2010–2019
Su libro de jugadas del sacerdocio
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Su libro de jugadas del sacerdocio

Creen su propio libro de jugadas de cómo demostrarán que son discípulos de Cristo.

En diciembre, la Primera Presidencia emitió un comunicado que anunciaba que los niños de 11 años “comenza[rían] a asistir… a los cuórums del Sacerdocio Aarónico… a principios de enero del año en que cumpli[eran] los 12 años”1.

Como resultado, durante la primera parte de este año hubo muchos niños de 11 años sorprendidos, que habían supuesto que se quedarían en la Primaria hasta su próximo cumpleaños, pero que ahora repartían la Santa Cena los domingos en calidad de diáconos recién ordenados de la Iglesia.

Me pregunto quiénes se sorprendieron más con el cambio: los diáconos o sus padres. De estos casi 80 000 nuevos diáconos, muchos están con nosotros esta noche en este gran Centro de Conferencias o están participando mediante la tecnología. ¡Bienvenidos a la gran hermandad del sacerdocio!

Ese cambio hace que esta sea una reunión histórica; posiblemente sea el grupo más grande de poseedores del Sacerdocio Aarónico que jamás haya asistido a la sesión general del sacerdocio de la conferencia general. A la luz de esta ocasión especial, dirijo mis palabras particularmente a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico.

Lecciones que se aprenden en los deportes

Como estudiantes, muchos de ustedes también cultivan sus talentos, intereses y pasatiempos mediante actividades extracurriculares en la escuela o en lecciones privadas, equipos y grupos extraescolares, entre ellos, los deportes.

Yo he disfrutado de los deportes a lo largo mi vida, y siempre he admirado a aquellos que desarrollan sus habilidades atléticas hasta alcanzar altos niveles de rendimiento. Para ser realmente bueno en algo, además de talento natural, se requiere mucha disciplina, sacrificio e incontables horas de entrenamiento y práctica. Tales atletas a menudo escuchan las duras críticas de los entrenadores y voluntariamente dejan de lado lo que desean ahora por algo más importante en el futuro.

Conocemos a miembros de la Iglesia y poseedores del sacerdocio que han alcanzado el éxito en los niveles más altos del deporte profesional. Hay muchos buenos ejemplos; pero, por una cuestión de tiempo, solo puedo nombrar algunos. Tal vez reconozcan a algunos de estos atletas: en béisbol, Jeremy Guthrie y Bryce Harper; en baloncesto, Jabari Parker y Jimmer Fredette; en fútbol, Ricardo Rojas; en rugby, William Hopoate; y en fútbol americano, Taysom Hill y Daniel Sorensen. Cada uno de ellos ha contribuido de forma significativa a su deporte.

Si bien son extremadamente exitosos en su actividad deportiva, estos atletas serían los primeros en admitir que no son deportistas perfectos ni seres humanos perfectos. Se esfuerzan por ser los mejores en su deporte y por vivir el Evangelio. Si tropiezan, se levantan y se esfuerzan por perseverar hasta el fin.

Estudien el libro de jugadas

En los deportes de equipo, se crean jugadas para ciertas situaciones y se compilan en un libro de jugadas. Los atletas aprenden su asignación específica para cada jugada. Los jugadores exitosos estudian el libro de jugadas tan profundamente que, cuando se lleva a cabo una jugada, saben con exactitud, casi por instinto, adónde ir y qué hacer.

Fotografía de Dave Kaup/REUTERS/stock.adobe.com

De manera similar, nosotros, los poseedores del sacerdocio, también tenemos un equipo (un cuórum) y un libro de jugadas (las santas Escrituras y las palabras de los profetas modernos).

¿Fortalecen ustedes a sus compañeros de equipo?

¿Cuán bien han estudiado el libro de jugadas?

¿Comprenden plenamente su asignación?

Hagan frente a la oposición

Para ampliar aun más la analogía, los grandes entrenadores conocen las fortalezas y las debilidades de su equipo, así como también las de los oponentes. Ellos crean una estrategia que les dará la mayor probabilidad de lograr la victoria. ¿Y ustedes?

Ustedes saben frente a qué tentaciones son más vulnerables, y pueden predecir cómo tratará el adversario de desviarlos y desanimarlos. ¿Han creado una estrategia y un libro de jugadas personales a fin de saber cómo reaccionar cuando afronten la oposición?

Cuando hagan frente a diversas tentaciones morales —ya sea en compañía de otras personas o cuando estén solos mirando una pantalla—, sabrán cuál es su estrategia. Si un amigo propone que tomen alcohol o prueben drogas, ustedes conocen la jugada. Han practicado y saben cómo reaccionar de antemano.

Con una estrategia, un libro de jugadas y el firme compromiso de cumplir su función, descubrirán que la tentación tiene menos control sobre ustedes. Ya habrán tomado la decisión de cómo reaccionarán y qué harán; no necesitarán tomar una decisión cada vez que hagan frente a la tentación.

