Mi lucha con la pornografía
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    Mi lucha con la pornografía

    No importa lo mucho que tratara de librarme de mi adicción, seguía perdiendo la batalla, hasta que aprendí que no lo lograría por mi cuenta.

    Tenía 10 años la primera vez que me topé con la pornografía. Me encontraba en la casa de un amigo mayor que yo y estábamos viendo la televisión. Él encendió la computadora y dijo que tenía algo que quería mostrarme. Cuando le pregunté qué era, me respondió: “Fotos ardientes de chicas”. Yo le expliqué que iba en contra de mi religión ver ese tipo de cosas, pero él agregó: “Sí, claro. Todo el mundo ve estas cosas; es algo natural”. Yo me negué a hacerlo y me fui.

    Dos años más tarde, volvía a estar en la casa de mi amigo, pero esta vez la diferencia fue que dejé que la curiosidad y la tentación me vencieran, y accedí a ver lo que él quería mostrarme. Aquél fue el error más grande de mi vida. Cada día desde entonces he deseado no haber escogido aquel camino.

    Seguí consumiendo pornografía desde la computadora de mi casa; estaba en un lugar privado, aunque si alguien se acercaba, yo decía que era una ventana emergente o me inventaba cualquier otra excusa. Durante ese primer año silencié la culpa que sentía y ni siquiera traté de dejar de ver pornografía. Me convencí de que era algo natural y hacía caso omiso de cualquier consejo contrario que diera la Iglesia. Al principio no me di cuenta, pero me había vuelto adicto a la pornografía. Empezó a cambiar mi manera de ver a las chicas y me avergonzaba de los pensamientos que tenía.

    En una conferencia de la juventud, mi presidente de estaca nos dijo que ver pornografía hacía que los hombres jóvenes fueran indignos de ejercer el sacerdocio. Sus palabras me convencieron de que tenía que dejarlo. Al principio creí que podría hacerlo por mi cuenta y no quería decírselo al obispo para que no me juzgara por lo que estaba haciendo. Así que tomé la decisión de no volver a ver pornografía nunca más. Lamentablemente, mi determinación no duró mucho. Cada vez me prometía que aquélla era la última, pero la adicción estaba tan enraizada en mí que no podía dejar de consumir pornografía una y otra vez.

    Como fruto de ese pecado, cometí muchos otros. Seguía asistiendo a las reuniones de la Iglesia, pero no prestaba atención alguna. Permití a Satanás que tuviera poder sobre mi vida y perdí la influencia del Espíritu. En seminario, mentí sobre la lectura de las Escrituras, sobre los logros alcanzados en los Boy Scouts y hasta llegué a copiar en la escuela. Me convertí en todo aquello que me habían enseñado que no fuera.

    Transcurrieron cinco años en los que traté de vencer mi adicción por medio de la oración y del autodominio, pero no pude vencerla por mi propia cuenta.

    Al final tuve que admitir ante mis padres que tenía un problema con la pornografía. Les dije: “Necesito ayuda; no puedo hacerlo yo solo”. Aun cuando fue muy duro para ellos, me comprendieron y trataron de ayudarme. Me aconsejaron que me reuniera con el obispo.

    Sabía que mis padres estaban en lo cierto, pero me atemorizaba hablar con el obispo. Lo tenía por amigo y no quería que supiera de los pecados que había ocultado. Cuando por fin reuní fuerzas para entrevistarme con él, quedé admirado por su comprensión. No sentí para nada que me estuviera juzgando; él deseaba ayudarme.

    En cuanto me confesé por entero con mi obispo y comencé mi arrepentimiento, la vida mejoró de manera inmediata. Entendía que, para arrepentirme completamente de mi adicción a la pornografía, necesitaba arrepentirme de todos mis pecados. Devolví todos los galardones de seminario y las medallas al mérito Scout, y admití que no me los había ganado. También confesé a mis profesores que había copiado en los exámenes y tareas escolares.

    Con ayuda del obispo, me di cuenta de la importancia que tiene tanto el confesarse con el obispo como con el Señor (véase D. y C. 58:43). Antes trataba de combatir esta adicción por mí mismo, pero ahora contaba con la ayuda de mis padres, de mi obispo y, lo más importante, del Señor, las defensas más fuertes contra la tentación.

    Debido a que la computadora tenía activado el bloqueo de acceso a sitios de Internet —determinado por los padres—, comencé a poner fotos del templo o del profeta donde pudiera verlas para ayudarme a pensar en las cosas sagradas. Descubrí que el estudio diario de las Escrituras es uno de los medios más útiles de edificar mis defensas espirituales. Cuando miraba la pornografía, creo que ni siquiera sabía dónde tenía las Escrituras, pero ahora sé que necesito leerlas cada día para poder resistir la tentación.

    También he tenido que prestar más atención a lo que veo y oigo. Muchos programas de televisión, así como muchas películas, abordan la inmoralidad como si fuera algo natural. He aprendido que es natural para el hombre natural, un enemigo de Dios (véase Mosíah 3:19). Sólo por medio de la expiación de Jesucristo he logrado despojarme del hombre natural y recibir el perdón de mis pecados. Sé que si alguien puede entender el pesar que he padecido por mis pecados, ése es el Salvador, pues Él padeció todas las cosas.

