2010–2019
Escuchar Su voz
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Escuchar Su voz

En un mundo con tantas voces contradictorias, nuestro Padre Celestial ha hecho posible que oigamos Su voz y la sigamos.

Temprano esta mañana, el hermano de mi esposa le entregó una nota que ella había escrito a su madre hace muchos años. En ese entonces, la hermana Homer era solo una niña. En parte, esa nota decía: “Querida madre, lo siento por no haber compartido mi testimonio hoy, pero te amo”. Cuando fui a almorzar, pensé que eso era algo interesante. Así que, me senté y escribí una nota que decía: “Estimado presidente Nelson, lo siento por no haber dado mi discurso hoy, pero lo amo”. De alguna manera, eso no me pareció bien. Así que, estoy aquí y feliz de añadir mis palabras a aquellos que han hablado en esta sesión.

Hace muchos años, viajé en un pequeño avión que tenía al mando un piloto que acababa de obtener su licencia. Al final del vuelo, se nos autorizó a aterrizar, pero al acercarnos a tierra, oí una alarma en la cabina que advertía al piloto que debía “levantar vuelo”. El piloto miró al copiloto, que tenía más experiencia; este apuntó hacia abajo, lejos de la pista, y le dijo: “¡Ahora!”.

Nuestro avión se movió rápidamente hacia la izquierda y hacia abajo, luego subió a la altitud adecuada, volvió a iniciar la maniobra de aterrizaje y llegamos sanos y salvos a nuestro destino. Más tarde supimos que otro avión había sido autorizado para despegar. Si hubiéramos seguido las instrucciones de la alarma, habríamos girado hacia el avión que se aproximaba, en lugar de alejarnos de él. Esa experiencia me enseñó dos lecciones importantes: la primera es que, en momentos críticos de la vida, oiremos muchas voces que competirán por nuestra atención. La segunda es que es esencial que prestemos atención a las voces correctas.

Voces contradictorias

Vivimos en un mundo en el que hay muchas voces que buscan nuestra atención. Con todas las últimas noticias, tuits, blogs, podcasts y los convincentes consejos de Alexa, Siri y otros, nos puede resultar difícil saber en qué voces podemos confiar. A veces buscamos guía para nuestra vida en convocatorias abiertas, pensando que la mayoría nos proporcionará la mejor fuente de verdad. Otras veces, “claudica[mos]… entre dos opiniones”1, sin decidirnos a ser “frío[s] ni caliente[s]”2. En otras ocasiones, seguimos lo que nos conviene, nos concentramos en una sola voz o asunto para guiarnos, o nos basamos exclusivamente en nuestra capacidad de pensar.

Aunque todos esos métodos pueden resultar útiles, la experiencia nos enseña que no siempre son fiables. Lo popular no siempre es lo mejor. Quedarse indeciso entre dos opiniones no ofrece ninguna dirección. La conveniencia pocas veces nos conduce a las cosas que importan. El fijarse en una sola voz o asunto puede afectar nuestra capacidad de ver. El basarnos únicamente en nuestras ideas nos puede conducir a un estupor de pensamiento excesivamente intelectual. Si no tenemos cuidado, las voces equivocadas podrían alejarnos del centro del Evangelio y llevarnos a lugares en los que resulte difícil mantener la fe y donde no encontraremos más que vacío, amargura e insatisfacción.

Escuchar la voz incorrecta

Permítanme demostrar lo que quiero decir con una analogía y un ejemplo de las Escrituras. Los alpinistas suelen referirse a las altitudes superiores a ocho mil metros como la “zona de la muerte” porque, a esas alturas, no hay suficiente oxígeno para preservar la vida. Hay un equivalente espiritual a la zona de la muerte. Si pasamos demasiado tiempo en lugares donde hay falta de fe, las voces aparentemente bien intencionadas nos despojarán del oxígeno espiritual que necesitamos.

En el Libro de Mormón leemos acerca de Korihor, que vivió una experiencia similar. Él disfrutaba de gran popularidad, porque sus enseñanzas “deleitaban a la mente carnal”3. Decía que los padres y los profetas enseñaban tradiciones insensatas con el fin de limitar la libertad y perpetuar la ignorancia4. Argumentaba que la gente debía ser libre para hacer lo que quisiera, porque los mandamientos no son más que restricciones convenientemente ideadas5. En su opinión, la creencia en la expiación de Jesucristo era “el efecto de una mente desvariada”, que procedía de la creencia en un ser que no podía existir porque no podía ser visto6.

Korihor causó tanta agitación que lo llevaron ante el juez superior y el sumo sacerdote, y allí “prorrumpió en palabras muy altaneras”, criticó a los líderes y pidió una señal. Se le mostró una señal y él quedó mudo. Entonces Korihor se dio cuenta de que había sido engañado y, pensando en las valiosas verdades que había abandonado, se lamentó así: “siempre [lo] he sabido”7.

Luego, Korihor anduvo mendigando alimentos hasta que murió pisoteado por un grupo de zoramitas8. El último versículo de este relato contiene esta solemne reflexión: “… y así vemos que el diablo no amparará a sus hijos en el postrer día, sino que los arrastra aceleradamente al infierno”9.

