Manuales y llamamientos
4. El liderazgo y los consejos en la Iglesia de Jesucristo


“4. El liderazgo y los consejos en la Iglesia de Jesucristo”, Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2021.

“4. El liderazgo y los consejos en la Iglesia de Jesucristo”, Manual General.

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El liderazgo y los consejos en la Iglesia de Jesucristo

4.0

Introducción

Como líder de la Iglesia, usted ha sido llamado por inspiración mediante los siervos autorizados del Señor. Tiene el privilegio de ayudar en la obra del Padre Celestial de “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39), y lo hace alentando a los miembros a participar en la obra de salvación y exaltación para sí mismos, sus familias y otras personas (véase el capítulo 1). Hallará gozo al servir a los hijos de Dios.

Siguiendo el ejemplo de Jesucristo, a menudo prestará servicio a otras personas de forma individual, además de que tendrá oportunidades de brindar liderazgo en reuniones y actividades de la Iglesia. También podrá prestar un importante servicio por medio de los consejos, entre los que se incluyen las reuniones de presidencia, las de consejo de barrio y otras. Las secciones 4.3 y 4.4 contienen pautas para el desarrollo de consejos eficientes, mientras que en el capítulo 29, encontrará detalles sobre reuniones de consejo específicas.

Su servicio consagrado requiere un sacrificio de tiempo, pero no descuide sus propias necesidades ni las de su familia. Procure la guía del Espíritu Santo para que le ayude a equilibrar sus responsabilidades y a cumplir con ellas (véase Mosíah 4:27).

4.1

El propósito del liderazgo en la Iglesia

Los líderes alientan a los miembros a participar en la obra de Dios al llegar a ser “discípulos verdaderos de […] Jesucristo” (Moroni 7:48). Para ello, primero se esfuerzan por ser discípulos fieles del Salvador al seguir Sus enseñanzas y ejemplo (véase Lucas 18:22); entonces pueden ayudar a los demás a acercarse más al Padre Celestial, a Jesucristo y al Espíritu Santo. En el proceso de ayudar a otras personas, ellos mismos llegan a ser mejores discípulos (véanse Mosíah 18:26; Doctrina y Convenios 31:5).

Ser un discípulo fiel para ayudar a los demás a llegar a ser discípulos fieles es el propósito de todo llamamiento de la Iglesia. Cada llamamiento brinda oportunidades de servir, liderar y fortalecer a otras personas.

4.2

Los principios de liderazgo en la Iglesia

Durante Su ministerio terrenal, el Salvador dio el ejemplo de liderazgo para Su Iglesia. Su objetivo central era hacer la voluntad de Su Padre Celestial, y ayudar a los demás a entender y vivir Su evangelio (véanse Juan 5:30; Mosíah 15:7). Él amaba a los que dirigía y mostraba ese amor prestándoles servicio (véase Juan 13:3–5).

El Salvador incrementaba la capacidad de los demás al darles responsabilidades y oportunidades de crecer (véanse Mateo 10:5–8; Juan 14:12). Los alentaba y corregía con claridad y amor (véase Juan 21:15–17).

El Señor dijo: “… aprenda todo varón su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado” (Doctrina y Convenios 107:99). Esas palabras se aplican a todos los que reciben la responsabilidad de prestar servicio y ser líderes en la Iglesia del Salvador.

Procure la guía del Señor para que le ayude a aprender los deberes de su llamamiento y a cumplir con ellos. Al estudiar las Escrituras, busque los principios de liderazgo que el Señor demostró y enseñó. El aplicar los principios contenidos en este capítulo también lo ayudará a liderar más eficazmente en la Iglesia del Salvador.

4.2.1

Prepararse espiritualmente

Jesús mismo se preparó espiritualmente para Su misión terrenal (véase Lucas 4:1–2). De igual modo, usted se prepara espiritualmente al acercarse al Padre Celestial mediante la oración, el estudio de las Escrituras y la obediencia a Sus mandamientos. Seguir a Sus profetas también lo ayuda a prepararse espiritualmente (véase Doctrina y Convenios 21:4–6).

Procure recibir revelación para entender las necesidades de las personas de las que usted es líder y para saber cómo cumplir la obra que Dios le ha llamado a hacer. Por medio de sus esfuerzos por acercarse más al Señor, podrá recibir guía en su vida personal, en sus responsabilidades familiares y en su llamamiento de la Iglesia.

