voluntad de Dios, el plan de salvación, los propósitos de Jehová y la relación que tenemos con Él y con todos los seres celestiales, adaptaba sus enseñanzas a la capacidad de todo hombre, mujer y niño, y las presentaba tan claramente como un sendero bien demarcado. Eso tendría que haber convencido de su poder y autoridad divinos a toda persona que lo hubiera escuchado, porque ningún otro hombre era capaz de enseñar como él, y nadie puede revelar los asuntos de Dios sino por medio de las revelaciones de Jesucristo”24.

Howard Coray, uno de los secretarios que tuvo José Smith: “He estudiado el Evangelio como lo reveló José Smith y me he preguntado si sería posible que cualquiera que no tuviera la ayuda del Espíritu de Dios hubiera revelado un sistema tal de salvación y de exaltación para el hombre. He llegado a la conclusión de que no es posible. Muchas veces me senté para escucharlo predicar en el estrado de Nauvoo, y me quedé totalmente embelesado por su indescriptible elocuencia, su poder de expresión, hablando como jamás he oído hablar a ningún otro hombre”25.

Joseph L. Robinson, consejero de un obispado de Nauvoo: “Desde mucho tiempo atrás hemos creído y sabido sin duda que José Smith era un verdadero y humilde profeta de Dios, pero ahora nuestros ojos lo ven y nuestros oídos escuchan su voz, que es como la voz de potentes truenos del cielo; no obstante, su manera de expresarse es mansa e instructiva, y edifica mucho. Pero hay un poder y una majestad que acompañan sus palabras y su prédica, y que nunca hemos contemplado en otro hombre, porque es un poderoso profeta, un hombre santo de Dios. Él ciertamente había sido educado en todo lo pertinente al reino de Dios y estaba lleno del Espíritu Santo, que era un compañero constante”26.

Orson Spencer, ministro bautista que se convirtió a la Iglesia en 1841: “En la doctrina, el señor Smith se basa en las Escrituras. Nunca lo he visto negar ni menospreciar ni una sola verdad del Antiguo y del Nuevo Testamento, sino que sé que siempre las ha explicado y defendido con maestría. Por ser un ungido de Dios, con el propósito de enseñar y perfeccionar a la Iglesia, es preciso que sepa poner en orden todo lo que falte para sacar a luz cosas nuevas y viejas, como un escriba bien instruido. Es evidente que magnifica ese oficio y apostolado; bajo su influjo, los antiguos profetas reviven y la belleza y potestad de sus revelaciones se presentan con emocionante interés a todos los que escuchan”27.

Jonah R. Ball, miembro de la Iglesia que vivía en Nauvoo: “Fui a la reunión; escuché al Profeta predicar de pie en el piso del templo. Había varios miles de personas para escucharlo. No hay duda; la manera en que presenta las Escrituras está más allá de cualquier trama o controversia. Su texto era el primer capítulo de 2 Pedro, y lo explicó de forma tan clara como el sol de [mediodía]”28.

William Clayton: “Hemos tenido el privilegio de conversar con José Smith y es un gran placer estar en su compañía… Es… un hombre de sano juicio y posee enorme inteligencia; y mientras uno lo escucha, recibe un entendimiento que expande la mente y hace que el corazón se regocije. Tiene un trato poco ceremonioso y le encanta instruir a los santos pobres. Puedo hablar con él con tanta facilidad como hablo con usted, y en cuanto a su disposición a impartir instrucción, dice esto: ‘La recibo liberalmente y la daré liberalmente’. Está dispuesto a contestar cualquier pregunta que le he hecho y le complace cuando le hacemos preguntas. Parece sumamente versado en las Escrituras, y cuando se refiere a cualquier tema, revela una luz y una belleza que nunca he contemplado hasta ahora. Si hubiera venido de Inglaterra con el solo propósito de conversar con él unos pocos días, me habría considerado bien recompensado por mi esfuerzo”29.

Mercy Fielding Thompson, conversa británica cuyo marido, Robert B. Thompson, fue secretario de José Smith: “He… escuchado sus explicaciones claras y precisas sobre cuestiones profundas y difíciles. A él, todas las cosas le parecían sencillas y fáciles de entender, por eso podía presentarlas claramente a otras personas como ningún hombre al que yo haya oído antes”30.