Uno de los Doce recientemente compartió un relato que ilustra ese principio. Cuando era presbítero e iba a la escuela secundaria, un día estaba con sus amigos. Después de comer algo, dieron unas vueltas en auto hasta que alguien propuso que fueran a ver cierta película. El problema era que él sabía que era una película que no debía ver. A pesar de que inmediatamente sintió presión y ansiedad por la situación, él ya había planificado para ello; era una página sacada directamente de su libro de jugadas del sacerdocio.

Tras respirar hondo y llenarse de valor, anunció: “No me interesa esa película; mejor déjenme en mi casa”; cosa que hicieron. ¡Una jugada simple lo llevó a la victoria! Años más tarde, uno de los amigos que estuvo con él aquella noche describió cómo su ejemplo resultó ser una gran fortaleza para que él afrontara con valor circunstancias similares en su propia vida.

Páginas del libro de jugadas

Les pedí a algunas de las Autoridades Generales que recomendaran jugadas que ustedes pudieran incluir en su libro de jugadas. Estas son algunas de sus sugerencias inspiradas:

  • Oren cada día para obtener más luz y un testimonio de Jesucristo.

  • Escuchen atentamente las enseñanzas de sus padres, su obispo y sus líderes de los Hombres Jóvenes y de cuórum.

  • Eviten la pornografía y el contenido inmoral de las redes sociales.

  • Recuerden las promesas que han hecho a Dios y esfuércense por cumplirlas.

  • Estudien relatos de las Escrituras de los grandes profetas y emulen sus buenas cualidades.

  • Bendigan a los hijos del Padre Celestial mediante el servicio.

  • Tengan buenos amigos que los ayuden a llegar a ser la persona que desean ser.

  • Sean expertos en la aplicación FamilySearch, y trabajen en su propia historia familiar.

  • Piensen en lugares de refugio adonde puedan huir de las influencias malignas.

  • Amen y fortalezcan a otros miembros de su cuórum del sacerdocio.

También me comuniqué con los atletas cuyas fotografías vimos antes. Me pareció interesante el hecho de que ellos no definen su identidad solo en función de lo que hacen, como atletas profesionales, sino también de quiénes son: hijos de un amoroso Padre Celestial y poseedores del sacerdocio de Dios.

Escuchemos ahora sus reflexiones:

  • Jimmer Fredette; aquí, como diácono aprendiendo a hacerse el nudo de la corbata, dice: “He aprendido a apoyarme considerablemente en mi conocimiento y fe de la veracidad del Evangelio. Eso me ha guiado para ser… un digno poseedor del sacerdocio y, sobre todo, un ejemplo positivo”.

  • Bryce Harper, aquí, como esposo, escribe: “Pensaba que la fama, el dinero y un premio al mejor jugador me harían feliz. Me faltaba algo. Así que, me… preparé y [entré] al templo. Ahora estoy en el camino de [regreso] a mi Padre Celestial y tengo una familia eterna, ¡lo cual es la mayor alegría del mundo!”.

  • Daniel Sorensen, aquí como misionero, dice: “Un buen libro de jugadas es un plan que utiliza los talentos y fortalezas de cada uno de los miembros del equipo… Al estudiar y al poner en práctica las enseñanzas del evangelio de Jesucristo, puedo saber cómo utilizar mis fortalezas para servir en el sacerdocio”.

  • Jeremy Guthrie, sirviendo actualmente como presidente de misión, compartió lo siguiente: “Como diácono, a los doce años… [sentí] el Espíritu testificarme [que] ‘esta vida es cuando… debo preparar[me] para comparecer ante Dios’2. El plan de juego es fe en Dios para actuar [y] el arrepentimiento por medio del Salvador… El libro de jugadas se encuentra en las Santas Escrituras y mediante los profetas vivientes”.

  • Jabari Parker; aquí, en su ordenación al oficio de élder, dice: “No puedo imaginarme en qué persona me habría convertido si no hubiera tomado la decisión de bautizarme… Estoy muy agradecido de tener a Dios en mi vida para guiarme cada día”.

  • Ricardo Rojas, aquí sirviendo en la actualidad como presidente de rama, dijo: “Por medio del Sacerdocio de Dios, podemos ayudar en Su obra. Somos llamados a ‘es[forzarnos] y se[r] valiente[s]’3 para defender la verdad”. Esto le ha ayudado a tener éxito en la cancha y como poseedor del sacerdocio.

  • Taysom Hill, aquí, como misionero, siente que el evangelio de Jesucristo ha sido como un libro de jugadas en su vida. Él compartió: “Creer en el plan [de Dios] y dar mi mejor esfuerzo para cumplir mi función en él me ha dado un sentimiento sobrecogedor de paz y felicidad en la vida, al saber que Dios está complacido con mis esfuerzos”.

  • William Hopoate, aquí, en la bendición de su bebé con cuatro generaciones, dice que el Evangelio lo ayuda a “reconocer las estrategias de la oposición y proporciona la eficacia espiritual para resistir los dardos ardientes y servir mejor a los demás”.