El Señor también ha prometido conceder dones espirituales a quienes los busquen (véase Doctrina y Convenios 46:8). A medida que invoque humildemente al Padre Celestial para recibir esos dones, Él aumentará su capacidad para liderar y elevar a quienes sirva.

4.2.2

Ministrar a todos los hijos de Dios

Jesús ministraba personalmente a las personas, tendiendo la mano para elevar y enseñar a los que se sentían solos, desesperanzados o perdidos. Mediante Sus palabras y acciones, mostraba a las personas que las amaba. Reconocía la naturaleza divina y el valor eterno de cada persona.

Ame a las personas a las que sirva tal como lo hizo Jesús. Pida “con toda la energía de [su] coraz[ón]” que sea lleno de Su amor (Moroni 7:48). Entable amistades sinceras. Tienda la mano a los que puedan estar solos, necesiten consuelo o tengan otras necesidades; su amor bendecirá sus vidas y ayudará a las personas a desear venir a Cristo.

Ayude a las personas a profundizar su conversión y fortalecer su fe en el Padre Celestial y en Jesucristo. Ayúdelas a prepararse para hacer convenios cuando reciban su siguiente ordenanza. Aliéntelas a guardar los convenios que hayan hecho y a participar de las bendiciones del arrepentimiento. Ayúdelas a saber que pueden progresar para lograr su potencial divino, a pesar de los desafíos que afronten.

4.2.3

Enseñar el evangelio de Jesucristo

Todos los líderes son maestros. Esfuércese por seguir el ejemplo del Salvador como maestro (véanse el capítulo 17 y Enseñar a la manera del Salvador). Enseñe la doctrina de Jesucristo y los principios de Su evangelio a través de sus palabras y acciones (véanse 3 Nefi 11:32–33; Doctrina y Convenios 42:12–14). La enseñanza eficaz inspira a las personas a fortalecer su relación con Dios y a vivir el Evangelio, progresando así hacia la vida eterna.

Enseñar a la manera del Salvador es más que hablar; incluye escuchar y hacer preguntas como Él lo hacía (véase Mateo 16:13–17).

Los maestros eficaces son también alumnos diligentes. Convierta el estudio de la palabra de Dios en una gran prioridad en su vida y entienda que aprender es un proceso de toda la vida. Procure aprender de otras personas, incluso de aquellas a quienes enseñe (véase Doctrina y Convenios 88:122).

Enseñe de las Escrituras y las palabras de los profetas de los últimos días (véase Doctrina y Convenios 52:9). Recuerde que “la predicación de la palabra [tiene…] un efecto más potente en la mente del pueblo que […] cualquier otra cosa” (Alma 31:5).

Procure la influencia del Espíritu al prepararse y al enseñar. El Espíritu Santo lleva la verdad al corazón y a la mente de las personas a las que usted enseña (véase 2 Nefi 33:1).

Enseñe a los miembros a que se entreguen al estudio del Evangelio con espíritu de oración tanto individualmente, como con sus familias.

Si ha sido llamado o se le ha asignado presidir una reunión o actividad de la Iglesia, asegúrese de que la enseñanza sea edificante y doctrinalmente correcta (véase Doctrina y Convenios 50:21–23).

4.2.4

Presidir en rectitud

El Señor reveló que “necesariamente hay presidentes […] [u] oficiales presidentes” en Su Iglesia (Doctrina y Convenios 107:21). Quienes poseen las llaves del sacerdocio presiden en sus áreas de responsabilidad, tales como un cuórum o un barrio.

Otras organizaciones de la Iglesia, como la Sociedad de Socorro, las Mujeres Jóvenes, la Primaria y la Escuela Dominical, también están dirigidas por un oficial que preside. A estos líderes se los llama, aparta y se les delega autoridad por medio de una persona que posee llaves del sacerdocio o de alguien a quien esta haya autorizado (véase 3.4.3).

Cada oficial presidente sirve bajo la dirección de una persona que posee llaves del sacerdocio (véase 3.4.1). Tal estructura proporciona orden y establece líneas claras de responsabilidad y rendición de cuentas al hacer la obra del Señor.

Un oficial que preside puede delegar en otra persona la asignación provisional de presidir. Por ejemplo, si la presidenta de la Sociedad de Socorro no fuera a asistir a la reunión dominical de su organización, podría asignar a su primera consejera para que la presida. Si la primera consejera también fuera a ausentarse, la presidenta podría asignar a su segunda consejera para que la presida.

