2007
El programa de huertas familiares sustenta a los miembros de Sudáfrica
Julio de 2007


El programa de huertas familiares sustenta a los miembros de Sudáfrica

Varias familias del Barrio Richards Bay, Estaca Durban, Sudáfrica, están recogiendo los frutos —o las verduras— de un programa de un año de duración que comenzó con la ayuda de los misioneros de tiempo completo y del Departamento de Bienestar de la Iglesia.

Muchos miembros de la Iglesia de las municipalidades de alrededor del centro de reuniones de Richards Bay tienen dificultades económicas debido a altas tasas de desempleo o salarios bajos.

El élder Jack Davidson, misionero mayor que prestaba servicio en esta región en 2006, percibió una gran oportunidad al contemplar una porción inutilizada de terreno de la Iglesia alrededor del centro de reuniones de Esikhawini, y al reparar en las excelentes dotes de agricultura de algunos de los miembros. Se podrían cultivar verduras durante todo el año, y los excedentes podrían venderse sin problemas a los vecinos del lugar.

La Iglesia había comprado una propiedad en la que se construyeron tres pequeños edificios de la Iglesia provisionales (una capilla y dos edificios compuestos de pequeños salones de clase) para atender a las necesidades de los miembros en aquel tiempo. Los edificios, jardines, flores y estacionamiento ocupaban sólo alrededor de un tercio de la propiedad. El resto del terreno, de aproximadamente 45 metros de ancho por 80 de largo, quedó sólo con hierba alta o hierbajos, a la espera de que se utilizara para albergar instalaciones más grandes y definitivas, cuando resultara necesario. La propiedad está protegida por una valla de seguridad.

El élder Davidson tardó casi seis meses en reunir los recursos para comprar las herramientas, los materiales de riego y el resto del equipo, así como para construir un edificio seguro donde almacenar las herramientas y los materiales. Los fondos llegaron de los Servicios Humanitarios SUD y donaciones generosas de familiares y amigos.

El edificio de almacenamiento seguro resultaba esencial no sólo para garantizar la seguridad, sino para que los miembros explotaran adecuadamente el terreno. Sólo unos pocos miembros de Esikhawini tienen vehículo. A falta de este edificio, habrían tenido que transportar herramientas pesadas a mano desde su casa. Todo lo que se dejara sobre el terreno podría desaparecer. Además, algunos de los nuevos agricultores no podrían costearse las herramientas. Gracias a este edificio, los miembros pueden tomar prestadas y devolver las herramientas eléctricas. El plan de cultivo del barrio prevé que los miembros y misioneros puedan llevar materiales de este juego de herramientas y equipo a otras municipalidades que dependen del barrio para ayudar a los miembros a poner en marcha cultivos. Todas las herramientas y equipo eléctrico se pueden transportar en una camioneta.

A partir de marzo de 2006, más de una docena de misioneros de tiempo completo de la zona de la bahía Richards de la Misión Sudáfrica Durban se pusieron a trabajar para preparar los terrenos de cultivo familiares y poner a salvo el edificio y los materiales de abono.

El obispo del Barrio Richards Bay, Ted Baldwin, colocó los bloques del edificio con la ayuda de otros miembros que participaron en esta tarea y en la aplicación de cemento.

El élder Davidson y el resto de los élderes se concentraron principalmente en despejar el terreno para preparar el cultivo y ponerlo en marcha a paso firme, instalar el sistema de riego y retirar la grava. Los jóvenes acudían a menudo para ayudar y aprender a usar el equipo. Los terrenos medirían 6 por 10 metros, con caminos de un metro de ancho por todo el contorno.

A medida que se terminaba cada terreno y quedaba listo para sembrar, las familias de la municipalidad de Esikhawini se relevaban para sembrar semillas de verduras de invierno. Algunas familias ya tenían plantas de semillero listas que habían preparado con antelación para el cultivo.

La cantidad de terrenos había alcanzado finalmente la meta prefijada de 30 a principios de junio. Todo este proceso no pasó inadvertido para la comunidad. La mayoría de los días había personas que se detenían para hacer preguntas a los miembros o misioneros. Varias de estas conversaciones condujeron a charlas misionales.