La influencia de la rectitud de la madre
    Notas al pie de página
    Tema

    Capítulo 15

    La influencia de la rectitud de la madre

    ¿Cómo puede la madre cumplir con su sagrada función de enseñar y criar a sus hijos con amor?

    Introducción

    En una ocasión el presidente Harold B. Lee contó lo ocurrido a una madre de familia cuando se encontraba sacando lustre a unos objetos de plata en preparación para una recepción de esa noche. “Cuando se encontraba en plena preparación, su hijo de ocho años llegó a su lado con su alcancía (hucha) y le dijo: ‘Mamá, ¿cómo se paga el diezmo?’.

    “Y entonces, precisamente cuando no quería que la interrumpiesen, ése era el momento, por lo que se limpió las manos, se sentó junto al niño, sacudieron la alcancía hasta que sacaron de ella todas las monedas que contenía y le explicó cómo se pagaba el diezmo. Cuando hubo terminado, el pequeño le rodeó el cuello con los brazos y le dijo: ‘Gracias, mamá, por haberme ayudado. Ahora ya sé cómo pagar mi diezmo’ ”.

    Al comentar aquel suceso, la madre dijo algo que es “muy, muy importante que todas… las madres recuerden: ‘Y bien, toda la vida tendré tiempo para sacar brillo a los utensilios de plata, pero aquélla podía haber sido la única oportunidad que tuviese de enseñar a mi hijo el principio del diezmo’ ”1.

    El presidente Lee enseñó que “la madre de éxito de hoy en día trasciende los años y las eternidades“2. Él puso de relieve que el maravilloso objetivo de la madre “es edificar un hogar aquí y establecer los cimientos de un hogar en la eternidad”3.

    Enseñanzas de Harold B. Lee

    ¿Cómo puede la madre ejercer una influencia de rectitud sobre sus hijos?

    La mujer tiene dentro de sí el poder de la creación junto con su marido legal y legítimo aquí, y si han sido sellados en el matrimonio celestial, ella puede tener aumento eterno en el mundo venidero. La mujer es el ama de casa de su propio hogar y un ejemplo para su posteridad de las generaciones que la sucederán. La mujer es la compañera de su marido y puede hacerlo más perfecto de lo que sería sin ella. La influencia de la mujer puede bendecir a una comunidad o a una nación al grado en que ella cultive sus poderes espirituales en armonía con los dones enviados del cielo con que ella ha sido dotada por naturaleza… Año tras año, ella puede desplegar su influencia tranquilizante y refinadora para asegurarse de que sus descendientes tengan oportunidad de alcanzar su pleno potencial tanto en su naturaleza espiritual como física4.

    Las madres son las que crean el ambiente en el hogar y las que hacen mucho por proporcionar un fundamento firme para sus hijos y sus hijas, así como para darles la fortaleza que necesitarán cuando dejen atrás la guía directa del hogar5.

    Madres, permanezcan en el corazón del hogar. Hace un tiempo, cuando me encontraba de visita en una conferencia trimestral de estaca… pregunté al presidente de la estaca… “¿Hay aquí alguna madre mayor, que haya tenido una familia grande y la dicha de haber visto a todos sus hijos casarse en el templo?”

    Tras echar una mirada a la congregación, me dijo: “Sí, allí está la hermana (la llamaré la hermana Jones), que tiene once hijos y todos se han casado en el templo”…

    Cuando esa encantadora madre de familia, ya de cabello cano, se puso de pie a mi lado, frente al micrófono, le dije: “¿Sacaría usted una lección de las páginas de su experiencia para decirnos qué ha hecho para haber alcanzado tan magnífico logro?”.

    Ella contestó… “Podría dar dos sugerencias. En primer lugar, cuando mis hijos crecían, yo siempre estuve en casa, viéndolos llegar y salir. Y en segundo lugar, todo lo que realizábamos lo hacíamos juntos, en familia. Nos divertíamos juntos, orábamos juntos, trabajábamos juntos, hacíamos todo juntos. Eso es todo lo que se me ocurre”.

    Le dije: “Hermana, nos ha enseñado dos lecciones muy importantes”6.

    Mantengan a la madre de su hogar en el “corazón” del hogar. Hoy existe el gran peligro de que las familias se desintegren por motivo de los alicientes que captan la voluntad de las madres de familia y que las lleva a desatender el estar en casa mientras los miembros de su familia llegan y salen de ella. Por otro lado, reconozco que hay madres que se ven en la necesidad de ganar el sustento para su familia. Pero aun en esos casos, la presidenta de la Sociedad de Socorro y el obispo deben cuidar de no dejar de prestar toda la ayuda que sea posible a la madre de niños pequeños y prestarle asistencia, de ser posible, en la planificación de la índole del trabajo o del horario de ella. Todo eso está dentro de la competencia de la Sociedad de Socorro al trabajar con el hogar7.

    Me parece que hoy en día las mujeres son víctimas de la velocidad del vivir moderno. Al ir intensificando gradualmente su intuición de madres y esa maravillosa y estrecha relación que une la madre a sus hijos podrán estar en sintonía con ellos y detectar las primeras señales de dificultad, de peligro y de aflicción, las cuales, si se descubren a tiempo, los salvarán de algún desastre8.

