Uso individual y familiar
18 – 24 octubre. Doctrina y Convenios 121–123: “Oh Dios, ¿en dónde estás?”
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“18 – 24 octubre. Doctrina y Convenios 121–123: ‘Oh Dios, ¿en dónde estás?’”, Ven, sígueme — Para uso individual y familiar Doctrina y Convenios 2021 (2020)

“18 – 24 octubre. Doctrina y Convenios 121–123”, Ven, sígueme — Para uso individual y familiar 2021

La primavera en la cárcel de Liberty, por Al Rounds.

18 – 24 octubre

Doctrina y Convenios 121–123

“Oh Dios, ¿en dónde estás?”

Su experiencia al estudiar las Escrituras será más rica si su meta es descubrir la verdad. Comience con una oración, escuche al Espíritu y anote sus impresiones.

Anote sus impresiones

El nivel inferior de la cárcel del condado en Liberty, Misuri, se conocía como el calabozo. Los muros eran gruesos, el suelo de piedra estaba frío y sucio, la comida —la poca que había— estaba podrida, y la única luz que había provenía de dos ventanas angostas con barrotes cerca del techo. Fue en ese calabozo que José Smith y algunos de sus compañeros pasaron la mayoría de su encarcelamiento —cuatros meses frígidos durante el invierno de 1838–1839— esperando ser juzgados por cargos de traición contra el estado de Misuri. Durante ese tiempo, José constantemente recibía noticias sobre el sufrimiento de los santos. La paz y el optimismo de Far West habían perdurado solo unos meses, y ahora los santos nuevamente estaban sin hogar, echados al yermo en busca una vez más de otro lugar para comenzar, y esta vez con su profeta en la cárcel.

No es de sorprenderse que José Smith haya clamado: “Oh Dios, ¿en dónde estás?”. Las respuestas que recibió, el “conocimiento desde el cielo” que se “derram[ó]” en esa deprimente cárcel, demuestran que aun cuando no siempre lo parezca, Dios nunca está lejos. El Profeta aprendió que no hay poder que pueda “deten[er] los cielos”. “Dios estará co[n] [Sus santos fieles] para siempre jamás” (Doctrina y Convenios 121:1, 33; 122:9).

Véanse Santos, tomo I, págs. 328–404; “Dentro de los muros de la cárcel de Liberty”, Revelaciones en contexto, págs. 273–283.

Ideas para el estudio personal de las Escrituras

Doctrina y Convenios 121:1–10, 23–33122

La adversidad puede “se[r] para [mi] bien”.

Cuando nosotros o quienes amamos están en medio del sufrimiento, es normal preguntarse si Dios está consciente de nosotros. Al leer Doctrina y Convenios 121:1–6, piense en las ocasiones en que haya tenido preguntas o sentimientos similares a los de José Smith. ¿Qué halla en la respuesta del Señor que pudiera ayudarle cuando tenga esas preguntas o sentimientos? Por ejemplo, en los versículos 7–10, 26–33, note las bendiciones que Él promete a quienes “sobrellev[en] bien” la aflicción. Conforme lea la sección 122, considere cómo el Señor desea que usted vea sus adversidades.

Véase también Henry B. Eyring, “¿Dónde está el pabellón?”, Liahona, noviembre de 2012, págs. 72–75.

Doctrina y Convenios 121:34–46

Podemos acceder los “poderes del cielo”.

En lo que parecía ser una situación impotente en la cárcel de Liberty, José recibió una revelación sobre el poder: no el poder político ni militar que había sido ejercido sobre los santos, sino “los poderes del cielo”. A medida que lee Doctrina y Convenios 121:34–46, ¿qué aprende sobre el poder de Dios? ¿En qué se diferencia del poder del mundo? Por ejemplo, vea las palabras que el Señor utiliza en los versículos 41–43 para describir el “poder o [la] influencia”. ¿Qué enseñan sobre la forma en que Dios mantiene Su “poder o influencia”? Quizá esos versículos podrían inspirarle a meditar en cuanto a su vida y lo que puede hacer a fin de ser una influencia para bien en la relación que tiene con los demás.

Doctrina y Convenios 122

Jesucristo ha descendido debajo de todas las cosas.

