La enseñanza del Evangelio en el hogar
    Notas al pie de página
    Tema

    Capítulo 13

    La enseñanza del Evangelio en el hogar

    ¿Cómo pueden los padres hacer de su hogar un santuario y un lugar de preparación para la vida eterna?

    Introducción

    El presidente Harold B. Lee dijo lo siguiente de la importancia de la enseñanza del Evangelio en el hogar:

    “Al leer los escritos de los profetas antiguos, descubrimos lo que parece haber sido el mal de fondo que ocasionó la iniquidad que hizo que Dios, que había creado el género humano, llorase. En una revelación que dio a Su fiel profeta Enoc, Dios le dijo que el resto de Sus hijos no tenían afecto natural y aborrecían su propia sangre, lo que con toda probabilidad quería decir los hijos de ellos.

    “Al contestar la pregunta de Enoc de por qué lloraba, Dios le dijo: ‘…de entre toda la obra de mis manos jamás ha habido tan grande iniquidad como entre tus hermanos’.

    “En seguida, añadió: ‘…Mas he aquí, sus pecados caerán sobre la cabeza de sus padres…’ (Moisés 7:36–37). Evidentemente los padres de esa generación habían cometido el gran pecado de no cumplir con el mandato que se ha dado a todos los padres desde la época de Adán hasta nuestros días. No enseñaron a sus hijos las doctrinas de la salvación.

    “El Señor nos ha advertido que, tal como fue en los días de Noé, así será a la venida del Hijo del Hombre. Dios conceda que los de este pueblo obedezcan el mandato de nuestros profetas líderes y enseñen a sus hijos como el Señor ha mandado, para que de ese modo se libren de la mano disciplinaria de Dios Todopoderoso”1.

    En este capítulo se tratará la gran responsabilidad que se ha dado a los padres de enseñar el Evangelio a sus hijos y prepararlos para que lleven una vida de rectitud.

    Enseñanzas de Harold B. Lee

    ¿Por qué es el hogar el lugar más importante para enseñar el Evangelio?

    Nuestros hogares deben ser no tan sólo santuarios sino también lugares de preparación de los cuales nuestros jóvenes salgan con confianza a dirigir y a hacer frente a un mundo turbulento. Todos sabemos que lo que se aprende en casa tiene un asombroso efecto perdurable; lo que se ve y se experimenta en casa ayuda o perjudica a los jóvenes durante años en su vida futura. Nuestros hogares podrían ser modelos para toda la humanidad; pero, para que lo sean, tendremos que tomar con mucha más seriedad el consejo de los líderes de la Iglesia con respecto a este asunto de lo que hasta ahora lo hemos hecho. Esto siempre ha constituido un desafío de marca mayor, pero ahora lo es mucho más por motivo del deterioro general de los hogares de nuestros tiempos. Los hijos pueden “sentir y ver” el Evangelio en acción en casa; pueden ver directamente la virtud y el poder de él; pueden ver la forma en la que satisface las necesidades de cada persona en forma individual2.

    Una y otra vez se ha repetido que el hogar es la base de una vida recta… Tanto las revelaciones de Dios como el saber de los hombres nos indican lo vitalmente importante que es el hogar en la experiencia total de la vida de la persona3.

    Cada vez se hace más evidente que el hogar y la familia son la clave para el futuro de la Iglesia. El hijo que no sea amado, que no haya conocido la disciplina, ni el trabajo, ni la responsabilidad en muchos casos cederá a los sustitutos satánicos de la felicidad: las drogas, la experimentación sexual y la rebelión, ya sea intelectual o de comportamiento…

    No hay lugar mejor que el hogar para enseñar y aprender acerca del matrimonio, el amor y las relaciones sexuales, y la forma en que éstos se combinan debidamente en el santificado matrimonio en el templo. No hay mejor ámbito para resolver las dudas de nuestros niños que donde hay amor: en el hogar. El amor abrirá el camino para que nuestros jóvenes escuchen a aquellos en quienes saben que pueden confiar…

    ¿Puede el niño llegar a amar a su prójimo si él mismo no ha conocido el amor? ¿Puede la persona joven en la que nunca se ha confiado aprender a confiar? ¿Puede el jovencito que nunca ha conocido el trabajo ni la responsabilidad darse cuenta de cuán necesarios son esos importantes rasgos para mantener unida nuestra sociedad? ¿Puede la jovencita que nunca ha participado en conversaciones abiertas y francas de los principios del Evangelio en casa hacer frente a las críticas del mundo y a las agresiones intelectuales sobre su religión?… Si no se ha experimentado un principio del Evangelio en acción, es mucho más difícil creer en ese principio…

    En una época que, se nos ha dicho, sería muy parecida a la de Noé, debemos ayudar a los jóvenes a aprender a tomar decisiones acertadas, a progresar en una justificada estimación de sí mismos, sobre todo si pueden estar bajo la influencia directa del hogar, donde el amor familiar puede hacer que el arrepentimiento sea tanto posible como importante. El entorno en el que se encuentren nuestros jóvenes fuera de casa y de la Iglesia será por lo general vacío, en lo que respecta a los valores morales, o imperarán en él ideas que contradigan los principios del Evangelio4.

