Liahona
Un taxi, un estudiante y la respuesta a una oración
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Tema

Un taxi, un estudiante y la respuesta a una oración

El autor vive en el Estado de Rivers, Nigeria.

Habíamos recibido la impresión de que lo encontraríamos; entonces, ¿por qué no sucedía?

A Taxi, a Schoolboy, and an Answer to Prayer

Un día, a mi compañero y a mí se nos dio una referencia para enseñarle a un hombre que vivía en un poblado llamado Tema, cerca de la hermosa ciudad de Accra, Ghana. La numeración de las casas de ese lugar no era muy precisa, por lo que se nos dio una descripción por escrito para ayudarnos a localizar la casa.

Cuando llegamos al poblado, seguimos las instrucciones, pero no pudimos hallar al hombre porque parecía haber muchas casas que tenían la misma descripción. Confundidos, decidimos tocar puertas en el vecindario para preguntar, pero nadie parecía conocer al hombre que buscábamos. Tuve la impresión de pedir ayuda al Padre Celestial.

Después de orar, tuve el sentimiento de que encontraríamos al hombre que estábamos buscando, así que redoblamos nuestros esfuerzos; pero aun así, no lo encontrábamos. Nos cansamos y decidimos regresar a nuestro sector de proselitismo, porque teníamos otras citas. Cuando llegamos a la parada de taxis, el conductor que nos había traído al poblado vio el desánimo en nuestro rostro y nos preguntó si habíamos encontrado a quien buscábamos, a lo cual, por supuesto, respondimos que no.

Él sugirió que entráramos a una escuela que estaba en la esquina y que preguntáramos allí; le dijimos que esa no era la descripción que nos habían dado, pero él insistió. Nos bajamos del taxi y nos dirigimos a la escuela, no porque pensáramos que encontraríamos a alguien, sino para complacer a nuestro preocupado amigo.

Al empezar a caminar hacia el edificio de administración de la escuela, un niño vino corriendo hacia nosotros; nos sonrió y nos dijo que él y su hermano eran los únicos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que vivían en la zona y que podía ayudarnos.

Mi compañero y yo nos vimos el uno al otro sin poder creerlo. Era un milagro. El niño nos ayudó a encontrar al hombre que buscábamos y, con el tiempo, él aceptó el Evangelio y fue bautizado.

Esa experiencia me enseñó que el Padre Celestial contesta las oraciones a Su propio tiempo y a Su propia manera. Cuando no recibimos respuestas inmediatas a nuestra oraciones, podemos ejercer la fe en Él y aprender a ser pacientes.

Ilustración por Corey Egbert