2018
    Revelación para nuestra época
    Notas al pie de página
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    Revelación para nuestra época

    Recuerdos de profetas y apóstoles sobre la revelación de 1978

    Sacrament. Passing and partaking

    Diáconos en Manaus, Brasil, reparten la Santa Cena. Gracias a la revelación de 1978, los dignos poseedores del sacerdocio de toda raza pueden administrar las ordenanzas del Evangelio.

    La búsqueda

    Kimball, Spencer W.

    Presidente Spencer W. Kimball (1895–1985)

    12º Presidente de la Iglesia

    “Día tras día entraba con gran solemnidad y seriedad a los aposentos superiores del templo, y allí ofrecía mi alma y mis esfuerzos para seguir adelante con el programa. Yo quería hacer lo que [Dios] deseaba…

    “Tuvimos la gloriosa experiencia de que el Señor nos indicara claramente que había llegado el momento en que todos los hombres y las mujeres dignos, en todas partes, fueran coherederos y partícipes de la plenitud de las bendiciones del Evangelio. Como testigo especial del Salvador, quiero que sepan cuán cerca me he sentido de Él y de nuestro Padre Celestial en las numerosas oportunidades en que he estado en los aposentos superiores del templo, a los que he ido solo varias veces algunos días. El Señor me hizo ver muy claramente lo que había que hacer”.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 263.

    La oración

    Monson, Thomas S.

    Presidente Thomas S. Monson (1927–2018)

    16º Presidente de la Iglesia

    “Al terminar la reunión de la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce, efectuamos una oración especial ante el altar [del templo], la cual pronunció el presidente Kimball. Imploró al Señor luz y conocimiento tocante a ese asunto de tan trascendentales consecuencias. Fue una gran fuente de consuelo para todos nosotros escuchar sus humildes súplicas al buscar guía en su sublime llamamiento…

    “Más tarde la Primera Presidencia expresó agradecimiento, diciendo que ‘el espíritu de paz y unidad que prevaleció en esa reunión… fue el más magnífico que jamás se había sentido, lo cual fue evidencia de que el Señor estaba complacido con nuestras deliberaciones’…

    “… Fue un momento de júbilo, pues habíamos oído al profeta declarar la revelación del Señor para esta época”.

    En Heidi S. Swinton, Al rescate: La biografía de Thomas S. Monson, 2010, págs. 421-422.

    La revelación

    McConkie, Bruce R.

    Élder Bruce R. McConkie (1915–1985)

    Del Cuórum de los Doce Apóstoles

    “El Señor, en Su providencia, derramó el Espíritu Santo sobre la Primera Presidencia y los Doce… La revelación vino al Presidente de la Iglesia, y también a cada una de las personas que se hallaban presentes. Había allí congregados diez miembros del Consejo de los Doce y tres de la Primera Presidencia. El resultado es que el presidente Kimball supo, así como cada uno de nosotros, independientemente de cualquier otra persona, por revelación personal y directa, que había llegado el momento de extender el Evangelio y todas sus bendiciones y todas sus obligaciones, incluso el sacerdocio y las bendiciones de la Casa del Señor, a las personas de toda nación, cultura y raza, incluso a los de raza negra. No hubo dudas en cuanto a lo que sucedió, ni en cuanto a la palabra y al mensaje que llegaron”.

    “All Are Alike unto God” (devocional de la Universidad Brigham Young, 18 de agosto de 1978), pág. 4, speeches.byu.edu.

    La confirmación

    Hinckley, Gordon B.

    Presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008)

    15º Presidente de la Iglesia

    “En la sala se percibía un ambiente sagrado y santificado. A mí me pareció como si se hubiera abierto un conducto de comunicación entre el trono celestial y el suplicante profeta de Dios arrodillado y rodeado de sus hermanos. El Espíritu de Dios estaba allí. Y por el poder del Espíritu Santo, el profeta recibió la seguridad de que aquello por lo que oraba era correcto, de que había llegado el momento y de que las maravillosas bendiciones del sacerdocio debían extenderse a todo hombre digno, fuera cual fuese su linaje.

    “Por el poder del Espíritu Santo, cada uno de los que estábamos en aquel círculo supo la misma cosa…

    “… Ninguno de los que estábamos presentes en aquella ocasión volvió a ser la misma persona después de eso. Tampoco la Iglesia ha vuelto a ser exactamente la misma”.

    Véase “Priesthood Restoration”, Ensign, octubre de 1988, pág. 70.