2010–2019
Prepararse para el regreso del Señor
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Prepararse para el regreso del Señor

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene el poder y la comisión singulares de realizar los preparativos necesarios para la segunda venida del Señor.

En dos semanas, celebraremos la Pascua de Resurrección. La Resurrección confirma la divinidad de Jesucristo y la realidad de Dios el Padre. Nuestros pensamientos se dirigen al Salvador y reflexionamos en “Su vida incomparable y… la virtud infinita de Su gran sacrificio expiatorio”1. Espero que también pensemos en Su regreso inminente cuando “Él regirá como Rey de reyes y… Señor de señores”2.

Hace algún tiempo, en Buenos Aires, Argentina, participé en una conferencia con líderes de una gran variedad de creencias religiosas. Su amor por el prójimo era innegable; estaban decididos a aliviar el sufrimiento y ayudar a la gente a superar la opresión y la pobreza. Reflexioné en las numerosas iniciativas humanitarias de esta Iglesia, entre otras, los proyectos realizados en colaboración con varios grupos religiosos representados en esa conferencia. Sentí una profunda gratitud por la generosidad de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que hace posible tal servicio cristiano.

En ese momento, el Espíritu Santo me afirmó dos cosas: primero, la obra de ministrar para satisfacer las necesidades temporales es vital y debe continuar. La segunda fue inesperada, pero poderosa y clara. Fue esta: más allá del servicio desinteresado, es de suprema importancia preparar al mundo para la segunda venida del Señor Jesucristo.

Cuando Él venga, la opresión y la injusticia no solo disminuirán, sino que cesarán:

“Y morará también el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro, el leoncillo y el cebón andarán juntos, y un niño los pastoreará…

“No dañarán, ni destruirán en todo mi santo monte; porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor, como las aguas cubren el mar”3.

La pobreza y el sufrimiento no solo disminuirán, sino que desaparecerán:

“Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos ni calor alguno,

“porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas vivas; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”4.

Incluso el dolor y la angustia de la muerte serán erradicados:

“En ese día el niño no morirá sino hasta que sea viejo; y su vida será como la edad de un árbol;

“y cuando muera, no dormirá, es decir, en la tierra, mas será transformado en un abrir y cerrar de ojos; y será arrebatado, y su reposo será glorioso”5.

De modo que, sí, hagamos todo lo posible por aliviar el sufrimiento y la tristeza ahora y dediquémonos más diligentemente a los preparativos necesarios para el día en que el dolor y la maldad terminen por completo, cuando “Cristo reinará personalmente sobre la tierra, y… la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca”6. Será un día de redención y de juicio. El exobispo anglicano de Durham, el Dr. N. T. Wright, ha descrito acertadamente el significado de la expiación, la resurrección y el juicio de Cristo en cuanto a superar la injusticia y corregir todas las cosas.

Dijo: “Dios ha fijado un día en el que hará que el mundo sea juzgado con rectitud por un hombre que Él ha designado; y de ello ha dado la certeza a todos al levantar a ese hombre de entre los muertos. Los hechos sobre Jesús de Nazaret, y especialmente sobre Su resurrección de entre los muertos, son la base de la certeza de que el mundo no es una casualidad; no es, en definitiva, un caos; de que cuando hacemos justicia en el presente no estamos desperdiciando nuestro tiempo y esfuerzo tratando de afianzar un edificio que finalmente se derrumbará, o de arreglar un auto que en realidad dejará de funcionar. Cuando Dios levantó a Jesús de entre los muertos, ese fue el evento microcósmico en el que, en resumidas cuentas, el máximo acto macrocósmico de juicio estaba contenido, la semilla… de la esperanza máxima. Dios declaró, de la manera más poderosa que se pueda imaginar, que Jesús de Nazaret realmente era el Mesías… En la ironía más grande de la historia, [Jesús] mismo se sometió a un juicio cruel e injusto, llegando al lugar que simbolizaba y reunía todas las innumerables crueldades e injusticias de la historia para soportar ese caos, esa oscuridad, esa crueldad, esa injusticia, en Él mismo, y para extinguir el poder que tienen”7.