    El otro día leí de nuevo las palabras de la santa madre del profeta José, las que ella escribió la noche en que él fue a buscar las planchas. Escribió lo siguiente:

    “La noche del [21 de septiembre] estuve en pie hasta muy tarde… No me fui a acostar sino hasta después de las doce de la noche. Cerca de las doce, José vino a preguntarme si tenía una caja de madera con cerradura y llave. Al instante supe para qué la quería, y como no tenía una caja así, me alarmé en sumo grado, por cuanto consideré que era un asunto de importancia considerable. Sin embargo, José, al percibir mi angustia, me dijo: ‘No se preocupe, madre, me las arreglaré bien sin ella por el momento; quédese tranquila, todo está bien’.

    “Poco después, la esposa de José pasó por la habitación con el sombrero puesto y su vestido de salir, y a los pocos minutos se fueron juntos en el coche tirado por un caballo del señor Knight. Pasé la noche orando y suplicando a Dios, pues la angustia no me permitía dormir…” [Lucy Mack Smith, History of Joseph Smith, editado por Preston Nibley, 1958, pág. 102].

    Digo a ustedes, las madres de familia, que si sus hijos e hijas llegan a ser lo que deben ser en el mundo, se deberá en grado no pequeño al hecho de que sus hijos tienen una madre que pasa muchas noches de rodillas orando, suplicando a Dios que su hijo, que su hija, no falle. Recuerdo que, en los años de insensatez de mi adolescencia, mi madre me habló de una impresión intuitiva que tenía y me hizo una advertencia que no tuve en cuenta, como hacen los necios adolescentes. Le dije: “Pero, mamá, eso es una tontería”, y después, dentro de tan sólo un mes, me encontré frente a frente con la tentación de la que mi madre me había advertido. Nunca tuve el valor de decirle cuánta razón había tenido ella; pero yo estaba en guardia porque alguien me había prevenido: mi madre9.

    Los miembros de mi familia, que integraban mi abuela, mi madre y dos o tres de los niños menores, estaban sentados en la cocina ante la puerta abierta, contemplando el gran espectáculo de luces que nos daba la naturaleza al rugir la gran tormenta eléctrica que castigaba furiosamente las proximidades del monte donde estaba situada nuestra casa. Un relámpago seguido inmediatamente de un fuerte trueno nos indicó que el rayo había caído muy cerca de allí.

    Yo me encontraba en el vano de la puerta cuando, de pronto, y sin ninguna advertencia, mi madre me dio un vigoroso empujón que me apartó de allí y me dejó tendido de espaldas. En ese mismo instante, un rayo entró por la chimenea [estufa] de la cocina, cruzó la habitación y salió por la puerta abierta yendo a dar sobre un gran árbol que había delante de la casa, haciendo una gran grieta en el árbol desde la copa hasta el suelo. Si yo hubiese permanecido en el vano de la puerta, no estaría hoy escribiendo este relato.

    Mi madre nunca pudo explicarse aquella decisión que tomó en una fracción de segundo. Todo lo que sé es que su acción intuitiva e impulsiva me salvó la vida.

    Años más tarde, al contemplar la profunda hendidura que quedó en el árbol grande de mi antigua casa paterna, sólo pude decir con el corazón agradecido: “Gracias sean dadas al Señor por el valiosísimo don que poseía mi madre en abundancia, y que poseen muchas madres fieles, por medio de quienes el cielo puede estar muy cerca de nosotros en los momentos de necesidad10.

    ¿Cómo puede la madre cumplir su responsabilidad de enseñar el Evangelio a sus hijos?

    El corazón de la madre es el aula del niño. Las enseñanzas que reciben los niños pequeños de su madre, así como las lecciones que aprenden de los padres junto con el agradable recuerdo del calor del fuego de la chimenea u hogar nunca se borran del todo del alma.

    Alguien ha dicho que la mejor escuela de disciplina es el hogar, puesto que la vida familiar es el método de Dios de enseñar a los pequeños, y el hogar es en gran parte lo que la madre hace de él11.

    ¿Cuál es, entonces, la función de la madre en el gran servicio del reino? Su primera y más importante función es recordar la enseñanza del Evangelio en la familia12.

    [Quisiera mencionar] el lugar de la mujer en la enseñanza de sus hijos… el Señor dijo:

    “Pero he aquí, os digo que los niños pequeños son redimidos desde la fundación del mundo, mediante mi Unigénito;

    “por tanto, no pueden pecar, porque no le es dado poder a Satanás para tentar a los niños pequeños, sino hasta cuando empiezan a ser responsables ante mí;

    “porque a ellos les es dado conforme a mi voluntad, según me plazca, a fin de que se requieran grandes cosas de las manos de sus padres” (D. y C. 29:46–48).