    Sobre los padres en casa y sobre la Iglesia se ha depositado la gran responsabilidad de enseñar las verdades del Evangelio de tal manera que se proporcione un ancla a cada alma. Sin esa ancla, la persona sería “semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”, llevada por doquiera de todo viento de doctrina de origen dudoso que confundiría su pensamiento con respecto a lo que es malo a la vista de Dios [véase Efesios 4:14; Santiago 1:6]. Debiéramos ser las personas mejor instruidas sobre la faz de la tierra si obedeciésemos los mandatos del Señor.

    Si nuestros jóvenes fuesen fortalecidos de ese modo, nada perturbaría la fe religiosa de ellos cuando les presentasen falsos conceptos académicos que contradijeran las verdades del Evangelio. Estarían armados contra los dardos envenenados de la difamación y la hipocresía.

    Si los hombres jóvenes… son guiados por la sólida verdad fundamental, no cederán en un momento de descuido y de debilidad a una tentación que sería una plaga moral a lo largo de sus vidas…

    Los enamorados que se acercan al matrimonio, si son guiados por los pensamientos que les hace llegar la verdad del Evangelio, se santificarán si guardan la ley del matrimonio celestial para alcanzar la felicidad eterna5.

    El Señor ha dicho que no le es dado a Satanás poder para tentar a los niños pequeños “sino hasta cuando empiezan a ser responsables ante mí…” (D. y C. 29:47). En seguida, siguen estas importantísimas palabras: “a fin de que se requieran grandes cosas de las manos de sus padres” (D. y C. 29:48). Eso se refiere a ambos padres. ¿Por qué el Señor no permite a Satanás tentar a un niño pequeño sino hasta que llegue a la edad de responsabilidad? Es indicado dar a los padres la excelente oportunidad de inculcar en sus hijos pequeños las cosas de importancia trascendental antes de que lleguen a la edad de responsabilidad, pues, si no lo hacen entonces, después podría ser demasiado tarde6.

    Nosotros, los padres, los maestros, las madres, tenemos una gran tarea que llevar a cabo en lo que toca al edificar almas humanas. Cierto es que Satanás no puede tentar a los niños pequeños antes de que lleguen a la edad de responsabilidad, pero Satanás hace lo que puede por lograr que nosotros, a quienes se nos ha confiado el cuidado y la enseñanza de los pequeños, seamos negligentes y descuidados en ese respecto, permitiendo de ese modo que adquieran las pequeñas tendencias que los apartarán [del camino recto], que los dejarán inhabilitados para cumplir la gran responsabilidad de luchar contra Satanás, por lo que no estarán protegidos cuando lleguen a la edad de responsabilidad7.

    Debemos inculcar en cada padre de familia que él será responsable del bienestar eterno de su familia: eso significa ir a la Iglesia con su familia; significa ir a la reunión sacramental con su familia; significa llevar a cabo las noches de hogar para mantener a su familia intacta; significa que debe prepararse él mismo para llevar su familia al templo, a fin de que de ese modo, la encamine para llegar a constituir un hogar eterno8.

    Ah, a ustedes, madres, y a ustedes, padres, les suplico que recobren el sentido de la responsabilidad total que tienen para con esas preciosas almas. Si ustedes no las preparan para el día que se avecina, ¿quién lo va a hacer? Ese día en que [el Señor] vendrá como ladrón en la noche, ¿están ustedes preparando [a sus hijos] para estar en la presencia del Señor? Cuando ellos se encuentren allá lejos, en el campo de batalla, cuando se vean enfrentados con el peligro y con la tentación, ¿mantendrá firmes a ese hijo o hija el amor maternal de ustedes, a través de esos miles de kilómetros de distancia?9.

    ¿Qué principios del Evangelio debemos enseñar a los hijos?

