2018
Élder Ulisses Soares: Un hombre sin engaño
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Élder Ulisses Soares: Un hombre sin engaño

188th Annual General Conference: Elder and Sister Soares.

En los primeros días de Su ministerio, cuando Jesús estaba eligiendo a Sus apóstoles, vio a Natanael que venía hacia él. Inmediatamente discernió la bondad de Natanael, declarando: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”1.

Jesús sabía que Natanael era un hombre con pureza de corazón, honesto en sus intenciones y sin hipocresía ni engaño. El Señor ama esta característica de integridad justa y llamó a Natanael para ser un apóstol2.

Ulisses Soares es como el Natanael de antaño, y el Señor lo ha llamado también.

“La luz de mis padres”

Ulisses Soares, el menor de cuatro hermanos, nació en São Paulo, Brasil, el 2 de octubre de 1958. Proviene de orígenes humildes, pero sus padres, Apparecido y Mercedes Carecho Soares, eran personas honorables y trabajadoras que escucharon con sinceridad a los misioneros. Se unieron a la Iglesia en 1965, cuando Ulisses tenía seis años.

“Nunca vi al hermano Apparecido faltar a una reunión”, dice Osiris Cabral, quien sirvió como presidente de estaca cuando Ulisses era un hombre joven. “Mercedes también era muy fiel. Ulisses heredó la dedicación de sus padres”.

Elder Soares

Ulisses Soares “[creció] en la Iglesia siguiendo la luz” de sus padres, Apparecido y Mercedes Soares (izquierda). A medida que Ulisses confiaba en el Señor a pesar de la oposición, aprendió de niño a aferrarse al Salvador y Su evangelio.

El corazón naturalmente bueno de Ulisses dio frutos mientras aprendía los caminos del Señor. “Crecí en la Iglesia siguiendo la luz de mis padres”, dice el élder Soares. Mientras seguía esa luz, su testimonio se fortaleció a pesar de la oposición.

“Yo era el único miembro de la Iglesia en mi escuela y los otros muchachos siempre trataban de rebajarme y empujarme a hacer cosas que estaban mal”, cuenta. “Tuve que aprender a defenderme en esos desafíos, pero siempre confié con todo mi corazón en que el Señor me ayudaría a tener éxito. Aprendí de joven que, si haces tu parte, el Señor hará la Suya. Pero debes aferrarte firmemente a Su mano y Su evangelio”.

Cuando Ulisses tenía 15 años, su obispo le pidió que enseñara una clase de la Escuela Dominical para los jóvenes. Una lección que enseñó se centraba en obtener un testimonio del Evangelio. Ulisses había estudiado el Libro de Mormón, siempre había sentido que la Iglesia era verdadera y creía en el Salvador Jesucristo.

Mientras preparaba la lección, quiso darle a su clase un testimonio firme de la veracidad del Evangelio. “Estudié y oré fervientemente”, recuerda el élder Soares. “Después de arrodillarme, llegó a mi corazón una sensación muy dulce, una suave voz que me confirmaba que estaba en el camino correcto. Era tan fuerte que jamás podría haber dicho que no lo sabía”.

A medida que Ulisses maduraba, aprendió que si hacía más de lo que se esperaba o se le pedía, el Señor lo bendeciría generosamente. Una de esas lecciones llegó mientras se preparaba para la misión. Durante las entrevistas con Ulisses, su obispo hizo hincapié en la importancia de obedecer los mandamientos y vivir dignamente. También recalcó la preparación económica.

Actualmente, todos los misioneros de Brasil contribuyen con los costos de su misión, y muchas familias contribuyen con el total de los costos. Cuando Ulisses se acercaba a la edad de servir en una misión, decidió que ganaría todo el dinero necesario para su misión. Aprovechando la sólida ética laboral que había aprendido al trabajar en la pequeña empresa de su padre y con la capacidad de escribir rápido a máquina, Ulisses encontró un empleo diurno ayudando a una empresa a preparar su nómina de pagos.

Después de pasar un difícil examen de ingreso, comenzó a estudiar contabilidad en una escuela secundaria profesional por la noche. Cada mes, después de pagar el diezmo, ahorraba dinero para su misión. Después de un año fue transferido al departamento de contabilidad de su compañía.

