Apuntar hacia el centro
    Notas al pie de página

    Mensaje de la Primera Presidencia

    Apuntar al centro

    Woman shooting bow and arrow

    Fotografía © Serg Myshkovsky/Getty Images

    Recientemente, miré a un grupo de personas practicar el arte de tiro con arco. Con solo mirar, fue claro para mí que si una persona realmente quiere dominar el arco y la flecha, toma tiempo y práctica.

    No creo que alguien pueda desarrollar una reputación de ser un arquero hábil al tirar a una pared vacía y luego dibujar los blancos alrededor de las flechas. Debe aprender el arte de encontrar el blanco y tirar al centro del blanco.

    Pintar blancos

    Tirar primero y dibujar el blanco después puede parecer un poco absurdo, pero a veces nosotros mismos imitamos de igual manera ese comportamiento en otras circunstancias de la vida.

    Como miembros de la Iglesia, a veces tenemos la tendencia de adherirnos a los programas del Evangelio, temas e incluso doctrinas que parecen interesantes, importantes o agradables para nosotros. Nos sentimos tentados a dibujar blancos alrededor de ellos, haciéndonos creer que estamos apuntando al centro del Evangelio.

    Esto es fácil de hacer.

    En todas las épocas hemos recibido excelentes consejos e inspiración de los profetas de Dios. También recibimos guía y aclaraciones de varias publicaciones y manuales de la Iglesia. Con facilidad podríamos seleccionar nuestro tema del Evangelio preferido, dibujar un centro del blanco a su alrededor y afirmar que hemos localizado el centro del Evangelio.

    El Salvador aclara

    Este no es un problema solo de nuestra época. Antiguamente, los líderes religiosos pasaban mucho tiempo catalogando, clasificando y debatiendo cuál de los cientos de mandamientos era el más importante.

    Un día, un grupo de eruditos religiosos intentaron hacer participar al Salvador en esa controversia. Le pidieron que pensara en un tema sobre el cual pocos podían ponerse de acuerdo.

    “Maestro”, le preguntaron, “¿cuál es el gran mandamiento de la ley?”.

    Todos sabemos lo que respondió Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.

    “Éste es el primero y grande mandamiento.

    “Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

    “De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”1.

    Presten atención a esta última frase: “De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”.

    El Salvador no solo nos mostró el blanco, sino que también determinó cuál es el centro del blanco.

    Dar en el blanco

    Como miembros de la Iglesia, hacemos convenio de tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo. Ese convenio conlleva de manera implícita el entendimiento de que nos esforzaremos por aprender sobre Dios, lo amaremos, aumentaremos nuestra fe en Él, le honraremos, caminaremos en Su sendero y nos mantendremos firmes como testigos de Él.

    Mientras más aprendemos de Dios y sentimos Su amor por nosotros, más nos damos cuenta de que el infinito sacrificio de Jesucristo fue un don divino de Dios. Y el amor de Dios nos inspira a seguir el camino del arrepentimiento verdadero, el cual nos guiará al milagro del perdón. Este proceso nos habilita a tener mayor amor y compasión por quienes nos rodean. Aprenderemos a ver más allá de los prejuicios o etiquetas que ponemos a las personas. Resistiremos la tentación de acusar o juzgar a los demás por sus pecados, defectos, fallas, inclinaciones políticas, convicciones religiosas, nacionalidad o color de la piel.

    Veremos a cada persona que conozcamos como hijo de nuestro Padre Celestial: nuestro hermano o nuestra hermana.

    Tenderemos una mano a los demás con comprensión y amor, incluso a quienes no son particularmente fáciles de amar. Se nos manda llorar con los que lloran y consolar a los que necesitan de consuelo2.

    Y nos daremos cuenta de que no es necesario que nos preocupemos por saber cuál es el blanco correcto del Evangelio.

    Los dos grandes mandamientos son el blanco. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas3. Cuando aceptemos esto, todas las otras cosas buenas encajarán.

    Si nuestro enfoque central, pensamientos y esfuerzos se centran en aumentar nuestro amor por Dios Todopoderoso y en extender nuestro corazón hacia los demás, podemos saber que hemos encontrado el blanco correcto y que estamos apuntando al centro del blanco, volviéndonos verdaderos discípulos de Jesucristo.