2003
Élder W. Douglas Shumway De los Setenta
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Élder W. Douglas Shumway
De los Setenta

Cuando le preguntan al élder Wilford Douglas Shumway qué es lo que caracteriza a su familia, le toma sólo un segundo responder: “la lealtad”. Ya sea mediante el trabajo en un negocio familiar, o el cuidado que su hija le dio a la madre de él antes de que ella muriera, o el que los ocho hijos se cuidaran unos a otros para que él pudiese servir como presidente de misión en Bolivia, la familia del élder Shumway es leal, tanto el uno al otro como al Evangelio. En su llamamiento al Segundo Quórum de los Setenta, su familia ha demostrado ese mismo apoyo inmediato.

“Absolutamente no habría manera de que mi esposa y yo aceptásemos este llamamiento si no fuera por el apoyo de nuestra familia”, afirma el élder Shumway.

El élder Shumway, de 62 años de edad, es hijo de Wilford Jennings Shumway y Mabel Whiting Shumway. Nació el 8 de mayo de 1940 y se crió en Saint Johns, Arizona, donde conoció por primera vez a Dixie Ann Jarvis. Los padres de ambos eran buenos amigos, y los dos se conocieron por casualidad mientras asistían a la secundaria. Cuando el élder Shumway regresó de una misión en Uruguay, los padres de ella le aconsejaron que le diera una oportunidad a ese amigo de la familia; lo hizo, y se casaron en el Templo de Mesa, Arizona, en 1963. Tienen 8 hijos y 20 nietos.

Hace poco se mudaron de Eagar, Arizona, a la región cercana de Show Low, donde tenían un hotel y una estación de lavado de autos. El verano pasado ocurrieron incendios devastadores en ese lugar. El élder Shumway recuerda que durante tres noches, un comentarista de televisión anunció que para la mañana siguiente el fuego llegaría a Show Low. El fuego nunca llegó a la ciudad, y el comentarista por fin dijo que había intervenido un poder más grande que el que jamás había visto, algo que no podía explicar.

“Si el fuego hubiera llegado hasta donde estábamos, no creo que estaría sentado aquí hoy”, dice el élder Shumway. “Habría sido devastador”.

Su familia y sus negocios fueron preservados, y él está agradecido por la nueva oportunidad de servir. “Considero un privilegio predicar el Evangelio de Jesucristo”, afirma.