Nosotros, al igual que los primeros santos, podemos atesorar las palabras de José Smith y vivir de acuerdo con los principios que él enseñó.

Emmeline B. Wells: “Pienso que reconocí en el profeta José Smith la gran fuerza espiritual que daba gozo y consuelo a los santos… El poder de Dios se manifestaba en él a tal punto que en muchas oportunidades parecía transfigurado. Su expresión era dulce y, cuando reposaba, casi como la de un niño; y cuando hablaba a la gente, que lo amaba casi hasta la adoración, la gloria de su rostro era indescriptible. En otros momentos, la gran potestad de su porte, más que de su voz (que tenía para mí una elocuencia sublime), parecía sacudir el lugar donde nos encontrábamos y penetrar hasta lo más íntimo el alma de sus oyentes; y estoy segura de que en ese momento habrían estado dispuestos a dar su vida por defenderlo. Siempre escuché embelesada cada una de sus palabras, del escogido de Dios en esta última dispensación”31.

Lorenzo Snow, quinto Presidente de la Iglesia: “La primera vez que vi al profeta José yo era un muchacho [de unos diecisiete años]. Se dirigía a una congregación pequeña, y les habló de las visitas que el ángel le había hecho… A la gente le encantaba escucharlo, porque estaba lleno de revelación… De acuerdo con la promesa del Señor, los que aceptaban los principios que él enseñaba recibían del Señor un testimonio de su veracidad”32.

Edward Stevenson, integrante de los Setenta desde 1844 hasta 1897: “Lo vi por primera vez en 1834, en Pontiac [Michigan], y la impresión que me causó entonces hace que sienta gran placer en describir la escena a sus muchos amigos. El amor que sentí por él, como verdadero profeta de Dios, se grabó en mi mente en forma indeleble y ha permanecido conmigo desde aquel momento, aunque han pasado casi sesenta años desde entonces. Aquel mismo año de 1834, en medio de muchas congregaciones grandes, el Profeta testificó con gran potestad con respecto a la visita del Padre y del Hijo, y de la conversación que tuvo con ambos. Nunca había sentido un poder semejante al que se manifestó en esas oportunidades”33.

Mary Ann Stearns Winters, hijastra del élder Parley P. Pratt: “Estuve cerca del Profeta mientras él predicaba a los indios en la arboleda próxima al templo. El Espíritu Santo le iluminó el rostro hasta el punto de brillar como un halo a su alrededor, y sus palabras penetraron el corazón de todos los que lo oímos…

“Vi los cuerpos inertes de los hermanos José y Hyrum mientras yacían en la Mansión de Nauvoo después que los habían traído de Carthage; también vi alguna de la ropa que habían llevado puesta, manchada con su sangre. Sé que eran hombres de Dios, Profeta y Patriarca, verídicos y fieles. ¡Que seamos dignos de reunirnos con ellos en el mundo por venir!34.

Wilford Woodruff, en el informe que dio de un discurso pronunciado el 6 de abril de 1837: “El presidente José Smith se levantó y habló a la congregación durante tres horas, investido del poder, del Espíritu y de la imagen de Dios. Dejó al desnudo sus pensamientos y sentimientos en casa de sus amigos, y se refirió a muchas cosas de suma importancia para los élderes de Israel. ¡Ah, si quedaran escritas en nuestro corazón con cincel de hierro y permanecieran por siempre para que las pongamos en práctica [véase Job 19:23–24]! Ese torrente de luz, principios y virtud que procedía del corazón y de la boca del profeta José, cuya alma, como la de Enoc, se expandía tan ampliamente como la eternidad, digo que esas evidencias presentadas de manera tan potente tendrían que disipar por completo toda partícula de incredulidad y duda de la mente de los oyentes, porque tal manera de expresión, sentimiento, principios y espíritu no pueden proceder de la oscuridad. Que José Smith es un profeta de Dios, levantado para liberar a Israel, es tan seguro como que mi corazón arde dentro de mí”35.