El líder que preside una organización, una reunión o una actividad de la Iglesia se asegura de que se cumplan los propósitos del Señor. Para ello, sigue los principios del Evangelio, las normas de la Iglesia y la dirección del Espíritu Santo.

Quienes presiden siguen el ejemplo de Jesucristo al prestar servicio con bondad, mansedumbre y amor puro (véase Juan 13:13–15). El llamamiento o la asignación de presidir no convierte a la persona que lo recibe en alguien más importante o valioso que los demás (véase Doctrina y Convenios 84:109–110).

Si se le ha llamado o asignado a presidir, siga la enseñanza del Salvador de que “el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 20:27; véanse los versículos 26–28). Delibere en consejo con otras personas y procuren en unidad la voluntad del Señor y hacer Su obra (véase Doctrina y Convenios 41:2; véase también 4.4 en este manual).

No es prudente aspirar a presidir ninguna organización en la Iglesia del Señor (véase Doctrina y Convenios 121:37). En lugar de eso, preste servicio con humildad y fidelidad en el cargo al que lo llamen. Esfuércese por llevar a cabo la obra del Señor con la mira puesta únicamente en Su gloria (véase Doctrina y Convenios 4:5). Confíe en que el Señor le dará oportunidades de crecer y bendecir a los hijos de nuestro Padre Celestial.

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4.2.5

Delegar responsabilidad y asegurarse de que se rindan cuentas

El Salvador dio a Sus discípulos asignaciones y responsabilidades significativas (véase Lucas 10:1). También les dio la oportunidad de rendir cuentas de la obra que se les había encomendado hacer (véase Lucas 9:10).

Como líder, usted puede ayudar a otros a crecer al delegarles asignaciones. De ese modo, también podrá ayudarlos a que reciban las bendiciones que provienen del servicio. Esfuércese por hacer que todos los miembros participen en la obra de Dios.

Delegar también hará que su servicio sea más eficaz. Si intenta hacer demasiado, terminará por “desfallece[r] del todo” (Éxodo 18:18). Busque la guía del Espíritu para saber lo que debe delegar, de modo que se pueda centrar en sus mayores prioridades.

El delegar es más que dar una asignación; también incluye enseñar a la otra persona y confiar en ella para la realización de la tarea. Suele abarcar los siguientes elementos:

  • Reunirse con la persona para invitarla a prestar servicio al Señor en una asignación. Ayudarla a que entienda la asignación y sus propósitos, incluso la manera en que bendecirá a otras personas.

  • Deliberar en consejo en cuanto a la asignación, a qué otras personas se podrían incluir y para cuándo debería estar terminada. Verificar que la persona entienda y acepte voluntariamente la asignación. Expresar confianza en su capacidad.

  • Alentar a la persona a que procure inspiración en cuanto a cómo llevar a cabo la asignación. Mostrar confianza y ayudarla a tener éxito. Brindar la dirección y el apoyo que sean necesarios.

  • Pedir a la persona que dé informes periódicos de la asignación. Aceptar los mejores esfuerzos que esta haya hecho y expresar agradecimiento por lo que haya realizado.

4.2.6

Preparar a los demás para que sean líderes y maestros

El Salvador preparó a Sus apóstoles para que llegaran a ser líderes de Su Iglesia. Del mismo modo, usted ayuda a otras personas a prepararse para ser líderes y maestros. La obra del Señor se centra en ayudar a las personas y no en meramente administrar programas de la Iglesia. Los programas no son un fin en sí mismos, sino que existen para ayudar a crecer a las personas.

Cuando considere quién podría prestar servicio en llamamientos o asignaciones de la Iglesia, hágalo con oración. Recuerde que el Señor calificará a quien llame. Lo más importante es que estén dispuestos a servir, que busquen con humildad la ayuda del Señor y que se esfuercen por ser dignos. Los llamamientos y las asignaciones pueden ayudarlos a crecer al brindarles oportunidades de ejercer su fe, trabajar arduamente y sentir que Dios magnifica sus esfuerzos. Brinde orientación y ayuda a los jóvenes, los miembros nuevos y a otros que puedan necesitar apoyo adicional para cumplir con sus llamamientos.

En ocasiones, se llama repetidas veces a las mismas personas a cargos de liderazgo. Aquello puede representar una sobrecarga para ellas y sus familias, y les resta oportunidades a los demás. Procure dar oportunidades de servir y crecer a todos los miembros.