“Así es como ahorré dinero para pagar mi misión”, dice el élder Soares. Y cada mes, durante los tres años antes de irme, compraba algo que necesitaba: una camisa, un par de pantalones, un par de calcetines, una corbata, una maleta”. También necesitaba, y recibió, gran amor y apoyo de sus padres y líderes locales.

Ulisses fue llamado a la Misión Brasil Río de Janeiro. Sirvió la primera parte de su misión bajo el presidente Helio da Rocha Camargo, quien más tarde se convertiría en el primer brasileño en ser llamado como Autoridad General. Ulisses comenzó su misión a principios de 1978. El primer templo de Latinoamérica fue dedicado más tarde ese año en São Paulo por el presidente Spencer W. Kimball (1895–1985).

Elder Ulisses Soares

En enero de 1980, Ulisses y su compañero, que tampoco había recibido su investidura, abordaron un autobús en Río de Janeiro para hacer un viaje de ocho horas hasta el Templo de São Paulo, Brasil. Los padres y hermanos de Ulisses se reunieron con él allí y la familia Soares se selló por tiempo y eternidad. Ulisses nunca ha olvidado esas cinco horas juntos en el Templo de São Paulo. Más tarde ese día, él y su compañero regresaron al campo misional.

Poner a Dios en primer lugar

Ulisses disfrutó de una misión exitosa, lo que fortaleció aún más su testimonio. Cuando regresó a su hogar, buscó un trabajo y comenzó a estudiar contabilidad y economía en la universidad local.

Hacía siete meses que había regresado a casa cuando se cruzó con la “hermana Morgado” en un baile multiestaca. Ulisses había prestado servicio como su líder de zona por un tiempo y los dos pasaron la velada poniéndose al día y compartiendo historias misionales. Tres semanas después comenzaron a salir juntos.

Rosana Fernandes Morgado tenía ocho años cuando su hermana mayor, Margareth, comenzó a llevarla a la Iglesia. Con el tiempo, las dos fieles jóvenes investigadoras recibieron permiso de su padre para bautizarse, pero cada una de ellas tuvo que esperar hasta cumplir 17. Rosana asistió a la Iglesia durante nueve años antes de recibir el permiso para bautizarse.

Ulisses vivía en el norte de São Paulo y Rosana vivía con sus padres en el sector sur de la ciudad. El viaje a través de la extensa ciudad tomaba de dos a tres horas en autobús y metro. Afortunadamente, Margareth y su esposo, Claudio, vivían cerca de la casa de sus padres.

“Cuando Ulisses llegaba los fines de semana para salir con Rosana, era difícil para él regresar a casa tan lejos en la noche”, recuerda el élder Claudio R. M. Costa, Setenta Autoridad General, sobre su futuro cuñado. Por tanto, él y Margareth invitaban a Ulisses a pasar la noche en la casa de ellos después de sus citas. “Lo adoptamos por un tiempo”, agrega el élder Costa.

“Dormía en el sofá de la sala de estar”, dice la hermana Costa. “Nosotros éramos recién casados, por lo que no teníamos mantas adicionales. Pero él se cubría con una vieja cortina que teníamos. Estaba feliz porque al día siguiente podía volver a ver a Rosana. Él era bueno con mi hermana y mis padres lo querían mucho”.

Ulisses y Rosana se casaron en el Templo de São Paulo, Brasil, el 30 de octubre de 1982.

Elder Soares

Si pasan unos minutos con el élder y la hermana Soares, su amor, admiración y respeto mutuo se harán evidentes rápidamente. Para el élder Soares, Rosana “ha sido un ejemplo de bondad, amor y total devoción al Señor, para mí y para mi familia”3. Para la hermana Soares, Ulisses es “un regalo del cielo”.

La hermana Soares agrega: “Él siempre ha sido extremadamente responsable y justo; siempre ha velado por nuestra familia y siempre me ha tratado muy bien. En todos sus llamamientos de la Iglesia ha dado lo mejor de sí. Él va y hace. Siempre pone las cosas de Dios primero en su vida. Me enamoro de él una y otra vez porque sé que si pone las cosas de Dios primero, también me pondrá a mí primero”.

