2021
El diario misional de mi padre
Marzo de 2021


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El diario misional de mi padre

Mi padre, Daniel Bautista Herrera, se había mudado del campo a la ciudad y comenzaba una vida totalmente nueva en Buenos Aires, Argentina. En el año 1958 conoció el evangelio de Jesucristo a través de su hermano mayor y se bautizó en la rama de Liniers. Al año siguiente tomó la valiente y singular decisión de cumplir una misión regular aun cuando sus condiciones no eran del todo favorables.

En septiembre de 1959 sirvió en Argentina cuando la misión abarcaba el país en toda su extensión. Recibió asignaciones en Córdoba, Mar del Plata, Pergamino, Santa Fe, Tucumán, Formosa, La Rioja y Mendoza, entre otros lugares. Fue llamado como presidente de rama y élder viajante, como se llamaba en aquel entonces.

Durante ese tiempo especial había llevado un diario misional en el que registraba lo observado, los lugares que visitó, las experiencias espirituales que vivió y los nombres de las personas con las que se relacionó. Este registro compuesto por páginas escritas, fotografías y dedicatorias misionales de compañeros y conversos, cuentan acerca de la mano amorosa de Dios guiándolo y protegiéndolo. Incluyó palabras de los profetas, Escrituras e incluso poesías que lo ayudaron a conocer al Salvador. Anotaba acerca de lo que meditaba y sintetizaba sus “reglas de la felicidad” tales como tener fe en Dios y serle fiel, cuenta de su búsqueda de sabiduría a través de la oración, el desarrollo del autodominio y de las virtudes, el valor de los amigos y su necesidad de predicar la palabra de Dios de tal forma que otros se sientan indefectiblemente atraídos por el Evangelio. Su experiencia personal en el campo misional le había resultado exquisita y la recordó dulcemente toda su vida.

Conservar el diario misional de mi padre ha sido para mí un consuelo y un modo de llegar a conocerlo más, ya que apenas comenzaba mi adolescencia que fue cuando él concluyó su experiencia mortal. Sus anotaciones y pensamientos centrados en Jesucristo y Su evangelio llegaron a convertirse en escrituras de valor incalculable para mí.

La influencia de este legado misional fue determinante a la hora de tomar la decisión de con quién casarme: debía ser un exmisionero. Tal influencia, junto con el ejemplo de fidelidad de mis padres, había orientado tal búsqueda. Hoy este legado continúa en mi hijo mayor, quién lleva el nombre de mi padre y está pronto a servir una misión regular.

Los privilegios y las bendiciones que puedo ver en mi vida provienen en gran parte gracias a la historia familiar. También pude entender cómo mi padre afrontó los desafíos, y con la ayuda amorosa del Señor los superó.

Saber estas cosas me proporcionó un sentido de identidad único. Mi fe y la confianza en Jesucristo aumentaron como consecuencia de recordar el legado misional de mi padre. Sé que el Señor proporciona medios sencillos para obrar grandes cosas y la historia familiar es uno de ellos. Sé que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la Iglesia verdadera. En el nombre de Jesucristo. Amén.