Para obtener más información sobre los llamamientos en la Iglesia, véase el capítulo 30.

4.2.7

Planear reuniones, lecciones y actividades con propósitos claros

Busque la guía del Espíritu al planear reuniones, lecciones y actividades que tengan propósitos claros. Tales propósitos deben fortalecer a las personas y las familias, acercarlas más a Cristo y ayudarlas a llevar a cabo la obra de Dios de salvación y exaltación (véanse los capítulos 12). Al planificar, siga los principios que se indican en los capítulos 2029.

Trace planes a largo plazo para su organización, lleve un calendario anual y céntrese en alentar el crecimiento espiritual de los miembros.

4.2.8

Evaluar sus esfuerzos

Repase con regularidad sus responsabilidades y su crecimiento espiritual como líder. Considere asimismo el crecimiento de las personas a las que dirige. Los líderes de unidades, de cuórums del sacerdocio y de otras organizaciones pueden revisar los indicadores clave, el informe trimestral y otros informes en Fuentes de recursos para líderes y secretarios a fin de ver dónde hay progreso y dónde hay potencial para crecer.

Su éxito como líder se mide principalmente por su compromiso de ayudar a los hijos de Dios a convertirse en fieles discípulos de Cristo. Debido a que todas las personas tienen albedrío, algunas tal vez opten por apartarse de la senda de los convenios. En ocasiones puede ser desalentador, pero si acude al Señor, Él lo elevará y consolará (véase Alma 26:27). Podrá saber que el Señor está complacido con sus esfuerzos al sentir que el Espíritu obra por medio de usted.

4.3

Los consejos en la Iglesia

Nuestro Padre Celestial ha establecido los consejos como una parte importante del recibir inspiración, tomar decisiones y realizar Su obra. Los consejos existían antes de la creación del mundo; cada uno de nosotros tomó parte en ellos antes de venir a la tierra (véanse Doctrina y Convenios 121:32; Abraham 3:22–28).

Siguiendo ese modelo, la Iglesia de Jesucristo es gobernada por consejos en cada uno de sus niveles. Por ejemplo, el Consejo de la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles (véase 5.1.1.1), las Presidencias de Área (véase 5.2.1), las presidencias de estaca, y los obispados son consejos. Además de los consejos de estaca y de barrio, cada presidencia de organización, cuórum o clase de la Iglesia también es un consejo.

El Señor ha indicado a los líderes de Su Iglesia que deliberen en consejo para hacer Su obra (véase Doctrina y Convenios 41:2–3). Los consejos brindan oportunidades de que sus miembros reciban revelación al tratar de entender las necesidades de los hijos de Dios y planificar cómo atenderlas.

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4.4

Los principios de los consejos eficientes

En esta sección, se detallan algunos principios de los consejos eficientes. Tales principios pueden ayudar tanto a los líderes en los consejos de la Iglesia como a los padres en los consejos familiares.

4.4.1

Los propósitos de los consejos

El propósito principal de los consejos es ayudar a los miembros a trabajar juntos para procurar guía divina sobre asuntos que bendecirán a las personas y a las familias (véase Doctrina y Convenios 43:8–9). Los consejos hacen hincapié especial en ayudar a los miembros a recibir ordenanzas y observar los convenios correspondientes. Los miembros del consejo también buscan inspiración en cuanto a cómo planificar y coordinar la obra del Señor en su área de responsabilidad.

Algunos asuntos administrativos, como la planificación del calendario, podrían no requerir que se analicen en el contexto de un consejo. Gran parte de ello se puede lograr comunicándose antes y después de las reuniones.

Los miembros del consejo prestan atención especial a las personas y familias con necesidades urgentes. Los consejos ayudan a coordinar la ayuda. Para obtener información sobre algunas de estas necesidades, junto con los recursos para entender y ayudar, véase Ayuda para la vida, en la Biblioteca del Evangelio.

4.4.2

La preparación para las reuniones de consejo

Se espera que las presidencias y los consejos se reúnan con regularidad. Cada presidencia y consejo tiene un líder que ha sido llamado y apartado. Estos líderes procuran la guía del Señor al planificar las reuniones de consejo y las aportaciones que hagan los miembros del consejo para decidir qué analizar.

