2014
Valor para escoger la modestia


Valor para escoger la modestia

Tomado de un discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young el 5 de mayo de 2006, durante la conferencia para las mujeres.

¿Qué podemos enseñar a nuestros hijos e hijas para ayudarles a tener el valor de escoger la modestia en un mundo que se burla de ellos por elegir la virtud?

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¿Por qué es tan importante la modestia? ¿Por qué le importarían al Señor el largo de una falda, la altura de un escote o lo ajustado de una camiseta? Tengo cinco hijas y dos hijos, y como se imaginarán, el tema de la modestia ha sido motivo de conversación en nuestro hogar más de una vez. Pero, a lo largo de los años, he aprendido que la modestia se enseña mejor al enseñar la doctrina y al dar un ejemplo positivo. La doctrina ayudará a nuestros hijos a comprender por qué la modestia es tan importante, y nuestro ejemplo demostrará las bendiciones de la modestia de maneras felices.

¿Qué es la modestia?

La modestia es un principio dado por Dios que puede ayudarnos a aprender a usar nuestro cuerpo de forma apropiada aquí en la tierra. La definición de modestia en Leales a la Fe es “una actitud de humildad y decencia en la forma de vestir, en tu arreglo personal y en el lenguaje y la conducta”1. La modestia no es banal ni presuntuosa. Las personas modestas no utilizan su cuerpo ni su forma de comportarse para buscar la aprobación del mundo ni para llamar la atención hacia sus propios logros o atributos atractivos, ya sean reales o supuestos.

Por favor, recuerden que los atributos de la modestia que aquí se mencionan se aplican tanto a los hombres como a las mujeres, a los hijos y las hijas; y recuerden que, si bien enseñamos y ejemplificamos la modestia, nunca condenamos a quienes deciden usar faldas muy cortas o “cabello de arco iris y… muchos aretes”2. Siempre debemos ser un ejemplo de compasión y amor cristiano hacia la persona, al mismo tiempo que permanecemos leales a las normas que el Señor ha establecido.

Testifico que la decisión de vestir y comportarnos de forma modesta transmite el poderoso mensaje de que comprendemos nuestra identidad como hijos de Dios y de que hemos escogido permanecer en lugares santos.

Me encanta esta Escritura: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? …el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:17). Nuestro cuerpo es el templo de nuestro espíritu; invitamos al Espíritu Santo a ese templo corporal para que sea nuestro compañero constante. Yo creo que cuando elegimos vestir ropa modesta y comportarnos modestamente, lucimos y vivimos el testimonio que tenemos de Dios el Eterno Padre y de Su Hijo Jesucristo. Mediante nuestra apariencia física afirmamos que somos discípulos de Cristo y que vivimos Su evangelio.

¿Por qué es importante la modestia?

Vivimos en un mundo donde existe el bien y el mal, y el cuerpo físico puede utilizarse ya sea para propósitos buenos o malvados. Sin embargo, nosotros sabemos que nuestro preciado cuerpo es un don de Dios a cada uno de nosotros, y que es sagrado. El élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Para quienes conocen y entienden el Plan de Salvación, la profanación del cuerpo es un acto de rebelión [véase Mosíah 2:36–37] y una negación de nuestra verdadera identidad como hijos e hijas de Dios”3. Escogemos cuidar y proteger nuestro cuerpo a fin de ser instrumentos en las manos de Dios para llevar a cabo Sus gloriosos propósitos (véase Alma 26:3). Si queremos defender al Salvador y hacer Su obra, debemos preguntarnos: Si el Salvador estuviera a nuestro lado, ¿nos sentiríamos cómodos con la forma en que estamos vestidos?

La modestia en el vestir, en la apariencia, pensamiento y forma de actuar es evidencia de que comprendemos los convenios que hemos hecho, los cuales nos bendicen, nos protegen y nos dan poder a fin de prepararnos para regresar a Su presencia. Cuando fuimos bautizados, abandonamos el mundo y entramos al reino de Dios; todo debería ser diferente para nosotros. El élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Al escoger pertenecer a Su reino, nos separamos del mundo, mas no nos aislamos de él. Nuestra vestimenta será recatada, nuestros pensamientos puros y nuestro lenguaje limpio”4.

La modestia es un principio que nos mantendrá seguros en el camino del convenio a medida que progresamos hacia la presencia de Dios. La modestia en el vestir, en la apariencia y en la forma de pensar y de comportarnos nos ayudará a prepararnos para hacer convenios en el templo y honrarlos. Para bendecir y proteger a Adán y Eva, Dios les dio túnicas de piel para cubrirlos antes de expulsarlos del jardín. De la misma manera, Dios nos ha dado, en este periodo mortal, un manto de convenios que está simbolizado en los sagrados gárments del templo.

¿Cuáles son las bendiciones de la modestia?

¿Qué podemos enseñar a nuestros hijos e hijas para ayudarles a tener el valor de escoger la modestia en un mundo que se burla de ellos por elegir la virtud? ¿Nos ven usar nuestro cuerpo para llamar la atención o para glorificar a Dios?

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La modestia en la forma de pensar, de hablar, de vestir y de comportarnos nos ayuda a obtener tres bendiciones que nos ennoblecen y nos dan poder.

1. La modestia invita la compañía constante del Espíritu Santo. El élder Hales enseñó: “La modestia es… fundamental para ser digno de tener el Espíritu”5.

