2017
Sharon Eubank
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Sharon Eubank

Primera Consejera, Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Eubank, Sharon

Como nueva empleada de Servicios Humanitarios SUD, Sharon Eubank vio miseria, tristeza y pesar, lo que le hacía difícil desempeñarse. Mediante la oración, llegó a comprender que, aunque ella podía ayudar al Señor a cuidar de Sus hijos, no tenía control sobre dicho pesar. “Jesucristo está a cargo; Él llevará esa carga. Ellos son Su pueblo y Él escucha y responde las oraciones de ellos”. Aquella respuesta cambió su capacidad para tender la mano y servir.

Años más tarde, la hermana Eubank, como directora de LDS Charities [Organizaciones Benéficas SUD] —la organización humanitaria de la Iglesia— ha entregado ayuda y fomentado la autosuficiencia entre los necesitados de todo el mundo.

Tras ser sostenida el 1 de abril de 2017 a la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, continuará como directora de LDS Charities. Hay un “gran vínculo” entre LDS Charities y la Sociedad de Socorro, ya que las miembros de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro integran la Mesa Directiva de LDS Charities, explicó la hermana. Sus responsabilidades en ambas organizaciones fortalecerán dicho vínculo.

Nació en 1963 en Redding, California, EE. UU. Sharon es la mayor de los siete hijos de Mark y Jean Eubank. La hermana Eubank se crió en Bountiful, Utah, EE. UU., en un terreno de 4 hectáreas (10 acres), donde los hijos de la familia Eubank cosechaban albaricoques [damascos], reparaban aspersores de riego y tenían fácil acceso a las montañas de Utah.

La hermana Eubank se graduó como licenciada en inglés e historia en la Universidad Brigham Young, en Provo, Utah, y sirvió en la Misión Finlandia Helsinki.

Aparte de su labor en el Departamento de Bienestar de la Iglesia, la hermana Eubank ha trabajado en el Capitolio en Washington, D.C., EE. UU., ha sido copropietaria de una pequeña empresa y ha vivido en Japón y Francia.

Cada oportunidad fue un “salto de fe” que la ayudó a aprender las habilidades que hoy utiliza; le permitió conocer personas maravillosas dentro y fuera de la Iglesia; y la dotó de amor y aprecio por muchas de las culturas, idiomas y alimentos del mundo.