Brigham Young: “Desde la primera vez que vi al profeta José nunca he perdido ni una palabra que haya salido de él concerniente al reino. Y esa es la clave del conocimiento que tengo ahora, que escuché con atención las palabras de José, las atesoré en mi corazón y las puse a un lado pidiendo a mi Padre en el nombre de Su Hijo Jesús que me las trajera a la memoria cuando las necesitara. He atesorado los asuntos de Dios, y esa es la clave que tengo actualmente. Estaba ansioso por aprender de José y del Espíritu de Dios”36.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Considere estas ideas al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñarlo. Si necesita más ayuda, consulte las páginas VII–XIII.

  • Lea los testimonios que se encuentran en las páginas 528–530 sobre el profeta José Smith. ¿Qué le impresiona de ellos? ¿Cuáles son las bases de su propio testimonio de José Smith? ¿Cómo lo obtuvo? Si lo desea, escriba su testimonio en su diario o expréselo a su familia.

  • En las páginas 530–533 hay descripciones del aspecto, de la personalidad y del carácter de José Smith. ¿Qué influencia tienen esas palabras en la opinión que tiene de él? Piense en lo que puede hacer para desarrollar algunos de esos rasgos de carácter.

  • Estudie los testimonios sobre la manera en que el profeta José enseñaba el Evangelio y explicaba las Escrituras (págs. 533–535). ¿Cómo pueden ayudarnos esos testimonios al estudiar y al enseñar el Evangelio?

  • Repase la última sección de este capítulo (págs. 535–537). En su estudio de este libro, ¿cómo puede seguir el ejemplo de Wilford Woodruff y de Brigham Young? ¿Y que hará para seguirlo al estudiar las enseñanzas de los profetas de nuestros días? En su opinión, ¿qué quiere decir que las palabras de la verdad queden “escritas en nuestro corazón con cincel de hierro”?

Pasajes de las Escrituras relacionados con el tema: 2 Nefi 3:6–19; D. y C. 24:1–9; 124:1

Notas

  1. Citado en History of the Church, 5:408; uso actualizado de mayúsculas; tomado de una carta de corresponsal desconocido al periódico Boston Bee, 24 de marzo de 1843, Nauvoo, Illinois; publicada en Times and Seasons, 15 de mayo de 1843, pág. 200.

  2. History of the Church, 5:339; tomado de un discurso pronunciado por José Smith el 8 de abril de 1843, en Nauvoo, Illinois; informe de Wilford Woodruff y William Clayton.

  3. Parley P. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, ed. por Parley P. Pratt, hijo, 1938, pág. 46.

  4. Alvah J. Alexander, en “Joseph Smith, the Prophet”, Young Woman’s Journal, diciembre de 1906, pág. 541.

  5. Amasa Potter, “A Reminiscence of the Prophet Joseph Smith”, Juvenile Instructor, 15 de febrero de 1894, pág. 132.

  6. Brigham Young, Deseret News, 31 de octubre de 1855, pág. 268.

  7. Eliza R. Snow, “Anniversary Tribute to the Memory of President Joseph Smith”, Woman’s Exponent, 1º de enero de 1874, pág. 117; puntuación actualizada.

  8. Bathsheba W. Smith, en “Recollections of the Prophet Joseph Smith”, Juvenile Instructor, 1º de junio de 1892, pág. 344.

  9. Wilford Woodruff, Deseret News, 20 de enero de 1858, pág. 363; uso actualizado de mayúsculas.

  10. Daniel D. McArthur, en “Recollections of the Prophet Joseph Smith”, Juvenile Instructor, 15 de febrero de 1892, pág. 129.

  11. Alexander McRae, citado en History of the Church, 3:258; tomado de una carta de Alexander McRae al editor del Deseret News, fechada el 1º de noviembre de 1854, Salt Lake City, Utah, y publicada en Deseret News el 9 de noviembre de ese año, pág. 1; puntuación y gramática actualizadas.

  12. Lyman O. Littlefield, Reminiscenses of Latter–day Saints, 1888, pág. 35.

  13. Mary Alice Cannon Lambert, en “Joseph Smith, the Prophet”, Young Woman’s Journal, diciembre de 1905, pág. 554.

  14. Angus M. Cannon, en “Joseph Smith, the Prophet”, Young Woman’s Journal, diciembre de 1906, pág. 546; ortografía y gramática actualizadas.