De su esposa, el élder Soares dice: “Ella es la verdadera heroína e inspiración en nuestra familia. Es amorosa, bondadosa y paciente con todas las personas; une a nuestra familia y ve lo bueno en todos. Ella ha contribuido enormemente a lo que ha sucedido en mi vida. Acerca de mi llamamiento al Cuórum de los Doce Apóstoles, le dije bromeando: ‘Te culpo por esto, porque has magnificado tanto el poder del Evangelio en mi vida’”.

Un gran corazón

Gustavo, el hijo mayor de los Soares, recuerda la noche en que, cuando era niño, desobedeció a sus padres y se escapó para ver una celebración anual en su barrio de São Paulo, conocida como Festa Junina.

“Estaba en medio de una gran multitud, pasando un buen rato, cuando escuché que un presentador me llamaba al frente”, dice. “Fue entonces cuando vi a mi papá”.

Sus padres habían estado muy preocupados pero, en lugar de regañar a Gustavo, Ulisses lo abrazó con fuerza.

“Tuvimos una conversación seria acerca de extraviarse, pero mis padres me trataron con respeto”, recuerda Gustavo. “Me sentí protegido y supe que realmente me amaban”.

Ulisses es muy apegado a su familia. A pesar de su ocupado trabajo y su agenda de viajes a lo largo de los años, se tomó el tiempo para entablar relaciones con sus hijos.

Elder Ulisses Soares

Cuando se sostuvo al élder Soares en el Cuórum de los Doce Apóstoles, el 31 de marzo de 2018, tal vez nadie estuvo más sorprendido que Gustavo y sus dos hermanas, Lethicia Caravello y Nathalia Soares Avila. Pero si el amor, el trabajo arduo, la empatía y la humildad hacen que una persona cumpla los requisitos para el apostolado, dicen, pueden entender por qué el Señor llamó a su padre.

“Cuando Jesús llamó a Sus apóstoles, no escogió a los fariseos más eruditos; eligió pescadores”, dice Lethicia. “Mi padre y mi madre son así. Confían totalmente en el Señor y Él los utiliza para llevar a cabo Sus obras porque sabe que son desinteresados, están dispuestos a trabajar arduamente y son lo suficientemente humildes como para aceptar corrección”.

El “gran corazón” de su padre lo ayudará al ir hacia adelante como uno de los testigos especiales del Salvador, agrega Nathalia. “Él tiene el corazón necesario para ello”, dice ella. “Él siente la influencia de los cielos, y ama a todos y desea hacer lo correcto”.

“Todo saldrá bien”

Cuando el élder Soares prestó servicio como presidente de la Misión Portugal Porto, desde 2000 hasta 2003, se hizo famoso por usar la frase portuguesa “Tudo vai dar certo”, todo saldrá bien.

“Él nos la enseñó”, recuerda Ty Bennett, uno de sus misioneros. “Él vive su vida con fe y con el optimismo de que si hacemos lo que el Señor desea que hagamos, todo saldrá bien”.

También les enseñó a sus misioneros a no usar las palabras difícil o imposible, dice Richard Shields, otro de sus misioneros. “Nos referíamos a las cosas como ‘desafíos’. Ese consejo ayudó a moldear mi vida, ya que he visto las cosas como ‘desafíos’ que deben superarse en lugar de ‘difíciles’ o ‘imposibles’”.

Tal fe y optimismo no provienen de una vida fácil. El élder y la hermana Soares conocen bien la desilusión de las privaciones, el cansancio de los largos días de trabajo y estudio, los desafíos de la mala salud y la angustia del aborto espontáneo, la muerte fetal y la pérdida de hermanos y padres.

Pero a lo largo del camino de la vida, han puesto su fe en las palabras del pasaje de las Escrituras favorito del élder Soares: “Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones”4.

“Los desafíos son parte de nuestro progreso”, dice el élder Soares. “Pero cuando somos pacientes en el sufrimiento, cuando aprendemos a sobrevivir a los desafíos de la vida, cuando permanecemos fieles, el Señor nos tiene en alta estima y nos bendice con las bendiciones que Él ha prometido”.

Y cuando nos aferremos a la barra de hierro, agrega, el Señor no nos dejará solos.

