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    Exclamación de Hosanna

    Ahora, mis queridos hermanos y hermanas, al conmemorar la Primera Visión que tuvo José Smith del Padre y del Hijo, sentimos que sería apropiado regocijarnos juntos al participar en la Exclamación de Hosanna.

    La primera vez que se hizo esta exclamación sagrada en esta dispensación fue en la dedicación del Templo de Kirtland, el 27 de marzo de 1836. Hoy lo hacemos en la dedicación de cada templo. Es un tributo sagrado al Padre y al Hijo, que simboliza la reacción de la multitud cuando el Salvador hizo Su entrada triunfal a Jerusalén. También reafirma lo que el joven José experimentó ese día en la Arboleda Sagrada; esto es, que el Padre y el Hijo son dos Seres glorificados a quienes adoramos y alabamos.

    Ahora les mostraré cómo hacer la Exclamación de Hosanna. Al hacerlo, invito a nuestros colegas de los medios de comunicación a tratar con dignidad y respeto esta sagrada observancia.

    Cada uno de los participantes toma un pañuelo blanco y limpio, lo sostiene de uno de los extremos y lo agita mientras dice al unísono: “Hosanna, Hosanna, Hosanna, a Dios y al Cordero”, repitiéndolo tres veces, seguido por: “Amén, Amén y Amén”. Pero, si no tienen un pañuelo blanco, pueden simplemente agitar la mano.

    Hermanos y hermanas, los invito ahora a ponerse de pie y participar en la Exclamación de Hosanna, tras lo cual se cantará el Himno de Hosanna y “El Espíritu de Dios”1.

    A la señal del director, por favor, únanse para cantar “El Espíritu de Dios”.

    Hosanna, Hosanna, Hosanna a Dios y al Cordero.

    Hosanna, Hosanna, Hosanna a Dios y al Cordero.

    Hosanna, Hosanna, Hosanna a Dios y al Cordero.

    Amén, Amén y Amén.