¿Y ustedes? ¿Reconocen su identidad más elevada y santa como hijos de Dios y poseedores de Su santo sacerdocio? Con esa identidad eterna en mente, creen una estrategia y un libro de jugadas del sacerdocio que los guíen durante los momentos de tentación y adversidad. Consideren tácticas tanto ofensivas como defensivas.

Las estrategias ofensivas fortalecen el testimonio y aumentan la determinación de permanecer en el camino estrecho y angosto. Algunos ejemplos son: orar con frecuencia, estudiar las Escrituras, asistir a la Iglesia y al templo, pagar el diezmo y seguir el consejo que se encuentra en el librito Para la Fortaleza de la Juventud.

Las estrategias defensivas incluyen planificar con antelación cómo harán frente a la tentación. Cuando sean tentados a transigir sus normas personales, sabrán de antemano qué hacer.

Para ello necesitan un libro de jugadas.

¿No tienen ganas de orar hoy? Es hora de poner en práctica la jugada que ya han planificado.

¿Sienten que su testimonio se debilita? Tienen una jugada para eso; ustedes saben lo que deben hacer.

Jugadores estelares a la vista de Dios

Ustedes son poseedores del santo sacerdocio de Dios. Su compromiso de asirse firmemente a la barra de hierro los transformará en los seres eternos en quienes fueron destinados a convertirse.

Dios los conoce y los ama. Los bendecirá y guiará sus pasos.

Tal vez piensen que ustedes no son especiales, que no tienen el potencial de ser jugadores estelares, pero eso no es verdad. ¿No saben que Dios ha proclamado: “Lo débil del mundo vendrá y abatirá lo fuerte y poderoso”?4.

¿Se sienten débiles o insignificantes? Felicitaciones, ¡están en el equipo!

¿Se sienten poco importantes o inferiores? Podrían ser justo lo que Dios necesita.

¡Qué mejor ejemplo que el de David cuando ingresó al campo de batalla contra Goliat, un oponente aterrador! Confiando en el Señor, con un plan, David no solo se salvó a sí mismo, ¡sino también al ejército de Israel!5. Sepan que el Señor estará con ustedes cuando se armen de valor para estar de Su lado. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”6.

Él puede abrir puertas y ayudarnos a hallar fortalezas y habilidades que jamás pensamos que teníamos7.

Escuchen a sus entrenadores de confianza, tales como sus padres, el obispo y los líderes de los Hombres Jóvenes. Estudien el libro de jugadas; lean las Escrituras; estudien las palabras de los profetas modernos. Creen su propio plan de juego de cómo demostrarán que son discípulos de Cristo.

Sepan de antemano las jugadas que emplearán para fortalecer su espíritu y evitar las trampas del adversario.

Hagan eso y Dios de seguro los utilizará.

Ahora bien, puede haber algunos que se aparten del Evangelio y se alejen; algunos que se sienten en las gradas y miren el partido desde lejos; algunos que decidan quedarse en el banco, aun cuando el entrenador haya tratado de enviarlos al campo de juego. ¡Los invito a que rescaten, den apoyo y los amen como compañeros de equipo!

Otros quieren participar en el partido, y lo hacen. Lo más importante no es lo talentosos que sean, sino que estén dispuestos a ingresar al campo de juego. Ellos no esperan a que los llamen a jugar porque conocen la Escritura que dice: “si tenéis deseos de servir a Dios, sois llamados a la obra”8.

Ustedes pueden colocarse en la formación del equipo.

Esto lo hacen al estudiar y ejecutar su libro de jugadas del sacerdocio.

A lo largo del camino, seguramente tropezarán y caerán, tal vez muchas veces. No son perfectos; caer es parte del proceso habilitador que les permite refinar su carácter y servir de un modo más compasivo. El Salvador y Su infinita Expiación proporcionan la manera de superar nuestros errores mediante el arrepentimiento sincero.

Los grandes atletas dedican cientos de horas a perfeccionar un pequeño aspecto de su técnica. Como poseedores del sacerdocio, ustedes necesitan la misma mentalidad. Si fallan, arrepiéntanse y aprendan de eso. Practiquen para hacerlo mejor la siguiente vez. Al final, depende de ustedes. ¿Estudiarán el libro de jugadas?

Les insto: confíen en el Señor. Pónganse toda la armadura de Dios9 y entren al partido.

No hay muchos que jueguen deportes profesionales en los niveles más altos; pero cuando se trata del discipulado, hay muchos que eligen seguir a Cristo.

De hecho, esa es su misión en esta vida: aprender los caminos del Señor, entrar en el sendero del discipulado y esforzarse por vivir de acuerdo con el plan de Dios. Dios los sostendrá y los bendecirá cuando acudan a Él. Pueden hacerlo porque son jugadores estelares a Su vista.

Ruego que asuman el compromiso de ser dignos del santo sacerdocio que poseen y que se esfuercen por llevar a cabo su sagrada función todos los días. Los bendigo con la capacidad y el deseo de hacerlo. Agrego mi testimonio del poder del sacerdocio que ustedes poseen, de los profetas vivientes y de Jesucristo, y de Su función como nuestro Salvador y Redentor. En el nombre de Jesucristo. Amén.