José Smith había sido encarcelado injustamente por más de cuatro meses mientras que sus amigos y familiares estaban siendo expulsados de sus hogares. La obra a la que había dedicado su vida parecía estar en ruinas. ¿Qué aprende en cuanto a Jesucristo de Sus palabras a José en la sección 122? ¿Qué aprende sobre José? ¿Qué aprende acerca de usted mismo?

Véanse también Alma 7:11–13; 36:3; Doctrina y Convenios 88:6.

No se haga mi voluntad, sino la tuya, por Walter Rane.

Doctrina y Convenios 123

“Hagamos con buen ánimo cuanta cosa esté a nuestro alcance”.

En marzo de 1839, pudiera haber parecido que no había mucho que los santos pudieran hacer para cambiar su terrible situación; sin embargo, en sus cartas escritas desde la cárcel de Liberty, José les dijo lo que sí podían hacer: “recopilen lo que sepan de todos los hechos” y “permane[zcan] tranquilos, con la más completa seguridad, para ver la salvación de Dios” (Doctrina y Convenios 123:1, 17). Al considerar el engaño y la “astucia de los hombres” en el mundo de hoy, piense en las cosas que “esté[n] a [su] alcance” hacer (versículos 12, 17). ¿Por qué es importante hacer esas cosas “con buen ánimo”? (versículo 17). ¿A quién conoce que “no lleg[a] a la verdad” (versículo 12), y cómo puede ayudarle a esa persona a encontrarla?

Muchos de los informes que José pidió en esta carta se enviaron al gobierno y se publicaron en una serie de once partes en un periódico de Nauvoo llamado Times and Seasons (véase “A History, of the Persecution, of the Church of Jesus Christ, of Latter Day Saints in Missouri, December 1839–October 1840”, josephsmithpapers.org).

Ideas para el estudio familiar de las Escrituras y la Noche de Hogar

Doctrina y Convenios 121:1–10.

El “calabozo” de la cárcel de Liberty medía solamente 4,2 por 4,4 metros. ¿De qué manera puede ayudar a su familia a imaginar cómo hubiera sido estar confinado a un espacio de ese tamaño durante cuatro fríos meses? Puede encontrar otros detalles sobre las condiciones en la cárcel de Liberty en “Capítulo 46: José Smith en la cárcel de Liberty” (Relatos de Doctrina y Convenios, págs. 173–175). También podría leer “Voces de la Restauración: La cárcel de Liberty” al final de esta reseña, o ver una representación en video del tiempo que José pasó en la cárcel de Liberty en el video José Smith: El Profeta de la Restauración (ChurchofJesusChrist.org, comenzando en el minuto 41:40). ¿De qué manera influye esa información en lo que sentimos en cuanto a los principios contenidos en Doctrina y Convenios 121:1–10?

Doctrina y Convenios 121:34–36, 41–45.

Quizá una analogía ayudaría a su familia a entender “los poderes del cielo”. Por ejemplo, podría comparar el poder de Dios con el poder de la electricidad; ¿qué podría impedir que un aparato eléctrico recibiera electricidad? ¿Qué nos enseña esa analogía, junto con los versículos 34–36, 41–45, en cuanto a la manera de aumentar nuestro poder espiritual? Posiblemente los miembros de la familia podrían compartir relatos de la vida del Salvador que ejemplifiquen esos atributos.

Doctrina y Convenios 122:7–9.

Quizá los miembros de la familia disfrutarían de elaborar pequeños carteles que tengan frases de esos versículos que les inspiren, los cuales podrían exhibirse en su casa. ¿Por qué es importante saber que “[e]l Hijo del Hombre ha descendido debajo” de todas las cosas?

Doctrina y Convenios 123:12.

¿En qué forma podemos ayudar a las personas a “sabe[r] dónde halla[r]” la verdad?

Para ver más ideas sobre la enseñanza de los niños, véase la reseña de esta semana de Ven, sígueme — Para la Primaria.

Canción que se sugiere: “¿Dónde hallo el solaz?”, Himnos, nro. 69.

Voces de la Restauración

La cárcel de Liberty

Al estar encarcelado en Liberty, Misuri, José Smith recibió cartas informándole de la situación peligrosa de los Santos de los Últimos Días que estaban siendo expulsados del estado por orden del gobernador. Una carta conmovedora provino de su esposa Emma. Sus palabras, y las cartas de respuesta de José, expresaban tanto su sufrimiento como su fe durante ese tiempo difícil de la historia de la Iglesia.