    Ya he abandonado mi adicción a la pornografía y he aprendido que, gracias a la Expiación, hay esperanza eterna. Si bien tendré que estar siempre alerta, con la ayuda del Espíritu ganaré esta guerra. Sé que el diablo seguirá tratando de tentarme, pero jamás prevalecerá mientras tenga de mi lado al Salvador.

    Aprendí por las malas que sólo hace falta una vez para prender la chispa de una larga adicción que no produce nada excepto pesar. Dejé que la curiosidad me condujera al pecado y a la desesperación, pero estoy motivado para mantenerme alejado de esa plaga por el resto de mis días. Deseo servir como misionero, casarme en el templo y llegar a vivir de nuevo con mi Padre Celestial y con Jesucristo.

    Prevención

    La mejor defensa contra la pornografía es evitarla. Los consejos que siguen a continuación impedirán que des el primer paso hacia la adicción y todos sus problemas:

    • Muchas de las personas que tienen problemas con la pornografía la conocieron a través de un amigo. Si alguien te ofrece ver un producto pornográfico, vete de inmediato. Escoge con cuidado a las personas con las que quieres estar.

    • Ten el valor de apagar cualquier medio que muestre inmoralidad o hable de ella, sin importar el nivel de popularidad que pueda tener.

    • Coloca los televisores y las computadoras en zonas transitadas de la casa. No utilices la computadora mientras estés solo en casa.

    • Asegúrate de que cualquier computadora que tenga acceso a Internet cuente con un filtro que bloquee los sitios Web pornográficos. Protégete de la tempestad de la pornografía (lee la cita del presidente Hinckley en la página 34).

    • Nunca abras un mensaje de correo electrónico que te envíe un desconocido. Si accidentalmente te topas con contenidos pornográficos en la Web, apaga la computadora de inmediato y díselo a un adulto.

    • Atiende a las impresiones del Espíritu Santo. Él te advertirá cuando te encuentres en una situación peligrosa.

    Recuperación

    Si has caído en las redes de la pornografía, debes arrepentirte y superar la adicción. En el proceso del arrepentimiento, busca la ayuda de tu obispo o presidente de rama. Los Servicios para la familia SUD ofrece las sugerencias que se dan a continuación para recuperarse de una adicción:

    • Deja de justificarte. Deja de dar excusas sobre tu conducta adictiva.

    • Rompe el ciclo de la adicción. Impide que se repita el ciclo de la adicción:

      • Fase 1: Preocupación: Pensar demasiado en imágenes mentales que produzcan estimulación sexual.

      • Fase 2: Hábitos: Participar en rutinas que desemboquen en el consumo de pornografía.

      • Fase 3: El ver la pornografía o el hacer uso de ella.

      • Fase 4: Desesperación.

      Puedes superar la tentación de consumir pornografía si rompes el ciclo en cualquiera de las cuatro fases. Aquí tienes algunos ejemplos de cómo evitar que una fase conduzca a la siguiente:

      1. 1. Controla tus pensamientos y tus deseos. Válete de la fe, del ayuno, de la oración y del estudio de las Escrituras para superar cualquier pensamiento impuro que tengas. Tan pronto como entren en tu mente los pensamientos indignos, sustitúyelos escuchando música inspiradora, recitando pasajes memorizados de las Escrituras o simplemente pensando en cosas edificantes.

      2. 2. Modifica tus rutinas. Haz algo diferente, como salir a pasear, leer las Escrituras, conversar con un amigo, practicar un deporte o tocar un instrumento musical.

      3. 3. Erradica la oportunidad. Deja de consumir pornografía evitando el acceso a ella.

      4. 4. Ora para que la esperanza tome el lugar de la desesperación. No permitas que las recaídas te desalienten. Por medio del arrepentimiento y del perdón, podrás sentir esperanza en lugar de desesperación. Superar la adicción es un proceso que requiere tiempo, y aquellos que perseveran son los que tienen éxito.

    • Busca ayuda profesional. Las adicciones graves tal vez requieran asesoría profesional. En algunas regiones, tu obispo o presidente de rama puede remitirte al centro de Servicios para la familia SUD más próximo, pues dispone de un programa de rehabilitación. Visita www.ldsfamilyservices.org para obtener más información. Además, el folleto de la Iglesia Deja que la virtud engalane tus pensamientos (artículo 00460 002) contiene información útil sobre cómo superar la pornografía.

    Busquen refugio

    “Se da la excusa de que [la pornografía] es difícil de evitar, de que está a la mano y de que no hay escapatoria posible. Imagínense que se hallan en medio de una furiosa tempestad, que ruge el viento y que nieva copiosamente. Nada pueden hacer para detenerla; pero sí pueden vestirse como es debido y buscar refugio, y la tempestad no surtirá ningún efecto en ustedes”.

    Presidente Gordon B. Hinckley, “Un mal trágico entre nosotros”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 61.

    Evita la trampa

    “La plaga de la pornografía nos rodea como nunca antes, y produce los depravados resultados de la inmoralidad, de hogares deshechos y de vidas destrozadas. La pornografía consumirá la fuerza espiritual para perseverar; se parece mucho a las arenas movedizas. Ustedes pueden quedar tan fácilmente atrapados y dominados en cuanto la pisen que no se darán cuenta del grave peligro. Es muy posible que necesiten ayuda para salir de esas arenas movedizas de la pornografía; pero cuánto mejor es nunca pisarla”.

    Élder Joseph B. Wirthlin, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Sigamos adelante”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 103.