Rescatadas en el campamento
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Rescatadas en el campamento

Nos habíamos divertido muchísimo, pero al final fue necesario un pequeño rescate.

Por María Espinoza Alveal

Recuerdo un año en que nuestro campamento de las Mujeres Jóvenes fue casi perfecto; se le dio el nombre El espejo de la luna, y se llevó a cabo al pie de una montaña en la región central de Chile. Reinó un ambiente muy especial, y nuestra felicidad y amor realzaban la belleza natural del lugar. El ver las montañas, escuchar la caída de las cascadas y el canto de los pájaros, observar el sol de la mañana, y las estrellas y la luna por la noche, sirvió para que reconociéramos la existencia de nuestro Creador divino. Llegamos a apreciar más que nunca el gran amor que nuestro Padre Celestial tiene por nosotros.

Durante el transcurso de la semana, nuestros testimonios se habían fortalecido al igual que nuestros lazos de amistad. Habíamos aprendido a hacer tantas cosas: a construir, a cocinar, a creer en nuestra capacidad personal. Además, lo habíamos pasado muy felices.

Había llegado nuestro cuarto y último día, el cual habíamos estado esperando. Llevaríamos a cabo una reunión de testimonios al amanecer para lo cual sería necesario levantarnos muy temprano, pero estábamos ansiosas de tener esa experiencia. Antes de la reunión de testimonios, se nos entregaron unas cartas que habían escrito nuestros padres. Muchas de nosotras lloramos al leerlas y sentimos un espíritu de gratitud por esos momentos.

Más tarde, mientras compartíamos nuestros testimonios, las estrellas desaparecieron y el sol ascendió sobre las montañas. ¡Qué hermosa mañana! La reunión concluyó y nos estábamos preparando para continuar con el resto del día, cuando el cielo se nubló y empezó a caer una lluvia ligera.

Cuando empezó a lloviznar, nos reunimos para orar y pedirle a nuestro Padre Celestial que detuviera el mal tiempo para que pudiéramos terminar las actividades de nuestro campamento. Por supuesto, oramos para que se hiciera Su voluntad. Si Él consideraba que la lluvia debía continuar, lo aceptaríamos con gusto.

La lluvia comenzó a arreciar y empezó a hacer más frío. Comenzamos a guardar las tiendas y a recoger todo.

Luego, la directora del campamento y yo fuimos a un lado de la cascada y allí, en medio de la lluvia, nos arrodillamos y le pedimos a nuestro Padre Celestial que nos ayudara a estar bien. Al ponernos de pie, sentimos paz y la confianza de que todo estaría bien.

Unos minutos después de que regresamos al campamento apareció un hombre que vivía a unos cuantos kilómetros de distancia. Él nos había visto hacía cuatro días, mientras viajábamos al campamento, y ahora iba a ayudarnos. Preguntó si teníamos un número telefónico al que pudiera llamar en la ciudad, a fin de que nuestro autobús fuera y nos recogiera antes de lo previsto.

Después de obtener la información necesaria, se fue, hizo la llamada telefónica y regresó para llevarnos a su casa y ofrecernos un lugar donde guarecernos. Tuvo que hacer varios viajes, pero no pareció molestarle. A pesar de que no era miembro de la Iglesia, para nosotros en verdad fue un ángel.

Nos dimos cuenta de que Dios en verdad nos estaba cuidando y se preocupaba por nosotras. Él se hizo cargo de nuestras necesidades a través de ese hombre bondadoso. “Y Dios oyó nuestro clamor y contestó nuestras oraciones” (Mosíah 9:18).

Para nosotras, ésa fue la mejor forma de concluir nuestro campamento.

María Espinoza Alveal es miembro del Barrio Antártica Chilena, Estaca Ñuble, Chillán, Chile.

Cómo planear un excelente campamento de las mujeres jóvenes

El campamento puede ser un lugar maravilloso en el que las mujeres jóvenes aprenden sobre nuestro Padre Celestial y el plan que Él tiene para ellas. Una buena forma de hacer que el campamento sea una experiencia memorable es escoger un tema, que “puede ser un pasaje de las Escrituras, un nombre para el campamento, un dicho o una frase que apoye los principios del Evangelio, los Valores de las Mujeres Jóvenes o las metas del campamento” (Manual de campamento – Mujeres Jóvenes, 2002, pág. 87).

A continuación se dan algunas pautas para poner en práctica los requisitos de certificación que se encuentran en el manual de campamento. Planee actividades que ayuden a las mujeres jóvenes a hacer lo siguiente:

  • • Servir. Por lo menos nueve requisitos para la certificación se basan en prestar servicio a los demás. Las mujeres jóvenes encontrarán gozo “en un ambiente al aire libre [que] fortalecerá el cariño que sienten unas por otras y hacia el evangelio, y… su cometido de ser juntas ‘testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar’ (Mosíah 18:9)” (Manual de campamento, pág. 1).

  • • Tener experiencias espirituales. Por lo menos 19 requisitos de certificación del manual de campamento alientan a las mujeres jóvenes a buscar el Espíritu. “En algún lugar de la naturaleza encontrarás una sorpresa, la cual te levantará el ánimo y te servirá de inspiración en el futuro” (Manual de campamento, pág. 1).

  • • Prepararse para ser esposas, madres, amas de casa y líderes. Por lo menos 42 requisitos de certificación se relacionan con las destrezas que las mujeres jóvenes pueden utilizar en el papel que desempeñarán en el futuro. Imagí–nense cómo será cuando las mujeres jóvenes “[lleguen] a casa con la certeza de que sabe[n] hacer cosas que jamás había[n] hecho antes” (Manual de campamento, pág. 7).

  • •Comprender su identidad como hijas de Dios. Por lo menos 12 requisitos de certificación brindan a las mujeres jóvenes experiencia con el trabajo y la actividad física, y 16 requisitos que ayudan a las mujeres jóvenes a descubrir quiénes son a través del liderazgo. “[Las] actividades que demandan mucho esfuerzo físico pueden ayudar a las mujeres jóvenes a desarrollar confianza en sí mismas y a disfrutar sabiendo que han logrado hacer algo difícil” (Manual de campamento, pág. 55).