    …¿Cuáles son las grandes cosas que Dios requiere de las manos de los padres (o sea, padre y madre) durante la primera infancia de sus hijos, antes de que ellos lleguen a ser responsables ante el Señor?… Se amonesta a los padres a bautizar a sus hijos cuando ellos cumplan ocho años de edad y a enseñarles los principios fundamentales del Evangelio. Sus hijos serán bautizados para la remisión de sus pecados y en seguida recibirán la imposición de manos. Y les enseñarán a orar y a andar rectamente delante del Señor.

    Grandes logros se requieren de parte del padre y de la madre antes de que Satanás tenga poder para tentar a los niños. Es responsabilidad de los padres establecer un cimiento sólido mediante la enseñanza a sus hijos de las normas de la Iglesia tanto por precepto como por el ejemplo.

    Para las hermanas, eso significa que deben hacer de la maternidad una carrera. No deben permitir que nada reemplace esa carrera13.

    Hace poco di con un discurso que una de mis hijas había dado a un grupo de madres e hijas. Les contaba de la ocasión en la que su hijo primogénito comenzó a enseñarle de las responsabilidades que debía tener como madre. Decía: “Hace muchos años cuando mi hijo mayor era muy pequeño, me encontraba una calurosa noche de verano después de la cena intentando desesperadamente terminar de envasar fruta”. No me cabe duda de que ustedes, las madres jóvenes, se pueden imaginar esa escena. Aquel día todo había ocurrido para impedir que mi hija se dedicara a la tarea de envasar que deseaba terminar. Ya tenía al bebé preparado para la noche, el marido se había ido a tiempo a la reunión que tenía, y los pequeños de tres y de cuatro años estaban a punto de terminar de ponerse el pijama para irse a la cama. Ella pensó: “Bien, ahora seguiré envasando la fruta”.

    [Mi hija continuaba:] “En esa situación me encontraba aquella noche cuando comencé a pelar y deshuesar la fruta; de pronto, mis dos hijos pequeños aparecieron en la cocina y me dijeron que estaban listos para decir sus oraciones”. Como no quería interrumpir lo que estaba haciendo, ella dijo con apremio a los niños: “ ‘Por qué no se van corriendo a decir sus oraciones ustedes solitos, para que mamá siga preparando esta fruta’. Entonces, David, el mayor, colocó firmemente su piececito delante de mí y me preguntó con tono amable: ‘Pero, mami, ¿qué es más importante: las oraciones o la fruta?’. Poco comprendí entonces, como joven madre y ocupadísima esposa que en mi vida habría más adelante muchos dilemas como aquél al llevar a cabo mi función de esposa y madre en el hogar”.

    Ése es el desafío que ustedes, las madres de familia, tienen cuando sus hijos pequeños las apremian a estar al lado de ellos y ayudarles a crecer…

    Madres, cuando sus hijos comiencen a hacerles preguntas, incluso acerca de las cosas delicadas de la vida, no los aparten a un lado. Dediquen tiempo a explicarles las cosas a la altura de la comprensión de su mente de niños, o a medida que vayan creciendo, de su mente de hijos mayores. La madre de éxito es la que nunca está demasiado cansada para que sus hijos e hijas compartan sus alegrías y sus tristezas con ella14.

    Ruego que las bendiciones del Señor estén con ustedes, [mis amadas hermanas]. Ustedes tienen un poder más grande sobre el bienestar de esta Iglesia de lo que se pueden imaginar. La forma en que cumplan su responsabilidad de madres determinará en gran medida la forma en que irá la Iglesia. Que el Señor las ayude para que edifiquen sobre el sólido fundamento del hogar es mi humilde oración, y les doy mi humilde testimonio de que dentro de la Iglesia de Jesucristo se encuentran las enseñanzas y los planes por medio de los cuales nuestros hogares pueden conservarse seguros, y doy ese testimonio en el nombre del Señor Jesucristo15.

    Sugerencias para el estudio y el análisis

    • ¿Qué sacrificios hace una madre por sus hijos? ¿Qué bendiciones emanan de esos sacrificios?

    • ¿De qué manera “la madre de éxito de hoy en día” bendice a las generaciones futuras por la eternidad?

    • ¿Qué significa estar “en el corazón” del hogar? ¿Por qué es importante que la madre esté “en el corazón” de la vida de sus hijos?

    • ¿Cómo alejan a veces a la mujer de sus sagrados propósitos la velocidad y las distracciones del vivir moderno? ¿Cómo pueden reducirse al mínimo esas distracciones?

    • ¿Qué enseñan los relatos de la madre del profeta José Smith y de la madre del presidente Lee con respecto a la forma en que la madre puede ejercer una influencia recta sobre sus hijos?

    • ¿Cómo le han bendecido a usted las oraciones de su madre? ¿Cómo han bendecido a sus hijos las oraciones de usted como madre?

    • ¿De qué modo puede el marido y padre de familia ayudar a la madre a cumplir sus responsabilidades en el hogar? ¿Cómo pueden ayudar los líderes del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro? • ¿Por qué debe la madre dar el primer lugar de importancia a su responsabilidad de enseñar el Evangelio en la familia? ¿Cómo puede la madre cumplir con eso?

    • ¿De qué forma pueden el padre y la madre preparar a sus hijas para que lleguen a ser buenas madres?