Carta de Emma Smith a José Smith, 7 de marzo de 1839

“Querido esposo:

“Con la oportunidad de mandar [esta carta] con un amigo, hago el intento de escribir; mas no intentaré escribir todos mis sentimientos, porque la situación en la que estás, los muros, barrotes y cerrojos, los ríos, arroyos, colinas, valles y praderas que nos separan, y la cruel injusticia que primero te arrojó en la cárcel y que aún te mantiene allí, junto con muchas otras razones, hace que mis sentimientos no se puedan describir.

“Si no fuera por estar consciente de que somos inocentes, y la intervención directa de la misericordia divina, estoy muy segura de que jamás podría haber sobrellevado las escenas de sufrimiento que he atravesado […]; pero aún estoy viva y todavía estoy dispuesta a sufrir más si es la voluntad del bondadoso Cielo que lo haga por tu bien.

“Todos estamos bien en este momento, excepto Fredrick, que está bastante enfermo.

“El pequeño Alexander, a quien tengo ahora mismo en los brazos, es uno de los mejores niños que hayas visto en tu vida. Es tan fuerte que con la ayuda de una silla corre por toda la habitación […].

“Solo Dios conoce los pensamientos de mi mente y los sentimientos de mi corazón cuando abandoné nuestra casa y nuestro hogar, y casi todas nuestras posesiones a excepción de nuestros pequeños hijos, e inicié el viaje para salir del estado de Misuri, dejándote encerrado en esa solitaria prisión. Pero el recuerdo es más de lo que la naturaleza humana debería soportar […].

“Espero que nos esperen mejores días […]. Por siempre tuya,

“Emma Smith”1.

Carta de José Smith a Emma Smith, 4 de abril de 1839

“Querida y amorosa esposa:

“El jueves por la noche me senté justo cuando el sol se estaba poniendo, según podemos ver por las rejillas de esta solitaria prisión, a escribirte, para informarte sobre mi situación. Me parece que han pasado cinco meses y seis días2 desde que he estado bajo la mirada despectiva de un guardia día y noche, y entre los muros, rejillas y las chirriantes puertas de hierro de una prisión solitaria, oscura y sucia. Con sentimientos que solo Dios conoce, escribo esta carta. Las contemplaciones de la mente bajo estas circunstancias imposibilitan que la pluma, la lengua o los ángeles las describan al ser humano que nunca haya pasado por lo que estamos viviendo […]. Nos apoyamos en el brazo de Jehová, y en nadie más, para nuestra liberación; y si Él no lo hace, puedes estar segura que nadie lo hará, porque en este estado hay una gran sed de nuestra sangre; no porque seamos culpables de algo […]. Mi querida Emma, pienso en ti y en los niños continuamente […]; quiero ver al pequeño Frederick, a Joseph, Julia, Alexander, Joana y al viejo Major [el perro de la familia] […]. Con gusto caminaría de aquí hasta donde estás, descalzo, sin sombrero y semidesnudo para verte, y lo consideraría un gran placer, sin contarlo como ardua labor […]. Soporto con fortaleza toda mi opresión, al igual que los que están conmigo; ninguno de nosotros ha flaqueado todavía. Quiero [que] no permitas que [nuestros hijos] me olviden; diles que papá los ama con un amor perfecto y que está haciendo todo lo posible por alejarse del populacho para ir con ellos […]. Diles que papá dice que deben ser buenos niños y obedecer a su madre […].

“Con amor,

“José Smith, hijo”3.

Notas

  1. Letter from Emma Smith, 7 March 1839”, Letterbook 2, pág. 37, josephsmithpapers.org; se han actualizado la ortografía, la puntuación y la gramática.

  2. José y sus compañeros fueron arrestados el 31 de octubre de 1838 y mantenidos bajo estricta vigilancia día y noche. Después de un juicio preliminar en Richmond, Misuri, fueron llevados a la cárcel de Liberty el 1 de diciembre.

  3. Letter to Emma Smith, 4 April 1839”, págs. 1–3, josephsmithpapers.org; se han actualizado la ortografía, la puntuación y la gramática.

Mientras José Smith sufría en la cárcel de Liberty, el Señor lo consoló y le reveló grandes verdades.