Liahona
Más valiosas que una pulsera de plata
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Más valiosas que una pulsera de plata

Sylvie Houmeau

Quebec, Canadá

Silver Bracelet

Ilustración por Emily Lui

Cuando me pidieron que dirigiera una conversación en la Sociedad de Socorro sobre la invitación del Salvador de apacentar Sus ovejas, decidí que si quería motivar a las hermanas, debía hacer algo por una de Sus ovejas.

Hice acopio de valor e invité a una hermana menos activa para que viniera conmigo a una actividad de la Sociedad de Socorro. Aceptó mi invitación y lo pasamos muy bien. Sentí que este era un buen ejemplo y estaba deseando compartir mi experiencia. No obstante, el Señor tenía algo más que enseñarme.

Una mañana, mientras me vestía, me di cuenta de que mi pulsera de plata había desaparecido. Aquella pulsera me la obsequiaron como regalo de cumpleaños cuando estaba de visita en Francia, así que tiene un significado especial para mí. Comencé a buscarla en los lugares más probables, pero no pude encontrarla. Entonces me dije a mí misma que si tan solo ofrecía una oración, podría encontrar la pulsera rápidamente.

Después de orar, busqué por todas partes. Durante dos días oré fervientemente y busqué intensamente. Rogué al Padre Celestial que me ayudara a encontrarla, pero aun así no pude hallarla. La tristeza me embargó el corazón, porque la pulsera era preciada para mí.

Una noche, mi hijo oró conmigo al lado de mi cama. Después de nuestra oración, recogió algo y me lo entregó. ¡Era mi pulsera! La había encontrado debajo de la cama. De alguna forma, debí haberla pasado por alto cuando la buscaba. Lloré de alegría por tenerla de nuevo.

De repente, recibí la impresión: “¿Oras con el mismo fervor por tus hermanas de la Iglesia? ¿Son tan preciadas para ti como tu pulsera? ¿Y tus hermanas que no son de la Iglesia? ¿También oras por ellas?”.

Cuando compartí la experiencia de la pulsera perdida en la Sociedad de Socorro, tuvimos una hermosa conversación. Dije a las hermanas que había aprendido que cuando el Salvador nos pide que apacentemos Sus ovejas, debemos recordar que “… el valor de las almas es grande a la vista de Dios” (Doctrina y Convenios 18:10). Él desea que estemos atentos a los que nos rodean, y que los amemos y cuidemos y oremos con toda nuestra energía por ellos. Al hacerlo, nos daremos cuenta de que cada persona es mucho más valiosa que una pulsera de plata.