    Con respecto a las enseñanzas de su padre, el profeta Enós escribió: “He aquí, aconteció que yo, Enós, sabía que mi padre era un varón justo, pues me instruyó… y también me crió en disciplina y amonestación del Señor —y bendito sea el nombre de mi Dios por ello—” (Enós 1:1). He meditado en las palabras “mi padre me crió en disciplina”. ¿Qué significa eso? Criar en disciplina significa aplicar el procedimiento de la enseñanza moral y de la disciplina. “Mi padre me enseñó y me disciplinó en la instrucción de los valores morales”. ¿Qué significa amonestación? Significa reprender, advertir o recordar con dulzura y amabilidad. ¡Bendito sea el nombre de Dios por el padre y la madre que enseñan y crían a sus hijos en disciplina y amonestación del Señor!10

    El Señor mismo ha hablado con claridad con respecto a esa preparación para proteger a los jóvenes de las trampas peligrosas que tienen por objeto destruirlos. Él ha depositado una seria responsabilidad sobre los hogares de esta tierra. He aquí Sus palabras:

    “Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres…

    “Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor” [D. y C. 68:25, 28]11.

    El arma más poderosa que tenemos para luchar en contra de las iniquidades que existen en el mundo actual, sean las que sean, es un testimonio inquebrantable del Señor y Salvador Jesucristo. Enseñen a sus hijos pequeños mientras todavía los sienten en sus rodillas y ellos llegarán a ser firmes. Puede ser que se desvíen, pero el amor y la fe de ustedes los hará volver12.

    Los padres han de recordar sus tareas con toda fidelidad, preocuparse de que no haya ociosos, de que sus hijos no crezcan en la iniquidad, de que se les enseñe a buscar con empeño las riquezas de la eternidad, de que sus ojos no estén llenos de avaricia (véase D. y C. 68:30–31). Ésa es la responsabilidad del padre y de la madre. El Señor da a los padres la responsabilidad principal con respecto a la enseñanza de los hijos13.

    A todo hijo se le debe enseñar que es hijo o hija de Padres Divinos y que todo hijo tiene la responsabilidad de aprender a actuar como hijo o hija de Dios, a fin de que cuando necesite hacerlo, pueda orar y tenga derecho a recibir la ayuda que merece un hijo fiel.

    A todo hijo se le debe enseñar que su cuerpo es templo de Dios y que al que destruya el templo de Dios, Dios le destruirá a él [véase 1 Corintios 3:16–17].

    Todo hijo debe aprender que la fe suficiente para la perfección sólo se puede cultivar por medio del sacrificio y que si no aprende a sacrificar sus apetitos y deseos de la carne en obediencia a las leyes del Evangelio no puede ser santificado ante el Señor.

    A todo hijo se le debe enseñar a ser reverente para con los símbolos de las cosas sagradas y a ser respetuoso con la autoridad tanto en el hogar como en la Iglesia y en la comunidad.

    A todo hijo se le debe instruir debidamente en la forma que debe utilizar las manos y el intelecto, y se le debe hacer comprender que todas las pasiones son dadas por Dios y sirven un propósito divino si se mantienen bajo control.

    A todo hijo se le debe enseñar a emplear en forma provechosa el tiempo libre y que el esparcimiento debe tener un fin que sirva de utilidad. El juego o diversión no es más que el ensayo de la parte que desempeñará en la vida madura.

    A todo hijo se le deben brindar suficientes experiencias para que aprenda que el servicio generoso brinda regocijo y que el trabajo que uno realiza y por el cual no recibe remuneración produce la mayor felicidad y satisfacción14.

    Nuestros hijos deben oír, en la intimidad del hogar, el testimonio de sus padres. ¡Cuán sabio es el padre o el abuelo que aprovecha la ocasión para expresar su testimonio a cada uno de sus hijos, individualmente!15

    ¿En qué forma pueden servir las noches de hogar a los padres para cumplir con su responsabilidad de enseñar el Evangelio?

    Se hizo mayor hincapié en el que los padres enseñasen a sus hijos en casa cuando se puso en marcha lo que llamamos el programa de la noche de hogar. Éste no era un programa nuevo…

    En la última carta que escribieron a la Iglesia el presidente Brigham Young y sus consejeros, instaban a los padres a reunir a sus hijos y enseñarles el Evangelio en casa con frecuencia. Por consiguiente, vemos que la necesidad de llevar a cabo la noche de hogar se ha recalcado siempre desde que se estableció la Iglesia en esta dispensación16.

    Si descuidamos a nuestra familia en cuanto a la noche de hogar y no cumplimos con nuestra responsabilidad aquí, ¿cómo nos parecería el cielo si perdiésemos a algunos por nuestro propio descuido? El cielo no será el cielo sino hasta que hayamos hecho todo lo que podamos por salvar a aquellos que el Señor ha enviado a través de nuestro linaje. Así es que el corazón de ustedes, padres y madres, si tienen el verdadero espíritu de Elías, debe volverse hacia sus hijos ahora mismo y no pensar que eso se aplica tan sólo a los que están al otro lado del velo. Vuelvan su corazón hacia sus hijos y enséñenles; pero deben hacerlo mientras ellos sean pequeños y dóciles para ser enseñados. Si están descuidando la noche de hogar, están descuidando el comienzo de la misión de Elías de la misma forma que si estuviesen desatendiendo la investigación de la obra genealógica17.