  15. Hyrum Smith, citado en History of the Church, 6:346; tomado de un discurso pronunciado por Hyrum Smith el 28 de abril de 1844, en Nauvoo, Illinois.

  16. Parley P. Pratt, Autobiography of Parley P. Pratt, ed. por Parley P. Pratt, hijo, 1938, págs. 45–46; alteración en la división de párrafos.

  17. Carta de John Needham a sus padres, 7 de julio de 1843, Nauvoo, Illinois, publicada en Millennial Star, octubre de 1843, pág. 89.

  18. Emmeline B. Wells, “The Prophet Joseph”, Young Woman’s Journal, agosto de 1912, págs. 437–438; alteración en la división de párrafos.

  19. Mary Alice Cannon Lambert, en “Joseph Smith, the Prophet”, Young Woman’s Journal, diciembre de 1905, pág. 554.

  20. John M. Bernhisel, citado en History of the Church, 6:468; alteración en la división de párrafos; tomado de una carta de John M. Bernhisel a Thomas Ford, 14 de junio de 1844, Nauvoo, Illinois.

  21. Jesse N. Smith, en “Recollections of the Prophet Joseph Smith”, Juvenile Instructor, 1º de enero de 1892, págs. 23–24; alteración en la división de párrafos.

  22. Carta de William Clayton a William Hardman, 30 de marzo de 1842, Nauvoo, Illinois, publicada en Millennial Star, 1º de agosto de 1842, pág. 76.

  23. Joseph F. Smith, en “Joseph, the Prophet”, Salt Lake Herald Church and Farm Supplement, 12 de enero de 1895, pág. 211; ortografía y puntuación actualizadas.

  24. Brigham Young, Deseret News, 28 de noviembre de 1860, pág. 305; uso actualizado de mayúsculas.

  25. Carta de Howard Coray a Martha Jane Lewis, 2 de agosto de 1889, Sanford, Colorado, págs. 3–4; Archivos de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Salt Lake City, Utah.

  26. Joseph Lee Robinson, Autobiography, y diarios, 1883–1892, carpeta 1, pág. 22, Archivos de la Iglesia.

  27. Carta de Orson Spencer, destinatario desconocido, 17 de noviembre de 1842, Nauvoo, Illinois, publicada en Times and Seasons, 2 de enero de 1843, págs. 56–57; puntuación actualizada.

  28. Carta de Jonah R. Ball a Harvey Howard, 19 de mayo de 1843, Nauvoo, Illinois; “Jonah Randolph Ball, Letters 1842–1843, to Harvey Howard”, Shutesbury, Massachussets, Archivos de la Iglesia.

  29. Carta de William Clayton a los miembros de la Iglesia en Manchester, Inglaterra, 10 de diciembre de 1840, Nauvoo, Illinois, Archivos de la Iglesia.

  30. Mercy Fielding Thompson, “Recollections of the Prophet Joseph Smith”, Juvenile Instructor, 1º de julio de 1892, pág. 399; alteración en la división de párrafos.

  31. Emmeline B. Wells, en “Joseph Smith, the Prophet”, Young Woman’s Journal, diciembre de 1905, pág. 556; puntuación actualizada; alteración en la división de párrafos.

  32. Lorenzo Snow, Deseret Weekly, 13 de abril de 1889, pág. 487.

  33. Edward Stevenson, Reminiscences of Joseph, the Prophet, and the Coming Forth of the Book of Mormon, 1893, pág. 4; alteración en la división de párrafos.

  34. Mary Ann Stearns Winters, en “Joseph Smith, the Prophet”, Young Woman’s Journal, diciembre de 1905, pág. 558; alteración en la división de párrafos.

  35. Wilford Woodruff, informe de un discurso pronunciado por José Smith el 6 de abril de 1837, en Kirtland Ohio; “Wilford Woodruff, Journals, 1833–1898”, Archivos de la Iglesia.

  36. Brigham Young, Deseret News, 6 de junio de 1877, pág. 274; uso actualizado de mayúsculas.