Marca la diferencia con invitaciones sencillas
Nunca sabes qué cosas buenas vendrán al compartir el amor y la luz del Salvador con los demás.
Ilustración por Kyungeun Park
Un día, cuando el presidente M. Russell Ballard (1928–2023) cursaba el tercer año de la escuela secundaria, su amiga Nedra le preguntó: “Russ, ¿por qué no vas a Seminario?”.
En ese entonces, los padres del presidente Ballard no asistían a la iglesia. De vez en cuando él asistía con buenos amigos, pero no iba a Seminario. Por esa razón, Nedra lo invitó y al día siguiente él llegó a las 6:30 de la mañana para asistir a Seminario matutino. Desde entonces, participó en Seminario todos los días, incluso en las frías y nevadas mañanas de invierno.
“Lo que aprendí en Seminario me conmovió el corazón”, dijo el presidente Ballard. “Mi testimonio creció a medida que aprendí más acerca de Jesucristo y Su Evangelio restaurado. Eso me preparó para servir en la misión en Inglaterra y para proseguir toda una vida de servicio al Señor y a Su Iglesia”.
Es probable que Nedra no tuviera idea de lo que ocurriría como resultado de su sencilla invitación, pero su ejemplo demuestra que en todas partes hay oportunidades para compartir la luz y el gozo que Jesucristo y Su Evangelio brindan. Esta época del año, la Navidad, es una época especial para hacerlo al celebrar el nacimiento de Jesucristo, “la luz, la vida y la esperanza del mundo”.
Comienza con el amor
El Señor enseñó que los mandamientos más grandes son “ama[r] al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente” y “ama[r] a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37, 39).
Es ahí donde debemos comenzar cuando invitamos a otras personas a la iglesia o a actividades como la reunión sacramental de Navidad o la fiesta de Navidad del barrio. Tu amor por Dios fortalecerá tu deseo y capacidad de servirle, así como de amar y servir a los demás. Si quienes te rodean pueden sentir que los amas y te preocupas sinceramente por ellos, es probable que estén más dispuestos a saber más acerca de ti, incluso sobre lo que crees.
Expresa lo que hay en tu corazón
Supongamos que tu amigo te invita a una fiesta, pero tú ya has decidido ir al templo con tu barrio ese día. En lugar de simplemente decir: “Lo siento, no puedo ir”, también puedes hablarle sobre el templo y las bendiciones que trae a tu vida. ¡Puede ser así de sencillo!
El presidente Ballard enseñó que “da[mos] testimonio de lo que sabemos, cree[mos] y s[entimos]”, y que “el testimonio puro […] puede ser llevado por el poder del Espíritu Santo al corazón de otras personas que estén abiertas a recibirlo”. También podemos compartir lo que hay en nuestro corazón “al ser buenos vecinos y preocupándonos y demostrando amor”, lo cual “irradiar[á] el Evangelio que poseemos y las bendiciones que este ofrece a las demás personas”.
Puede dar miedo compartirlo, y tal vez te preocupe que los demás no se interesen o incluso te rechacen. Eso puede suceder algunas veces, pero el Espíritu te guiará a medida que ores y sigas adelante con el valor de compartir lo que sabes que es verdad cada vez que tengas la oportunidad.
¡No te des por vencido!
Aunque no siempre experimentarás el tipo de respuesta que el presidente Ballard dio a la invitación de Nedra, ¡es importante que nunca te rindas! Las personas podrían rechazar tus invitaciones de vez en cuando. Cuando eso suceda, acéptalo con amabilidad y no lo tomes como algo personal. En la mayoría de los casos, un “no” a asistir a la iglesia o a una actividad, o a averiguar más acerca de tus creencias, no significa un “no” a ti.
Sigue siendo un amigo, tiende una mano cuando puedas y siempre busca maneras de compartir la luz del Salvador con tus palabras y acciones.
Al igual que Nedra, nunca sabes qué cosas buenas vendrán al mostrar amor, compartir lo que hay en tu corazón e invitar a los demás a sentir el amor y la luz del Salvador, en Navidad y siempre.