Liahona
Una bendición era todo lo que podía darle
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Una bendición era todo lo que podía darle

Jonathan Mafra Sena de Santana

Santa Catarina, Brasil

Plan of Salvation

Ilustración por Allen Garns

Terminé de estudiar en la facultad de derecho aproximadamente en el primer cumpleaños de mi hija. Mi esposa y yo estábamos deseando celebrar mi graduación, el cumpleaños de nuestra hija y las nuevas oportunidades que se nos presentarían, pero nada salió como lo planeamos.

Me encontré sin empleo poco después de terminar mi carrera y tuve dificultades para encontrar trabajo. Al poco tiempo, comenzaron las dificultades financieras. Tan solo celebrar el cumpleaños de manera sencilla resultaría difícil.

Después de muchas conversaciones con mi esposa, aceptamos nuestra situación. No fue fácil para mí, como padre, no poder siquiera comprar un simple regalo para mi hija y ver a mi amada esposa sentirse frustrada.

No entendía lo que estaba pasando. Oré y le pedí al Padre Celestial que me ayudara a comprender lo que Él esperaba de mí. De repente, como si una voz me hablara a la mente, oí estas palabras: “Posees algo más valioso que cualquier posesión material en esta tierra. Posees el sacerdocio. ¿Qué mejor regalo podrías darle a tu hija que una bendición del sacerdocio?”.

Los ojos se me llenaron de lágrimas mientras pensaba en lo que el sacerdocio significa para mí. Mi corazón se llenó de gratitud al pensar que el sacerdocio es el poder que puede unir a mi familia por toda la eternidad.

Compartí estos sentimientos con mi esposa. Le dije que ofrecer una bendición a nuestra hija era todo lo que podía darle. Ambos decidimos que eso le traería felicidad y paz, y sería suficiente.

El día del cumpleaños de nuestra hija, amigos, parientes y vecinos trajeron un pastel y decoraciones sencillas. Estábamos agradecidos por celebrar ese día tan especial con nuestros seres queridos. Aquella noche, puse las manos sobre la cabeza de mi hija y le di una bendición. La bendije con todo lo que el Espíritu del Señor me inspiró a decir.

Todavía estamos pasando un periodo de cambios y desafíos en cuanto al desempleo y las finanzas. Sin embargo, aún en medio de la tristeza y la frustración, recibimos paz y consuelo a través de nuestro Salvador Jesucristo. No tengo ninguna duda de que ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días con acceso al poder del sacerdocio es una bendición. Era todo lo que podía darle en su cumpleaños a mi hija, y fue más que suficiente.