De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Tres maneras en las que puedes hacer de tu barrio tu familia
Si buscas amistad y conexión, recurre a los miembros de tu barrio.
La conexión y la amistad a veces pueden parecer fuera de nuestro alcance.
Pero ya sea que estés buscando hacer amistades duraderas, recibir fortaleza espiritual o compartir tus talentos, puedes construir una comunidad de apoyo en tu familia del barrio.
El élder David L. Buckner, de los Setenta, dijo lo siguiente: “Veo la declaración del Salvador ‘sois mis amigos’ como una llamada a la acción muy clara para cultivar relaciones más elevadas y santas entre los hijos de Dios ‘para que seamos uno’ [3 Nefi 19:23]. Esto lo conseguimos cuando nos esforzamos juntos por buscar tanto oportunidades para unirnos como un sentido de pertenencia para todos”.
Tenemos el poder de crear experiencias y relaciones interpersonales más elevadas y santas en nuestra familia del barrio.
Con eso en mente, a continuación figuran tres maneras en las que puedes edificar una comunidad en la que los miembros de tu barrio sean como tu familia.
1. Acércate
Si te sientes solo en tu barrio, es probable que no seas el único. La conexión es la cura para la soledad, así que acércate y crea conexiones con quienes te rodean. Al asistir a las actividades de la Iglesia y del barrio, busca otras personas que también parezcan sentirse solas. Utiliza la aplicación Herramientas para aprender los nombres de los miembros de tu barrio y saber quiénes no asisten a las actividades con frecuencia. Acércate a ellos e invítalos a participar contigo. Incluso una sonrisa o un saludo con la mano pueden marcar la diferencia en los sentimientos de pertenencia de alguien.
El presidente Henry B. Eyring, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, dijo lo siguiente: “Sabemos, por experiencia, que tenemos gozo cuando se nos bendice con unidad. El Padre Celestial no puede concedérnosla de manera individual; el gozo de la unidad que tanto desea concedernos no se recibe de forma solitaria; debemos buscarla y ser dignos de ella junto con las demás personas”.
Al acercarte a los demás, no olvides acudir al Padre Celestial y pedirle ayuda a medida que te esfuerzas para conectarte con tu barrio y encontrar personas que puedan ser la familia que necesitas. Con el tiempo, tus conexiones pueden convertirse en amistades duraderas.
2. Presta servicio
El servicio nos conecta con los demás de una manera especial. Nos ayuda a llegar a ser más como Cristo, quien siempre servía a los que lo rodeaban. La hermana Bonnie L. Oscarson, en ese entonces Presidenta General de las Mujeres Jóvenes, enseñó lo siguiente: “El Padre Celestial quizás haya puesto cerca de nosotros a quienes nos necesitan, sabiendo que somos los más indicados para satisfacer sus necesidades”.
No estás en tu barrio por casualidad. El Padre Celestial está al tanto de las necesidades y los talentos de todos Sus hijos y ha puesto a los miembros de su barrio juntos para un propósito especial. Al ministrar a los miembros de tu barrio, tal vez descubras que alguien te necesita a ti y tus dones específicos.
El servir con sinceridad a alguien de tu barrio abre la puerta a una relación de amor, confianza y apoyo.
3. Encuentra un mentor
Un mentor puede presentarse de muchas formas y puede ayudarte a navegar por los altibajos de ser joven adulto. Piensa en alguien de tu barrio a quien admires. ¿Qué experiencias o atributos tiene esa persona que te gustaría tener en tu vida? ¿Qué aprendes de ella?
El élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo lo siguiente: “Estas personas confiables y con más experiencia sirven eficazmente de guía a otras con menos experiencia, ayudándoles a moldear su entendimiento y enseñándoles principios que les ayudarán a ser más eficientes, fuertes, sabias y valiosas en el servicio de Dios”.
Al considerar a esas personas en tu vida, ora para saber a quién podrías pedir que sea tu mentor. Una vez que decidas, fija una cita para reunirte con esa persona. Ve preparado con preguntas o metas en las que te gustaría trabajar y pregúntale si estaría dispuesta a ser tu mentor(a) y a ayudarte a alcanzar tus metas.
Ser uno con Cristo
El élder Quentin L. Cook, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó lo siguiente: “La esencia de la verdadera pertenencia consiste en ser uno con Cristo”.
Sin importar las diferencias entre tú y los demás miembros del barrio, como alguien que guarda sus convenios, puedes esforzarte por ser uno con los demás y con Cristo.