2015
Oraciones y catedrales
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Oraciones y catedrales

La autora vive en Utah, EE. UU.

“…sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” (Juan 13:35).

Dani miró hacia arriba, pero aún así no alcanzaba a ver la parte más alta de la hermosa catedral. Las personas que pertenecían a una iglesia diferente a la de ella acudían allí. Dani no entendía por qué su familia estaba visitando esa iglesia un día viernes, pero el papá dijo que iban a ir a algo llamado misa de vísperas.

“¿Qué es eso?”, preguntó Dani.

“Es una reunión donde las personas cantan, leen las Escrituras y oran juntas”, dijo el papá. “Como una gran familia al final del día”.

A Dani le gustó la idea. Ella y su familia estaban visitando Inglaterra. El domingo anterior habían ido a un barrio en una ciudad llamada York. En la Primaria, todos los niños conocían las mismas Escrituras y las canciones que Dani conocía.

Ella sabía que el barrio que había visitado era parte de la Iglesia verdadera de Jesucristo, al igual que su barrio en casa, pero la catedral donde estaban era muy diferente a lo que ella estaba acostumbrada. Vio que había una pequeña mesa llena de velas, y observó mientras un niño encendía una vela.

“¿Por qué estás encendiendo velas?”, le preguntó Dani.

El niño sonrió. “Enciendo una vela cuando oro por cosas especiales; mientras la llama esté encendida, tengo la esperanza de que Dios siga escuchando mi oración”.

A Dani le parecía que eran velas comunes y corrientes; estaba un poco confundida, pero quería ser cortés, así que sonrió al niño.

Dani y su familia se sentaron, y al poco rato comenzó la misa de vísperas; vio al mismo niño sentado a unas filas de distancia. Ella se dio cuenta de que no conocía ninguna de las canciones que todos estaban cantando; y cuando oraban, leían las palabras de un librito. Todo parecía diferente a lo que ella estaba acostumbrada; pero aunque no le era conocida, la música era hermosa.

Entonces un hombre se puso de pie para leer las Escrituras; llevaba puesto un manto, en lugar de un traje como el obispo de Dani; pero cuando comenzó a leer, ¡Dani se dio cuenta de que conocía el relato! Él estaba leyendo acerca de cuando Jesús sanó a diez leprosos.

“Papá”, susurró Dani, “me encanta esa historia”.

El papá sonrió; “a mí también”.

Después, el hombre con el manto hizo una oración; le pidió a Dios que bendijera a los enfermos y a los necesitados, ¡tal como lo hacía Dani! También pidió una bendición especial sobre los líderes de su iglesia. Dani recordó que su familia siempre pedía al Padre Celestial que bendijera al presidente Monson y a sus consejeros.

Dani sintió un sentimiento cálido en el corazón; sabía que el Padre Celestial le estaba diciendo que Él amaba a todos Sus hijos y escuchaba todas sus oraciones, aunque fueran a otra iglesia y no tuvieran la plenitud del Evangelio.

Al ponerse de pie para marcharse, el papá miró el teléfono; parecía triste al leer los mensajes. “Falleció la hermana Monson”, dijo.

“¡Oh, no!” Dani hizo una rápida oración en el corazón para que el presidente Monson se encontrara bien.

“¿Estás bien?”, le preguntó alguien. Era el niño de antes, que había oído a Dani, y parecía preocupado.

“La hermana Monson ha fallecido”, dijo Dani. “Ella era la esposa de nuestro profeta, el presidente Monson”.

“Lo lamento”, dijo él con bondad. “Encenderé una vela por él”.

Dani sonrió y le dio las gracias. Ella pensó que era amable de parte del niño que dijera una oración especial por el presidente Monson. Ella sabía que el Padre Celestial escucharía la oración que ella había dicho en su corazón, y también la que hizo el niño.