2015
Recuperarse de la trampa de la pornografía

Recuperarse de caer en la trampa de la pornografía

Todos debemos aprender a responder de manera adecuada a los medios de comunicación con contenidos sexuales.

Recovering from the Trap of Pornography

Volverse al Señor con humildad nos lleva a aceptar ciertas verdades, las cuales, cuando se entienden plenamente, brindan fortaleza y eliminan el remordimiento.

Ilustración por domi8nic/iStock/Thinkstock

Hace una década hablé en una conferencia general sobre el tema de la pornografía sumando mi voz a la de otros líderes que nos han advertido de sus devastadores efectos espirituales. En aquel entonces advertí que demasiados hombres y muchachos estaban siendo heridos por lo que denominé “la literatura publicitaria que [promueve] las relaciones sexuales ilícitas”1. El uso de cualquier tipo de pornografía es algo perverso: destruye la sensibilidad espiritual, debilita el ejercicio del poder del sacerdocio y daña las relaciones preciadas.

Hoy, más de diez años después, me siento agradecido porque hay muchos que, tras oír las advertencias proféticas y hacerles caso, han evitado la pornografía y se han mantenido limpios y sin mancha de ella. También me siento agradecido porque muchos aceptaron las invitaciones de los profetas en cuanto a alejarse de la pornografía, enmendar los corazones y las relaciones rotas, y seguir adelante por la senda del discipulado. Pero hoy me preocupa más que nunca que otras personas entre nosotros siguen cayendo víctimas de la pornografía, en especial los hombres jóvenes y un número cada vez mayor de mujeres jóvenes.

La razón principal del problema creciente de la pornografía es que en el mundo actual las palabras y las imágenes con contenidos e influencias sexuales están en todas partes: se encuentran en las películas, los programas de televisión, las redes sociales, los mensajes de texto, las aplicaciones de los teléfonos, los anuncios, los libros, la música y las conversaciones cotidianas. Como resultado, es inevitable que, de forma regular, nos veamos expuestos a mensajes sexualizados.

I. Grados de participación

A fin de ayudarnos a tratar este mal en aumento, deseo señalar varios y diversos grados de participación en la pornografía, y sugerir maneras de reaccionar a cada uno de ellos.

En tiempos y circunstancias anteriores, nuestro consejo sobre la pornografía se centraba principalmente en ayudar a las personas a evitar la exposición inicial o a recuperarse de la adicción. Si bien estos empeños siguen siendo importantes, la experiencia pasada y las circunstancias actuales nos han mostrado la necesidad de dirigir nuestro consejo a los grados del uso de la pornografía que existen entre los polos opuestos de evitarla y de llegar a ser adictos a ella. Resulta conveniente centrarse en cuatro grados diferentes de participación en la pornografía: (1) la exposición involuntaria, (2) el uso ocasional, (3) el uso intensivo y (4) el uso compulsivo (adicción).

  1. La exposición involuntaria. Creo que todas las personas se han visto expuestas a la pornografía de manera involuntaria. Eso no es un pecado si nos alejamos de ella y no seguimos mirándola. Es como un error, que requiere corrección más que arrepentimiento2.

  2. El uso ocasional. Este uso de la pornografía puede ser ocasional o hasta frecuente, pero siempre es deliberado, y eso es lo malo.

    La pornografía estimula y magnifica sentimientos sexuales poderosos. El Creador nos dio esos sentimientos para Sus sabios propósitos, pero también nos dio mandamientos que limitan su expresión a un hombre y a una mujer que estén casados. La pornografía degrada la expresión sexual adecuada y fomenta la manifestación de sentimientos sexuales fuera de los límites del matrimonio. Quienes usan la pornografía tratan a la ligera las fuerzas tan poderosas que pueden crear vida o destruirla. ¡No hagan eso!

    El peligro de cualquier uso deliberado de la pornografía, sin importar cuán casual o infrecuente sea, es que siempre invita a una exposición más frecuente, lo cual, inevitablemente, crea una mayor obsesión por los sentimientos y la conducta sexual. Los científicos han descubierto que las imágenes sexuales producen intercambios químicos en el cerebro que recompensan los sentimientos sexuales, lo cual, a su vez, fomenta una mayor atención a la conducta sexual3. La conducta sexual inmoral de cualquier clase o grado produce sentimientos de vergüenza que, con el tiempo, se arraigan en la persona.

  3. El uso intensivo. El uso repetido y deliberado de la pornografía puede convertirse en un hábito, “un patrón de conducta seguido con regularidad hasta convertirse casi en involuntario”4. Con el uso habitual, las personas experimentan una necesidad de un estímulo mayor para tener la misma reacción y quedar satisfechas.

  4. El uso compulsivo (adicción). La conducta de una persona es adictiva cuando crea una “dependencia” (un término médico que se aplica al consumo de drogas y alcohol, al juego compulsivo, etc.) que llega a convertirse en una “compulsión irresistible” que “tiene prioridad sobre casi todo lo demás en la vida”5.

