Introducción
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    Tema

    Introducción

    Harold B. Lee, undécimo Presidente de la Iglesia y Apóstol durante más de treinta años, testificó humildemente desde el fondo de su alma “que Dios vive, que Jesús es el Redentor del mundo”1. Con la convicción que cultivó a lo largo de sus años de servicio, dijo: “Mi humilde oración es que todos los hombres, de todas partes, comprendan más plenamente la importancia trascendental de la expiación del Salvador de todo el género humano, quien nos ha dado el plan de salvación que nos conducirá a la vida eterna, donde moran Dios y Cristo”2.

    El viaje de regreso a la presencia de nuestro Padre Celestial constituyó el punto central de las enseñanzas del presidente Lee a los miembros de la Iglesia. Él exhortó a cada uno de los hijos de nuestro Padre Celestial a “adquirir ese testimonio inquebrantable que le encaminará con resolución por el sendero que conduce indefectiblemente hacia la meta maravillosa de la inmortalidad y la vida eterna”3.

    “El mensaje más importante que puedo dar tanto a ustedes como a todo el mundo es que guarden los mandamientos de Dios”, dijo el presidente Lee, “puesto que por ese medio se harán merecedores de recibir orientación divina mientras vivan aquí en la tierra, al mismo tiempo que estarán preparados para salir a recibir a su Redentor en el mundo venidero y para ganar su exaltación en la presencia del Padre y del Hijo”4.

    La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han establecido la serie Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia con el fin de que sirva a los miembros de la Iglesia para profundizar su comprensión de las doctrinas del Evangelio y de que se acerquen más a Jesucristo por medio de las enseñanzas de los profetas de esta dispensación. Este libro contiene las enseñanzas del presidente Harold B. Lee, que dijo: “Las leyes de Dios que se han dado al género humano se encuentran plasmadas en el plan del Evangelio, y la Iglesia de Jesucristo tiene la responsabilidad de enseñar esas leyes al mundo”5.

    “Dejen que se les graben con fuego en el alma las lecciones que siempre les harán mantener la vista fija en la meta eterna, a fin de que no fallen en la misión de la vida, de manera que, sea su vida corta o larga, estén preparados cuando llegue el día de entrar en la presencia de Aquel cuyo nombre llevan como miembros de la Iglesia de Jesucristo en estos últimos días”6.

    Cada capítulo contiene cuatro secciones: (1) una pregunta que sirve para introducir en forma breve el tema central del capítulo; (2) la “Introducción”, en la que se ilustran los mensajes del capítulo con un relato o consejo del presidente Lee; (3) “Enseñanzas de Harold B. Lee”, en la que se presentan doctrinas importantes de sus muchos mensajes y discursos; y (4) “Sugerencias para el estudio y el análisis”, que es la sección en la que, por medio de preguntas, se anima al lector al estudio y la reflexión personales, se insta a un análisis más amplio y a la aplicación de las enseñanzas a nuestra vida en la actualidad.

    Cómo emplear este libro

    Para el estudio personal o familiar. Este libro tiene por objeto ampliar la comprensión individual de los miembros de la Iglesia con respecto a los principios del Evangelio que enseñó con eficacia el presidente Harold B. Lee. Mediante la lectura con oración y el estudio concienzudo, cada miembro podrá recibir un testimonio personal de estas verdades. Además, este volumen se sumará a la biblioteca de textos sobre el Evangelio de los miembros de la Iglesia y les servirá de importante fuente de consulta tanto para la enseñanza de la familia como para el estudio en casa.

    Para analizar en las reuniones dominicales. Este libro es el texto de estudio de las reuniones de quórum del Sacerdocio de Melquisedec y de las reuniones dominicales de la Sociedad de Socorro. El élder Dallin H. Oaks enseñó que los libros de la serie Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia “contienen doctrina y principios. Son valiosos y apropiados en cuanto a las necesidades de nuestros días y son magníficos para la enseñanza y el análisis”. Los maestros deben concentrarse en el contenido del texto y en los pasajes de las Escrituras relacionados con él. Como explicó el élder Oaks: “El maestro del Evangelio no ha sido llamado para que escoja el tema de una lección, sino para que enseñe y comente lo que se ha aprobado específicamente”7.

    El maestro debe valerse de las preguntas que aparecen al final del capítulo para animar el intercambio de ideas en la clase. El repasar las preguntas antes de estudiar las palabras del presidente Lee podrá darle una comprensión más profunda de sus enseñanzas.

    Las reuniones dominicales deben concentrarse en los principios del Evangelio, en ejemplos personales que enseñen esos principios y en testimonios de la verdad. Si el maestro busca con humildad el Espíritu tanto al preparar como al dirigir la lección, todos los que participen serán fortalecidos en su conocimiento de la verdad. Líderes y maestros deben animar a los miembros de la clase a leer los capítulos antes de tratarlos en las reuniones dominicales; además, deben recordarles que lleven a las reuniones sus respectivos ejemplares del libro y enseñar las palabras del presidente Harold B. Lee a fin de respetar así la preparación que hayan realizado los miembros. Si los miembros de la clase leen el capítulo anticipadamente, estarán preparados para enseñarse y edificarse los unos a los otros.

    No es necesario ni se recomienda que los miembros compren textos adicionales de comentarios o referencias para complementar el material del libro. Se insta a los miembros a leer los pasajes de las Escrituras que se sugieren para ampliar el estudio de la doctrina.

    Puesto que este texto está diseñado para el estudio personal y para referencia del Evangelio, muchos de los capítulos contienen más material del que se puede tratar en las reuniones dominicales. Por consiguiente, el estudio en casa es fundamental para recibir la plenitud de las enseñanzas del presidente Lee.

    Este profeta de Dios conocía el camino que conduce de regreso a la presencia de nuestro Padre Celestial y dio instrucciones al respecto para todos los que deseasen escuchar: “Si prestan oído y ponen en práctica lo que han oído, serán conducidos a ese lugar espléndido llamado no tan sólo felicidad sino regocijo. El regocijo es lo que se llega a experimentar cuando se ha llevado la clase de vida que prepara a la persona para entrar en la presencia del Señor”8.