Mensaje del Área
Mi viaje hacia la verdad y la paz
Durante toda mi vida, mi familia no estuvo muy vinculada a ninguna iglesia, por lo que no aprendí mucho sobre Dios o Jesucristo en casa. Esto me hizo crecer alejada de todo lo relacionado con lo celestial. Lo poco que aprendí sobre Dios lo adquirí en la escuela primaria y secundaria. Sin embargo, mis dudas sobre Él se hicieron más evidentes y profundas en mi adolescencia, cuando tuve que hacer la “confirmación” en la Iglesia católica. Ninguna de mis dudas fue respondida y me sentía triste porque nunca había experimentado algo especial en mi corazón. No sabía si realmente existía un Dios o Jesucristo. Si existían, no entendía por qué había tanto sufrimiento en el mundo ni por qué no intervenían para detenerlo.
Me frustré y me alejé sintiendo resentimiento hacia algo o alguien que ni siquiera conocía. Me dolía ver a mi hermana tan feliz leyendo su Biblia todas las mañanas, mientras yo me sentía vacía y cansada de no recibir respuestas.
Con el tiempo, conocí La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El proceso no fue fácil, ya que la conocí cuando mi novio decidió servir en una misión. No entendía nada de lo que sucedía, ni siquiera había oído hablar de los misioneros. Todo comenzó cuando, por curiosidad, quise saber por qué mi novio sentía la necesidad de irse a un lugar que aún no sabía dónde sería y, además, por tanto tiempo.
A lo largo de ese tiempo, me enseñaron muchas cosas y respondieron a mis preguntas. Al principio, esa fue la razón por la que decidí quedarme, la familia de mi novio y los misioneros que fueron realmente increíbles conmigo, mostrándome paciencia, amor y enseñándome con mucha dedicación.
Sin embargo, pasó un tiempo en el que dejé de ver a los misioneros. No me sentía preparada para el bautismo, aunque ellos insistían en que ya estaba lista. A pesar de que habían respondido mis preguntas y había comenzado a orar y a leer el Libro de Mormón, no quería tomar una decisión tan importante sin tener la seguridad de que era la elección correcta. No quería cometer el mismo error que cometí al hacer la confirmación en la Iglesia católica, para luego alejarme. Necesitaba que esta decisión fuera tomada por mí, con plena convicción de que esta era la Iglesia verdadera, sin presiones externas.
Con el tiempo, obtuve mi testimonio del Libro de Mormón porque no dejé de leerlo ni de orar todos los días. Hablé con mi familia sobre mis sentimientos hacia la Iglesia y poco a poco todo empezó a encajar. Sentí que mis oraciones eran contestadas conforme iba abriendo mi corazón. Volví a ver a los misioneros y cuando me preguntaron si deseaba ser bautizada, estaba preparada para decir “no” una vez más. Pero en ese momento, sentí una paz que no venía de mí. El Espíritu me habló y con esa paz, les dije que “sí”.
Hoy tengo diecinueve años y soy miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Sí, soy conversa y la primer miembro en mi familia. Fui bautizada en 2023 y amo a mi Salvador Jesucristo con todo mi corazón. Amo el Evangelio y nada me hace más feliz que compartirlo con todas las personas que pueda. La vida no siempre es fácil, pero conocer la verdad, saber que soy una hija amada de mi Padre Celestial y recibir todas las bendiciones que tenemos al estar en Su Iglesia restaurada, me hace sentir la persona más afortunada del mundo. Esto me da la fortaleza para seguir perseverando porque sé que algún día volveré a verlo y estaré con Él, junto a mi familia eterna.