    ¿Estamos esforzándonos constantemente [por enseñar] a los de nuestro propio círculo familiar, a nuestros hijos y a nuestros nietos? ¿Andamos en busca de nuestras propias ovejas que están en peligro de extraviarse del pastor o del redil? ¿Estamos enseñando a nuestros familiares en la noche de hogar? ¿Estamos realizando la noche de hogar nosotros mismos, o decimos: “Es que esas lecciones no se aplican a nosotros; mi esposa y yo estamos solos y eso es sólo para los que tienen hijos pequeños”?18

    Ahora bien, permítanme hacerles una pregunta. Si supiesen que padecían de una enfermedad incurable y que el tiempo que les quedara en la tierra fuese limitado, y tuviesen hijos pequeños que dependieran de ustedes para que los aconsejaran, los guiaran y los dirigieran, ¿qué harían para prepararlos para el fallecimiento de ustedes? ¿Se han detenido a hacerse una pregunta tan seria como ésa?

    Permítanme leerles… parte de la carta [de una madre de familia]: “Cuando me uní a la Iglesia, solía pensar en la clase de hogar que esperaba llegar a tener algún día. Me imaginaba lo que para mí era la situación más hermosa y satisfactoria que podía concebir. Mi marido y yo hacemos realidad ese sueño cuando reunimos a nuestros hijos para enseñarles el Evangelio… Lo que nos ha sorprendido y llenado de alegría a los dos es el hecho de que nuestros hijos, sin excepción, han aprendido a amar nuestras noches de hogar… He comenzado a darme cuenta cada vez con mayor claridad de cuán rápidamente crecen nuestros hijos y de cuán corto es el tiempo que tenemos los padres para enseñarles…

    “El pasado otoño caí gravemente enferma. Espero que esto no parezca vano, pero por primera vez, comprendí lo importante que yo era para mis propios hijos… Al yacer en mi lecho de enferma imposibilitada de atender a las necesidades de ellos, sabiendo que, si no era por la intervención de mi Padre Celestial, mi influencia sobre ellos estaba llegando a su fin en esta vida, cuán deseables y valiosas me parecieron las horas de las semanas, los meses y los años que quedaban por delante.

    “En ese entonces tomé la determinación de hacer muchas cosas con respecto a cómo emplearía ese tiempo si me era concedido. Una de ellas fue hacer un pedacito de cielo en la tierra, dedicar tiempo todas las noches a leer a mis hijos y conversar con ellos… Aparte de las demás cosas en que se han interesado, les he leído la mayor parte del Libro de Mormón del volumen para los niños… No me cabe la menor duda del significado que eso tiene para ellos cuando oigo a mi hijo de ocho años dar gracias en sus oraciones por los profetas que llevaron los registros, o cuando mi hijo de cinco años da gracias porque Nefi salió para el desierto con los fieles sin contratiempos cuando Lamán y Lemuel procuraron matarlo. Hemos aprendido por experiencia que cada vez que tenemos ocasión de ayudar a nuestros hijos a aumentar su amor por el Evangelio y su comprensión de él y del Padre que los creó, nuestro amor del uno por el otro también se intensifica y nuestra solidaridad familiar se robustece considerablemente. Por esa razón, la noche de hogar semanal es de primordial importancia para nosotros”19.

    Les ruego que, en sus hogares, digan como Josué de la antigüedad: “…pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). Enseñen a sus hijos en la noche de hogar; enséñenles a guardar los mandamientos de Dios, puesto que en ello reside nuestra única seguridad en estos días. Si sus hijos hacen eso, los poderes del Todopoderoso descenderán sobre ellos como rocío del cielo, y el Espíritu Santo estará con ellos20.

    Sugerencias para el estudio y el análisis

    • ¿Por qué es el hogar vitalmente importante “en la experiencia total de la vida de la persona”? ¿Por qué deben los padres dar prioridad a la enseñanza del Evangelio a sus hijos desde la más tierna infancia de ellos?

    • ¿Cómo podemos hacer de nuestros hogares santuarios que protejan de la maldad y de los problemas del mundo?

    • ¿Cómo pueden los padres enseñar a sus hijos los principios que se indican en Doctrina y Convenios 68:25–28? ¿Cómo pueden los padres lograr que sus hijos “aprendan que el servicio generoso brinda regocijo”?

    • ¿Por qué es importante que los hijos oigan a sus padres dar testimonio de los principios del Evangelio?

    • ¿De qué forma se aplica la misión de Elías a los padres que están criando a sus hijos?

    • ¿Por qué es importante realizar la noche de hogar con regularidad? ¿Cómo han logrado que sus noches de hogar tengan éxito?