2015
Canta tu himno favorito
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Tema

Canta tu himno favorito

Angela Olsen Center, Ohio, EE. UU.

Latter-Day Saint Voices

Ilustraciones por Bradley H. Clark.

Acababa de dar a luz a nuestra hija, Rebekah, y la labor de parto había sido intensa, por lo que estaba agotada.

Cuando me pusieron a Rebekah en los brazos, tuve el fuerte sentimiento de que debía cantar mi himno favorito, “Soy un hijo de Dios” (Himnos, Nº 196). Mi reacción inicial fue: “No, estoy muy cansada. Se la canto después”. Pero luego el pensamiento volvió, así que, aunque estaba agotada, comencé a cantar la primera estrofa. Mi esposo y mi mamá comenzaron a cantar conmigo.

Cuando terminamos de cantar, percibí un sentimiento especial en la habitación; incluso a la doctora, que hasta ese momento había procedido de manera profesional y un tanto reservada, le corrían lágrimas por las mejillas. Nos agradeció por haber cantado una canción tan hermosa. Dijo que en todos los años que había estado asistiendo partos, nunca se había sentido como en ese momento.

Reflexioné en la experiencia y me pregunté si debía encontrar alguna grabación del himno para obsequiarle. Lamentablemente, me ocupé con las cosas de la vida y lo olvidé.

Luego llegó el día de mi primera consulta con la doctora después del nacimiento de mi bebé. Cuando entró al cuarto, se le iluminó el rostro y me dio un abrazo. Me dijo que no había podido sacarse esa canción de la cabeza y que incluso había tratado de encontrar la música en internet para poder cantársela a su familia. Fue entonces que el Espíritu Santo me recordó que debía haberle conseguido una copia de la música. Le prometí que en una semana o menos regresaría con la música.

Esa noche supliqué en oración encontrar el arreglo de la canción que fuera mejor para ella. Al día siguiente compré por internet un CD que incluía la canción. Cuando llegó en el correo unos días después, no podía esperar a dárselo.

Ella estuvo encantada de recibirlo y me agradeció el obsequio. Me dijo que no estaba segura por qué, pero que era muy importante que ella compartiera esa canción con su familia. Mientras seguimos hablando, le compartí no sólo el amor que yo tenía por la canción sino también mi testimonio de las verdades sencillas que enseña.

Al conducir de regreso a casa ese día, sentí el amor de nuestro Padre Celestial por una de Sus hijas: mi doctora. Él la conoce y la ama, y desea que entienda que ella también puede regresar a vivir con Él algún día.