Mientras estuve en Buenos Aires en la conferencia que mencioné antes, el Espíritu me manifestó claramente que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene el poder y la comisión singulares de realizar los preparativos necesarios para la segunda venida del Señor; de hecho, fue restaurada para ese propósito. ¿Pueden encontrar en alguna otra parte un pueblo que acepte la era actual como la profetizada “dispensación del cumplimiento de los tiempos” en la que Dios se ha propuesto “reunir todas las cosas en Cristo”8? Si no encuentran aquí una comunidad decidida a lograr lo que se necesita a fin de que los vivos y los muertos se preparen para ese día, si no encuentran aquí una organización dispuesta a dedicar grandes cantidades de tiempo y de fondos para el recogimiento y la preparación de un pueblo del convenio que esté listo para recibir al Señor, no lo encontrarán en ninguna parte.

Dirigiéndose a la Iglesia en 1831, el Señor declaró:

“Las llaves del reino de Dios han sido entregadas al hombre en la tierra, y de allí rodará el evangelio hasta los extremos de ella…

“Implorad al Señor, a fin de que su reino se extienda sobre la faz de la tierra, para que sus habitantes lo reciban y estén preparados para los días que han de venir, en los cuales el Hijo del Hombre descenderá en el cielo, revestido del resplandor de su gloria, para recibir el reino de Dios establecido sobre la tierra”9.

¿Qué podemos hacer para prepararnos ahora para ese día? Podemos prepararnos como pueblo, podemos recoger al pueblo del convenio del Señor y podemos ayudar a cumplir la promesa de salvación “hecha a los padres”, nuestros antepasados10. Todo esto debe ocurrir de manera considerable antes de que el Señor regrese otra vez.

Lo primero y crucial para el regreso del Señor, es la presencia en la tierra de un pueblo preparado para recibirlo en Su venida. Él ha declarado que aquellos que permanezcan sobre la tierra ese día, “desde el menor hasta el mayor… se[rán] llenos del conocimiento del Señor, y ve[rán] ojo a ojo, y al[zarán] sus voces, y al unísono cant[arán] este nuevo cántico, diciendo: El Señor de nuevo ha traído a Sion… El Señor ha reunido en una todas las cosas. El Señor ha bajado a Sion desde lo alto. El Señor… ha hecho subir a Sion desde abajo”11.

En la antigüedad, Dios tomó la ciudad justa de Sion para Sí mismo12. En cambio, en los últimos días, una nueva Sion recibirá al Señor a Su regreso13. Sion es los puros de corazón, un pueblo que son uno en corazón y voluntad, que vive en rectitud, sin pobres entre ellos14. El profeta José Smith dijo: “Nuestro objetivo principal debe ser la edificación de Sion”15. Edificamos Sion en nuestros hogares, barrios, ramas y estacas mediante la unidad, la piedad y la caridad16.

Debemos reconocer que la edificación de Sion ocurre en tiempos tumultuosos, “un día de ira, de fuego, de desolación, de llanto, de lloro y de lamentación; y como un torbellino vendrá sobre toda la faz de la tierra, dice el Señor”17. Por tanto, el recogimiento en estacas es “para defensa y para refugio contra la tempestad y contra la ira, cuando sea derramada… sobre toda la tierra”18.

Al igual que en tiempos antiguos, nos reunimos “a menudo para ayunar y orar, y para hablar unos con otros concerniente al bienestar de [nuestras] almas. Y… para participar del pan y [del agua], en memoria del Señor Jesús”19. Tal como explicó el presidente Russell M. Nelson en la Conferencia General de octubre pasado: “El objetivo de siempre de la Iglesia es ayudar a todos los miembros a que aumenten su fe en nuestro Señor Jesucristo y en Su expiación, ayudarles a hacer y guardar sus convenios con Dios, y a fortalecer y sellar a sus familias”20. Por ello, él hace hincapié en la importancia de los convenios del templo, santificar el día de reposo y deleitarnos a diario en el Evangelio, centrado en el hogar y apoyado por cursos de estudio integrados en la Iglesia. Queremos saber acerca del Señor y queremos conocer al Señor21.