II. La importancia de entender estos grados

Una vez que reconocemos estos grados diferentes, reconocemos también que no todo el que hace uso consciente de la pornografía es adicto a ella. De hecho, la mayoría de los jóvenes y las jovencitas que tienen problemas con la pornografía no son adictos, lo cual es una diferenciación importante que debemos hacer no solo los padres, los cónyuges y los líderes que desean ayudar, sino también quienes padecen el problema. He aquí el porqué.

En primer lugar, cuanto mayor sea el grado de participación que uno tenga —la exposición involuntaria, el uso ocasional o reiterado deliberado, el uso intensivo o el uso compulsivo (adictivo)—, más difícil es recuperarse. Si la conducta se clasifica incorrectamente como una adicción, el usuario podría pensar que ha perdido su albedrío y la capacidad de superar el problema; eso puede minar la determinación de recuperarse y arrepentirse. Por otro lado, tener una mayor comprensión de la gravedad de un problema —que tal vez no esté tan arraigado ni sea tan extremo como se temía— puede brindar esperanza y una mayor capacidad de ejercer el albedrío a fin de dejar de hacerlo y arrepentirse.

En segundo lugar, como ocurre con cualquier conducta pecaminosa, el uso deliberado de la pornografía aleja al Espíritu Santo. Algunos de los que han tenido esa experiencia se sienten motivados a arrepentirse; sin embargo, otros tal vez se sientan avergonzados e intenten ocultar la culpa mediante el engaño. Quizás también empiecen a sentir vergüenza, lo cual puede derivar en manifestaciones de desprecio hacia uno mismo. Si tal cosa sucede, los usuarios podrían empezar a creer una de las mayores mentiras de Satanás: que lo que han hecho o siguen haciendo los convierte en una mala persona, indigna de la gracia del Salvador e incapaces de arrepentirse. Eso sencillamente no es verdad; nunca estamos demasiado lejos del alcance del Salvador y de Su expiación.

Por último, es importante no etiquetar el consumo intensivo o habitual de pornografía como una adicción porque eso no describe con precisión las circunstancias ni la naturaleza plena del arrepentimiento ni la recuperación requeridos. Tener una mejor comprensión de en qué parte del proceso se halla la persona nos permitirá entender mejor lo que necesita hacer para recuperarse.

III. Cómo huir de la pornografía

Consideremos ahora lo que pueden hacer las personas para huir y recuperarse de caer en la trampa de la pornografía. Esto resultará útil no solo para aquellos que luchan por superar su uso, sino también para los padres y líderes que los ayudan. Las personas tendrán más éxito tanto para evitar la pornografía como para superarla si analizan estos temas con sus padres y líderes6.

Independientemente del grado de participación en el consumo deliberado de la pornografía, todos tienen por delante el camino hacia la recuperación, la pureza y el arrepentimiento; y requiere los mismos principios básicos: humildad, discipulado, comprometerse a seguir un plan personal para cambiar, responsabilidad y apoyo, y perseverar en la fe.

Recovering from the Trap of Pornography

Actuar de acuerdo con estas verdades requiere también que las personas vuelvan a comprometerse a vivir como discípulos del Señor Jesucristo y hacer aquello que las purifique y fortalezca para soportar las tentaciones futuras.

Ilustración por majivecka/iStock/Thinkstock

A. La humildad

A fin de vencer verdaderamente la pornografía y las conductas asociadas a ella, las personas deben desarrollar humildad (véase Éter 12:27). Volverse al Señor en humildad nos lleva a aceptar ciertas verdades, las cuales, cuando se entienden plenamente, brindan fortaleza y eliminan el remordimiento. Algunas de estas verdades son:

  • Cada uno de nosotros es hijo de un amoroso Padre Celestial.

  • Nuestro Salvador, Jesucristo, ama y conoce a cada uno de nosotros personalmente.

  • La expiación de nuestro Salvador se aplica a todos los hijos de Dios.

  • Por medio de la gracia de Jesucristo, todos podemos ser perdonados y recibir el poder para cambiar.

  • Cada uno de nosotros tiene el incalculable don del albedrío, que nos permite invocar el poder y la fortaleza de la Expiación.

  • Las personas que tienen problemas con la pornografía pueden tener esperanza en el hecho de que otras personas han tenido éxito en esta batalla.

  • La pornografía es algo malo, pero el vernos involucrados en ella no nos convierte en una mala persona.

  • Cualquiera puede huir de la trampa de la pornografía y recuperarse por completo, pero esto solo es posible si utilizamos el poder de la Expiación.

  • El verdadero arrepentimiento del uso de la pornografía requiere más que dejar de participar en ella; requiere un cambio de corazón mediante la expiación de Cristo.

