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    Un testigo viviente del Cristo viviente
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    Un testigo viviente del Cristo viviente

    El mensaje central del Libro de Mormón es restaurar el verdadero conocimiento de la función esencial de Jesucristo en la salvación y exaltación de la humanidad.

    En un soleado día de primavera de 2017, se llevaba a cabo el programa de puertas abiertas del Templo de París, Francia, cuando un hombre con una expresión triste se acercó a uno de los guías. Dijo que vivía al lado del templo y reconoció que se había opuesto rotundamente a su construcción. Relató que un día, mientras miraba por la ventana de su apartamento, vio que una enorme grúa bajaba una estatua de Jesús, como si fuera desde los cielos, y la colocaba suavemente en los terrenos del templo. El hombre declaró que esa experiencia cambió por completo sus sentimientos hacia nuestra Iglesia. Se dio cuenta de que éramos seguidores de Jesucristo y rogó nuestro perdón por el daño anterior que podría haber causado.

    Christus

    La estatua del Christus, que adorna los terrenos del Templo de París y otras propiedades de la Iglesia, testifica de nuestro amor por el Salvador. La estatua original de mármol es obra del artista danés Bertel Thorvaldsen, quien la esculpió en 1820, el mismo año que ocurrió la Primera Visión. La estatua se destaca en marcado contraste con la mayoría de las representaciones artísticas de ese período, que en gran medida representan el sufrimiento de Cristo en la cruz. La obra de Thorvaldsen presenta al Cristo viviente, quien obtuvo la victoria sobre la muerte y que, con brazos abiertos, invita a todos a venir a Él. Solo las marcas de los clavos en Sus manos y en Sus pies y la herida en Su costado dan testimonio de la indescriptible agonía que soportó para salvar a toda la humanidad.

    Christus Statue

    Quizás una razón por la que nosotros, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, admiramos esa estatua es porque nos recuerda la descripción que se hace en el Libro de Mormón de la aparición del Salvador en el continente americano:

    Jesus Christ Visits the Americas

    “… y he aquí, vieron a un Hombre que descendía del cielo; y estaba vestido con una túnica blanca; y descendió y se puso en medio de ellos…

    “Y aconteció que extendió la mano, y habló al pueblo, diciendo:

    “He aquí, yo soy Jesucristo…

    “… he bebido de la amarga copa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, tomando sobre mí los pecados del mundo”1.

    Luego invitó a cada hombre, mujer y niño a acercarse y a ponerle las manos en Su costado y a palpar las marcas de los clavos en Sus manos y en Sus pies, para que de ese modo recibieran un testimonio personal de que Él en verdad era el tan esperado Mesías2.

    Esa sublime escena es el punto culminante del Libro de Mormón. La totalidad de las “buenas nuevas” del Evangelio se capta en esa imagen del Salvador que tiernamente extiende Sus “brazos de misericordia”3 para invitar a toda persona a venir a Él y a recibir las bendiciones de Su expiación.

    El mensaje central del Libro de Mormón es restaurar el verdadero conocimiento de la función esencial de Jesucristo en la salvación y exaltación de la humanidad. Este tema resuena desde la página de la introducción hasta las últimas palabras del último capítulo. A lo largo de siglos de apostasía y confusión espiritual, el significado más profundo de lo que Cristo hizo en Getsemaní y en el Gólgota se perdió o corrompió. Cuán emocionado debió haberse sentido José Smith cuando, mientras traducía 1 Nefi, descubrió esta maravillosa promesa: “Estos últimos anales [el Libro de Mormón] […], establecerán la verdad de los primeros [la Biblia] […], y darán a conocer las cosas claras y preciosas que se les han quitado, y manifestarán a todas las familias, lenguas y pueblos que el Cordero de Dios es el Hijo del Eterno Padre, y es el Salvador del mundo; y que es necesario que todos los hombres vengan a él, o no serán salvos”4.

    Las verdades claras y valiosas sobre la expiación del Salvador resuenan por todo el Libro de Mormón. Al enumerar varias de esas verdades, los invito a reflexionar en la forma en que estas han cambiado o podrían cambiar su vida.

    1. La expiación de Jesucristo es un don gratuito que se brinda a todos aquellos que han vivido, quienes actualmente viven y quienes vivirán sobre la tierra5.

    2. Además de soportar la carga de nuestros pecados, el Cristo tomó sobre Sí nuestras penas, dolores, sufrimientos y enfermedades, y toda aflicción propia de la condición terrenal del hombre. No hay angustia, ni dolor ni tristeza que Él no haya sufrido por nosotros6.