El esfuerzo fundamental de la edificación de Sion es el recogimiento del largamente disperso pueblo del convenio del Señor22. “Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las Diez Tribus”23. Todos los que se arrepientan, crean en Cristo y se bauticen son Su pueblo del convenio24. El Señor mismo profetizó que antes de Su regreso, sería predicado el Evangelio en todo el mundo25 “para recobrar a los de [Su] pueblo, que son de la casa de Israel”26 “y entonces vendrá el fin”27. La profecía de Jeremías se está cumpliendo:

“Por tanto, he aquí, vienen días, dice Jehová, en que no se dirá más: ¡Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto!,

“sino: ¡Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras adonde los había arrojado! Porque los haré volver a su tierra, la cual di a sus padres”28.

El presidente Nelson ha hecho hincapié reiteradamente en que el “recogimiento [de Israel] es lo más importante que se está llevando a cabo hoy en la tierra. Nada se le compara en magnitud, nada se le compara en importancia, nada se le compara en majestad. Y si eligen hacerlo… pueden formar gran parte de él”29. Los Santos de los Últimos Días siempre han sido un pueblo misionero. Cientos de miles han respondido a llamamientos misionales desde el comienzo de la Restauración; decenas de miles sirven actualmente; y, como acaba de enseñar el élder Quentin L. Cook, todos podemos participar de maneras simples y naturales, con amor, invitando a otras personas a unirse a nosotros en la Iglesia, a visitarnos en nuestros hogares, a formar parte de nuestro círculo. La publicación del Libro de Mormón fue la señal de que el recogimiento había comenzado30. El Libro de Mormón es el instrumento de recogimiento y conversión.

También es vital en la preparación para la Segunda Venida el gran esfuerzo redentor en beneficio de nuestros antepasados. El Señor prometió enviar a Elías el profeta antes de la Segunda Venida, “el día de Jehová, grande y terrible”31, para “[revelar] el sacerdocio” y “[plantar] en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres”32. Elías sí vino, tal como se prometió. La fecha fue el 3 de abril de 1836; el lugar fue el Templo de Kirtland, Ohio. En ese lugar y en ese momento, él verdaderamente confirió el sacerdocio prometido, las llaves para la redención de los muertos y la unión de esposos, esposas y familias en todas las generaciones del tiempo y durante toda la eternidad33. Sin eso, el propósito de la creación se frustraría y, en ese sentido, la tierra sería herida “con maldición” o sería “totalmente asolada”34.

En el devocional de jóvenes que precedió a la dedicación del Templo de Roma, Italia, los cientos de hombres y mujeres jóvenes que asistieron mostraron al presidente Nelson las tarjetas que habían preparado con los nombres de sus antepasados. Estaban listos para entrar en el templo tan pronto como se abriera para realizar bautismos vicarios por aquellos antepasados. Fue un momento sumamente grato, pero solo un ejemplo del esfuerzo acelerado por establecer Sion para las generaciones que nos precedieron.

Mientras nos esforzamos por ser diligentes en la edificación de Sion, lo que incluye nuestra parte en el recogimiento de los elegidos del Señor y la redención de los muertos, debemos hacer una pausa para recordar que es la obra del Señor y que Él la está realizando. Él es el Señor de la viña y nosotros somos Sus siervos. Él nos pide que trabajemos en la viña con nuestra fuerza esta “última vez” y Él trabaja con nosotros35. Probablemente sería más exacto decir que Él nos permite trabajar con Él. Como dijo Pablo: “Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento”36. Es Él quien está apresurando Su obra en Su tiempo37. Por medio de nuestros esfuerzos ciertamente imperfectos, nuestros “pequeños medios”, el Señor lleva a cabo grandes cosas38.

Esta grande y última dispensación está creciendo constantemente hacia su punto culminante: cuando Sion en la tierra se unirá con la Sion de lo alto al tiempo del glorioso regreso del Salvador. La Iglesia de Jesucristo está encargada de preparar, y está preparando, al mundo para ese día. De modo que, en esta Pascua de Resurrección, celebremos verdaderamente la resurrección de Jesucristo y todo lo que esta presagia: Su regreso para reinar por mil años de paz, con juicio justo y justicia perfecta para todos; la inmortalidad de todos los que alguna vez vivieron en esta tierra; y la promesa de la vida eterna. La resurrección de Cristo es la garantía definitiva de que todo se arreglará. Ocupémonos de edificar Sion para apresurar ese día. En el nombre de Jesucristo. Amén.