La voz correcta

Debido a que nuestro Padre Celestial quiere algo mejor para nosotros, Él hace posible que podamos oír Su voz. A menudo, lo escuchamos por medio de las impresiones del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad. Él da testimonio del Padre y del Hijo10, fue enviado a “enseñar[nos] todas las cosas”11 y a “mostrar[nos] todas las cosas que deb[emos] hacer”12.

El Espíritu habla a cada persona de manera distinta y es posible que, en diferentes ocasiones, Él hable a una misma persona de maneras diferentes. Por ende, nos llevará toda la vida aprender las muchas maneras en las que Él nos habla. A veces, Él habla a nuestra “mente y a [nuestro] corazón”13, con una voz suave, pero poderosa, que penetra “hasta lo más profundo de los que la [oyen]”14. En otras ocasiones, Sus impresiones pueden “ocupar [nuestra] mente” o “introducirse… en [nuestros] sentimientos”15. Otras veces, nuestro pecho arderá dentro de nosotros16 y, en otras ocasiones, Él nos llena el alma de gozo, nos ilumina la mente17 o habla paz a nuestro turbado corazón18.

Cómo encontrar Su voz

Encontraremos la voz de nuestro Padre en muchos sitios. La encontraremos al orar, al estudiar las Escrituras y al asistir a las reuniones de la Iglesia, al participar en análisis del Evangelio o al ir al templo. Sin duda, la encontraremos en la conferencia este mismo fin de semana.

Hoy sostuvimos a quince hombres como profetas, videntes y reveladores. Su espiritualidad y experiencia les aportan una perspectiva única que necesitamos desesperadamente. Sus mensajes resultan fáciles de encontrar y se pronuncian con una claridad absoluta. Nos dicen lo que Dios quiere que sepamos, ya sea popular, o no19.

Buscar Su voz en cualquiera de esos lugares es bueno, pero buscarla en muchos de ellos es aún mejor. Y cuando la oímos, debemos seguir la dirección que nos señala. El apóstol Santiago dijo: “… sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores”20. El presidente Thomas S. Monson enseñó en una ocasión: “Velamos. Esperamos. Escuchamos esa voz suave y apacible. Cuando esa voz habla, las mujeres y los hombres sabios obedecen”21.

Cuando las instrucciones tardan en llegar

Al comienzo de mi vida profesional, se nos pidió a la hermana Homer y a mí que aceptáramos un cambio de asignación laboral. En aquel momento, nos pareció una decisión importante. Estudiamos, ayunamos y oramos, pero la respuesta tardaba en llegar. Finalmente, tomamos una decisión y seguimos adelante. Al hacerlo, nos sentimos tranquilos y no tardamos en descubrir que fue una de las mejores decisiones que hemos tomado.

Por consiguiente, hemos aprendido que, a veces, las respuestas tardan en llegar. Esto puede ser debido a que no es el momento correcto, quizás porque no necesitamos la respuesta o porque Dios confía en nosotros para que tomemos la decisión. El élder Richard G. Scott enseñó que deberíamos sentir gratitud por esas ocasiones y nos hizo esta promesa: “Cuando vives dignamente y lo que has elegido está de acuerdo con las enseñanzas del Salvador y necesitas actuar, sigue adelante con confianza… Dios no permitirá que sigas adelante por mucho tiempo sin hacerte sentir la impresión de que has tomado una mala decisión”22.

Debemos escoger

Por lo tanto, debemos decidir a cuál de todas esas distintas voces obedeceremos. ¿Seguiremos las voces poco fiables que el mundo propugna? ¿O nos esforzaremos según sea necesario para permitir que la voz de nuestro Padre nos guíe en nuestras decisiones y nos proteja del peligro? Cuanto más diligentemente busquemos Su voz, más fácil nos resultará oírla. No es que Su voz se vuelva más fuerte, sino que aumentará nuestra capacidad para oírla. El Salvador nos prometió que si “escucha[mos] [Sus] preceptos y presta[mos] atención a [Sus] consejos”, Él nos “dar[á] más”23. Testifico que esta promesa es verdadera, para cada uno de nosotros.

Hace casi un año, perdimos a mi hermano mayor en un trágico accidente de auto. Los primeros años de John estuvieron colmados de promesa y logros, pero, al ir haciéndose mayor, un cuerpo dolorido y una mente poco cooperativa hicieron que la vida le resultara muy difícil. Aunque la sanación que él esperaba no le llegó en vida, John mantuvo su fe, decidido a perseverar, lo mejor que pudiera, hasta el fin.

Ahora, sé que John no era perfecto, pero me he preguntado qué fue lo que le brindó esa perseverancia. Muchas voces lo invitaron a volverse cínico, pero él decidió no hacerlo. Por el contrario, hizo todo lo que pudo por afianzar su vida centrada en el Evangelio. Él vivió su vida así, porque sabía que así encontraría la voz de su Maestro; él vivió su vida así, porque sabía que así es como se le enseñaría.

Conclusión

Hermanos y hermanas, en un mundo con tantas voces contradictorias, testifico que nuestro Padre Celestial ha hecho posible que oigamos Su voz y la sigamos. Si somos diligentes, Él y Su Hijo nos darán la inspiración que buscamos, la fortaleza que necesitamos y la felicidad que todos deseamos. En el nombre de Jesucristo. Amén.