Ayudemos a nuestros hijos a comprender que no querrán hacer nada para negarse a sí mismos el “inefable don del Espíritu Santo” (D. y C. 121:26). Ayúdenlos a saber que el tener Su sagrada compañía trae consigo dones espirituales preciados y poderosos. Dios ha prometido: “Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente y llenará tu alma de gozo… y entonces conocerás, o por este medio sabrás, todas las cosas que de mí deseares, que corresponden a la rectitud, con fe, creyendo en mí que recibirás” (D. y C. 11:13–14). Conocimiento, sabiduría, así como gozo, paz y felicidad— ésas son algunas de las grandes bendiciones que podemos prometer a nuestros hijos al invitarlos a vivir de forma modesta y a ser dignos de la compañía del Espíritu Santo.

Uno de los desafíos para vestir modestamente es que las modas y los comportamientos sociales aceptables cambian con frecuencia. Las normas del Señor nunca cambian. Enseñen a los jóvenes a ser sensibles al Espíritu al tomar decisiones en cuanto a lo que vestirán, lo que dirán y lo que harán. Si viven cerca del Espíritu, no tendrán necesidad de ser como el mundo.

Nuestros hijos han recibido el don del Espíritu Santo y están en el camino del convenio que los conduce al templo y los llevará de regreso a la presencia de Dios. Necesitan que les aseguremos y demostremos por medio del ejemplo que serán guiados, protegidos, consolados y purificados si viven dignos de tener el Espíritu Santo consigo.

2. Podemos enseñar a nuestros hijos que la apariencia y el comportamiento modestos sirven para protegernos de las influencias destructivas del mundo. Una de las armas más engañosas que se usa contra todos nosotros es la actitud aceptada por la sociedad de que la moralidad es anticuada. La modestia es una defensa contra esas influencias malignas y una protección de castidad y virtud. Presten atención a las palabras que se encuentran en Para la Fortaleza de la Juventud: “Antes del matrimonio… no hagas nada que despierte emociones sexuales”6. La apariencia y el comportamiento inmodestos con frecuencia despertarán emociones sexuales, destruirán las barreras y aumentarán la tentación a romper la ley de castidad.

El élder Hales enseñó: “La modestia es esencial para ser puro y casto, tanto en pensamiento como en acción. Por consiguiente, debido a que nos guía e influye en nuestros pensamientos, conducta y decisiones, la modestia es una parte central de nuestro carácter”7. Enseñen la modestia y sean un ejemplo de ella a fin de ayudar a los jóvenes a estar preparados para defender y proteger el poder de procrear innato en ellos. Ayúdenlos a mantener sagrada la expresión de amor entre el esposo y la esposa, y a preservarla para cuando se casen.

3. La modestia nos permite “ser testigos de Dios en todo tiempo” (Mosíah 18:9). El Salvador enseñó: “Alzad, pues, vuestra luz para que brille ante el mundo. He aquí, yo soy la luz que debéis sostener en alto” (3 Nefi 18:24). Tenemos el mandato divino de ser un faro al mundo, de demostrar el gozo de vivir el Evangelio, de enseñar la rectitud y de edificar el reino de Dios sobre la tierra. Cada uno de nosotros refleja la luz de Cristo cuando somos modestos y puros y guardamos los mandamientos. La modestia es una manifestación de nuestro testimonio del Salvador y del evangelio de Jesucristo.

Qué hermosas y qué bendecidas aquellas personas que son guiadas por el Espíritu Santo, se protegen de lo mundanal y son testigos de Dios al mundo; y benditos son aquellos que son un ejemplo de la doctrina de la modestia y la enseñan a todos los hijos e hijas de Sión.

Ya que hemos hecho convenio de seguir al Salvador y deseamos recibir la plenitud de las bendiciones de Su expiación en la vida, sólo hay una vestimenta que verdaderamente importa. Moroni registra: “¡Y despierta y levántate del polvo… sí, y vístete tus ropas hermosas, oh hija de Sión… a fin de que… se cumplan los convenios que el Padre Eterno te ha hecho…!” (Moroni 10:31; cursiva agregada).

Las ropas hermosas son los mantos de rectitud que visten quienes han honrado sus convenios. ¿Estamos preparando a nuestros hijos para que se vistan con esas ropas hermosas?

Testifico que la salvación está en Cristo, y que quienes hayan honrado sus convenios, “hallándose vestidos de pureza, sí, con el manto de rectitud, tendrán un conocimiento perfecto de su gozo y de su rectitud” (2 Nefi 9:14).

Notas

  1. Leales a la Fe: Una referencia del Evangelio, 2004, pág. 119.

  2. Jeffrey R. Holland, “Israel, Jesús os llama”, Devocional del Sistema Educativo de la Iglesia, 9 de septiembre de 2012, cesdevotionals.lds.org.

  3. David A. Bednar, “Creemos en ser castos”, Liahona, mayo de 2013, pág. 43.

  4. Robert D. Hales, “El convenio del bautismo: Estar en el reino y ser del reino”, Liahona, enero de 2001, pág. 9.

  5. Robert D. Hales, “La modestia: Reverencia hacia el Señor”, Liahona, agosto de 2008, pág. 18.

  6. Para la Fortaleza de la Juventud, 2011, pág. 36.

  7. Robert D. Hales, Liahona, julio de 2008, pág. 19.