2015
Los atributos de Jesucristo: Sin hipocresía ni engaño
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Mensaje de las maestras visitantes

Los atributos de Jesucristo: Sin hipocresía ni engaño

Estudie este material con espíritu de oración y procure saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender la vida y la misión del Salvador aumentará su fe en Él y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visite reliefsociety.lds.org.

Fe, Familia, Socorro

El comprender que Jesucristo es sin hipocresía ni engaño nos ayudará a procurar seguir Su ejemplo fielmente. El élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008), del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Engañar es mentir o hacer caer en error… Una persona sin engaño es inocente, bien intencionada, se deja guiar por motivos puros y su vida refleja la práctica de hacer concordar las acciones diarias con los principios de la integridad… Creo que la importancia de que no haya engaño en los miembros de la Iglesia puede ser mayor ahora que en otras épocas, porque hay muchas personas en el mundo que no parecen comprender lo esencial que es esta virtud…”1.

Sobre la hipocresía, el presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “Ninguno de nosotros es tan cristiano como sabemos que deberíamos serlo; pero sinceramente deseamos superar nuestras faltas y la tendencia a pecar. Con todo el corazón y el alma anhelamos ser mejores mediante la ayuda de la expiación de Jesucristo”2.

Sabemos que “Seremos juzgados de acuerdo con nuestras obras, los deseos de nuestro corazón y la clase de persona que hayamos llegado a ser”3. Sin embargo, a medida que nos esforzamos por arrepentirnos, llegamos a ser más limpios, y “bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

Otras Escrituras

Salmos 32:2; Santiago 3:17; 1 Pedro 2:1–2, 22

De las Escrituras

Los niños pequeños son sin engaño. Jesucristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios… Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía” (Marcos 10:14, 16).

Cristo también ministró a los niños en las Américas después de Su crucifixión. Él mandó al pueblo que trajera a sus niños pequeñitos y “los colocaron en el suelo alrededor de él, y Jesús estuvo en medio…

“Y… lloró, y la multitud dio testimonio de ello; y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y rogó al Padre por ellos…

“Y he aquí, al levantar la vista para ver, dirigieron la mirada al cielo… y vieron ángeles que descendían del cielo cual si fuera en medio de fuego; y bajaron y cercaron a aquellos pequeñitos… y los ángeles les ministraron” (3 Nefi 17:12, 21, 24).