Los líderes comunican a los miembros del consejo los asuntos a tratar con suficiente antelación y los miembros del consejo se preparan para compartir sus reflexiones al respecto. En lo que a los consejos de barrio y estaca se refiere, gran parte de esta preparación ocurre en las reuniones de presidencia.

Los miembros del consejo se preparan espiritualmente para participar en las reuniones de consejo y procuran ser receptivos a las impresiones del Espíritu.

4.4.3

Análisis y decisiones

El Señor dijo: “… hable uno a la vez y escuchen todos lo que él dijere, para que cuando todos hayan hablado, todos sean edificados de todos y cada hombre tenga igual privilegio” (Doctrina y Convenios 88:122). Este principio se aplica a los consejos de la Iglesia.

Durante la reunión de consejo, el líder (o alguien a quien él haya asignado) explica el asunto a considerar y a continuación fomenta el análisis entre todos los miembros del consejo al hacerles preguntas y pedirles ideas.

El líder alienta a los miembros del consejo a que hablen de manera abierta y franca. Los diferentes contextos, edades, experiencias y puntos de vista de cada uno enriquecen al consejo. Sus miembros comparten sugerencias y se escuchan unos a otros con respeto. Cuando se procura la voluntad del Señor, prevalece un espíritu de inspiración y unión.

En un consejo que incluya a mujeres y a hombres, el líder pide reflexiones e ideas a ambos grupos. Las mujeres y los hombres suelen tener perspectivas diferentes que aportan un equilibrio necesario. Los hombres y las mujeres toman mejores decisiones y tienen un éxito mayor al servicio del Señor cuando valoran las aportaciones mutuas que hacen y cuando trabajan juntos.

Un líder guía los análisis del consejo, aunque debe escuchar más que hablar. Cuando el líder del consejo comparte su punto de vista demasiado pronto, puede hacer que los demás se inhiban de compartir los suyos. Siempre que sea necesario, el líder del consejo vuelve a dirigir o a enfocar el análisis con cortesía.

Después del análisis, el líder podría decidir la toma de una decisión o posponerla mientras procura información y guía adicionales. La decisión debe tener en cuenta el análisis y ser confirmada por el Espíritu. El proceso del consejo contribuye a que se tomen decisiones inspiradas que exceden el mero buen juicio de un líder. El líder también podría referir el asunto a un consejo diferente.

A veces, los miembros del consejo pueden sentirse incómodos con respecto a alguna decisión importante. Cuando eso suceda, el líder podría esperar a otra reunión del consejo para estudiar el asunto con más detenimiento y buscar confirmación espiritual y unidad. En algunos casos, un miembro del consejo podría querer reunirse con el líder en privado para tratar sus inquietudes.

4.4.4

La unión

El Señor ha mandado a Sus discípulos que “se[an] uno” (Doctrina y Convenios 38:27). Los miembros del consejo tratan de llegar a ser uno en deseos y propósito con el Padre Celestial y con Jesucristo. Se esfuerzan por alcanzar la unidad en sus análisis y decisiones, y procuran ser “uno en corazón y voluntad” al trabajar juntos (Moisés 7:18).

Los miembros del consejo deben evitar la contención, los juicios injustos y el chisme (véase 3 Nefi 11:28–30). Al obrar en unión, el Padre Celestial bendecirá sus esfuerzos.

4.4.5

Acción y responsabilidad

Los miembros del consejo efectúan la mayor parte de su labor antes y después de las reuniones de consejo. Durante las reuniones, procuran inspiración a fin de trazar planes para implementar las decisiones. El líder del consejo invita a los miembros a que cumplan las asignaciones relativas a tales planes. Por lo general, los miembros del consejo invitan a otras personas de su organización a que ayuden, si bien no se debe sobrecargar a las personas con asignaciones.

Los miembros del consejo presentan informes de sus asignaciones. El progreso suele requerir atención constante y asignaciones de seguimiento.

4.4.6

La confidencialidad

Toda información personal debe tratarse con respeto. Los líderes son discretos cuando comparten este tipo de información con un consejo. Por lo general, piden permiso al miembro para hacerlo.

El consejo respeta los deseos de quienes soliciten confidencialidad. Los miembros del consejo no deben compartir información personal fuera del consejo a menos que lo requiera el cumplimiento de una asignación del líder del consejo.

Algunos asuntos son demasiado delicados para presentarlos ante todo un consejo. Según sea apropiado, los líderes pueden revisarlos con miembros del consejo individualmente, o también pueden referirlos a un consejo diferente.