“La constancia al aferrarnos a los mandamientos, al Evangelio, a las Escrituras y al Señor nos ayuda a superar los desafíos de la vida”, testifica el élder Soares. “Cuando nos arrodillemos para orar, Él estará con nosotros y nos guiará. Nos inspirará adónde ir y qué hacer. Cuando somos obedientes y nos humillamos, el Señor contesta nuestras oraciones”.

Discípulo devoto

Ulisses Soares es un hombre con capacidad y preparación. Sus estudios, que incluyen un título de maestría en administración de empresas, lo prepararon para trabajar como contador y auditor para compañías multinacionales en Brasil. Dicha experiencia lo preparó para trabajar en el departamento de finanzas de la Iglesia, lo que a su vez lo capacitó para que a los 31 años llegara a ser uno de los directores de asuntos temporales más jóvenes de la Iglesia. Esa preparación le sirvió como presidente de misión y en su llamamiento como Setenta Autoridad General, el 2 de abril de 2005.

Antes de ser llamado a la Presidencia de los Setenta el 6 de enero de 2013, el élder Soares prestó servicio como consejero y luego presidente de la Presidencia del Área Brasil y como consejero del Área África Sudeste. Allí sirvió como consejero del élder Dale G. Renlund, que entonces era Setenta Autoridad General. El élder Renlund, ahora miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, se deleita en el tiempo que pasaron juntos.

“El élder Soares es un discípulo de Jesucristo lleno de vitalidad, dedicado y devoto”, dice el élder Renlund. “No conozco a nadie que sienta con más entusiasmo que está en la obra del Señor. Si se le pide que haga algo, lo hace con todas sus fuerzas”.

Elder Soares

Ya sea entre los santos de Perú (izquierda), Ghana (abajo) u otras naciones donde ha servido y ministrado, el élder Soares “ama con facilidad a las personas”, dice el élder Claudio R. M. Costa.

Dijo que el élder Soares “se enamoró” rápidamente de los santos de África. Una de sus primeras asignaciones en el área fue presidir una conferencia de estaca en Kananga, República Democrática del Congo. “Cuando volvió, no podía dejar de hablar de la bondad y la devoción de las personas que conoció”, dice el élder Renlund.

El élder L. Whitney Clayton, quien sirvió con el élder Soares durante cinco años y medio en la Presidencia de los Setenta, lo llama un creador de consenso. “Él escucha y sopesa sus pensamientos. Es cuidadoso en la forma en que se comporta en las reuniones para que nuestras voces formen un coro en lugar de ser solistas que compiten”.

El élder Soares es modesto acerca de su capacidad para comunicarse en portugués, inglés, español y francés. Pero ese don, que requiere atención constante, es una bendición para la Iglesia, dice el élder Clayton. El élder Soares puede hablar a la gran mayoría de los miembros de la Iglesia en su propio idioma.

“Ulisses ha sido un líder desde que era niño”, observa el élder Claudio Costa acerca de su cuñado. “Es muy inteligente y muy capaz, y siente la responsabilidad de dar lo mejor de sí mismo. Ama con facilidad a quienes lo rodean. Tiene el corazón de un verdadero discípulo del Salvador y tiene el testimonio firme de que Jesús es el Cristo. Lo amo y estoy agradecido de sostenerlo como un Apóstol del Señor”.

Y el élder David A. Bednar, hablando en nombre del Cuórum de los Doce Apóstoles, agrega: “El élder Soares es un discípulo puro del Salvador, inocente y sin engaño. Por medio de la luz de su semblante, su cálida sonrisa y su forma de ser afable, incontables personas y familias han sido, son y serán inspiradas con un mayor deseo de seguir al Salvador y vivir los preceptos de Su evangelio”.

Elder Soares

Fotografía con su esposa, Rosana, frente al Templo de Salt Lake por Kristin Murphy, Deseret News

En nuestra dispensación, el Señor dijo de Edward Partridge: “Su corazón es puro delante de mí, porque es semejante a Natanael de la antigüedad, en quien no hay engaño”5. De Hyrum Smith, el Señor dijo: “Yo, el Señor, lo amo a causa de la integridad de su corazón, y porque él ama lo que es justo ante mí”6.

De Ulisses Soares, el Señor diría lo mismo.