Aceptar estas verdades nos prepara espiritualmente para actuar de acuerdo con ellas, lo cual abre la puerta a recibir la ayuda del Señor para realizar los cambios necesarios a fin de arrepentirnos y recuperarnos.

B. El discipulado

Actuar de acuerdo con estas verdades requiere también que las personas vuelvan a comprometerse a vivir como discípulos del Señor Jesucristo y hacer aquello que las purifique y fortalezca para soportar las tentaciones futuras. Eso conlleva el comprometerse a ciertas conductas religiosas de carácter personal: la oración y el estudio diario y significativo de las Escrituras, la asistencia a las reuniones de la Iglesia, prestar servicio, ayunar y (cuando lo apruebe el obispo) participar de la Santa Cena y adorar en el templo.

C. Comprometerse a seguir un plan personal

Los humildes discípulos de Jesucristo desarrollarán sensibilidad para reconocer los sentimientos profundos, las situaciones sociales y el entorno físico que desencadenan la tentación de consumir pornografía. Al analizar esos catalizadores, establecerán un plan personal de huida para ayudarles a:

  • Reconocer los desencadenantes y los deseos inapropiados en cuanto se produzcan.

  • Establecer medidas específicas para ayudarlos a alejarse de la tentación.

  • Redirigir los pensamientos y la energía hacia el Señor.

  • Establecer actos diarios y específicos para fortificar su compromiso personal de vivir rectamente.

Al elaborar un plan personal, las personas deben valerse de los excelentes recursos que facilita la Iglesia. Por ejemplo, el sitio web de la Iglesia OvercomingPornography.org tiene contenidos para las personas y los familiares y líderes del sacerdocio que los apoyan. Además, el Programa para la Recuperación de Adicciones está disponible para todos los miembros que tienen problemas con cualquier conducta adictiva, y también resulta útil para sus familiares.

D. Responsabilidad y apoyo

Los humildes seguidores de Jesucristo que reconocen que necesitan al Salvador procurarán también la ayuda de su obispo, el cual ha sido llamado por el Señor como su líder del sacerdocio y tiene las llaves necesarias para hacer posible que se arrepientan. Con el consentimiento de las personas involucradas, y si se siente inspirado a hacerlo, el obispo también podría llamar a alguien más para trabajar con ellas y ayudarlas. Independientemente de las circunstancias, el siguiente consejo del presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) tiene validez:

“[Suplique] al Señor desde lo más profundo de su alma que Él le quite la adicción que le ha esclavizado. Y ruego que tenga la valentía de buscar la amorosa guía de su obispo y, de ser preciso, la asesoría de profesionales caritativos”7.

Dependiendo de la gravedad del problema, las personas tal vez precisen el apoyo de alguien experimentado en quien confíen o de un consejero profesional a quien puedan acudir a cualquier hora para fortalecerse en un momento de debilidad y que sea capaz de hacerlos personalmente responsables de ceñirse a su plan.

E. Perseverar en la fe

Las personas que se han arrepentido y han tenido la bendición de superar el deseo de usar pornografía aún deben mantenerse alerta, pues el adversario seguirá intentando explotar sus debilidades humanas. La exposición involuntaria todavía podría producirse a pesar de todo el empeño por evitarla. Por el resto de su vida, las personas deben aprender a controlar los sentimientos sexuales que les ha dado Dios y seguir esforzándose por ser limpios.

IV. Compasión por todos

Ahora me referiré a cómo tratar a quienes han sido atrapados por la pornografía. Todos necesitamos la expiación de Jesucristo. Quienes luchan con la pornografía necesitan nuestra compasión y amor mientras siguen los principios y dan los pasos necesarios para recuperarse. Por favor, no los condenen; no son malos, ni carecen de esperanza; son hijos e hijas de nuestro Padre Celestial. Mediante el arrepentimiento adecuado y completo, pueden llegar a ser limpios, puros y dignos de todo convenio y bendición del templo que Dios ha prometido.

Cuando llegue el momento de casarse, animo a los jóvenes y a las jovencitas a ser cuidadosos para que seleccionen como su compañero por la eternidad a alguien que sea limpio y puro ante el Señor, y digno de entrar en el templo. Las personas que se arrepienten completamente de la pornografía son dignas de estas bendiciones.

V. Conclusión

A lo largo de la vida todos encontraremos material con contenidos sexuales. Con la guía de nuestro amoroso Salvador —incluso la certeza de los convenios sacramentales de que siempre podremos tener Su Espíritu con nosotros (véase D. y C. 20:77)—, siempre podemos responder adecuadamente. Testifico que esto es lo que debemos hacer para disfrutar de las bendiciones de Aquel a quien adoramos. Al hacerlo, recibiremos más plenamente la paz del Salvador y permaneceremos en la senda que conduce a nuestro destino eterno de la exaltación.