    3. El sacrificio expiatorio del Salvador nos permite superar las consecuencias negativas de la caída de Adán, incluso la muerte física. Gracias a Cristo, todos los hijos de Dios nacidos en esta tierra, independientemente de su rectitud, experimentarán la reunión de su espíritu y su cuerpo mediante el poder de la resurrección7 y regresarán a Él para ser “juzgados […] según sus obras”8.

    4. Por el contrario, recibir todas las bendiciones de la expiación del Salvador depende de nuestra diligencia9 en vivir la “doctrina de Cristo”10. En su sueño, Lehi vio el “sendero estrecho y angosto”11 que conduce al árbol de la vida. Su fruto, que representa el amor de Dios manifestado mediante las sublimes bendiciones de la expiación de Cristo, “es el más precioso y el más apetecible […]; y es el más grande de todos los dones de Dios”12. Para acceder a ese fruto, debemos ejercer fe en Jesucristo, arrepentirnos, “escucha[r] la palabra de Dios”13, recibir ordenanzas esenciales y guardar convenios sagrados hasta el fin de nuestra vida14.

    5. Mediante Su expiación, Jesucristo no solo nos limpia del pecado, sino que también proporciona el poder habilitador mediante el cual Sus discípulos pueden “[despojarse] del hombre natural”15, progresar “línea por línea”16 y aumentar en santidad17, a fin de que un día se conviertan en seres perfectos a la imagen de Cristo18, dignos de vivir de nuevo con Dios19 y heredar todas las bendiciones del reino de los cielos20.

    Otra verdad reconfortante que se halla en el Libro de Mormón es que la expiación del Señor, aunque es infinita y universal en su alcance, es un don notablemente personal e íntimo, adaptado para cada uno de nosotros individualmente21. Así como Jesús invitó a cada uno de los discípulos nefitas a palpar Sus heridas, Él murió por cada uno de nosotros, personalmente, como si ustedes o yo fuésemos la única persona en la tierra. Él nos extiende una invitación personal para venir a Él y recurrir a las maravillosas bendiciones de Su expiación22.

    La naturaleza personal de la expiación de Cristo se vuelve aún más real al considerar los ejemplos de hombres y mujeres notables del Libro de Mormón. Entre ellos se encuentran Enós, Alma, Zeezrom, el rey Lamoni y su esposa, y el pueblo del rey Benjamín. Sus historias de conversión y testimonios vibrantes proporcionan un testimonio viviente de cómo podemos cambiar nuestro corazón y transformar nuestra vida mediante la bondad y misericordia infinitas del Señor23.

    El profeta Alma hizo a su pueblo esta apremiante pregunta, dijo: “… si habéis experimentado un cambio en el corazón, y si habéis sentido el deseo de cantar la canción del amor que redime, quisiera preguntaros: ¿Podéis sentir esto ahora?”24. Esta pregunta es vital hoy día porque, como discípulos del Señor, necesitamos Su poder redentor para acompañarnos, motivarnos y cambiarnos todos los días.

    La pregunta de Alma también podría reformularse así: ¿cuándo fue la última vez que sintieron la dulce influencia de la expiación del Salvador en su vida? Eso sucede cuando sienten un gozo “intens[o] y dulce”25 que les testifica que sus pecados son perdonados; o cuando las pruebas dolorosas de repente se vuelven más fáciles de soportar; o cuando se les ablanda el corazón y pueden expresar perdón a alguien que los haya herido. O puede ser cada vez que advierten que su capacidad de amar y de servir a los demás ha aumentado, o que el proceso de santificación los está convirtiendo en una persona diferente, de acuerdo con el modelo del ejemplo del Salvador26.

    Doy testimonio de que todas estas experiencias son reales y que son evidencias de que las vidas pueden cambiar mediante la fe en Jesucristo y Su expiación. El Libro de Mormón aclara y expande nuestro conocimiento de este don supremo. A medida que estudien este libro, escucharán la voz del Cristo viviente que los invita a venir a Él. Les prometo que si aceptan esta invitación y moldean su vida de acuerdo con el ejemplo de Él, recibirán Su influencia redentora. Mediante el poder del Espíritu Santo, el Salvador los transformará día tras día, “hasta el día perfecto”27 en que, tal como Él declaró, “verá[n] mi faz y sabrá[n] que yo soy”28. En el nombre de Jesucristo. Amén.