2016
    Rescatada por mi hermano
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    Rescatada por mi hermano

    La autora vive en Idaho, EE. UU.

    Cuando mi hermano Tanner cumplió doce años, lo invité a empezar a asistir al templo conmigo. Poco sabía lo mucho que íbamos a necesitarnos el uno al otro en los próximos años.

    Rescued by My Brother

    Yo tenía casi doce años cuando se dedicó el templo de Twin Falls, Idaho, y me alegré mucho la primera vez que mi hermana mayor me preguntó si quería empezar a ir al templo con regularidad con ella y su amiga.

    Me sentí feliz cuando, tres años después, mi hermano menor, Tanner, cumplió los doce años, porque por fin podría invitarlo a ir al templo conmigo.

    Cada mañana que íbamos nos ayudábamos mutuamente a despertarnos e ir; y cuanto estábamos cansados, Tanner contaba chistes para ayudarnos a despertar. Después de ir al templo, dedicábamos un tiempo a conversar sobre cómo nos habíamos sentido y lo que habíamos pensado en el templo.

    Ir al templo con Tanner se convirtió en el momento espiritual de la semana. Las visitas regulares al templo nos ayudaron a ser mejores amigos, lo cual me fortaleció más de lo que me habría imaginado cuando las pruebas se cruzaron en mi camino. Nuestras dos hermanas mayores se habían ido a la universidad y acababan de dividir el barrio, dejándonos a Tanner y a mí como los únicos jóvenes activos de nuestra unidad.

    Tanner y yo pasábamos horas llamando e invitando a jóvenes menos activos a ir a la Iglesia y a la Mutual. A menudo parecía un esfuerzo inútil, ya que nunca iba nadie, aun cuando intenté hacerme amiga de muchas jóvenes.

    Nuestros padres intentaban ayudar; compartían sus testimonios con nosotros cuando estábamos desanimados, y nos dejaban expresar nuestra frustración cuando llegábamos a casa amargados. Pero aún así, no aumentó de repente el número de amigos en la Iglesia, y cada vez era más y más difícil ir a las reuniones sabiendo que iba a ser la única mujer joven allí. Las visitas al templo empezaron a ser menos frecuentes porque teníamos un horario escolar muy ocupado.

    Rescued by My Brother

    Pasé mucho tiempo leyendo las Escrituras y rogando al Señor que me ayudara a ser fuerte. Sentía soledad y estaba cansada; cansada de estar sola, cansada de que mis esfuerzos no marcaran ninguna diferencia, cansada de luchar espiritual y emocionalmente.

    Durante esa época, trabajaba como socorrista en la piscina municipal. Me gustaba estar allí mucho más de lo que me gustaba estar en la Iglesia, porque los compañeros de trabajo eran mis amigos y siempre se alegraban de verme. Un día decidí que no volvería a la Mutual porque era más divertido estar en el trabajo y me resultaba más útil económicamente.

    No pensé que fuera a tener mayor importancia hasta que me di cuenta de que yo misma estaba rebajando mis normas. No dije nada en cuanto al lenguaje soez de mis amigos, y un día me sorprendí a mí misma diciendo una mala palabra por accidente, algo que no había hecho jamás. Una noche, incluso vi una película inapropiada en una fiesta con mis amigos socorristas. Me sentí terrible y me pregunté qué estaba haciendo.

    Mientras tanto, mis padres me habían dicho lo solo que se sentía Tanner desde que dejé de asistir a la Mutual. Cada semana él me preguntaba: “¿Vendrás a la Mutual esta noche?”. Cuando él llegaba a casa de la Mutual, se iba directamente a su cuarto y leía las Escrituras por un buen rato. Ya no hablaba mucho, y cuando le preguntaba si se encontraba bien, simplemente me decía “No” y se iba.

    Una noche llegó a casa llorando porque se había sentido muy solo.

    Rescued by My Brother

    Fue entonces cuando decidí que yo necesitaba volver. No importaba lo difícil que fuera para mí sentirme sola; él me necesitaba.

    Tanner se había anotado para tomar un curso de historia familiar en la Iglesia y decidí que quería tomarlo con él. Queríamos empezar a ir al templo con más regularidad y de ese modo seríamos capaces de encontrar nombres por nosotros mismos.

    Nos encantaba ir juntos a clase los domingos, y después de la Iglesia buscábamos nombres juntos. Lo mejor de llevar nuestros propios nombres al templo era que los habíamos encontrado juntos; y mejor aun, pudimos apoyarnos mutuamente en la Iglesia y hasta disfrutamos de las reuniones porque estábamos haciendo la obra del Señor.

    La diligencia de Tanner para asistir a la Iglesia y a la Mutual fue un ejemplo poderoso para mí. Yo tenía un testimonio del Evangelio, pero él me ayudó a obtener un testimonio de asistir a las reuniones y actividades de la Iglesia.

    Juntos pudimos consolarnos mutuamente y valernos de nuestro testimonio del templo para ayudarnos el uno al otro a ser fuertes en la Iglesia. En realidad, la asistencia de los jóvenes a la Iglesia y a la Mutual nunca mejoró, pero Tanner y yo nos hicimos más fuertes y fuimos más capaces de sobrellevar nuestras cargas al ayudarnos el uno al otro a seguir adelante.

    Me alegra mucho que lo invité a ir al templo conmigo. Si bien estoy segura de que le sirvió de ayuda, sé que a mí me rescató.